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Los obreros rasos de un proyecto fraudulento

Fuentes: Rebelión

No trabajan como lo hace la casi totalidad de sus compatriotas. En verdad que es difícil encontrar asalariados tan privilegiados. Como especie de pago, desde el exterior reciben mensualmente unos 300 dólares. No es gran cosa, se podrá pensar. Entonces es necesario precisar que en su país tienen vivienda gratis; electricidad, gas y agua casi […]


No trabajan como lo hace la casi totalidad de sus compatriotas. En verdad que es difícil encontrar asalariados tan privilegiados. Como especie de pago, desde el exterior reciben mensualmente unos 300 dólares. No es gran cosa, se podrá pensar.

Entonces es necesario precisar que en su país tienen vivienda gratis; electricidad, gas y agua casi gratis; educación gratis para sus hijos; cualquier tipo de atención médica gratuita. Beneficios que en cualquier lugar del mundo cuestan, cada mes, desde cientos hasta miles de dólares.

Su empleo, principalmente proporcionado y pago por Estados Unidos, consiste en ayudar a desestabilizar al Estado que les brinda los anteriores frutos sociales: Cuba.

Su empleo se llama «disidente».

Regularmente, estos remunerados protestan iracundos porque no los dejan realizar la labor encomendada por la potencia extranjera. Y sí, ellos deben de protestar, insultar, arañar y hasta ponerse un cuchillo entre los dientes, pero no por la acción de las autoridades de su país.

El ego que les ha creado la publicidad internacional los ciega. Les han hecho creer que son arquitectos, sin darse cuenta que son obreros rasos de una obra que ha sido montada en su nombre. Proyecto que no avanza, pero que sigue tragando millones de dólares. Ellos, los «disidentes», ponen el nombre, la cara, y hasta van a la cárcel, para que otros se enriquezcan en el exterior.

Se calcula que en los últimos veinte años la Fundación Nacional para la Democracia, NED, 1 invirtió unos 20 millones de dólares en el proyecto contra la revolución. La sección del Departamento de Estado encargada de la «cooperación» internacional, USAID, invirtió 65 millones de dólares desde 1996. Súmese lo que han aportado otras entidades estadounidenses, y algunos gobiernos europeos.

Por tanto un «disidente» cubano no debería traicionar a su patria por 300 dólares. Bien poco serían mil mensuales. Ah, pero no son muchos los que reciben esa cantidad. La mayoría, de los aproximados cien que se dicen «disidentes», obtienen un salario de 20 ó 30 dólares, y no cada mes.

Han sido las imágenes para un suculento negociado. La casi totalidad de las millonadas se ha quedado, principalmente, en los bolsillos de organizaciones con base en la Florida. Organizaciones europeas también han comido del pastel. Tan sólo en el 2005 la NED entregó $2.4 millones para ese trabajo en esta parte del mundo. 2

Parece que por fin, desde el 2006, la General Accountability Office, GAO, brazo investigativo financiero del Congreso, decidió mirar en serio el rumbo de esos dineros. Oficialmente se va confirmando lo que se sabía desde hace años: el proyecto de «llevar la democracia a Cuba», ha beneficiado a personas y sus y grupos. La revolución apenas ha sido molestada con campañas propagandísticas difamatorias. Los «disidentes» se estancan rápidamente, o aparecen como agentes de la seguridad cubana.

El Center for a Free Cuba, dirigido por Frank Calzón y radicado en Washington, está ahora en el centro de la tormenta. Falta esperar si mojará a organizaciones europeas con las que ha llevado estrecha colaboración, como la francesa Reporteros Sin Fronteras. 3

Es el dinero de los contribuyentes estadounidenses lo que agarra otros caminos desde hace años y años. Ante tal fraude, para decirlo en término modesto, y la incapacidad para ayudar a desestabilizar la revolución, Washington ha decidido girar los millones hacia países europeos. Los gobiernos de Polonia, Rumanía y la República Checa, que ya venían recibiendo algunos, los verán aumentados.

Organizaciones dichas «no gubernamentales», de países como España, Alemania o Suecia, están listas a aceptar ese nada despreciable financiamiento. Aunque algunas ya hacen parte del proyecto, con o sin fondos de Washington, como es el caso de la fundación alemana Konrad Adenauer. Novedad es que su sede en Paris, que atiende Francia y España, empezó a organizar conferencias dirigidas hacia intelectuales y universitarios.

Los millones de dólares están a la disposición en Washington. Se sabe que no pocas organizaciones europeas, llamadas «defensoras de los derechos humanos», de «libertad de expresión», o cualquier otro tema «civil», ya tienen preparado su dossier. Que la pelea empiece.

Entre tanto… Sería bueno que los «disidentes» preguntaran si algún dinerito extra les pueden enviar. Quizás sea urgente. De seguro sus viviendas han sido estropeadas por los dos últimos huracanes que azotaron la Isla. O, de nuevo, ¿es el gobierno cubano quien debe encargarse de los asalariados de sus enemigos?

Para terminar esta nota, valga una aclaración siempre necesaria. En su más pura definición, «disidente» es aquel que no está de acuerdo con algo, que discrepa. Por ejemplo, uno puede disentir, discrepar, oponerse a la esposa por el método de corregir a los hijos. Pero si uno va donde la vecina, quien es enemiga de su mujer, y se une con ella para ganar el problema hogareño… Eso no es ser disidente: un simple traidor.

Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano. Autor, entre otros: «Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado». Akal-Foca, Madrid 2008.

1 » Cuando una respetable Fundación toma el relevo de la CIA «. Le Monde Diplomatique. Madrid. Julio 2007.

2 » Les USA financent des groupes anticastristes à l’étranger «. Associated Press. 29 de diciembre 2006.

3 » Financiamiento sin fronteras » Le Monde Diplomatique. Madrid. Julio 2007.

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