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Kyoto como coartada

La invasión de los monocultivos forestales…

Fuentes: www.iberica2000.org

Claro que se ha dado la alerta en muchos sitios: en toda la Amazonia, en Uruguay y Argentina, en Indonesia, donde se producen ahora nuevas denuncias. Los escándalos reforestadores con pino insigne o radiata, pero sobre todo con eucalipto, van muchas veces acompañados de fuego, muchos fuegos provocados como sabemos sucede en todo el planeta, […]

Claro que se ha dado la alerta en muchos sitios: en toda la Amazonia, en Uruguay y Argentina, en Indonesia, donde se producen ahora nuevas denuncias. Los escándalos reforestadores con pino insigne o radiata, pero sobre todo con eucalipto, van muchas veces acompañados de fuego, muchos fuegos provocados como sabemos sucede en todo el planeta, como ha sucedido en Galicia, donde la Xunta tiene informe secreto de que es ésa una de las formas de expandir el eucaliptal, porque se han llegado a contabilizar más de 22.000 rebrotes de cepa por hectárea quemada.

Ahora, empecinadamente, en vez de pensar en el desarrollo sostenible, en regresar al arbolado autóctono, desean plantar todavía más eucaliptos, celulosizar aún más el país.

Por eso el artículo está pensado, fundamentalmente, para la realidad desgraciada que vivimos en el noroeste peninsular.

Momento crítico.
Los montes, degradados por la repoblación forestal centrada en monocultivos arrasadores de la biodiversidad, pueden entrar en una fase peor como consecuencia del tan traído y llevado mercado de inmisiones de CO2, de cuotas de anhídrico carbónico.

Si las nuevas repoblaciones pensadas para salvar industrias causantes del calentamiento de la Tierra y del cambio climático, fuesen a base de caducifolias, que conllevasen la creación de bosques mixtos, el resultado podría ser positivo.

Sería un modo de crear riqueza y al mismo tiempo paisaje, de ennoblecerlo, de lo que nos podemos dar cuenta precisamente en esta época, el otoño, a poco que nos adentremos en la Galicia del Courel, tan en peligro, o de los Ancares, de la Ribeira Sacra…., donde los sotos y las robledas o las fragas (bosques mixtos) presentan nuevos colores (ocres, dorados rojos), Y eso implica un valor cierto para el país, la posibilidad de atraer más visitantes, como acontece en los países que supieron hacer reclamo turístico de la riqueza cromática de la otoñada.

Pero eso, naturalmente, no se da en los monocultivos que priman en la franja litoral: eucaliptos y pinos radiata. (Aquí cabe incluir una noticia de fecha 25.1.2005, de La Voz de Galicia, en la que se pone de manifiesto la depreciación de la madera de eucalipto a lo largo del pasado año, algo que preocupa seriamente a las comunidades de montes y a algún colectivo de alcaldes, alarmados. O que la depreciación ha alcanzado mínimos históricos según otra noticia del mismo medio, de fecha 28.1.2005 ).

Pero el ataque es global y la miseria forestal llega al último rincón del planeta. En el Uruguay, en la Argentina o Chile, en Brasil o en el Ecuador están predicando los defensores de la madera rápida, los del fundamentalismo celulósico, después de haber acabado, algunas veces, con los bosques primarios. Con los templos de la naturaleza y sus gentes.

Estos días recogí información sobre Ecuador y otros estados. Quieren promover sumideros de CO2, venderle a aquel país esa «riqueza» bajo el pretexto de que, arrasado el bosque primario y la consiguiente biodiversidad, las poblaciones indígenas perdieron ya la sabiduría de su conservación. Y ese argumento es utilizado por la fundación holandesa FACE (Forest Absorbing Carbon Dioxide Emissions).

La organización se ha propuesto plantar 150.000 has. de árboles para devorar un volumen de CO2 equivalente al emitido por una planta generadora de 600 MW a base de carbón, la midad de esa área en los Andes ecuatorianos, sin echar mano de las especies autóctonas.

Información sacada del boletín n. 12 del WRM, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, de 1998.
Ya entonces les querían vender la burra de que la contaminación generada por otros países podría ser para ellos un gran negocio.

Naturalmente que el WRM se opone a esa política reforestadora por el efecto negativo de los monocultivos sugeridos, tanto sobre boques clímax como prados: disminución del rendimiento hídrico de las cuencas fluviales, acidificación, pérdida de la permeabilidad de suelos y su agotamiento, alteraciones de fauna y flora.

Y continúa el MWR informándonos de algo aquí también sabido y que las Comunidades de Montes Vecinales gallegas comienzan a valorar cada vez más: el efecto de las plantaciones a nivel social y cultural. Los pueblos indígenas que vivían del bosque al tiempo que lo conservaban están sufriendo la invasión de sus «templos», de las tierras que se ven obligados a abandonar.

Pierden sus medios de vida. Es una forma de minar la base material y social de sus respectivas culturas, habida cuenta de que las nuevas plantaciones requieren muchas veces la aniquilación de fragas, sotos o reboredas primarias.

Y citan en el boletín el caso de los indígenas Tupinikim y Guaranís de Espírito Santo, Brasil, como paradigmático, que después de una larga y desigual lucha para recuperar sus tierras, usurpadas por Aracruz Celulose para instalar plantaciones de eucaliptu para su planta de pulpa, recientemente se vieron forzados a firmar un acuerdo que reduce mucho la superficie de sus tierras en beneficio de la citada empresa.

Podríamos seguir con ejemplos interminables porque la agresión es total. En verdad, se trata de una guerra de exterminio, de floresta y de etnias. Guerra brutal. Y global.

Es casi lo que ha sucedido en Galicia, donde el mayor éxodo emigratorio ha coincidido con los años de repoblación eucaliptera.

Los eucaliptos, como un ejército, han entrado en las eras, en los ejidos de las casas de campo. Y el hombre se ha visto expulsado de sus propiedades.

Algo intentan corregir desde las Comunidades de Montes. Y también a nivel mundial existe una creciente resistencia, un movimiento reivindicativo de la biodiversidad. Incluso en Suiza preguntan cómo hacer para mantener el monte sostenible, vivo.

Y concluyen que hay que cuidar la diversificación forestal como única vía de sostenibilidad; el bosque como proveedor de madera al tiempo que soporte de vida diversa.

Y cuando alguien proponía estos pasados días, en unas charlas sobre cambio climático y Protocolo de Kyoto (impartidas en la cátedra Ence de Ciencias Forestales de Pontevedra), la expulsión de nuestros montes de retamas, tojos o uces, para eucaliptizar más el país, me acordé de mis paseatas del pasado verano por diversos montes con predominio de dichas plantas.

Y, claro, allí no resultaba extraño ver correr a un conejo, otro… O el zorro, seguramente procurando su rastro. Espectáculo imposible en un eucaliptal, exterminador de vida, privado de pájaros, etc.

Pero el hecho de que el Protocolo de Kyoto vaya a entrar en vigor implica que algunos quieran corregir su agresión atmosférica con más plantaciones de la especie australiana.
Es decir, piden socorro los desalmados, pero simulan brindarnos un negocio fabuloso. De miseria, cuando hay otras posibilidades de dotar al monte de sentido y de conseguir fijar población.

La riqueza forestal variada y prácticas agrarias ecológicas son deseables y posibles. Hay gente con conciencia clara de que el monte y el campo son viveros ciertos de trabajo rentable. En fin, que si algunos no son capaces de asumir el reto ambiental que Kyoto les plantea, que no se disculpen con el mercado de cuotas de inmisión.

Más información solicitarla a:
[email protected]
Fdo. Xesús López Fernández
* Toda la información alojada en Ibérica 2000, por este mismo autor…