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La bufonada nacional

Fuentes: Rebelión

Creí que era difícil superar el circo político de EEUU pero lo hemos logrado con creces en España con el tema de las ministras. Me imagino que las mujeres serias no se reconocerán ahí, en el fenómeno meramente cuantitativo de alcanzar estatus artificialmente y por voluntad del hombre; sólo lo celebran esas feministas que necesitan […]

Creí que era difícil superar el circo político de EEUU pero lo hemos logrado con creces en España con el tema de las ministras. Me imagino que las mujeres serias no se reconocerán ahí, en el fenómeno meramente cuantitativo de alcanzar estatus artificialmente y por voluntad del hombre; sólo lo celebran esas feministas que necesitan ser feministas para ser algo, por pura seña de identidad, por pura necesidad de sobrevivir psíquicamente. «Gato blanco o negro, lo importante es que cace ratones», dijo, más o menos, Felipe González. Mujer u hombre, lo importante es que haya guerra y ejércitos. Paradójico, esa ministra pasando y posando ante los utensilios que matan y ante los señores y señoras que los utilizan, llevando una vida en el vientre. Claro que nosotros matamos en nombre de la democracia y la libertad, ahí es nada. Y no atacamos ni invadimos, sólo hacemos labores humanitarias y dejamos que el ejército israelita siga con sus asuntos asesinos.  

En Andalucía, Chaves ha vuelto a conformar un gabinete con más mujeres que hombres pero los puestos claves los tienen los hombres: Zarrías, Griñán, Vallejo, él mismo. La ministra de Defensa depende de Asuntos Exteriores que es un hombre; la ministra de 31 años, Bibiana Aído, lo es de la Igualdad, una cartera para repartir limosnas oficiales a través del BOE, es decir, por regla general, asistimos a un experimento con mujeres al que se le ha dado rango de ejemplo universal. Chaves quiere que la joven gaditana de 31 años se foguee en el gobierno del Estado a ver si con el tiempo lo sustituye en Andalucía. Pero los experimentos se hacen con gaseosa. Claro que para lo que van a cambiar en esencia -casi nada- tampoco hay que escandalizarse mucho. Estamos en el sistema de mercado, o huevo duro o huevo pasado por agua, pero huevo. Cualquier cambio sustancial va siendo cada vez más complicado, es un neototalitarismo que se viene conformando con solidez desde 1991 cuando Bush -padre- declaró el nuevo orden mundial. Los capitales deben circular libremente y los bancos asesoran sobre cómo depositar el dinero en lugares opacos. A su vez, el llamado capitalismo popular penetra entre la gente y de esta manera la hace partícipe de una situación a la que se acaba de ver como la única y de la que se termina siendo esclavo.  

No hay nada más antiprogresista que toda esta dinámica «feminista» que ahora por cojones hay que ver como lo último de lo último y, si no, los sanedrines que se formaron desde 1982 te queman en la hoguera mediática o en la del silencio, esa gente oportunista y chaquetera que intenta llevar a término desde hace más de dos decenios una especie de «noche de los cuchillos largos» sustituyendo a los viejos y jóvenes luchadores antifranquistas por iletrados novatos de la generación X en todos los estamentos de la sociedad: política, cultura, periodismo, arte…, a los que compra con dinero público.

Casi toda la gente realmente progresista -y saludo con esperanza a los que resisten- está ahora en su casa, riéndose y llorando a un tiempo con toda esta bufonada donde la pugna contra una dictadura mercantil sigilosa ha sido sustituida -o eso se pretende- por las pamplinas de las luchas hombre-mujer, las leyes de supuesta igualdad y unas cuotas impuestas en plan democracia orgánica porque la sustancia del asunto es la misma. «Desde ahora el idioma oficial será el sueco y la ropa interior se llevará por fuera», dijo un personaje de la película Bananas, de Woody Allen, un personaje que parodiaba a un guerrillero que logra alzarse con el poder en un país bananero mediante una revolución.

La teórica igualdad se está imponiendo a costa de la competencia, el esfuerzo, el trabajo, el currículum, el rigor en suma, de un extremo se pasa a otro, de reducir a una mujer a limpiadora de calzoncillos, suelos y culos de bebés, nos trasladamos a elevarla al timón más alto de un país. Menos mal que esto no tiene tanta importancia si vemos, primero, lo que dije antes, que se trata, por lo general, de puestos de segunda dentro de la primera línea de la política y, segundo, que hablamos de política, no de economía, finanzas o empresas, a pesar de que se tiende a imponerle a estos sectores también la famosa falsa igualdad. Pero en este sentido no se atreverán a llegar muy lejos.

Los postulados del materialismo histórico -por el que se rigen también las empresas multinacionales- colocan a los intereses económicos como las raíces de la actividad política, se da una interactividad árbol-raíz pero es en la raíz donde se encuentra el principio y causa de lo que se cuece en la superficie. La bufonada consiste en hacernos hablar sobre todo de la superficie, no de la raíz. Los medios de comunicación se dedican todo el día a polemizar sobre y desde la superficie. Por eso se produce la bufonada, por eso aburre el periodismo, por eso la gente no se entera de lo que pasa y debe basarse en su intuición más que nada, por eso esto que sucede ahora es perfectamente inútil desde el punto de vista del progreso cognitivo y espiritual del ser humano. Es pintoresco y divertido pero inútil, estamos haciendo historia, desde luego, pero para atrás.