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El periodismo que oculta la verdadera crisis no sería posible sin la complicidad de economistas fanáticos y/o complacientes

La fe económica

Fuentes: Crónicas de la Emigración

Es cierto que el papel de los periodistas ha sido fundamental para convencer a los españoles de que vivimos en un país pobre y necesitado de recortes (España es un país rico en el que los ricos ven que está siendo posible enriquecerse todavía más empobreciendo al contribuyente medio). En estos 1.500 caracteres semanales se […]

Es cierto que el papel de los periodistas ha sido fundamental para convencer a los españoles de que vivimos en un país pobre y necesitado de recortes (España es un país rico en el que los ricos ven que está siendo posible enriquecerse todavía más empobreciendo al contribuyente medio).

En estos 1.500 caracteres semanales se acostumbra a animar al linchamiento moral de esta profesión imposible de ejercer con decencia en un gran medio: al mercenario no le cabe la dignidad. Pero hay otro grupo profesional que durante estos años hipnóticos ayudó a consumar el hechizo: los economistas que hablan a través de los medios.

Aquellos que entienden la economía de modo distinto a los grandes grupos financieros -los que la entienden como una ciencia social, para las personas- han sido sutilmente silenciados pese a que algunos de ellos son eminentes profesores universitarios. A mí, personalmente, los discursos de algunos de estos esbirros llenos de frases hechas -siguen un discurso que no son capaces de deconstruir- me invitan a pensar como en un ensayo de Gonzalo Puente Ojea ante el hecho religioso.

Se explica el modelo económico como una cuestión de fe y resulta grotesco ver a estos tipos emplear estrategias propias del fanatismo religioso para convencernos de que no hay ninguna relación entre los recortes a la ciudadanía media y el aumento de los beneficios de las grandes corporaciones, la mayor venta de Ferraris, las subvenciones públicas a grandes empresas o el abuso del coche oficial.

Fuente: http://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/2011-10-03/fe-economica/13995.html