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La cumbre de Túnez

Fuentes: La Jornada

Por su importancia debió tener mayor difusión la cumbre celebrada a principios de este mes en la ciudad de Túnez, capital del país africano-mediterráneo del mismo nombre. Representantes de más de 100 naciones discutieron varios días documentos oficiales y de especialistas sobre el desarrollo sustentable y concluyeron que una de las formas para lograrlo descansa, […]

Por su importancia debió tener mayor difusión la cumbre celebrada a principios de este mes en la ciudad de Túnez, capital del país africano-mediterráneo del mismo nombre. Representantes de más de 100 naciones discutieron varios días documentos oficiales y de especialistas sobre el desarrollo sustentable y concluyeron que una de las formas para lograrlo descansa, no en las potencias industriales, sino en las regiones que reúnen la mayor biodiversidad y que, sin embargo, se debaten en medio de numerosos desajustes estructurales, como México.

Entre otras cosas, en la cumbre de Túnez se reiteró que la simplificación productiva y las políticas que ha determinado el mundo industrial para lograr mayor rentabilidad son contrarias a lo que dicta la lógica de la naturaleza: que el avance social se logra y afianza si es mayor la diversidad de cultivos y se conservan los recursos bióticos. Además, que existe la capacidad para producir los alimentos que demanda la población mundial, pero la mala distribución de la riqueza y el uso irracional de los recursos naturales hacen que mil millones de personas sufran hambre en África, Asia y América Latina.

Existen el agua y la tierra para obtener las cosechas que alimenten a todos, pero no se usan adecuadamente o se encuentran acaparados por grandes propietarios y empresas trasnacionales, cuya estrategia es cultivar unos cuantos productos de demanda internacional. Como fruto de lo anterior, los mercados del azúcar, el café, el maíz, el trigo, la soya, el arroz, se regulan en las grandes capitales financieras y dejan a los productores pequeños o comunales indefensos, a merced de los acaparadores trasnacionales.

En Túnez se reiteró que la simplificación productiva atenta contra una de las premisas básicas que hacen más rico a un país o a una región: la biodiversidad, concentrada precisamente en las naciones en vías de desarrollo o de plano pobres. En esa biodiversidad radica el futuro alimentario del planeta, así como los avances científicos; en medicina, por ejemplo.

Se trata de la revolución del futuro, la que engloba sistemas de cultivo y estilos alimentarios que son la forma más sensata de contrarrestar los problemas derivados del calentamiento global y la simplificación agrícola impulsada por las grandes corporaciones. Pero esa revolución sólo tendrá éxito si se garantiza la salud de los recursos fitogenéticos, indispensables para una agricultura diversa, sostenible y en beneficio de la sociedad.

Precisamente varios organismos internacionales (destacadamente la FAO, agencia de Naciones Unidas para la alimentación) trabajan para dar vigencia al Tratado Sobre Recursos Fitogenéticos Para la Agricultura y la Alimentación, suscrito hace ocho años y al cual se adhieren cada vez más naciones. No ha sido tarea fácil, pese a la importancia del tema, porque la moda en un mundo dominado por las trasnacionales es la simplificación productiva, pese a que ésta muestra ya sus enormes inconvenientes.

Por un lado, la destrucción de la biodiversidad o, como en Brasil, la de millones de hectáreas de selva para albergar extensos campos de cultivo, manejados por grandes intereses económicos. Así, las cosechas se logran para complacer a los mercados internacionales, utilizando mano de obra mal pagada y con un bajísimo nivel de vida. O, como en Argentina, donde se siembran extensas áreas con soya a un alto costo ambiental, social y de salud. Numerosos estudios muestran ya los efectos negativos de esa agricultura, mientras incontables investigaciones ilustran las ventajas que para la naturaleza tiene la producción sostenible, diversificada, y cómo la población rural o indígena sabe utilizar los recursos fitogenéticos con visión de largo plazo.

En Túnez se reiteró que la producción de alimentos se localizará en el mundo en vías de desarrollo, pues cuenta con los dos elementos claves para ello: riqueza biológica y humana. Algo que ignoran funcionarios y legisladores responsables de la política agroalimentaria de México, empeñados en convertirnos en territorio Monsanto, la trasnacional campeona de la simplificación productiva.

http://www.jornada.unam.mx/2009/06/22/index.php?section=opinion&article=027a2pol