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La campaña de BDS en el mundo árabe a la luz de los recientes levantamientos

Fuentes: al Majdal

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Desde que estallaron los levantamientos por todo el mundo árabe los analistas de la región han tratado de predecir cómo impactarían estos decisivos acontecimientos en la continua lucha por los derechos palestinos. Aunque se sigue dedicando mucha atención a los cambios potenciales en la política de los gobiernos y a las complejidades del estancado proceso de paz, se ha concedido menos cobertura a las contribuciones que han hecho los árabes ordinarios en toda la región para acabar con el papel desempeñado por sus gobiernos en apoyo del régimen israelí.

Durante el levantamiento egipcio las imágenes de las pantallas de televisión de egipcios enarbolando banderas palestinas y coreando consignas en apoyo de Palestina pusieron en evidencia que cuando el público árabe puede hablar, inevitablemente dirige su atención a la más antigua empresa colonial en la región: la ocupación de Palestina. Aunque es más obvio en los países que están en la «línea del frente», limitando con Israel, sentimientos similares se han expresado también en los dieciocho diferentes países árabes a los que ahora se ha extendido la «primavera árabe» con diferentes grados de intensidad y en los que la contagiosa consigna «El pueblo quiere derrocar el régimen» a menudo ha ido seguida inmediatamente de llamamientos en defensa de una Palestina libre.

En medio de la incertidumbre que han creado las revoluciones, los activistas siguen estando convencidos de que éstas presentan una oportunidad sin precedentes de derrocar los regímenes autoritarios respaldados por Occidente que dominan Oriente Próximo y con ello, el apartheid israelí. Una estrategia cada vez más empleada para acabar con la complicidad de sus gobiernos con los crímenes de guerra israelíes es la cada vez mayor campaña en favor del boicot, las desinversión y las sanciones (BDS) a Israel hasta que éste acate el derecho internacional. Esta artículo traza la historia del boicot árabe y examina qué consecuencias puede tener la primavera árabe para la campaña de BDS contra Israel.

Antecedentes: el Boicot de la Liga Árabe a Israel

Acciones relacionadas con el boicot en países árabes o campañas de «antinormalización», como se denominaban, a menudo están asociadas al Boicot de la Liga Árabe iniciado en 1945 y administrado por la Oficina Central del Boicot (CBO, por sus siglas en inglés) en Damasco. El Boicot de la Liga Árabe fue uno de diferentes boicots dirigidos por los Estados junto con otros iniciados por la Organización de la Conferencia Islámica y el Movimiento de los No Alienados, todos los cuales estaban inspirados por el boicot a las organizaciones sionistas llevado a cabo por revolucionarios palestinos a principios del siglo XX. El Boicot de la Liga Árabe era extensivo e incluía tres niveles que abarcaba el boicot a compañías israelíes, a compañías que hacían negocios con Israel, así como la prohibición a cualquier entidad en un país que participaba en la campaña de comerciar con una empresa que estuviera en la lista negra, una lista que generalmente incluía empresas que comerciaban con otras compañías que hacían negocios con Israel (para una historia más extensa del boicot árabe, véase el informe de Stop the Wall) [1].

A pesar de que el Boicot de la Liga Árabe no se implementaba de forma centralizada (el CBO sólo emitía regulaciones no vinculantes), se lograba mantener gracias a las oficinas de boicot individuales de los Estados miembros de la Liga Árabe y se coordinaba en reuniones bianuales celebradas en Damasco. Sin embargo, en 1979 el acuerdo de paz entre Israel y Egipto (que llevó a la expulsión de Egipto de la Liga Árabe) destrozó el frente unido que presentaba y fue aún más dañado por los subsiguientes Declaración de Principios entre la OLP e Israel en 1993, el acuerdo de paz entre Israel y Jordania en 1994, y el establecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas de Israel con varios otros Estados árabes [2].

Ahí donde se mantuvo formalmente el boicot, presiones económicas y diplomáticas procedentes fundamentalmente de Estados Unidos han tenido como resultado en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Bahrain, Kuwait, Oman, Qatar, Arabia Saudi y los EAU) que, como mucho, estos eligieran llevara a cabo sólo el primer nivel del boicot. A consecuencia de ello, el Boicot de la Liga Árabe se implementa de forma incompleta al existir extensas relaciones económicas y diplomáticas entre Israel y varios países árabes, aunque habría que indicar que muchas de estas siguen siendo subrepticias debido a la oposición popular a la normalización y a menudo fluctúan según la intensidad del conflicto en Palestina (por ejemplo, la declaración del Consejo de Ministros Árabes en respuesta la invasión de Cisjordania en 2002 [3] o la ruptura de relaciones diplomáticas por parte de Mauritania durante el ataque [israelí] a Gaza de 2008-2009) [4].

La última reunión del CBO en 2006 añadió unas pocas compañías a la lista negra pero debido a la oposición de varios Estados miembros no se revitalizó el CBO como una organización capaz de llevar adelante el boicot en serio.

Las campañas de BDS de grupos de base

En oposición a la blanda postura a nivel gubernamental la opinión de la calle árabe ha supuesto un apoyo constante utilizando la campaña de BDS como un método para presionar a Israel para que asuma sus obligaciones legales. Mientras los gobiernos y el mundo de los negocios aumentan sus relaciones con Israel pasando por encima del pueblo árabe y en contra de su voluntad, el público en general ha respondido estableciendo comités ad hoc para oponerse a la normalización y que normalmente están formados por un amplio espectro de la sociedad, incluyendo izquierdistas, sindicalistas, liberales, islamistas y miembros de las clases liberales.

El argumento central de los activistas en contra de la normalización es que Israel, como Estado colonial, sólo pondrá fin a su negación de los derechos palestinos desde hace décadas si se le obliga a hacerlo. En este contexto, cualquier intento de convencer a Israel de que acate el derecho internacional por medio del «diálogo» y de iniciativas de paz simplemente lo envalentona en su opresión y desposesión de los palestinos, una opinión que ha ido ganando crédito después de unos veinte años de negociaciones de paz fracasadas. Como señala en profesor de la Universidad de El Cairo y destacado activista en contra de la normalización Radwa Ashour, «la antinormalización es un arma muy importante porque a pesar del hecho de que soñamos con la paz, lo que hoy se nos vende es una mera ilusión [de paz] y una consolidación de la opresión» [5].

La víspera de la inauguración de la embajada israelí en El Cairo una reunión celebrada en la sede del Partido Tagammu de izquierda anunciaba el establecimiento del primer comité antinormalización centrado en animar a los sindicatos profesionales a adoptar medidas antinormalización y a garantizar la adhesión a éstas. De manera similar, a pesar de la fuerte represión por parte del gobierno, en Jordania movimientos de oposición lanzaron campañas de antinormalización como respuesta inmediata a los acuerdos de paz con Israel de 1994. En el contexto jordano una vez más los esfuerzos en contra de la normalización se centraba en los campos popular y profesional así como en sindicatos y trabajadores de la cultura [6] [7].

A las campañas egipcia y jordana se unieron prácticamente cada país árabe, incluyendo Líbano, Túnez, Omán y más recientemente, Qatar, Bahrain y Marruecos [8]. En algunos casos las campañas incluso trabajaron de forma transnacional para organizar conferencias o lanzar iniciativas conjuntas, como la campaña jordano-egipcia en contra del Grupo Copenhage a finales de la década de 1990. Aunque estos comités ha sido eficaces a nivel de grupos de base y sindical, los activistas no han sido capaces de trasladar estos logros a la política del gobierno debido a la exclusión de los activistas de las altas esferas de poder y a la continua represión de los gobiernos.

La escalada de la brutalidad israelí durante la segunda Intifada y el cada vez más obvio fracaso de las negociaciones de paz precipitaron otro repunte en las acciones en contra de la normalización por todo el mundo árabe a principios de la década de 2000. En Omán, la movilización masiva en 2001 obligó a cerrar la oficina comercial israelí en el país mientras que en 2005 hubo miles de manifestaciones en Túnez para protestar por la visita del ministro del Asuntos Exteriores israelí que asistía a la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (WSIS, por sus siglas en inglés). En 2005 en Bahrein los activistas respondieron a un intento por parte del rey de cerrar la filial en este país de la oficina de boicot con una serie de protestas, conferencias, peticiones y aprobando una legislación en el Parlamento para criminalizar el contacto con Israel [9].

Con estos antecedentes fue como en 2005 surgió el llamamiento a la campaña de BDS hecho por la sociedad civil palestina que planteaba las demandas basadas en derechos del pueblo palestino. Aunque el marco y el discurso del llamamiento de 2005 sólo ha sido adoptado por una minoría de la sociedad civil árabe (por ejemplo, en Líbano y Marruecos) [10] como opuesto al trabajo en contra de la normalización de manera más general, el llamamiento de 2005 ha dado un nuevo ímpetu a las iniciativas ya existentes en el mundo árabe proporcionando campañas concretas y con éxito para centrar y fomentar debates cruciales entre los activista en contra de la normalización acerca cómo se tienen que aplicar los criterios y líneas directrices para el boicot en toda una variedad de contextos políticos.

La primavera árabe: BDS y democracia

A pesar de que la Primavera Árabe todavía se tiene que asentar, ya hay indicadores de que las recientes revoluciones harán mucho para detener el repliegue de la solidaridad árabe con la causa palestina. Los inicios de este cambio son evidentes tanto en el discurso de los altos cargos del gobierno como en las posturas de líderes de las revolución, como Ahmad Maher, uno de los líderes del Movimiento 6 de Abril en Egipto, que se negó a realizar una entrevista para la televisión israelí basándose en que «rechaza la normalización con Israel» [11].

Más concretamente, el 28 de abril el ministro de Asuntos Exteriores egipcio declaró a al-Jazeera que se estaban haciendo preparativos para abrir permanentemente el paso de Rafah, lo que permitiría la entrada y salida de Gaza de artículos y de personas sin la supervisión israelí. Aunque todavía muy restringida [12], la «apertura» que se produjo después muestra el inicio de un cambio de política a nivel formal más en consonancia con los sentimientos populares egipcios, la mayoría de cuya población apoya que se anule el Tratado de Paz de 1979 [13].

En una línea similar, el derrocamiento de Mubarak ha puesto en el centro de atención el corrupto y mal gestionado contrato de Egipto para vender gas natural a Israel. La crítica a este contrato, en la que se mezclan la crítica a la política israelí con una reprimenda del corrupto e inexplicable contrato en sí mismo, pone de relieve la interrelación entre BDS, democracia y transparencia. Además, trabajadores del gas en huelga pusieron esto de relieve el pasado mes de enero al presentar unas reivindicaciones relacionas con su trabajo junto con la exigencia de que se investigara judicialmente al entonces ministro del petróleo Sameh Fahmy y del cese de las exportaciones de gas a Israel [14], sentimientos a favor del boicot de los que se hicieron eco las declaraciones de Kamal Abu Aita, representante de la Federación de Sindicatos Independientes Egipcios (EIUF, por sus siglas en inglés) durante una reunión en Londres [15].

Mientras tanto, en Jordania la oposición pidió, a finales de abril, la expulsión del embajador israelí de la embajada israelí en Amman [16]. Al mismo tiempo el comité antinormalización de profesiones sindicadas pidió el boicot a un viaje medioambiental organizado por un ONG de defensa del medio ambiente porque incluía la participación de organizaciones israelíes [17].

Por lo que se refiere a Marruecos, un informe reciente revelaba que la bien conocida relación económica israelo-marroquí ascendió a un importe de 18.5 millones de dólares en 2009 y a 13.1 millones de dólares en 2010, una cifra que ascendió a 3.1 millones de dólares sólo en los dos primeros meses de 2011. Como reacción a ello, una nueva Iniciativa de BDS Marroquí, www.bdsmaroc.org, está exigiendo una legislación que prohíba la entrada de productos israelíes en el país. En Bahrein se vio a policías abrir fuego contra manifestantes que ondeaban la bandera palestina el día de la Nakba de 2011, lo que sugería que si no se hubiera aplastado el levantamiento en este país, hubieran aumentado aún más las posibilidades de fortalecer el ya vehemente trabajo en contra de la normalización [con Israel].

A pesar de estos hechos y de los éxitos en los campos profesional y cultural, en la práctica la campaña de BDS en la mayoría de los países árabes se sigue cumpliendo poco. Un ejemplo destacable de la falta de seguimiento de la campaña de boicot en algunos Estados árabes son los continuos tratos de Qatar y Arabia Saudí con Veolia en el mismo momento en que la campaña global contra Veolia está logrando un significativo éxito mundial. Aunque ha habido victorias en este sentido, como en 2008, cuando la coalición Adalah-NY de Nueva York encabezó con éxito una campaña para impedir que Lev Leviev abriera una sucursal de su cadena de diamantes en Dubai [18], fue la movilización de la sociedad civil fuera del país lo que provocó la decisión de las autoridades de los Emiratos de negar que se había concedido a la empresa de joyas un permiso para abrir una sucursal. Aunque es recomendable esta movilización transnacional en favor de la campaña de BDS, es necesario que la sociedad civil que trabaja dentro del país en cuestión también participe en apoyar las iniciativas de BDS para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de las campañas.

Limitaciones y conclusiones

La antinormalización, que antes era un artículo de fe para cualquier persona implicada en una política progresista en el mundo árabe, está volviendo a ganar fuerza por toda la región como un movimiento de justicia con una amplia base. Con todo, el progreso sigue estando entorpecido por la falta de entendimiento del discurso basado en los derechos y por la falta de una organización adecuada, con unos debates que a menudo consisten simplemente en boicotear Coca Cola o Pepsi, o en centrarse en individuos que infringen el criterio de antinormalización. Aunque es indudable que muchas de estas iniciativas forma parte del trabajo de BDS, el fracaso de la sociedad civil y de los medios de comunicación árabes para enmarcar la campaña de BDS más allá del boicot inmediato al consumo y como un movimiento global con una amplia gama de objetivos económicos sigue limitando su crecimiento potencial.

En el actual momento de agitación de la Primavera Árabe están empezando a tomar forma las posibilidades de un esfuerzo coordinado para acrecentar el trabajo de los comités de antinormalización y se está atrayendo, y se puede atraer, al trabajo de BDS a una variedad más amplia de grupos sociales. Como por toda la región se está extrayendo el aprendizaje principal de los levantamientos de una activa expresión democrática y auto-organizada, no se puede sino imaginar que las filas de los activistas crecerán a medida que los revolucionarios establezcan relaciones entre las cuestiones internas y la más amplia lucha contra el colonialismo en Oriente Próximo.

Wissam Al Saliby es investigador en el Centro para los Derechos de los Refugiados, Aidun, Beirut.

Notas: 1. http://www.bdsmovement.net/files/bds%20report%20small.pdf 2. Tratado de Paz egipcio-israelí, 26 de marzo de 1979, Artículo III, párrafo 3; Tratado de Paz entre el Estado de Israel y el Reino de Jordania, 26 de octubre de 1994, Artículo 7, Sección 2, Párrafo a; Declaración de Principios, 10 de septiembre de 1993. 3. «Boycott Israel? Not so Simple», Al Ahram Weekly Online, 11-17 de abril de 2002, [recuperado en mayo de 2011 http://weekly.ahram.org.eg/2002/581/ec1.htm] 4. «Arab League Boycott of Israel, CRS Report for Congress», Martin A. Weiss, 19 de abril de 2006, Order Code RS22424 5. http://weekly.ahram.org.eg/2000/470/pe5.htm 6. http://www.freearabvoice.org/jordanCrackDownOnAntiNormalizationActivists.htm 7. http://www.omct.org/urgent-campaigns/urgent-interventions/jordan/2001/03/d15173/ 8. http://www.bdsmaroc.org/ 9. http://www.guardian.co.uk/world/us-embassy-cables-documents/237614 and http://stopthewall.org/cgi-bin/engine/exec/view.cgi/1/1024 10. http://boycottzionism.wordpress.com/ and www.bdsmaroc.org 11. «al-Shrooq al-Jadeeda», Isam Abdul Aziz, 2 de mayo de 2011. http://shorouknews.com/contentdata.aspx?id=444926 12. http://www.gazagateway.org/2011/06/the-top-10-reasons-why-the-opening-of-rafah-crossing-just-doesnt-cut-it/ 13. Haaretz, 27 de abril de 2011. 14. http://www.arabawy.org/2011/02/14/nasr-cit/ 15. http://www.bdsmovement.net/2011/egypt-independent-trade-unions-endorse-bds-7491 16. Al-Sabeel, 27 de abril de 2011. http://bit.ly/l4USNB 17. Al-Madeena News, 24 de abril de 2011. http://bit.ly/iHBG98   18. «How Arab normalization is undermining the boycott movement», Wassim Al-Adel, The Electronic Intifada, 29 de agosto de 2008. Leviev es presidente de Africa Israel Investments, que está construyendo colonias ilegales sólo para judíos.

Fuente: http://www.badil.org/en/al-majdal/item/1685-art5

 

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