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La secta evangélica y el papel de Estados Unidos en el Mundo Árabe

Fuentes: Mondialisation.ca

Traducido para Rebelión por Felisa Sastre

Desde hace años, el extremismo religioso, es decir la utilización de la religión con fines políticos, se ha convertido en uno de los elementos esenciales de la geopolítica en Oriente Próximo. Mientras ciertos círculos y medios de comunicación no cesan de acusar al Islam de todos los males del mundo, los comentaristas son muy discretos en lo relativo a la responsabilidad de las sectas protestantes que contribuyen a radicalizar el conflicto.

Es bien conocida la importancia que ha alcanzado la secta de los evangélicos- en su denominación de «renacidos»-, en Estados Unidos, donde tiene gran influencia en la política y la Administración de Bush. Asimismo, es sabido que los miembros de esta secta son los más fervientes partidarios de Israel y se niegan a cualquier concesión territorial a los palestinos. Los evangélicos, insertos en el movimiento de cristianos sionistas- un grupo fundamentalista protestante surgido a finales del siglo XIX, que pretende que la creación de un Estado israelí viene a cumplir la profecía bíblica- no sólo sostienen moralmente a Israel, sino que su dinero ayuda a los judíos de Rusia o de Ucrania a emigrar a Israel. De acuerdo con el rabino Yechiel Eckstein, director de una de la principales agencias de recaudación de fondos para Israel entre los evangélicos estadounidenses, su asociación ha recaudado en siete años más de 100 millones de dólares. En octubre de 2003, se celebró una reunión en el hotel King David de Jerusalén entre sionistas extremistas y evangélicos, con la presencia de Richard Perle- en aquellos momentos presidente del Consejo para la Política de Defensa del Pentágono e influyente consejero de Bush- y de ministros del gobierno Sharon, para celebrar «el advenimiento de la Jerusalén celeste que seguirá a la aniquilación del Islam». Es igualmente sabido que la corriente evangélica- que reúne en Estados Unidos a más de 70 millones de ciudadanos y se apoya en centenares de miles de pastores-propagandistas-, se ha exportado a gran parte de Latinoamérica (Evangelical Union of South America, especialmente a Brasil, donde tendría más de 30 millones de adeptos), a Japón, África (por ejemplo, el papel desempeñado por los evangélicos cercanos al presidente Gbagbo en los acontecimientos de Costa de Marfil), a Europa e incluso a la India (Indian Missions Association- IMA) o a China…Lo que ya no es tan conocido es el papel desempeñado por los evangélicos en la política estadounidense en el Mundo Árabe. Es notorio que la Casa Blanca, el Congreso y la CIA siguen y vigilan con gran interés la expansión de las iglesias evangélicas. El odio que esta secta profesa al Islam, así como su menosprecio hacia los árabes cristianos, constituyen un instrumento privilegiado de la política estadounidense dirigida a dividir el Mundo Árabe para conseguir un Gran Oriente Próximo enteramente sometido a la influencia de Washington y de sus aliados israelíes.

En el Mundo Árabe, la estrategia de la secta evangélica se lleva a cabo de tres maneras:

– Mediante la propaganda anti-musulmana que dispone de grandes medios y se dedica a acusar a los musulmanes de todos los males del mundo. En este sentido, los evangélicos son los primeros en organizar- en colaboración con los neoconservadores estadounidenses cuyos compromisos con los israelíes son conocidos- campañas dirigidas a identificar el Islam con el terrorismo, y de ahí con el «eje del mal». Uno de sus objetivos favoritos es Arabia Saudí contra la que lanzan una propaganda incansable para promocionar a ciertas cofradías islámicas con el fin de producir divisiones religiosas en el interior del reino.

– Por la instrumentalización de las comunidades cristianas árabes que se lleva a cabo en Líbano, Palestina, Siria e Iraq. En Líbano, todos los veranos, misioneros evangélicos recorren el país, según un itinerario preparado en colaboración con la embajada de Estados Unidos. Grupos de jóvenes organizan conciertos, festivales, reuniones en las playas antes de convertirlas en reuniones más formales en las que se trata de convencer a los jóvenes cristianos- a los maronitas en particular- para que se unan a la secta evangélica, seduciéndoles con el pago de sus estudios, con visados para Estados Unidos y otras muchas ventajas. Esas actividades van acompañadas de un fuerte proselitismo anti-musulmán que tiene que ver con el lamentable ascenso de la confesionalidad en el país del cedro. Los evangélicos se sirven de los mismos métodos en Siria, si bien de forma más discreta debido a la vigilancia que ejercen las autoridades. En Iraq, los misioneros evangélicos llegan en furgones del ejército estadounidense y así disponen de casa propia. A base de dólares, se dedican a reunir a los cristianos iraquíes y a tratar de desviarlos de su cristianismo tradicional, oriental y árabe, para inducirlos a crear comunidades separatistas. Siempre utilizan la misma estrategia, que consiste en invitar a los cristianos árabes a abandonar su religión tradicional a cambio de un empleo, de becas para sus hijos, de promesas de visados. Además del Vaticano, las iglesias iraquíes tradicionales no dejan de denunciar el peligro que entrañan los evangélicos estadounidenses, algunos de los cuales han sido ejecutados por la resistencia. Según el párroco de la aldea cristiana de Ain-kawa, cercana a Mosul: «Durante las ceremonias religiosas explicamos a los fieles que estos misioneros en realidad son agentes estadounidenses que tratan de sobornarles con su dinero. Que son extranjeros que quieren aniquilar nuestra historia y crear conflictos confesionales en Iraq. Repetimos a nuestros fieles que hay que impedir que esas gentes entren en sus casas y en los lugares donde se reúnen sus hijos». Los cristianos iraquíes aseguran que los evangelistas «no sólo amenazan con la dispersión de los fieles, sino con crear un clima de conflicto confesional que antes no existía en Iraq. Estos extranjeros quieren perturbar nuestras buenas relaciones con los musulmanes y el clima de entendimiento milenario». Es exactamente el mismo proceso que se observa en la Palestina ocupada donde los evangélicos despliegan extraordinarios esfuerzos para reunir a los creyentes y animarles a abandonar el país.

– Finalmente, el esfuerzo para convertir a los musulmanes constituye el elemento más espectacular de la actividad evangélica. La estrategia estadounidense de evangelización dirigida a los musulmanes se basa en actores organizados en red y en la elaboración de un mensaje evangélico adaptado al Corán. Este tipo de evangelización se dirige en particular a ciertas comunidades musulmanas cuyos orígenes étnicos se podrían utilizar para proyectos secesionistas y anti árabes: es el caso de las minorías kurdas de Iraq y Siria y también de la kabila y los beréberes del Magreb.

De acuerdo con el diario argelino al Watan, la evangelización de la kabila es el resultado de un proselitismo organizado y financiado por la estrategia evangelizadora dirigida a los pueblos musulmanes. En Argelia, los evangélicos se valen de temas humanitarios y eligen sus objetivos entre las personas más desfavorecidas; personas que se convierten al cristianismo a cambio de una cantidad de dinero (2.000 dinares, equivalentes a 20 euros), de promesas de asistencia médica o de visados para el extranjero: las cancillerías europeas conceden con más facilidad los visados de entrada al espacio Schengen a los argelinos que lo solicitan si son cristianos «perseguidos». Más del 74 % de las personas que van a los servicios religiosos lo hacen, esencialmente, para beneficiarse de las ayudas financieras de los misioneros». Una de las recientes operaciones de la iglesia protestante en Constantina se ha dirigido a los liceos, «les han ofrecido apoyo escolar gratuito. Además de los cursos prometidos, los alumnos han recibido CD, libros y otros documentos de propaganda evangélica: el mismo guión se ha repetido en Tiaret y en otras aldeas». Según la información de la que disponemos, los «diplomáticos» de la embajada de Estados Unidos en Argelia multiplican las visitas a los territorios de la kabila y favorecen el proselitismo evangélico.

En Marruecos, una multitud de organizaciones evangélicas, sobre todo estadounidenses, actúa más o menos en secreto en las regiones más pobres y en las grandes ciudades. Una organización como Arab World Ministries– asociación misionera evangélica internacional- tiene como objetivo oficial, «el anuncio de la buena nueva de un salvador para los musulmanes del mundo árabe». Los agentes clandestinos de esta secta, cuyo número se ha más que triplicado desde 2002, superarían los 800. Se presentan bajo distintas identidades: médicos, enfermeras, voluntarios, maestros, ingenieros e incluso empresarios. En enero de 2005, durante la visita a Marruecos del tele-evangelista Josh McDowell, representante del movimiento Cruzada Internacional por Cristo (con 7.000 voluntarios en el mundo), el semanario Le Journal escribía: » Marruecos, asaltado por los neo-protestantes estadounidenses».

Las actuaciones de los evangelistas estadounidenses se retransmiten por numerosas radios y televisiones que reciben el apoyo de Estados Unidos, especialmente del Congreso y de la CIA: Radio Mahabba que emite continuamente en el canal de sonido del satélite Eutelsat Hotbird 3, la cadena CNA-Canal North Africa, Arabvision, Life-TV, Miracle Channel, etc., sin contar la cadena de propaganda estadounidense en árabe, Al Hurra. La propaganda evangélica, asimismo, se ha integrado en los proyectos de desarrollo de Internet como el dedicado a la difusión del uso de Internet (GIPI, Global Internet Policy Initiative), promovido por el Departamento de Estado estadounidense, que ya implica a Argelia, Túnez, Marruecos, Egipto, Siria, Líbano, Jordania, Iraq, Arabia Saudí, Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Palestina.

Por supuesto, esta actuación de pretendida evangelización, promovida, financiada y protegida por el gobierno de Washington no se guía por un sentimiento religioso sincero sino que su objetivo es crear focos de discordia en el seno de los países árabes con el fin de desestabilizarlos y debilitarlos. Pretende atizar artificialmente el choque de civilizaciones y forma parte del proyecto de demonizar al Islam, desarrollado tras el 11 de septiembre. Se inscribe, sencillamente, en el marco de la política de Estados Unidos dirigida a remodelar el Gran Oriente Próximo y a extender la hegemonía estadounidense.

http://mondialisation.ca/index.php?context=viewArticle&code=SAI20051122&articleId=1302

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