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La permanente vigencia de Ghassan Kanafani

Fuentes: Rebelión

A las 19:00 del próximo martes 24 de marzo va a tener lugar en Eva Forest Liburutopia, Gasteiz, la presentación del libro La revolución palestina de 1936-1939, de Ghassan Kanafani, editado por Boltxe Liburuak y traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos.

Ahora mismo Oriente Medio y Asia Occidental sufren la brutalidad asesina del imperialismo, pero también otros pueblos la padecen aparentemente más “suavizada”, como la reciente invasión de Venezuela por EEUU para secuestrar a su presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, elegidos democráticamente, o la guerra múltiple contra Cuba, o la descarada preparación de un ataque imperialista contra los pueblos del Sahel y de África y contra China Popular, sin hablar de la permanente agresión de la OTAN contra la Federación Rusa, por citar algunos casos.

El libro que se va a presentar en Eva Forest Liburutopia trata sobre las razones de la derrota de la revolución de 1936-1939 en Palestina, razones que se repiten de manera diversa en la forma pero idénticas en el fondo antes y después de aquella derrota. Es por tanto un libro imprescindible para que aprendamos a no repetir traiciones, errores e indiferencias que están costando centenares de miles de vidas. Cómo no, también es un libro cuya lectura aporta mucho a la realidad vasca actual. De todo ello hablaremos el próximo día 23 de marzo en la librería gasteiztarra Eva Forest Liburutopia.

Ahora ofrecemos una de las presentaciones del libro:

En agosto de 2015, los servicios de guerra psicológica sionazis infiltrados en Gaza propagaron el rumor de que Hamas, la organización político-militar con más apoyo electoral, quería cambiar el nombre de la Escuela Básica Ghassan Kanafani en Rafah. La reacción popular dirigida por la Resistencia lo impidió, pero con el tiempo el terrorismo sionazi fue destruyendo la mayor parte de la escuela y también de otras instalaciones educativas cuyo nombre honraba a una de las personas fundadoras del FPLP, la organización más potente entre 1967 y 1972. El 8 de julio de este mismo año, el Mossad infiltrado en Beirut puso una bomba en el coche de Kanafani, que tenía entonces 36 años, y asesinó a él y a su sobrina Lamis.

No hace falta mucha imaginación para saber por qué el ente sionazi llamado “Israel” asesinó a Kanafani y a su sobrina, pero sí es más importante analizar por qué los servicios de guerra psicológica israelíes quisieron provocar un choque entre Hamas y la población gazatí destruyendo la memoria de Kanafani, tarea que se incrementó después. Pero más importante aún es saber por qué fracasó aquél intento.

Ghassan Kanafani no era únicamente un escritor cuya fama internacional aumenta con el tiempo, sobre todo era un revolucionario al que el imperialismo odia cada vez más por la vigencia creciente de su ideario marxista en el que lo político y lo artístico son una unidad inserta en una praxis idéntica a la del Che, a la de Al-Qassam y su lema «morir como mártires», y al de tantos millares de personas no genuflexas. Vivió su primera socialización en el entorno sociocultural de clase media: su padre era abogado y docente. Con doce años su familia tuvo que abandonar Palestina y refugiarse en el Líbano para no ser exterminada, lo que le sumergió en la dura realidad de la clase trabajadora empobrecida. Pero la educación recibida le facilitó el terminar sus estudios, arraigar en las tensiones sociales libanesas y sobre todo comprender la estrecha unión entre la lucha palestina, la árabe y la internacional, todo ello bajo la explotación imperialista.

Hubo varios momentos críticos en este aprendizaje de las contradicciones sociales, de la lucha de liberación palestina, del estudio del marxismo-leninismo. Queremos destacar cuatro: uno fue el de tomar conciencia de que los libros obligatorios para la educación estaban escritos desde la mentalidad eurocéntrica, y no desde y para la dura realidad árabe-palestina. La referencia que hace a los dibujos de las manzanas y plátanos en los libros oficiales para la infancia refugiada es incuestionable: la mayoría de las y los niños no sabían qué era un plátano y una manzana. Kanafani cambió los dibujos y fue reprendido e investigado por las autoridades. Tomar conciencia de ese abismo vivencial y cultural, que en el fondo trasluce la opresión colonial, fue decisivo.

También lo fue el segundo caso: la censura que asfixiaba la cultura árabe y más aún la palestina, y que él empezó a sufrirla en el momento de llevar al teatro sus primeras obras. Descubrir en los hechos, en la realidad censora, que la potencia ocupante reprime la cultura del pueblo ocupado fue el primer paso, pero el segundo era saber por qué y para qué lo hacía. El fantasma del pensamiento crítico y liberador de las clases y pueblos explotados siempre atormenta a los opresores que oyen atemorizados su ulular en cada acto de resistencia de los primeros. Por eso deben erradicarlo, deben desarraigar todo germen de cultura libre antes de que crezca frondoso.

El tercero ya fue de más directa implicación en sus propios anclajes emocionales. No se trataba solo de la represión cultural generalizada como los dos anteriores. El tercero le afectó a su propia afectividad, a su sentimientos íntimos profundos como se trasluce diáfanamente en la carta que le envió a su amigo Mustafá diciéndole que no iba a ir a California a trabajar con una beca de Kuwait porque había cambiado de opinión en su reciente viaje a Gaza para visitar a familiares. Tenía muchas ganas de ver a su prima Nadia, pero le mandaron al hospital donde se encontraba en ese momento: una bomba sionista le había arrancado una pierna porque Nadia no quiso esconderse sino que corrió a echarse sobre sus primos pequeños para salvarles la vida arriesgando la suya. Impresionado por la demostración de sacrificio, conciencia y solidaridad de su sobrina, Kanafani decidió quedarse en Palestina, no marcharse como refugiado –huir abandonando a su pueblo– y dar el paso sin retorno sumándose a la Resistencia antiimperialista.

Pero es el cuarto acontecimiento el que, además de sintetizar a los tres anteriores, nos descubre también a nosotros las consecuencias inhumanas de la represión sociocultural orientada a la desnacionalización de los pueblos antiiperialistas. Es en este contexto general, pero en su forma particular durante un momento de su estancia en Líbano, cuando Kanafani vivió algo que él mismo describió así en una posterior carta a su hijo:

« He oído desde la otra habitación cuando le preguntaste a tu madre: “Mamá, ¿soy palestino”?» Cuando ella respondió “Sí”, cayó un pesado silencio sobre toda la casa. Fue como si algo que pendía sobre nuestras cabezas hubiera caído, su ruido explotando, luego, silencio. Después… te escuché llorar. […] No podía moverme para ver qué estaba sucediendo en la otra habitación. Sin embargo, sabía que una patria lejana estaba renaciendo: colinas, olivares, personas muertas, banderas desgarradas y dobladas, todas abriéndose paso hacia un futuro de carne y sangre y naciendo en el corazón de otro niño… ¿Crees que el hombre crece? No, nace de repente: una palabra, un momento, penetra su corazón con un nuevo latido. Una escena puede arrojarlo desde el techo de la infancia a la aspereza del camino.».

¿Soy palestino o israelí o no soy nada, sino un esclavo sin conciencia ni personalidad? ¿Soy una proletaria vasca explotada con conciencia-para-sí, o soy un excremento del euro? Escuchar el llanto de un hijo al darse cuenta de que pertenece a una nación heroica que los explotadores quieren aniquilar, saber que el llanto reflejaba la emoción de su hijo al comprender que «una patria lejana estaba renaciendo» en él mismo, en lo más íntimo de su personalidad, cerciorarse de pronto de ello debió ser para Kanafani como el simultáneo estallido fulminante de todos los universos morales y materiales imaginables.

Si nos fijamos, las cuatro experiencias que van de menos a más, tienen en común su relación con la educación en el sentido marxista que le dio Kanafani en uno de sus escritos: «El objetivo de la educación es corregir la marcha de la historia. Por esta razón, necesitamos estudiar la historia y aprehender su dialéctica para construir una nueva era histórica, en la cual los oprimidos vivirán después de su liberación por la violencia revolucionaria, de la contradicción que los cautivó.».

La educación como arma revolucionaria que ayuda a corregir el rumbo que los opresores han impuesto a la historia mediante sus violencias criminales y reorientar la historia hacia la libertad. Nadia, su sobrina, había sido educada en la solidaridad y en la asunción del riesgo total para defender la vida palestina, era educación revolucionaria. Las obras de teatro de Kanafani censuradas por el ocupante británico con el apoyo sionista y la indiferencia de la clase rica palestina, buscaban educar al pueblo palestino en su propia historia. Arriesgarse a una sanción administrativa en la escuela por desobedecer un modelo eurocéntrico, mostraba ya que Kanafani veía necesario avanzar en una educación centrada en la superación de la dura realidad de la infancia y juventud palestina.

El llanto revelador de su hijo al tomar conciencia de su identidad nacional volvía a confirmar que el entorno familiar, su madre, era decisivo en la reproducción del sentimiento de pertenencia que a su vez es clave como brújula que nos guía en las oscuras tempestades de la vida oprimida. Desestructurar estos entornos, romperlos en pedazos e imponer otros desnacionalizados o peor, subsumidos en el nacionalismo genocida del imperialismo es una necesidad prioritaria del capital. Lo era entonces, lo sigue siendo ahora y lo seguirá siendo hasta que no acabemos con la propiedad privada de las fuerzas productivas.

Kanafani iba perfeccionando estas y otras ideas en su praxis revolucionaria, en la dialéctica que descubre las contradicciones esenciales del sistema capitalista. El estudio teórico del marxismo, la dolorosa experiencia familiar y colectiva, el desarrollo de su creatividad estética y su militancia en diversas áreas del FPLP, todo ello conjuntamente, le llevó a escribir lo que sigue: «El antiimperialismo impulsa al socialismo si no se detiene en medio de la batalla y si no llega a un acuerdo con el imperialismo. Si esto sucede, ese movimiento no podrá convertirse en un movimiento socialista. Pero si se continúa luchando, [naturalmente] que el movimiento [antiimperialista] desarrollará una posición socialista. Los nacionalistas árabes se dieron cuenta de este hecho a fines de la década de 1950. Comprendieron que no podían ganar la guerra contra el imperialismo a menos que contaran con ciertas clases [sociales]: aquellas clases que luchan contra el imperialismo no solo por su dignidad, sino por su sustento. Y fue este [camino] el que llevaría directamente al socialismo.»

La lúcida contundencia teórica de estas palabras no vienen solo de la experiencia histórica innegable sino, además, de una crítica inicialmente amarga de Kanifani a la incapacidad del Partido Comunista de Palestina (PCP) para comprender que la lucha de liberación tiene visos de victoria si y solo si el PCP se fusiona como parte de la historia y de la lucha del pueblo. Kanafani fue pasando de la inicial desilusión amarga por el afrancesamiento y el eurocentrismo del PCP, que le separaba totalmente de la realidad, a una visión crítica y materialista de las razones por las que el PCP no podía penetrar en el corazón del pueblo y erigirse en la vanguardia imprescindible para la victoria: su horizonte político no era otro que el de la izquierda colonialista.

Kanafani plantea aquí una cuestión decisiva para todo proceso revolucionario: su ubicación material e intelectual en el marco histórico de lucha de clases en abstracto, y en concreto en el marco de guerra de liberación nacional de clase. Dicho directamente: en el contexto nacional de lucha de clases. La incapacidad del PCP para romper con el eurocentrismo y «arabizarse», para llegar a las profundidades materiales y simbólicas de la opresión del pueblo palestino y desde ellas construir una estrategia que responda como creación propia las condiciones objetivas y subjetivas, que no esté impuesta dogmática y obligatoriamente desde el exterior a despecho del análisis concreto de la realidad concreta.

Kanafani detalla los esfuerzos del PCP para «arabizarse» decididos en su VII Congreso en 1930, pero también explica que esos esfuerzos eran boicoteados desde dentro de la estructura partidaria, de modo que, al final y en los momentos decisivos, se quedaba fuera de las clases explotadas, del campesinado y proletariado: « el Partido demostró ser incapaz de llevar a cabo la tarea de movilizar a los árabes palestinos, y los lemas revolucionarios adoptados por el Congreso nunca se tradujeron en acciones concretas». La derrota de la guerra de liberación palestina de 1936-39 se debió también a este abismo insondable que le separaba del pueblo armado. Kanafani, como buen marxista, explica la dialéctica de contradicciones que permitieron la victoria británica: espontaneidad y débil organización palestina, carencia de medios, astucia británica para atraerse a sectores de la pequeña y mediana burguesía inicialmente rebeldes, profundos intereses reaccionarios de la burguesía palestina en contra de su propio pueblo, apoyo incondicional británico al movimiento sionista.

Pero no tenemos que olvidar el rechazo del PCP para superar su cosmopolitismo falsamente internacionalista y fusionarse con las ansias de independencia de su pueblo. Kanafani lo dice así: « La izquierda comunista, además de ser débil, era incapaz de alcanzar al campo; estaba concentrada en ciertas ciudades. Fracasó en arabizar el Partido, como recomendó el séptimo Congreso de la Comintern, y seguía siendo víctima de su visión restringida de la unidad árabe y de las relaciones, en lo que respecta a la lucha, con el resto de la patria árabe, lo que tuvo repercusiones organizativas.»

Mientras tanto, británicos y sionistas estrechaban cada vez más su alianza en medio de la guerra, sabedores de que sus intereses eran esencialmente idénticos aunque diferentes en aspectos puntuales. Los sionistas se armaban y entrenaban incluso delante de las narices de los británicos y llegó el momento en el que los segundos les encargaron tareas militares y de creación de carreteras y vías logísticas que más adelante serían decisivas para la red económica, militar y cultural que permitiría a los sionistas el primer genocidio palestino, el de la Nakba de 1946-1948.

En la entrevista que el hicieron pocos días antes de su asesinato y el de su sobrina Lamis, Kanafani respondió así a una pregunta sobre cómo se encontraba la voluntad de lucha del pueblo, teniendo en cuenta las derrotas sufridas en los últimos tiempos, como la derrota de la OLP frente a Jordania en 1970 calificada como la del «Septiembre Negro», etc. Su respuesta nos permite comprender cómo evolucionó la autoorganización palestina en los años anteriores al 7 de octubre de 2023 cuando Gaza se insurrección decidida y masivamente: « Ahora estamos [como movimiento de resistencia] pasando por esta etapa, la etapa de la apatía, por así decirlo. El individuo palestino siente que los sueños que construyó en los últimos años han sido socavados. Es un sentimiento doloroso, ya sabes, y creo que muchos camaradas comparten mi opinión: que esta etapa es temporal. Cuando el individuo palestino descubre que estamos luchando contra un gran enemigo que no podemos derrotar en unos pocos años, que nuestra guerra es a largo plazo y que seremos derrotados repetidamente, entonces la lealtad del individuo palestino a la revolución palestina no será tan frágil y emocional como lo es ahora. Creo que podemos movilizar a la multitud nuevamente cuando logremos nuestra primera nueva victoria. Estoy seguro de que esta victoria llegará. No tenemos miedo de estas «horas bajas», como me gusta llamarlo. Esto es normal, ya que los líderes árabes y los portavoces de los medios árabes hicieron muchas promesas a las masas, elogiando una victoria fácilmente alcanzable. Ahora, muchos árabes han descubierto que estas promesas fueron engañosas. Por lo tanto, no creo que este fenómeno [es decir, la apatía del individuo palestino] sea un fenómeno inherente y continuo. Sabemos que superaremos esta etapa en el futuro y que la lealtad de las masas a la revolución será más fuerte que antes».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.