Gaza vive una ola de varicela entre niños y niñas. En tan sólo dos semanas se han detectado más de 9.300 casos, a causa de las lamentables condiciones en las que viven en los campos de desplazados y a la falta de medicación.
En Gaza son ya más de 9.300 niños y niñas los que han contraído varicela en las dos últimas semanas de junio, según la ONU. Muchos de ellos viven en campos de desplazados como el de Deir al Balah, rodeado de basura, donde las únicas aguas accesibles son residuales y sin tratamiento antiviral contra la varicela.
En este, en el centro del enclave gazatí y donde las tiendas se apiñan entre edificios y un vertedero frente al mar, medio centenar de vecinos hacen cola para rellenar bidones y botellas de agua.
En Gaza, donde obtener el tratamiento antiviral para esta infección es casi imposible, la solución para niños y niñas es simplemente aguantar el dolor, aplicarse cremas antibióticas que no tratan el problema y esperar a poder salir de la Franja.
EFE recoge el testimonio de Házem Musleh, pediatra del Hospital Mártires de Al Aqsa de Deir al Balah, quien relata que cada día reciben «decenas, incluso cientos de casos en el hospital a causa de esta enfermedad. Esta infección está muy extendida aquí, en la Franja de Gaza, debido a las condiciones catastróficas en las que vivimos y a la densidad de población».
En un informe publicado el pasado 3 de julio, la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) indicó un aumento de los casos de varicela en Gaza, con casi 9.300 notificados en solo dos semanas en más de 130 centros sanitarios, más de la mitad en Jan Yunis (sur).
La OCHA atribuyó el repunte al deterioro de las condiciones ambientales, el hacinamiento y las deficiencias de saneamiento e higiene, agravados por la llegada del verano.
«La mayoría de la población vive en tiendas de campaña, y ese contacto tan estrecho entre unas personas y otras provoca la propagación de la epidemia a través de gotículas respiratorias o por el contacto con la piel», explica Musleh, mencionando también la escasez de agua limpia como una de las principales vías de contagio.
Gaza cuenta actualmente con más de 1.600 campamentos de desplazados activos, que acogen a unas 1,7 millones de personas, según la OCHA, que constató además plagas de roedores y parásitos en el 83 % de los emplazamientos evaluados, junto con aguas residuales en las calles y acumulación de basura.
El pediatra de Al Aqsa describe la imposibilidad de aislar a los pacientes como un problema importante: «Todos los pacientes están mezclados entre sí, por lo que no podemos aplicar el aislamiento sanitario debido a la falta de espacio. Nos vemos obligados a dar de alta a muchos de ellos para evitar que la infección se propague también en el hospital».
Desde 2023 la OCHA denuncia un patrón que se ha convertido en persistente: el hacinamiento, las carencias de saneamiento e higiene y el colapso de los sistemas de gestión de residuos, que siguen alimentando brotes de enfermedades transmisibles en los campamentos de desplazados del enclave.


