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La elección planetaria: la primera elección presidencial en los EEUU después del 11 de septiembre de 2001

Fuentes: Paralelo 21

Gobernar desde la Casa Blanca el planeta ha sido el sueño de más de algún Presidente de los Estados Unidos. Todavía más, la Constitución estadounidense es tal vez la única en el mundo que estuvo concebida desde sus orígenes como un mecanismo para responder a las realidades planetarias en una proyección bien futurista. Con el […]

Gobernar desde la Casa Blanca el planeta ha sido el sueño de más de algún Presidente de los Estados Unidos. Todavía más, la Constitución estadounidense es tal vez la única en el mundo que estuvo concebida desde sus orígenes como un mecanismo para responder a las realidades planetarias en una proyección bien futurista. Con el advenimiento de la llamada globalización, existe una legión de pensadores (Habermas, Bordieu, entre los notables), que entre líneas sugieren desarrollar una especie de revolución constitucional para recomponer los instrumentos sociales y políticos y así poder responder a sus demandas. Cuando se habla de reformar constituciones, la referencia compete quizás al resto del mundo y no a los Estados Unidos, que ya tiene esa capacidad. Su Constitución, es como un vector apuntando al Globo.

Nunca antes, con la excepción de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Viet Nam, la política exterior de los EEUU estaba en el centro del debate en una elección presidencial. Sin embargo ahora, el concepto de política exterior cruza esa línea casi abstracta del concepto de «exterior», con el tema de la seguridad interna de «América». Lo «externo» y lo «interno» aparecen de golpe como la misma cosa. Antes, cuando la amenaza de destrucción nuclear durante la existencia de la Ex Unión Soviética era latente, también estaba sujeta a una negociación con un enemigo visible y por sobre todas las cosas: mensurable.

Hoy día ese enemigo visible y compacto no existe, y a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la administración republicana ha inoculado a su población con la creencia de que el enemigo de los EEUU puede aparecer en cualquier momento inclusive desde su propio territorio, y de que esa amenaza puede ser nuclear.

No es una elección cualquiera. Es una elección en tiempos de guerra, una guerra tipificada como contra el terrorismo internacional y las amenazas multidimensionales. En consecuencia, las encuestas han expresado la preferencia del elector por los aspectos de liderazgo en tiempos de guerra, mas que en el manejo sustancial de temas clásicos en elecciones presidenciales: empleo, presupuesto fiscal, programas sociales. La inclinación en las encuestas a favor de Bush, refleja la necesidad de liderar el mundo que está enraizada en el ethos del político norteamericano.

George W. Bush y el legado de Richard Nixon: América debe liderar.

Un personaje tan cuestionado como Richard Nixon – de intensa trayectoria macartista, un ultra de la guerra fría, obligado a renunciar con el caso Watergate- antes de fallecer alcanza a rasguñar una reivindicación a partir de sus capacidades como líder.

Nixon dejó un libro: «Beyond Peace», (Más allá de la paz; 1994), con un mensaje subliminal y central: América must lead; Estados unidos debe liderar (el mundo).

Lo planteaba como un imperativo. Ticky Dick», o Ricardito el tramposo, como le llamaban algunos, falleció en medio de un proceso de blanqueo, propio de lo que el Sociólogo norteamericano Philip Slater llamó la cultura del toilette (The pursuit of Loneliness, 1990). Slater sostiene que en los EEUU prevalece la creencia de que aquellos hechos desagradables una vez que se depositan en el toilette, al estar fuera de la vista, dejarían de existir. El ritual del despacho rápido y el borrón y cuenta nueva. Algo que los latinoamericanos golpeados por dictaduras militares instaladas por administraciones republicanas conocemos de cerca con el asunto de los DDHH.

El legado de Nixon es fecundo. Fue absorbido por Reagan quien reconoció en Nixon haber sido una especie de tutor. En el mismo linaje, el ex presidente George Bush, padre del actual Presidente, en su discurso inaugural en 1989, dejó en una sola frase el pragmatismo norteamericano de pos guerra: » la lección que nos deja la guerra de Viet Nam es precisamente eso: que no debemos debatirla mas»( Todd Gittling, ibid ,1990).

Las frases de la cultura del toilette aparecen repetidamente en los medios por boca de los personeros de la administración de George W. Bush: «La invasión a Irak ya sucedió. Ya no importa si hubo o no hubo armas de destrucción masiva. Debemos ocuparnos del futuro.»(Donald Rumsfeld, a los medios a poco de haber entregado el inspector de armas David Kay su informe de que no existían armas).

Recordar a Nixon y sus ética operacional viene muy a propósito, porque si existe una diferencia sustancial entre Bush y Kerry , exacerbada por la guerra mediática entre los dos bandos, es en aquella zona emblemática para ejercer liderazgo: defensa y política exterior. Irak y el evidente fraude en la información para justificar la invasión no es tema a la hora de debatir en esta actual elección .

Si fijamos nuestra atención a la elección pasada con Al Gore como candidato enfrentando a G.W. Bush, esta elección es casi una fotocopia de la anterior en un aspecto central: apostar a un líder supuestamente fuerte (Bush), en oposición a uno supuestamente débil, Gore entonces, y ahora es Kerry. Hace cuatro años EEUU no estaba en guerra, ahora sí lo está y pocas dudas existen de que la población votará por un Presidente liderando a un país que está en guerra. Así de simple, es la cultura del toilette.

Especial de Paralelo 21
www.radio.udg.mx