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Ojos con piernas

Matando a los testigos

Fuentes: Counterpunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Emily Henochowicz perdió un ojo cuando un soldado israelí disparó una granada de gas lacrimógeno a su cara. De veintiún años, estudia arte en Cooper Union. En su blog, la encarnación de Emily, o su «ícono provisional», como lo llama, es una pequeña que va vestida de un ojo. Un solo ojo, verde y juguetón, con piernas. Le dispararon en el ojo porque era un ojo, con piernas.

No hay nada nuevo en la matanza de testigos. En la última década, 11 periodistas han sido asesinados por fuerzas israelíes, incluido Cevdet Kiliclar, un periodista turco que recibió un disparo en la cabeza en la semana pasada, mientras fotografiaba a comandos israelíes que atacaban a activistas por la paz en la Flotilla de la Libertad. EE.UU. nunca condena esos crímenes porque es el mayor apoyo de Israel, y también porque hace lo mismo. Durante la invasión de Iraq en 2003, EE.UU. bombardeó la oficina de Al-Jazeera y el Hotel Palestine, matando en total a tres periodistas, mientras hería a cuatro. En 2005, soldados de EE.UU. dispararon contra un coche en el que iba una periodista italiana, Giuliana Sgrena, que acababa de ser rescatada por agentes italianos después de sufrir 28 días de secuestro.

Periodista de Il Manifesto, Sgrena había escrito sobre numerosos crímenes de EE.UU. en Iraq, como ser en Abu Ghraib, y el uso de fósforo blanco y bombas de racimo en Faluya. No estaba atraillada, era una periodista con conciencia. Por eso la atacaron, aunque sus disparos no mataron a Sgrena sino a Nicola Calipari, un agente especial. Como era de esperar, el Pentágono se absolvió culpando a los italianos por viajar demasiado rápido, con los focos apagados. Los ensayos balísticos demostraron posteriormente que iban a sólo 72 kilómetros por hora, y una fotografía mostró que no sólo llevaban los focos encendidos, sino que el coche iba iluminado por dentro, para poder realizar llamados telefónicos. Cuando sucedió el tiroteo, Sgrena iba hablando con su amigo. Además, no iban viajando por una ruta pública sino por una carretera segura reservada para funcionarios. El agente asesinado, Calipari, había trabajado en estrecha relación con los estadounidenses, e incluso estaba alojado con ellos, dentro de Camp Victory.

Sgrena era una periodista de tendencias izquierdistas rescatada por un gobierno derechista, dirigido por Berlusconi, un aliado de Bush. Independientemente de su orientación política, los italianos esperaban que su gobierno interviniera para salvar a uno de los suyos. Se rumoreaba que el rescate ascendía a entre seis y ocho millones de euros. Cuando soldados italianos fueron muertos en Iraq, no volvieron a casa en medio de la noche, lejos de la vista de los medios, ni enterrados en silencio. En su lugar, cada ataúd envuelto en la bandera, fue colocado en un camión de plataforma y llevado en un desfile por Roma.

Si Henochowicz fuera italiana, habría indignación en todo el espectro político. En su lugar, no oímos ni una palabra de Washington, y sólo una comedida declaración de pesar de su propia universidad, sin una condena, como si se tratara sólo de un accidente, no de un crimen.

En su blog, Henochowicz colocó un dibujo de un trozo de pastel con capas de activistas, «hombres obedientes y coléricos del ejército» y «gente con cámaras,» bajo una aplanadora. Así la porquería, la porquería de Israel, ha sido aplanada, y garrapiñada. Rachel Corrie, otra estudiante activista estadounidense, fue muerta por una aplanadora del ejército israelí.

Numerosos israelíes se deben enfurecer al ver a judíos que retornan, como Henochowicz y tantos otros, que se pronuncian por los palestinos, pero no es un asunto de judíos contra palestinos. Al ser un pueblo sin una patria durante dos mil años, los judíos se han pronunciado siempre contra la discriminación, siempre han propugnado un campo de actividad ecuánime para todos los ciudadanos, sin consideración a sus orígenes o raza. A menudo han clamado contra una sociedad basada en la raza, porque ese principio los perjudicaba, y relegaba a los judíos, y a cualquier otra minoría, a ser de segunda clase, pero Israel es exactamente eso, una sociedad basada en la raza.

El sionismo fue conceptualizado a fines del Siglo XIX. Después de innumerables pogromos y otras injusticias, ¿quién podía culpar a esos soñadores? Consideremos la situación judía en Rusia. Desde 1827 hasta 1856, la mayoría de los muchachos judíos eran reclutados a los 12 años, para ser entrenados por los militares hasta los 18, y luego eran llamados a servir en las filas del Ejército y mantenidos durante sólo 25 años. Para esos patriotas renuentes, la vida podía comenzar a los 43 años, si vivían hasta entonces. Durante la primera mitad del Siglo XIX, la mayoría de los rusos no llegaban a vivir 35 años. Para evitar esos secuestros patrocinados por el Estado, muchos padres judíos tenían que mutilar a sus hijos.

Luego vino el Holocausto, e Israel fue fundado en 1948 en Palestina controlada por los británicos. Hasta 750.000 palestinos fueron violentamente expulsados, aunque se quedaron suficientes para representar un quinto de la población, la misma proporción que existe actualmente. Su mayor tasa de nacimiento es contrarrestada por la inmigración de judíos de todo el globo.

Los palestinos que huyeron durante la Nakba, la Catástrofe de 1948, no pueden volver a su antigua patria, aunque cualquiera con sangre o fe judía puede llegar a ser ciudadano de Israel. Un árabe israelí ni siquiera puede casarse con alguien de Gaza o de Cisjordania y llevar a su cónyuge a Israel propiamente tal. Como muchas otras cosas, esto es justificado con motivos de seguridad, pero en realidad se basa en la raza. Una verdadera aberración entre las naciones modernas, Israel es un país inequívocamente étnico. Su himno nacional comienza con:

«Mientras en el corazón,

el alma de un judío anhele,

y hacia el Oriente,

a Sión, alguien mire,»

Si mi nombre fuera Aslam al-Farmawi, no creo que podría cantar eso con mucho sentimiento, aunque pueda portar un pasaporte israelí. Los árabes israelíes son nativos de ese país, y sin embargo son tratados, en el mejor de los casos, como ciudadanos de segunda clase, cómo lo fueron los judíos durante gran parte de su diáspora. Como los judíos, los palestinos son frecuentemente masacrados, pero por judíos. Muchos judíos tuvieron que vivir dentro de guetos, con puertas que se cerraban cada noche. Actualmente, muchos palestinos viven al exterior de muros, construidos por judíos. Sin embargo, hay una sola ventaja de ser árabe israelí. No hay que servir en el ejército. Considerando que las principales tareas de ese ejército son acosar y acribillar a árabes, no deja de ser razonable. También es mejor, absolutamente, que ser reclutado durante 31 años. Israel, ¡somos mejores que Nicolás I! ¡Israel, ámalo o es hora de viajar a Rusia zarista!

Durante las Cruzadas, cristianos en camino a combatir a los musulmanes mataban judíos al pasar. Ambos grupos eran, después de todo semitas, por lo tanto enemigos de la Cristiandad. Después que Europa trató de aniquilar finalmente a todos los judíos, ayudó a muchos sobrevivientes a retornar al Levante, para que pudieran combatir a los musulmanes hasta la eternidad, o por lo menos hasta el fin de los tiempos. Como para matar a dos pájaros de un tiro. Es una situación en la cual el cristianismo no puede perder. Según los cristianos fundamentalistas, la recuperación de Palestina por los judíos y la construcción de un nuevo templo en Jerusalén también allanaban el camino para el retorno del Mesías. Mientras esperamos que Jesús reaparezca, esos asesinatos continuarán interminablemente, porque Israel no puede hacer nada malo.

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Linh Dinh es autor de dos libros de cuentos y cinco de poemas, y una novela Love Like Hate, programada para julio. Rastree el deterioro de nuestro paisaje social en su blog fotográfico frecuentemente actualizado: State of the Union.

Fuente: http://www.counterpunch.org/dinh06072010.html