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La Nakba, por qué los sionistas expulsaron a la población palestina

Fuentes: Middle East Eye

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Aunque algunos historiadores siguen matizando o rechazando la existencia de un plan de limpieza étnica de la población palestina cuando se creó Israel, el contexto que animaba entonces al movimiento sionista demuestra que para este se había vuelto inevitable la expulsión de la población árabe.

Foto: Varias personas celebran el 29 de noviembre de 1947 en Tel Aviv la decisión de la ONU de crear un Estado judío dividiendo Palestina en dos Estados, uno judío y otro palestino (AFP).

En 1946 Palestina cuenta con 1.237.334 árabes y 608.225 judíos. Los primeros son mayoritarios en 50 de los 60 distritos. La primera guerra israelo-árabe, que empieza a partir de diciembre de 1947 y acaba a finales del invierno de 1949, invierte el equilibrio demográfico ya que se obliga a exiliarse a casi 805.000 palestinos, se les expropian sus bienes y son dispersados por campos de refugiados situados por toda la zona.

Desde el Informe Peel de 1937 (1) las grandes potencias solían mencionar regularmente el reparto de Palestina en dos Estados, lo que implicaba una “transferencia” de poblaciones. Así, David Ben Gurion, presidente de la Agencia Judía, la autoridad responsable de la comunidad judía de Palestina, no ocultaba sus intenciones: “no será viable un Estado judío si hay en él una cantidad demasiado grande de árabes”.

Hoy en día la labor de los historiadores árabes y de los nuevos historiadores israelíes ha descartado definitivamente las teorías sionistas acerca de la responsabilidad árabo-palestina de este exilio forzado, aunque se sigue esgrimiendo un cierto relato destinado a redimir a Israel de toda culpa.

¿Expulsar por razones de seguridad?

Para empezar, se alude a la supuesta necesidad de seguridad. La historiografía sionista afirma que si se produjeron expulsiones solo fue para garantizar que no quedaba ningún enemigo potencial detrás de las líneas a medida que avanzaban las tropas judías.

En primer lugar, este argumento no justifica en ningún caso las aproximadamente setenta masacres que perpetraron las diferentes unidades sionistas contra civiles árabes o soldados desarmados. En segundo lugar, si ese hubiera sido el caso, entonces las expulsiones habrían acabado en el momento en que hubiera acabado la guerra y se hubieran firmado los acuerdos de armisticio. Pero ese no fue el caso. A lo largo de la década de 1950 muchos municipios árabes que habían quedado dentro de Israel serán víctimas de expulsiones. Entre otros ejemplos se pueden citar los 105 habitantes de Abou Gosh, que fueron deportados el 7 de julio de 1950 hasta la frontera trasnjordana, o los del pueblo de al-Majdal, situado en la costa, que fueron expulsados desde 1949 hasta finales 1950 hacia la Franja de Gaza para poder construir un campamento de tránsito para inmigrantes judíos que después se convertirá en la ciudad portuaria de Ashkelon.

Solucionar la crisis de vivienda

En realidad, paralelamente al reto demográfico desde 1946 las autoridades de la Agencia Judía recibieron presiones para que encontraran un refugio a los cientos de miles de personas que habían huido del genocidio en Alemania o a los judíos de los países árabes que llegan a Palestina. A ello se añade una inmigración constante entre 1948 y 1951, con la llegada media anual de 188.000 personas inmigradas: entre la declaración de independencia el 14 de mayo de 1948 y el 31 de diciembre de 1951 la población judía de Israel pasa de 684.000 a 1.368.000 personas.

Foto: Los soldados ingleses devuelven a unos 3.500 inmigrantes judíos en Haifa, en la Palestina bajo el Mandato británico, el 29 de noviembre de 1946 (AFP)

En espera de que les atribuyan una vivienda los inmigrantes se hacinan en unos campos de tránsito en unas condiciones de vida deplorables. La Nakba permite resolver en parte el problema. A lo largo del año 1948 miles de judíos se instalan en vivendas árabes cuyos habitantes han sido expulsados: se aloja a 45.000 a los barrios de Jaffa, 40.000 toman posesión del centro de Haifa, 8.000 se instalan en Ramala, otros tantos en Lydda, que se convierte en Lod, y 5.000 en Acre. Funcionarios de la Agencia Judía supervisan estas operaciones y en la medida de lo posible verifican que las viviendas están en condiciones de ser habitadas.

Sin embargo, las autoridades están muy lejos de la realidad: aunque entre 140.000 y 160.000 inmigrantes se pueden instalar en los barrios vaciados de sus habitantes árabes, solo en 1949 llegan a Israel 239.141 personas, de las cuales 109.262 provienen de Europa del este, 71.271 de Oriente Próximo y 39.442 del norte de África.

Existe entonces la costumbre de que si una persona consigue instalar una cama en una habitación y pasar ahí una noche se convierte en propietaria del lugar. En Haifa varios soldados judíos, algunos de ellos heridos, entran en junio de 1948 en la calle Abbas hacia las 6 de la mañana. Eligen casas árabes y expulsan a sus habitantes árabes con sus bienes, e instalan sus cosas en ellas. Cuando llegan los oficiales para saber el motivo de haber actuado así los soldados explican que no les han dado alojamiento a pesar de luchar por Israel.

Hacer frente a la revuelta de los inmigrantes

La lentitud de las gestiones, las condiciones de vida a menudo miserables en las ciudades, la falta de trabajo y de perspectivas lleva a los primeros conflictos. 300 inmigrantes se manifiestan en Tel Aviv en abril de 1949 y tratan de entrar en el Knesset [el Parlamento israelí], que entonces se había instalado en un antiguo cine. Dos semanas después cientos de inmigrantes saquean los locales del Ministerio de Integración en Haifa. Dos meses más tarde decenas de inmigrantes armados de palos salen de Jaffa con destino al Knesset cuyas primeras rejas logran forzar.

Estos acontecimientos permiten cuantificar la presión a la que estos recién llegados someten a las autoridades sionistas y entender así desde otro ángulo el hecho de que continuaran las expulsiones de palestinos, incluso después de los acuerdos de armisticio firmados ente enero y julio de 1949 con los diferentes Estados árabes implicados en el conflicto.

Golda Meir, que fue ministra de Trabajo de 1949 a 1956, desempeña un papel fundamental en la política de vivienda. Llegada de Ucrania en 1921, Meir es una figura importante del sionismo de izquierda. Ocupó puestos clave en la Agencia Judía, además de ser una asesora muy próxima de Ben Gurion. Como ministra de Trabajo emprendió importantes planes de vivienda pública. En unos meses se construyeron miles de viviendas, inmuebles de dos pisos divididos en estudios de dos habitaciones, casas pequeñas prefabricadas, incluso cabañas de madera de emergencia. Israel debe mitigar por todos los medios la ira de los inmigrantes.

Foto: David Ben Gourion (de espalda) estrecha la mano de Golda Meir en diciembre de 1947 en Tel Aviv (AFP)

Si estas grandes obras dan trabajo a miles de inmigrantes, muchos otros permanecen en los campos de tránsito en espera de una solución. Además, hay que encontrar los fondos necesarios para financiar estas construcciones.

Sin duda, el recién nacido estado de Israel puede contar con muchas donaciones que llegan del extranjero, pero también con el botín de guerra obtenido por la Nakba: 7.000 tiendas y comercios, 500 talleres y fábricas industriales, 1.500 almacenes de mercancías confiscados a los árabes…

El historiador Tom Segev cuenta en su obra Les Premiers Israéliens [Los primeros israelíes] que sobre todo en Lydda el ejército israelí se apropió de unos 1.800 camiones cargados de bienes, mientras que en Jaffa los soldados o civiles judíos saquearon a diario el equivalente a 30.000 libras esterlinas en bienes durante las semanas que siguieron a la ocupación de la ciudad y la salida forzada de sus habitantes.

En Haifa el gobierno se apropia de las cajas fuertes de los bancos en las que se guardan 1.500 millones de libras esterlinas en depósitos que pertenecen a clientes árabes. Ocurre lo mismo con el empleo de los inmigrados: en Ramala se distribuyen a los recién llegados y a los veteranos 600 tiendas que habían dejado los árabes.

No obstante, aunque en 1950 el paro sigue afectando a miles de judíos, el gobierno israelí toma una decisión revolucionaria para el movimiento sionista: limitar la inmigración. Entre 1951 y 1952 la cantidad de personas recién llegadas pasa de 173.000 a 24.000 y en 1953 incluso desciende a menos de 10.000.

Más allá del “cómo”, entender el “por qué” detrás de la expulsión de los palestinos en 1948 demuestra que la creación de Israel como un Estado de mayoría judía en un territorio mayoritariamente árabe exigía inevitablemente la expropiación y la expulsión de las personas autóctonas. La primera guerra israelo-árabe no fue la razón sino el apoyo en el que se basaron las unidades combatientes del movimiento sionistas para lograr su objetivo.

Thomas Vescovi es profesor e investigador de historia contemporánea. Es autor de Bienvenue en Palestine (Kairos, 2014) y La mémoire de la Nakba en Israël (L’Harmattan, 2015).

(1) Como explica el autor en otro artículo, ante los enfrentamientos que surgieron desde 1936 entre las comunidades árabes y judías en la Palestina del Mandato, las autoridades británicas crearon una comisión de investigación dirigida por Lord William Peel, en cuyas conclusiones se propuso repartir Palestina entre un Estado judío, un Estado árabe y un “territorio mandatorio” que comprendiera Jerusalén (N. de la t.).

Fuente: https://www.middleeasteye.net/fr/decryptages/nakba-israel-sionisme-expulsion-palestiniens

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.