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La Escuela de las 3.000 ruedas

Fuentes: Rebelión

Este centro educativo, en el corazón del desierto ocupado de Judea, se ha convertido en un símbolo para la comunidad beduina palestina de los Jahalin. El Ejército de Israel amenaza ahora con demoler las instalaciones y deportar a más de 2.000 personas a las cercanías del vertedero de basuras de Jerusalén.

Desierto de Judea, en el territorio ocupado de Cisjordania

En la ruta que lleva desde Jerusalén hasta Jericó, en pleno desierto de Judea, se asientan unas 450 familias beduinas palestinas. Se estima que son unas 5.000 personas, aunque no hay un censo preciso, según confirma Alicia Vacas, enfermera vallisoletana que trabaja en esta zona de la Cisjordania ocupada desde hace varios años.

Estas comunidades fueron expulsadas por los israelíes en 1948 del desierto del Naqav, al sur de la Palestina histórica. No perdieron solo sus tierras, sino también su medio de vida: el pastoreo trashumante y el transporte de mercancías en caravanas. Desde entonces tienen el estatus de personas refugiadas por parte de Naciones Unidas. Entre 1948 y 1967 el área estaba controlada por Jordania. Tras la Guerra de los Seis Días pasó a ser territorio ocupado por Israel. La Resolución 242 de Naciones Unidas obliga al Estado israelí a retirarse de la zona, así como del resto de Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán, algo que, obviamente, Israel no ha cumplido.

Las comunidades beduinas son el sector más vulnerable de toda la sociedad palestina. Todos los indicadores sociales y económicos son sensiblemente inferiores a la media. El 70% de sus miembros vive por debajo del umbral de la pobreza. La tasa de paro supera el 60% entre los hombres y el 80% en las mujeres. El analfabetismo es del 40%. La mortalidad infantil es de 19 personas por cada 1.000… «Los beduinos de Palestina son el peldaño más bajo de la escala social. Y dentro de ellos, los refugiados, cuya problemática es más complicada que la de las comunidades que permanecen en el Naqav, que aunque sean ciudadanos de segunda clase, no dejan de ser ciudadanos israelíes y tienen una problemática diferente», explica Alicia Vacas.

El chabolismo es el modo de vida habitual en la comunidad beduina del desierto de Judea, al negarle la Administración Civil israelí (un eufemismo, puesto que se trata del Ejército, única autoridad en los Territorios Ocupados) cualquier permiso de construcción. Las infraviviendas están construidas con cartones, lonas, plásticos y tejados de cinc. No hay servicios higiénicos ni suministro de agua potable, electricidad o gas… Todo ello en un territorio en el que las temperaturas superan los 40 grados en verano y se sitúan por debajo de los cero grados en las noches de invierno.

Sin embargo, desde la Carretera 1 que lleva de Jerusalén hasta el Mar Muerto se divisan unas construcciones cuadradas, de color ocre, cuya apariencia estilizada y aséptica contrasta fuertemente con el chabolismo circundante. Se trata de la conocida popularmente como Escuela de las 3.000 Ruedas -aunque su nombre oficial es Escuela de Al-Khan Al-Ahmar-, todo un símbolo para los beduinos que corre el peligro de desaparecer si el Ejército de Israel lleva a cabo los planes de demolición que ha anunciado.

En 2009, la ONG italiana Vento di Terra construyó la Escuela. Debe el sobrenombre a los cerca de 3.000 neumáticos reutilizados a modo de ladrillo que se emplearon para su edificación. Las ruedas se rellenaron con adobe siguiendo criterios bioclimáticos, de forma que las dependencias mantienen el frescor en verano y conservan el calor en invierno. Se construyeron cuatro aulas, una sala para el profesorado, unos servicios y un patio.

«Para nosotros, los palestinos, es casi un milagro ver cómo estos niños y niñas se levantan cada mañana, se ponen su uniforme y vienen a recibir clases», señala Basem Iriqat, director de Educación del Área de Jerusalén de la Autoridad Palestina (AP). Aunque en un principio la AP no se implicó en el proyecto, ahora han convertido la permanencia de la escuela en un asunto de máxima prioridad e incluso son altos dirigentes, como el propio Iriqat, los que enseñan el complejo a las delegaciones extranjeras, de quienes esperan recabar su apoyo.

«La escuela ha supuesto un revulsivo para toda una comunidad que estaba absolutamente deprimida», reflexiona Alicia Vacas, «no sólo es un sitio educativo, sino que se ha convertido en lugar de reunión, centro de mujeres, escuela de salud…». Además, se ha llevado a cabo un programa de formación de profesorado y el colegio cuenta ya con la primera profesora beduina, Mariam, todo un referente para su comunidad. El proyecto se ha ampliado con la construcción de otra escuela, una clínica móvil y una incipiente red de guarderías infantiles.

La Escuela también ha servido de punto de encuentro para organizaciones que apoyan los derechos del pueblo palestino, incluido el cada vez más exiguo sector israelí que reconoce la situación de sometimiento de la sociedad palestina, como Médicos Israelíes por los Derechos Humanos o Rabinos por los Derechos Humanos. «Están sucediendo cosas terribles en nombre de mi religión», se lamenta Jeremy Milgrom, uno de los fundadores de esta última organización y colaborador activo de la Escuela de las 3.000 Ruedas, «el judaísmo como religión no tiene nada que ver con lo que existe ahora en Israel, con esta mezcla de judaísmo y nacionalismo que ni está en la Torah ni en los estudiosos de la Edad Media. Me veo como rabino intentando proteger a los beduinos de los judíos, lo cual, si se piensa bien, es ridículo».

Una generación de excluidos

En julio de 2011, el Ejército de Israel avisó a las organizaciones que trabajan con los beduinos de Judea que iba a demoler la Escuela de las 3.000 Ruedas y a trasladar a buena parte de la comunidad -unas 2.300 personas, todas ellas de la comunidad de los Jahalin- a las cercanías del vertedero de basuras de Jerusalén, un lugar en el que se depositan diariamente 1.100 toneladas de basura que contaminan el suelo y el aire, según reconoce el propio Ministerio de Medio Ambiente israelí.

Con la demolición de las instalaciones y la deportación beduina, Israel continúa robando territorio palestino para la construcción de asentamientos ilegales (son ya más de 40.000 los colonos asentados en esa zona) y se asegura el control de la lucrativa vía turística que lleva desde Jerusalén hasta el Mar Muerto. Pero quizás el efecto más grave sea el debilitamiento de una comunidad que estaba en vías de recuperar su autoestima y los recursos para ser dueña de su propio destino, algo que la lógica de la ocupación israelí no está dispuesta a permitir.

«Se está creando una generación entera de excluidos sociales», advierte Alicia Vacas, «y creo que a nadie le interesa crear un grupo humano degradado hasta ese punto. Han perdido su trabajo, los han convertido en simples receptores de ayuda humanitaria y eso tiene un impacto tremendo en cualquier cultura. No se puede permitir que un colectivo subsista 20 años de la ayuda humanitaria sin ninguna otra perspectiva. Eso desmoraliza por completo a las generaciones más jóvenes: para qué van a buscar trabajo, para qué van a estudiar…».

Alicia Vacas y Jeremy Milgron estuvieron a comienzos de 2012 en diferentes ciudades europeas para denunciar la amenaza que se cierne sobre la comunidad Jahalin. Preocupado por la imagen exterior, el Ejército se apresuró a tranquilizar a los líderes beduinos. Sin embargo, en la zona todos saben que los planes israelíes se acaban cumpliendo, independientemente de su legalidad.

«La impresión que tenemos es que la suerte de los beduinos está echada», confirma Alicia Vacas, «pero a pesar de todo aún creemos que Europa tiene mucho que decir, tanto en el destino beduino como en el conflicto palestino en general. Recientemente, la intervención de la diplomacia española frenó la demolición de una planta solar, lo que quiere decir que a Israel todavía le importa salvar la cara frente a Europa. Si los países europeos se pusieran firmes, todavía se podrían jugar ciertas bazas».

Reportaje gráfico de la Escuela de las 3.000 Ruedas en: http://www.facebook.com/media/set/?set=a.324860490886410.71225.100000873865472&type=3


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.