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Los mitos sionistas y la revolución árabe

Fuentes: Rebelión

Presentación El arranque de la primavera árabe junto a la iniciativa unilateral de Mahmud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina de solicitar el reconocimiento de Palestina como miembro de la Organización de Naciones Unidas, ha vuelto a poner en el centro del debate político mundial la cuestión palestina. Hemos querido desempolvar un artículo que […]

Presentación

El arranque de la primavera árabe junto a la iniciativa unilateral de Mahmud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina de solicitar el reconocimiento de Palestina como miembro de la Organización de Naciones Unidas, ha vuelto a poner en el centro del debate político mundial la cuestión palestina.

Hemos querido desempolvar un artículo que habíamos escrito en 2003 (publicado mientras ocurría la segunda Intifada, en la extinta revista Panorama Internacional), donde se explica el surgimiento histórico del conflicto palestino-israelí. Consideramos este artículo nuestro modesto aporte a la causa palestina y a su derecho de ser Estado y nación, derecho históricamente pisoteado por el imperialismo, el sionismo y en su tiempo la burocracia soviética.

Los mitos sionistas

Podríamos decir que existen cuatro mitos impulsados por el sionismo, que han modelado la conciencia de la mayoría de la población occidental:

1. «La tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra», mito generado por los primeros sionistas para legitimar su invasión colonial, creando la ficción que Palestina era un territorio remoto irregularmente visitado por nómadas, negando así la identidad y la nacionalidad de los habitantes originarios de esta tierra: los palestinos.

2. La «democracia israelí», todas las referencias de las grandes corporaciones de noticias apuntan en el sentido de hacer creer que Israel es la única democracia occidental, en un mar de dictaduras árabes totalitarias. Aunque la «democracia» israelí, por su carácter de enclave militar, de estado confesional racista y sus procedimientos judiciales y leyes, es tan «democrática» como pudo ser el apartheid sudafricano.

3. El mito de la seguridad, enlazado con el mito de la «democracia», según el cual la política exterior colonialista de Israel es obligada, por estar rodeada de regímenes árabes hostiles a la «democracia israelí».

4. El mito de ser las víctimas del Holocausto, que el sionismo fue el enemigo del nazismo y el mejor representante de los seis millones de judíos muertos durante el gobierno nazi, no obstante esta insidiosa propaganda no puede ocultar, que el sionismo fue un colaborador de los peores antisemitas y que lamentablemente hoy, los judíos engañados por el sionismo, le hace a los palestinos lo mismo que los nazis hicieron con ellos.

El sionismo y la revolución árabe.

La Cuestión Judía

Antes de detallar los orígenes del sionismo, nos agradaría precisar las características del pueblo judío, pues las fabulaciones y leyendas sobre esta cuestión son enormes. Las explicaciones religiosas sobre la «originalidad» de los judíos, basadas en las características de la religión hebrea y en su supuesta descendencia directa del patriarca Abraham o los argumentos racistas, que sostienen tanto los antisemitas como los sionistas, sobre que los judíos serían una raza especial, no soportan el menor análisis histórico.

Abraham León, el principal historiador marxista sobre la cuestión judía había precisado las razones materiales de la originalidad del pueblo judío, estos representaban un pueblo- clase, como lo fueron otra serie de pueblos, por ejemplo, los gitanos.

En el marco del régimen de producción feudal, los nobles y curas centralmente explotaban el trabajo de los siervos apropiándose de la mayor parte de lo que ellos producían de la tierra.

En las sociedades feudales casi todo lo que se producía era directamente consumido o por los señores feudales o por los siervos, en esto reside una de las diferencias con la sociedad capitalista moderna, que centralmente produce mercancías, valores de cambio, productos para intercambiar en el mercado. En la sociedad feudal, que centralmente producía valores de uso para el consumo, [1] las relaciones mercantiles, la compraventa y el préstamo de dinero era realizado por pueblos-clase, normalmente comerciantes extranjeros, como por ejemplo, los alemanes en el Danubio y Rusia, y los judíos.

Es decir los judíos representaban en la época feudal las formas arcaicas, pre-históricas del capitalismo, una pequeña laguna mercantil que habitaba en una sociedad basada en los valores de uso. «Sobre esas relaciones materiales se eleva la estructura súper institucional e ideológica: autoridades comunitarias, una religión especial, el mito de considerarse descendientes del primer pueblo que habitaba Palestina (…) Esta superestructura ayudaba a mantenerla cohesión del pueblo-clase, pero al mismo tiempo falseaba la verdadera naturaleza de su existencia». [2]

No obstante, esto es lo que subyace tanto en la supervivencia del pueblo-clase judío, como en el proceso de asimilación que tuvo a distintos niveles, pues es normal encontrar en el medioevo procesos de conversión masiva al judaísmo de pueblos o grupos enteros: «Eso explica que haya habido judíos de raza mongólica en el Daghestán, judíos negros (los falasha) en Etiopía, judíos árabes en el Islam y judíos eslavos en Europa Oriental»,[3] otro argumento que demuestra la incoherencia del mito sobre la descendencia abrahámica. Durante el desarrollo del capitalismo, los judíos fueron expulsados inicialmente de algunos países de Europa Occidental, al surgir una burguesía nacional, pero posteriormente se dio un proceso de asimilación, como en Inglaterra.

Con la entrada del capitalismo en su época monopolista, en la fase superior de decadencia y de descomposición imperialista, el proceso de asimilación aborta, sobre todo en Europa Oriental, más atrasada económicamente, donde se concentraron el grueso de los judíos. El capitalismo es absolutamente incapaz de solucionar de forma progresiva ninguno de los problemas que en su época de juventud revolucionaria fueron sus banderas, tales como la soberanía e independencia nacional, la democracia y la «igualdad» ante la ley de los hombres. El capitalismo lejos de solucionar el problema de la integración del pueblo judío, vuelve más convulsa la situación. En Europa Oriental, las masas judías empiezan a sufrir una situación difícil pues el desarrollo del capitalismo desintegraba su forma de vida como pueblo-clase. El desarrollo de la gran industria comienza a destruir sus ocupaciones tradicionales en el pequeño comercio y el taller artesanal.

Es por estas épocas que reaparecen con mayor energía en Europa, las oleadas de anti- semitismo, que culminarán con el régimen nazi en los 30’s. En muchos casos los distintos gobiernos reaccionarios, utilizaban a los judíos como chivos expiatorios para desviar la ira de las clases medias desesperadas y los sectores más atrasados de la clase obrera.

Pero la razón central está, en lo que describen tanto los sionistas como los peores anti-semitas. Cuando Theodor Herzl, fundador del sionismo se entrevistó con Von Plevhe, conocido organizador de pogromos en la Rusia Zarista, éste le dijo: » Los judíos se han estado incorporando a los partidos revolucionarios. Nosotros simpatizábamos con su movimiento sionista, por cuanto trabaja por la inmigración», [4] mientras los sionistas le respondían que se comprometían a garantizar los intereses zaristas en Palestina y eliminar de Rusia esos «nocivos y subversivos judíos anarcobolcheviques». [5]

Es decir que importantes sectores de los trabajadores judíos, veían la solución del problema de la opresión, en el marco de la revolución socialista, de la unidad de los trabajadores de las distintas nacionalidades y/o razas, para derrocar el capitalismo y las distintas burguesías imperialistas, el socialismo daría fin al problema judío que el capitalismo no pudo solucionar. Así, de la joven intelectualidad revolucionaria de origen judío, surgió una pléyade de cuadros marxistas como Rosa Luxemburgo, León Trotsky, Radek y Leo Jogiches. El sionismo nace como competidor y retén de esta integración por vías revolucionarias, que estaban eligiendo los intelectuales y trabajadores judíos.

El nacimiento del sionismo: 1897-1917

Marx había dicho que «la ideología predominante de toda sociedad es la ideología de la clase dominante», En la época histórica en la que surge el sionismo todo el continente Europeo estaba impregnado de sentimientos colonialistas, siendo éste es uno de sus exponentes más acabados.

Los colonialistas más rabiosos, como sir Cecil Rhodes, inventor del estado racista de Rhodesia (actual Zimbabwe), encubrían sus objetivos imperialistas con argumentos filantrópicos, como el siguiente: » ayer estuve en el Est-End londinense y asistí a una asamblea de desocupados. Al oír allí discursos exaltados cuya nota dominante era ¡pan, pan!, ya al reflexionar de vuelta a casa, sobre lo que había oído me convencí más que nunca de la importancia del imperialismo. La idea que yo acaricio representa la solución del problema social: para salvar cuarenta millones de habitantes del Reino Unido, de una guerra civil funesta, nosotros, los políticos coloniales, debemos posesionarnos de nuevos territorios, a ellos enviaremos el exceso de población». [6].

Es bajo estas premisas imperialistas, que nace el sionismo, este movimiento político de la gran burguesía judía e intelectuales pequeño-burgueses, nacido para disputarle a los judíos al movimiento revolucionario marxista. Argumentando la necesidad de defender al pueblo judío que vivía oprimido en los ghetos, lo pretende transformar en un ejército de ocupación colonial. Pues tanto en el esquema de Rhodes, como en las posiciones de Thedor Herzl de regresar a Palestina, el elemento común para estos colonialistas es que el mapa del mundo está vacío: ¡no existían pueblos nativos en las zonas que iban a colonizar!

El caso del sionismo es particularmente cínico, pues en dos mil años de historia los judíos, inclusive en épocas que tuvieron toda la posibilidad de hacerlo, nunca quisieron regresar a Palestina, pues en la mayoría de los casos o se integraban a la sociedad o emigraban a otras zonas como EEUU. «En Rusia se funda la asociación de los «Amantes de Sión». Leo Pinsker escribe el libro Autoemancipación, libro en el que se preconiza el retorno a Palestina, como única solución posible a la cuestión judía. En París, el barón Rothschild, que como todos los magnates judíos ven con poca simpatía la llegada a Occidente de los inmigrantes judíos, comienza a interesarse en la colonización de Palestina. Ayudar a los «hermanos infortunados» a volver al país de sus antepasados, es decir, que se fueran lo más lejos posible, no tenía nada de desagradable para la burguesía judía occidental, que con razón temía al ascenso del antisemitismo». [7] En 1897 cuando se realiza el primer Congreso Mundial Sionista, en Basilea, Suiza, se propugna como objetivo fundamental el regreso a Palestina.

La gran desventaja que tuvo Theodor Herzl, en relación con Rhodes, es que el primero carecía de un imperialismo propio que levantara su proyecto colonial, fue mediante un sin fin de coqueteos con distintos imperialismos, que los sionistas lograron llevar adelante su proyecto. Con este propósito se dirigieron al Káiser alemán, a su socio menor el Sultán de Turquía y finalmente al imperialismo inglés.

Palestina en esa época (1896) estaba bajo dominio turco. Herzl le manda a decir al Sultán: «Suponiendo que su majestad el Sultán nos entregase Palestina, podríamos a cambio encargarnos de regularizar las finanzas de Turquía. Formaríamos allí una avanzada de la civilización frente a la barbarie». [8].

Cuando Alemania se dispuso a forjar una alianza con Turquía, producto de su enfrentamiento con Inglaterra y Francia, los sionistas hicieron ofrecimientos similares al Káiser, quien mantuvo por varios años negociaciones con la dirección sionista con el objetivo de crear un estado judío bajo protección turca, con el objetivo de erradicar la resistencia anticolonial palestina y ser garante de los intereses imperialistas alemanes.

Sin embargo, es en 1917, con la declaración Balfour, que el movimiento sionista se logra enganchar firmemente con una potencia imperial: Gran Bretaña. El gobierno de Su Majestad ya había barajado desde hacía tiempo usar a los judíos como carne de cañón para colonizar «Tierra Santa», pero el imperialismo inglés tenía un pequeño inconveniente: Palestina estaba en manos de los turcos. Provisionalmente se le había ofrecido a Herzl colonizar Uganda o el Sinaí Egipcio, pero esta oferta había tenido que rechazarla, por la oposición de la mayoría de los sionistas.

La primera guerra mundial había puesto al orden del día la bisección del Imperio Otomano. Los ingleses logran llegar a pactos con los señores feudales árabes, como Hussein el Cherif de la Meca, a partir de vagas promesas de independencia. Mientras usaban la sangre árabe para desmembrar Turquía (aunque no tenían el más mínimo deseo de reconocer la independencia de los árabes), los ingleses firmaban con Francia el pacto secreto Sykes-Pickot (en el cual se reparten el Medio Oriente) y emitían la Declaración Balfour; según la cual, «El Gobierno de Su Majestad ve favorable el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y empleará el mejor de sus esfuerzos para facilitar la realización de estos objetivos».[9]

El inicio de la colonización sionista

Aunque ya para 1931 existían 174 616 judíos y 750 000 árabes en Palestina, el sionismo no había podido convencer a la gran masa de inmigrantes judíos de trasladarse a la tierra prometida. Es sólo con el ascenso de Hitler al poder y el hecho de que las democracias occidentales cierran sus puertas a los refugiados judíos, que estos comienzan a llegar en masa.

Desde los años veinte, los palestinos se venían oponiendo a la entrada de los judíos, porque significaba verse desposeídos de sus tierras (que eran compradas a los terratenientes absentistas).

El sionismo fue controlando progresivamente las ramas centrales de la economía palestina, con una política de excluir a los trabajadores árabes de cualquier tipo de trabajo en sus empresas. Favorecidos además por las autoridades británicas, que las privilegiaban a la hora de dar contratos.

Los sionistas empezaron a superar los palestinos en los principales aspectos del circuito económico (producción, consumo, etc.), evidentemente ayudados por métodos selectivos de terror racista contra los pequeños comerciantes, campesinos pobres y obreros árabes.

La Histadruth (el «sindicato» racista del sionismo), nació no como una organización para agrupar a todos los obreros sin distingo de raza o nacionalidad para luchar contra la patronal, sino que era una corporación de obreros judíos, donde no permitían que ingresaran trabajadores árabes y utilizaban métodos del movimiento obrero, como huelgas, para prohibirles a los patrones contratar obreros árabes. Hacía además campañas para amedrentar a los judíos que negociaban con los árabes.

Su principal colaboración con los ingleses fue, sin embargo, su ayuda como complemento del ejército británico para sofocar la insurrección palestina de 1936-1939. Esta fue una poderosa revuelta anticolonial y antisionista que necesitó la mitad de los efectivos del ejército británico para ser sofocada; además de los 6 meses de huelga general de la población palestina, se combinó con procesos de desobediencia civil como el no pago de impuestos y cuando los «notables» palestinos que la dirigían (el clan de los Housseim) abandonaron la lucha, se mantuvo en forma de resistencia guerrillera en el campo.

Los 12 000 hombres del Haganah (ejército regular del sionismo) y 3 000 del Irgun (milicia terrorista ligada a Jabotinsky), se transforman en una fuerza para-policial que ayuda a imponer la dominación británica, teniendo como resultado 5 000 palestinos detenidos, 2 000 de ellos condenados a largas penas de prisión, 148 ahorcados y 5 000 casas demolidas. Por primera vez, los sionistas probaron los métodos de terror que utilizarán al momento de crearse Israel. So pretexto de la «seguridad» de los kibutz (cooperativas agrícolas) expulsan los campesinos palestinos de los alrededores, apropiándose de sus tierras.

Se comenzaba a aplicar así, lo que siempre habían vislumbrado los sionistas como la alternativa para imponerse en Palestina. Vladimir Jabotinsky, líder del «sionismo revisionista», la corriente poco paciente con la fachada liberal que algunos sectores querían imprimirle al sionismo, señalaba claramente los objetivos y métodos que debían seguir los sionistas: «No cabe pensar en una reconciliación voluntaria entre los árabes y nosotros, ni ahora, ni en un futuro previsible. Toda la gente inteligente, salvo los ciegos de nacimiento, comprendieron hace mucho la completa imposibilidad de llegar a acuerdos voluntarios con los árabes de Palestina para transformar Palestina de país árabe a país con una mayoría judía. Cualquiera de vosotros tiene una idea general de la historia de las colonizaciones. Buscad un solo ejemplo de que la colonización de un país se haya producido con el acuerdo de la población nativa, eso nunca ha ocurrido (…) No podemos dar ninguna compensación por Palestina, ni a los palestinos ni a los demás árabes. Por tanto es inconcebible un acuerdo voluntario. Cualquier colonización, aún la más restringida, debe desarrollarse desafiando la voluntad de la población nativa». [10]

La creación de Israel: La expulsión de los palestinos de su Tierra

Los sionistas venían chocando con Inglaterra, que desde el 39 empezó a oponerse a la inmigración judía y después a la creación de un estado «judío», buscando no perder influencia con los regímenes árabes. La campaña terrorista de los sionistas forzó a Inglaterra a llevar la discusión a las Naciones Unidas buscando la prórroga de su Mandato sobre Palestina, pero el imperialismo yanqui, que necesitaba de un peón fiel para restarle influencia a Inglaterra en la zona, impuso, con la complicidad de la burocracia soviética, la partición de Palestina.

El pueblo palestino venía de una derrota, con una gran desmoralización y dispersión, que lo deja indefenso ante la violación imperialista a su derecho a ser estado y nación. Pisoteando el derecho de los palestinos a decidir sobre su destino, las Naciones Unidas imponen en 1947 un plan de partición que otorga el 54% de la tierra a la minoría judía (que para entonces sólo constituye el 31% de la población total). [11]

«La única solución es una Palestina o al menos una Palestina Occidental (al oeste del río Jordán) sin árabes… Y no hay otro camino que transferir todos los árabes desde aquí a los países vecinos; transferirlos a todos: ni una aldea, ni una tribu deben quedar». [12] Esta declaración del sionista Weitz, presidente del departamento de colonización de la agencia judía, fue el programa de los israelitas luego de declarar la formación de Israel. Ya de por sí reconocidos dirigentes sionistas, como David Ben Gurion, habían asegurado que no respetarían las fronteras que establecía la ONU. [13] Los sionistas llevarían a la práctica uno de los mitos sobre los que están fundados: transformarían a Palestina en una «Tierra sin Pueblo», a partir de una campaña de terror que obligaría al grueso de la población palestina a abandonar sus tierras y transformarse en refugiados en los países vecinos. En la etapa que va desde el 15 de noviembre de 1947, fecha en que se declara la partición de Palestina y el 15 de mayo de 1948, fecha de la declaración del estado de Israel, el ejército sionista y las bandas terroristas expulsaron 780 000 palestinos y se apoderaron de un 80% de Palestina.

Fueron las tropas del Irgún lideradas por Menagem Begin, las encargadas de dirigir consecutivamente una serie de matanzas para espantar a la población palestina, que huía buscando salvarse de la carnicería. Deir Yasin es un ejemplo de ello: «las tropas de IZL (Irgún) y LEHI (grupo Stern) dejaron sus escondrijos y empezaron a realizar operaciones de limpieza por las casas. Disparaban con todas las armas que tenían, echaban explosivos al interior de las casas. Disparaban contra cualquiera que hallasen en el interior, incluidas mujeres y niños. En realidad los mandos no hacían nada por detener la horrible matanza. (…) Entre tanto (los soldados de Irgun) habían sacado de las casas a unos veinticinco hombres: los subieron a un camión y los pasearon en un desfile de la victoria, al estilo romano, por los barrios de Jerusalén».[14]

El mismo Begin se jacta del impacto que tuvieron sus acciones estilo nazi: » Una leyenda de terror cundió entre los árabes, que sentían pánico con sólo oír nombrar a nuestros soldados del Irgun. Le valieron a Israel por media docena de batallones. En todo el país los árabes fueron presa del pánico y empezaron a huir. Esa huida masiva pronto se convirtió en una estampida enloquecida e incontrolable». [15]

Aunque la matanza de Deir Yasin fue realizada por los revisionistas de derecha del Irgun y el grupo Stern, esto no implica que las tropas de la Haganah (ejército oficial de Israel) no se hubieran llenado las manos de sangre. Matanzas similares fueron perpetradas en todo el país: en Gaza, Kbya o Dueima, lugar éste último donde fueron muertos cerca de 100 árabes. «Para matar a los niños (los soldados) les partían el cráneo con palos: No había una sola casa sin cadáveres. A los hombres y mujeres de las aldeas los metían en casas sin comida ni agua. Entonces los zapadores las volaban». [16]

La creación de Israel produjo el rechazo de una serie de Estados árabes, principalmente Transjordania y Egipto. Luego del 15 de mayo, después de varios meses de lucha guerrillera palestina, estos dos estados empiezan a enfrentar a Israel.

Lejos de ser una nueva lucha de «David contra Goliat», como lo hacen pensar los sionistas, de «100 millones de árabes, que quieren lanzar al mar a medio millón de judíos», en esta guerra los sionistas tenían una absoluta ventaja militar.[17] La Haganah, organizada, armada y tolerada por los ingleses, inclusive en sus peores momentos de roce con las autoridades coloniales inglesas, contaba con 45 000 hombres y las tropas de Irgun, que también combatieron en los batallones judíos del ejército inglés, cerca de 3 000; con la Policía rural judía, los Palmaj[18] y varios miles de «voluntarios» venidos de EEUU y Europa, formarían unos 60 000 hombres.[19]

Por el lado de los palestinos, éstos habían quedado debilitados por la derrota de la insurrección de 1936-1939 y antes que intervinieran los estados limítrofes la mayor resistencia era del «Ejército de Liberación» de Fawzi el-Kawakji, que no contaba con más de 5 000 hombres, mal armados y desorganizados militar y políticamente, aunque contaban naturalmente con la simpatía de los pueblos y aldeas. El único ejército en capacidad de enfrentarse en una situación de no tanta desventaja era la Liga Árabe de Transjordania, con unos 25 000 hombres, pero era dirigida por oficiales ingleses y aunque Inglaterra jugaba a aparecer como la protectora de los pueblos árabes, su interés no era impedir la constitución del estado sionista, sino aparecer como un árbitro necesario, para mantener su presencia. La Liga se limitó a ocupar algunas partes de Cisjordania, rehuyendo el combate, e incluso cedió territorios a los sionistas.

Faruk, rey de Egipto y Abdullah de Transjordania (actual Jordania), que aparecían como voceros del mundo árabe, no sólo, como es evidente, no tenían interés en movilizar al conjunto de las masas árabes, sino que preparaban una de las peores traiciones a los palestinos.

Abdullah firmó un pacto secreto con Golda Meir, representante en ese momento del gobierno israelí, que consistía… ¡en repartirse Palestina! Así Israel lograba extenderse hasta más allá de las fronteras que le había impuesto la ONU y Abdullah conseguía quedarse con Cisjordania y Faruk con Gaza. [20] De esta forma empezó la tragedia del pueblo palestino despojado de su tierra y su derecho a autodeterminarse.

Nada más claro para demostrar como Israel es la consumación del hecho colonial, que la «ley de propiedad de personas ausentes», impuesta luego de la derrota del 48, bajo la cual fueron incautadas gran cantidad de tierras y propiedades palestinas.

«De toda el área del Estado de Israel sólo unos 300 000 o 400 000 dunums (26 800 a 35 600 hectáreas) son dominios estatales que el gobierno israelí recibió del mandato británico (un 2%). El Fondo Nacional Judío y los propietarios judíos particulares poseen alrededor de 2 millones de dunums (el 10%). Casi todo el resto (es decir el 88%, de los 20 255 000 dunums [1 800 00 hectáreas] de dentro de las líneas de armisticio de1949, pertenecen legalmente a propietarios árabes, muchos de los cuales han abandonado el país». [21]

La Oficina de Refugiados de Naciones Unidas calcula que el pillaje israelí fue de unos 300 000 millones de dólares. Entre 1948 y 1953 se levantaron 370 asentamientos judíos y en 350 hubo antes un pueblo palestino. En 1954 el 35% de los judíos vivía en propiedades confiscadas a ausentes. Ciudades enteras como Jaffa, Acre, Ramle fueron vaciadas y produjeron 250 000 nuevos refugiados. Así también el 25% de los edificios de Israel, eran de «ausentes», más de diez mil empresas y tiendas fueron entregadas a los propietarios judíos. El 100% de la producción de limones (cerca del 10% de los productos de exportación de Israel), el 95% de los olivares, que representaba el tercer producto de exportación luego de los limones y los diamantes y hasta la tercera parte de las piedras israelitas provenían de 52 canteras encautadas a los palestinos.

En 1960 se institucionaliza en forma de una legislación racista la «judaización de la tierra», según la cual en todos los contratos de arrendamiento de propiedad «el arrendatario debe ser judío y tiene que aceptar realizar todas las labores relacionadas con el cultivo de la hacienda sólo con la mano de obra judía». [22]

La resistencia palestina: el surgimiento de la OLP

El mito de la seguridad israelí para justificar su rol de gendarme del imperialismo, fue desenmascarado en el 56, cuando luego de que Nasser nacionalizó el Canal de Suez en Egipto, los sionistas ocuparon el Sinaí, los estrechos del Tirán y se desplegaron junto a las tropas anglo-francesas a lo largo del Canal. Aunque por la presión del imperialismo yanqui y de la Unión Soviética se retiraron, esta guerra fue el preludio de la ocupación de Gaza, Cisjordania y las Alturas del Golán durante la guerra de los Seis Días en 1967.

En ese momento, Johnson buscaba una derrota militar del régimen nacionalista burgués de Nasser, para obligarlo a aceptar la política del imperialismo yanqui en la región. El fin del apoyo de Nasser a los movimientos nacionalistas, como en la Península Arábiga donde sostenía a los republicanos de Yemen del Norte contra los monárquicos y Arabia Saudita. (Este objetivo fue alcanzado, Nasser terminará retirando sus tropas de Yemen del Norte). La dirección sionista, envalentonada por la facilidad con que derrotó a los ejércitos árabes, anexó Jerusalén Este e inició una política de colonización de todos los territorios ocupados.

Impuso un gobierno militar, bajo el cual los palestinos no pueden sembrar un tomate o poner un cristal sin un permiso israelí y constantemente les dinamitan las casas o los sacan de los campos de cultivos, para construir asentamientos y rutas de «seguridad» para los colonos sionistas. Fue la continuación de la ocupación del 48, con los métodos de «arresto preventivo», bajo los cuales se encarcelan jóvenes por sospecha, sin derecho a la defensa y con la tortura como método principal para sacar confesiones.

Muchos de los palestinos de las tierras ocupadas eran hijos de los palestinos expulsados en el 48, lo que profundizó el polvorín que implicaba el problema nacional palestino. Durante los años cincuenta hubo acciones guerrilleras más o menos improvisadas y en el 58, un grupo de estudiantes palestinos que se encontraba en el exilio en Egipto, fundó la organización guerrillera nacionalista: Al-Fatah.

La derrota de los ejércitos árabes en el 67 y la ocupación de Gaza y Cisjordania, le va a permitir a Al-Fatah y a otras corrientes guerrilleras que aparecieron en ese momento [23], ganar la simpatía de la población palestina, al participar en la resistencia a la ocupación sionista. En el 68, Al-Fatah sostiene una batalla con el ejército israelí, en Karameh, Jordania, que le otorga la autoridad necesaria para tomar control de la Organización para la Liberación de Palestina y desplazar el eje de la lucha antiimperialista en el mundo árabe del nasserismo al movimiento palestino y su dirección la OLP.

En 1964, la Liga Árabe había fundado la OLP, que básicamente «era una colección de figuras notables pero sin mayor peso en la comunidad palestina en el exilio, ni tampoco entre los palestinos que habían quedado en el interior de Israel. Era poco más que una sigla vacía, que Nasser utilizaba al servicio de su política. Pero el desarrollo de la guerrilla palestina y la decadencia del nasserismo, producirían una gran transformación de la OLP». [24]. En 1969, Yasser Arafat, líder de Al-Fatah, da a conocer el programa de siete puntos en el que llama a luchar por un «Estado palestino, laico, democrático y no racista». Bajo este programa democrático, Al-Fatah nuclea en torno a la OLP todo el movimiento guerrillero y nacional palestino. Esta nueva dirección se apoyaba en los campamentos de refugiados y las milicias que surgían en los mismos, y en una consigna que apuntaba a la destrucción de Israel y la construcción de una Estado laico y con igualdad de derechos para judíos y árabes. [25]. De esta forma la OLP, se constituye como una suerte de «estado en el exilio» palestino, en un frente único de todo el movimiento palestino en lucha para recuperar su tierra, una nacionalidad organizada sin estado.

En los campamentos de refugiados en Jordania y Líbano, la OLP es la encargada a través de las empresas SHAMED de producir alimentos, muebles, utensilios y ropa para los palestinos, organiza los hospitales con la Media Luna Roja. En Líbano, por ejemplo, «los campamentos de refugiados están regidos por una comisión de nueve individuos (…) La comisión se forma con residentes de los campamentos y recibe un presupuesto de la OLP (…) Todos los servicios públicos de los campamentos son pagados por la OLP». [26]

Los mismos gobiernos árabes, hasta los más reaccionarios, como las monarquías proyanquis de la Península Arábiga, se ven obligados a reconocer a la OLP y financiarla, para no aparecer ante las masas de sus países como cómplices del sionismo.

La dirección de Arafat provoca las derrotas de la OLP en Jordania y Líbano

Como dirección nacionalista pequeño-burguesa que era, Arafat y el núcleo dirigente de Al-Fatah van a ser presa de sus propias contradicciones, se van a debatir constantemente entre conciliarse con los regímenes burgueses árabes reaccionarios o profundizar la dinámica a la movilización revolucionaria de las masas en los países donde desde los campamentos de refugiados la OLP se convierte en un polo de atracción para todos los oprimidos. La poderosa organización de los palestinos en los campamentos de refugiados de Jordania, los hace chocar con el reaccionario y proimperialista monarca hachemita. En el 70 las tropas del FPLP tuvieron enfrentamientos con el ejército jordano. La historia concluye con el Septiembre Negro, en el cual Hussein, aprovechando el freno que pone Arafat a la lucha, termina dando muerte a 30.000 palestinos y expulsa los fedayines rumbo al Líbano, donde se repetirá la historia.

«En el Líbano se da en 1975 una guerra civil, de un lado el Movimiento Nacional con la OLP y del otro las falanges fascistas cristianas. Luego de un año de lucha, el Movimiento nacional y la OLP tienen todas las posibilidades de tomar el poder pero Arafat se niega a hacerlo. Y eso da pie a una intervención de Siria con 20 000 soldados para mantener a los cristianos»[27] (la burguesía maronita en el poder).Líbano se convierte así en el teatro de una cruenta lucha, donde a los golpes del ejército israelí, se suceden los de los sirios.

En 1982, los israelitas logran infligir un golpe importante a los palestinos y la izquierda libanesa con la segunda invasión militar al Líbano, produciendo la muerte de 20 000 palestinos y libaneses y cerca de 25 000 heridos. La OLP se ve obligada a evacuar Beirut hacia Túnez, y el ejército israelí, bajo el mando del General Sharon (recientemente electo Primer Ministro de Israel) aprovecha para que las milicias fascistas libanesas masacren la población desarmada de los campos de refugiados de Sabra y Shatila.

Estas incursiones del sionismo tienen la misma razón que la expulsión de Jordania: frenar la revolución en el Líbano, cuya vanguardia eran los palestinos.

Para rematar este golpe, en 1983, Saika, la guerrilla palestina controlada por Siria, intenta criminalmente dividir a la OLP, atacando los campamentos del Norte del Líbano, bajo el pretexto de que Arafat planeaba un pacto con Jordania, Egipto e Israel (Arafat ya había dado los primeros pasos para abandonar la consigna de la OLP de un Estado democrático, laico y no racista, insinuando reconocer Israel a cambio del estado palestino en Gaza y Cisjordania). Saika le servía al régimen sirio para tratar de controlar Líbano y quitarse de encima el incomodo problema palestino.

La dirección de la OLP queda en Túnez, derrotada y aislada de su base social en los campamentos de refugiados y los territorios ocupados, lo que la lleva a profundizar su curso hacia una negociación con el sionismo.

La primera Intifada se va a producir, al margen de la OLP, influenciada por el comienzo de la resistencia libanesa a la ocupación sionista (la implantación de Hezbollah en el Sur del Líbano), que fuerza el retiro del ejército israelí a una zona de seguridad fronteriza dentro del Líbano en el 85.

El «infitadeh» (levantamiento) del pueblo palestino estalla el 9 de diciembre de 1987, producto de la muerte de cuatro trabajadores palestinos de Gaza, embestidos por un camión militar israelí. Los enfrentamientos callejeros, las barricadas, la paralización de la actividad comercial se sucedieron desde entonces, incorporando masivamente a la población de Gaza y Cisjordania a la lucha contra los sionistas.

Desde la huelga general del 36, no se había producido un movimiento tan amplio de las masas árabes dentro de Palestina misma. Expresaba la desesperación de las masas ante el proceso de la colonización (la implantación de más de 200 000 colonos desde el 67) y la aparición de nuevas generaciones, sin el trauma del éxodo del 48, pero educadas bajo la tortura y los abusos de los sionistas.

La represión brutal del sionismo durante la primera Intifada educó a los niños que tiraban piedras entonces, para el levantamiento de hoy día [2003], cuando el proceso de paz de Oslo, se demostró como un engaño del imperialismo y el sionismo para desmontar la primera Intifada con la colaboración de Arafat.

NOTAS

[1] «Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor (de cambio, NdeE.). Así acontece cuando la utilidad que ese objeto encierra para el hombre no se debe al trabajo. Es el caso del aire, de la tierra virgen, de las praderas naturales, de los bosques silvestres, etc. Y puede, asimismo, un objeto ser útil y producto del trabajo humano sin ser mercancía. Los productos del trabajo destinados a satisfacer las necesidades personales de quienes los crean son, indudablemente, valores de uso pero no mercancías, no basta producir valores de uso, sino que es menester producir valores de uso para otros, valores de uso sociales» (K. Marx, El Capital, Tomo I, págs. 4- 8, citado en Diccionario de Sociología Marxista de Olmedo Beluche).

[2] «Israel: Historia de una colonización», Roberto Fanjul y Gabriel Zadunaisky, en Revista de América., pág. 6.

[3] Ídem.

[4] Citado en Ralph Schoenman, El conflicto árabe-israelí: La historia oculta del sionismo, pág. 36.

[5] Ídem. pág. 36.

[6] Lenin: Imperialismo fase superior del capitalismo, citado en «Israel, historia…», pág. 14.

[7] Abraham León, La Cuestión Judía, pág. 244.

[8] Ralph Schoenman, El conflicto árabe-israelí, pág. 10.

[9] Ídem. pág. 11.

[10] Ídem. pág. 13.

[11] Stalin, con su característico desprecio a los derechos nacionales de los pueblos oprimidos, creía que el sionismo podía ser un aliado progresivo, al contribuir a desplazar a Inglaterra del control de la región.

[12] Citado en «Israel, historia…», pág. 27.

[13] » El estado judío, que se nos propone no corresponde a los objetivos sionistas, pero eso será una etapa decisiva para la realización de nuestros grandes designios… Romperemos las fronteras que nos impusieron». Ídem. pág. 24.

[14] Citado en Schoenman, El Conflicto árabe-israelí, pág. 24.

[15] Ídem. pág. 23.

[16] Ídem. pág. 26.

[17] De hecho, desde antes constituían un ejército altamente entrenado y con un mando experimentado. Financiados por Washington, con las armas checoslovacas que les hizo llegar Stalin, no había margen de comparación incluso frente a los ejércitos árabes.

[18] Unidades especiales entrenadas por los ingleses.

[19] Antología Israel, citada en «Israel: historia…», pág. 26.

[20] Abdullah fue ejecutado en 1951 por un palestino, este acto de justicia, sin embargo, no solucionaría el problema palestino.

[21] Cita por Schoenman, en El conflicto árabe-israelí, pág. 31.

[22] Ídem. pág.32.

[23] Como el Frente Popular para la Liberación de Palestina y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, de inspiración política estalinista.

[24] «Islam: Un mundo en llamas», Gabriel Massa y Jan Poliansky, en Correo Internacional N°19, Año III, pág. 9.

[25] Esta fue la consigna más progresiva que levantó el movimiento palestino, que conforme la dirección de Arafat avanzó en su curso reaccionario, terminó por abandonar.

[26] «Islam: Un mundo en llamas», pág. 11.

[27] Ídem. pág. 12.

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