Recomiendo:
0

La ridícula cumbre para Oriente Próximo de Obama

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Ha sido imposible leer el orden del día para la cumbre en el Despacho Oval entre Obama, Netanyahu y Abbas sin desternillarse de risa ante lo absurdo de sus pretensiones. El plan estadounidense es que el presidente Obama informe al primer ministro israelí Binyamin Netanyahu y a Mahmud Abbas, en representación de la Autoridad Palestina, que es el momento decisivo para un arreglo pacífico. EE.UU. quiere un acuerdo dentro de un año, con estipulaciones en ese acuerdo que sean realizadas por fases dentro de una década.

En juego: los asentamientos judíos ilegales, el estatus de Jerusalén Este, el tratamiento dado a los refugiados palestinos y fronteras definitivas entre Israel y un Estado palestino.

El hombre que saludó a Netanyahu y Abbas ya no es el ícono de cambio que entusiasmó al mundo con su discurso a los musulmanes en El Cairo y quien encargó al ex senador estadounidense George Mitchell que preparara la escena para un convenio justo sobre problemas que no han sido solucionados durante más de medio siglo.

Obama está en una mala situación política. La economía baja en espiral. Las elecciones de mitad de mandato surgen amenazadoramente como un posible baño de sangre para los demócratas, en el que podrían perder por lo menos una, si no ambas, cámaras del Congreso. Como lo sabe perfectamente el lobby de Israel, los demócratas ansían dinero judío y votos judíos. Cuando se trata de intereses israelíes el Congreso de EE.UU. salta siguiendo las órdenes del lobby. El discurso de la secretaria de Estado Hillary Clinton, cargado de honores para Netanyahu, podría ser interpretado como un llamado a la colecta de fondos para su próximo intento de obtener la candidatura presidencial demócrata.

Desapareció toda noción de retorcer el brazo a Netanyahu, o de tratar de hacerlo, como cuando el gobierno criticó un asentamiento judío ilegal hace cuatro meses y cuando el vicepresidente Biden transmitió en Tel Aviv las preocupaciones del general Petraeus de que la obstinación de Israel pone en peligro los intereses de seguridad de EE.UU. en la región.

El lobby devolvió el golpe con amenazas políticas. En julio, Dana Milbanke del Washington Post describió con una franqueza poco usual la inminente visita de Netanyahu a Washington:

«Una bandera azul y blanca israelí cuelga de Blair House. Al otro lado de Pennsylvania Avenue, la bandera de EE.UU. está en su sitio usual sobre la Casa Blanca. Pero para captar el verdadero significado de la visita del primer ministro Binyamin Netanyahu al presidente Obama, los funcionarios de la Casa Blanca podrían haber preferido izar la bandera blanca de la rendición.»

Y ante la cumbre de septiembre, los israelíes apuntaron deleitados al retiro por Obama de una exigencia de que Israel congelara las colonias judías en tierra palestina. En su lugar instó a mostrar «circunspección». «El primer ministro está satisfecho porque su posición principal de que las negociaciones debieran ser sin condiciones previas fue aceptada» dijo el portavoz de Netanyahu, Nir Hefetz, a la Radio del Ejército desde Nueva York. Se citó al propio Netanyahu, quien ha rechazado demandas de una congelación de los asentamientos, y dijo a un periódico: «Entiendo el inglés: ‘circunspección’ y ‘congelación’ son dos palabras diferentes». Y en cuanto al estatuto de Jerusalén y el tema de los refugiados palestinos, Netanyahu se niega inflexiblemente a discutirlos.

Simultáneamente, horas antes de los apretones de manos, unos colonos judíos dijeron que comenzarán de inmediato los trabajos para la construcción de edificios en por lo menos 80 asentamientos, rompiendo la congelación parcial por el gobierno, que termina el 26 de septiembre.

El tenor de la política israelí actual es un rechazo fanático de cualquier detención de los asentamientos, cualquier concesión seria respecto a las fronteras, más allá de un «Estado» palestino en pequeños trozos, encerrados entre carreteras y muros israelíes, con agua desviada y comunicación entre diversos fragmentos de territorio palestino bajo rigoroso control israelí y constante acoso. Jerusalén Este, la capital propuesta para un Estado palestino, sufre una invasión incesante de nuevos proyectos habitacionales judíos.

La prensa israelí informa de que Netanyahu todavía tiene que desarrollar una posición para la negociación. Su ministro de exteriores, Avigdor Lieberman, se negó a asistir a la cumbre y piensa que Netanyahu debiera haber dicho simplemente a Obama que la construcción continuará sin restricción alguna después del fin de la actual moratoria oficial, que termina el 26 de septiembre.

Por su parte, Abbas ya no es presidente de la Autoridad Palestina, que no tiene un mandato democrático de la vasta mayoría de los palestinos. Votaron por Hamás y consideran a Abbas como un traidor que existe sólo gracias al dinero de EE.UU., los consejeros de seguridad del Pentágono y el apoyo israelí. Hamás expresó su opinión sobre la reunión matando a cuatro colonos israelíes. (Medio millón de colonos judíos ilegales han sido la consecuencia más evidente del «proceso de paz».)

Tácticamente, Netanyahu tiene juego fácil. Puede proclamar las esperanzas de paz de Israel y, no obstante, advertir que los intereses de seguridad de Israel son supremos. Puede sermonear a Obama sobre los temores primordiales de aniquilación de Israel y, no obstante, no mostrarse demasiado reticente al señalar que Israel puede aniquilar a sus enemigos y está bastante dispuesto a hacerlo. El arsenal nuclear de Israel ronda fantasmagóricamente alrededor del evento.

Cuando la moratoria expire dentro de tres semanas, permitirá que continúen los asentamientos, lo que por su parte llevará a Abbas a amenazar con cumplir su compromiso de abandonar las conversaciones si esto ocurre, un deber programado, como Jeffrey Blankfort predijo en este sitio la semana pasada. Israel continuará su arremetida hacia la derecha, con una purga cada vez mayor del disenso en un entorno político cada vez más encarnizado. El Plan Obama se sumará a todas las demás ruinas diplomáticas en el desierto de los huesos abandonados, la característica más obvia de todos los mapas que intentan presentar la búsqueda de una «solución justa» en Oriente Próximo.

¿Por qué realiza este esfuerzo Obama? Como dice Blankfort:

«Cada presidente de EE.UU., desde Nixon, ha hecho un esfuerzo por terminar con la ocupación israelí por razones estratégicas de EE.UU., y cada uno de ellos se ha enfrentado al lobby y, al final, ha sido incapaz o no ha estado dispuesto a gastar el capital político necesario para imponer su voluntad a Israel. En cada caso, el Congreso se ha puesto de parte de Israel y nunca más que durante el gobierno de Obama. Los tres presidentes que cuestionaron a Israel: Ford, Carter, y Bush padre, terminaron por ser obligados a retirarse y fueron removidos en las elecciones.»

Ahora bien, ¿por qué -considerando esta historia- trató de hacerlo Obama? Blankfort sospecha que fue por presión de los aliados europeos de EE.UU. para que lo hiciera porque:

«la continuación del conflicto I-P pone en peligro su seguridad y su sociedad mucho más que en el caso de EE.UU. y ha habido llamados desde hace tiempo para que la UE active su propia ‘iniciativa de paz’ y probablemente lo haría si EE.UU. se retirara de ese terreno. Es lo último que Israel o el lobby desean y por eso vemos a elementos del lobby en cada administración, actualmente Ross, Emanuel et al., presionando para la participación de Obama a pesar de que saben que va a fracasar.»

La reciente remodelación del Despacho Oval por Obama incluye una alfombra muy cursi con citas edificantes en su borde: «La única cosa que hemos de temer es el temor en sí» de F.D. Roosevelt; «El arco del universo moral es largo, pero se curva hacia la justicia» de Martin Luther King Jr.; «El gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo» de Lincoln, etc. Cuando se espere una rara visita de los palestinos, deberían guardar la alfombra, y colocar otra con la Estrella de David al medio y con un texto bordado en el borde: «¡Cuidado palestinos! Abandonad toda esperanza al entrar aquí».

Alexander Cockburn. Periodista, co-director del bimensual CounterPunch y del sitio internet homónimo (www.counterpunch.org).

Fuente: http://www.counterpunch.org/cockburn09032010.html

rJV