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Entrevista a Francisco Báez Baquet sobre "Amianto: un genocidio impune"

«No perdonamos a los grandes inversores representados en los sucesivos consejos de administración y a los directivos del más alto nivel»

Fuentes: Rebelión

Francisco Báez, ex trabajador de Uralita en Sevilla, inició en los años 70 del pasado siglo la lucha contra este industria de la muerte desde las filas del sindicato de CCOO. Ha dedicado más de 40 años a la investigación sobre el amianto. Paco Puche, otro luchador imprescindible, reseñó su obra (escrito editado en las […]

Francisco Báez, ex trabajador de Uralita en Sevilla, inició en los años 70 del pasado siglo la lucha contra este industria de la muerte desde las filas del sindicato de CCOO. Ha dedicado más de 40 años a la investigación sobre el amianto. Paco Puche, otro luchador imprescindible, reseñó su obra (escrito editado en las páginas de Rebelión.org).

 

***

-Me gustaría empezar por una aclaración si le parece querido amigo. Hemos recibido una carta de Arnald Argüelles Castro, comentando una observación que hicimos sobre un trabajo suyo en una entrevista anterior. Creo que usted quería señalar alguna cosa.

-He transmitido mis disculpas al señor Argüelles, una vez que he tenido conocimiento de las no óptimas condiciones en las que tuvo necesidad de acometer la realización de su trabajo, que yo había criticado. De haberlas conocido antes, con toda seguridad mi crítica no habría sido tan ácida. Yo confío en que con él podamos contar, en lo sucesivo, como un estudioso y un activista entusiasta y sólido, en favor de la universalización de la prohibición del amianto, y en favor de los derechos de sus víctimas.

-Dos preguntas más antes de entrar en la materia de esta tarde. Quienes niegan o desdeñan el nexo causal, señala usted, «cada vez lo tienen más difícil». Nos da esta referencia: Krupoves A, Camus M, De Guire L , Incidence of malignant mesothelioma of the pleura in Québec and Canada from 1984 to 2007, and projections from 2008 to 2032 Am J Ind Med. 2015 Mar 9. doi: 10.1002/ajim.22442. [Epub ahead of print] Resumen, en inglés: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25754500 . ¿Qué hay de nuevo en este trabajo? ¿Qué nexo causal se prueba en él?

-El nexo causal entre crisotilo y mesotelioma está ya suficientemente probado, pese a que interesadamente se quiera fingir lo contrario por parte de la industria que lo extrae o lo utiliza. Ese trabajo, lo que viene a hacer, es a corroborar tal nexo, una vez más.

El artículo comienza por señalar el continuo aumento en la incidencia, en varones, del mesotelioma pleural maligno, a pesar de la caída de la producción de amianto crisotilo en Quebec, desde 1980.

Los autores han comparado las tasas entre Quebec y el resto de Canadá, comprobando que son mayores en la provincia francófona, y haciendo, al propio tiempo, proyecciones para el intervalo temporal 2008-2032.

Concluyen que tales tasas más altas, son consistentes con la producción de amianto crisotilo en el pasado, en Quebec.

-¿Nos explica un poco esta fotografía? ¿Es usted? ¿Quiénes la acompañan si es el caso?

-Se trata de un grupo de miembros de una asociación de víctimas del amianto, de Colombia, país en donde hasta el presente, no existe prohibición del amianto blanco, del crisotilo.

-Ha escrito usted también recientemente sobre amianto y género. Un amigo común, José Miguel Sanz Anquela, ha escrito: «Me uno a las felicitaciones de SLA. Acaso añadir, en palabras textuales de Laurie Kazan-Allen -http://ibasecretariat.org/lka-female-face-of-britains-asbestos-catastrophe.php#8-, que los fallecimientos por mesotelioma en hombres dominan las estadísticas, pero la realidad es que en las fábricas y escuelas, en el hogar y en el trabajo, las mujeres también han pagado con sus vidas las ganancias de la industria del amianto. Además, parece que ante tan tamaña injusticia las mujeres han sabido rebelarse con más eficacia que los hombres, a juzgar por el papel desempeñado por grandes mujeres en todo el mundo, vigorosas activistas contra la industria del amianto». ¿Lo suscribe?

-Sí, claro. Mi reflexión con la que daba comienzo en mi trabajo, rinde homenaje a esas luchadoras para el reconocimiento del rol femenino en el riesgo y la exposición, y sus consecuencias al asbesto, y a su contribución como expertas y activistas.

-Por cierto, ¿ha leído un artículo que Jesús Mosterín, fue profesor mío de lógica hace muchos años en la UB, ha publicado recientemente en El País? ¿Qué le ha parecido?

-Es la lamentabilísima constatación de que el mesotelioma puede alcanzar a las más egregias personalidades de la cultura o de otros menesteres igualmente dignos de ser uncidos con el laurel de la fama, y todo ello por culpa de una maldita exposición medioambiental al amianto, que tanto se ha prodigado, por desgracia, entre tantas sociedades, entre ellas la española, por supuesto. En el artículo del admirable Jesús Mosterín, él mismo relata los detalles de su contagio, cuyo capítulo último, que todavía está por desarrollarse, y esperemos que así sea por mucho tiempo, será el previsto, y que no hace falta especificarlo. Sobre el nexo circunstancial, entre fama y amianto, tengo, en avanzado estado de gestación, un trabajito, al que ahora tendré que incorporar, por desgracia, un último añadido sobre este caso.

-Entro en el apartado 2.8.: «En España». Uralita es protagonista. ¿Reconoce esta empresa los desaguisados cometidos? ¿Admiten sus responsabilidades?

-Para nada. Aquí habría quizás que hacer matices -sólo matices-, según de qué época y de qué directivos estuviéramos hablando. Ni siquiera a los jefes afectados, Uralita jamás les ha accedido a conceder un acuerdo amistoso, que evitara el juicio, con todo lo que ello conlleva, a las viudas e hijos de unos jefes fallecidos de mesotelioma, que incluso, alguno de ellos, en su momento fue un entusiasta defensor de la política de la empresa, de minimizar o de negar el problema. Quien de mí en su día se burló, por verme represaliado, después he sido yo quien ha prestado mi modesta colaboración al buen término, para su familia, del litigio derivado de su fallecimiento por mesotelioma.

-La lógica capitalista, le copio textualmente, «acalla cualquier posible reparo moral, que ocasionalmente pudiera, quizás, importunarlos brevemente». Pudiera, quizás, brevemente… En definitiva: ¿una lógica contra la moral centrada en el ser humano?

-Me limito a constatar obviedades. Los mejores propagandistas de ciertas tesis de origen marxista (o marxiana, como también se le ha llamado), son los propios capitalistas, con sus reiterados comportamientos invariantes.

-Si, a nivel mundial, las desigualdades económicas y sociales son cada vez más abismales; si, cada vez menos personas, tienen más; si la economía especulativa (que no crea riqueza real), cada vez desborda más a la economía productiva, que sí la crea -otra cosa será su reparto-; si cada vez los estados son más sumisos, frente al poder de las empresas transnacionales; si la globalización, cada vez homogeniza más -a la baja- las retribuciones salariales, y, sobre todo, lo hace respecto de su real poder adquisitivo; si la competitividad, cada vez más, se basa mayormente, a escala global, en una puja a la llana de los salarios; si la inflación, a largo plazo y en su tendencia general, no cesa de crecer, erosionando el poder adquisitivo e integridad de los capitales ociosos; si cada vez hay más inmensas reservas de capital inactivo, por no encontrar oportunidad de inversión rentable y segura; si cada vez la rentabilidad del capital resulta más magra, conformándose con rendimientos irrisorios, con tal de que esos capitales no permanezcan rigurosamente inactivos o incluso que peligren en su integridad, pasando a rendimientos hasta incluso nominalmente negativos; si existe un permanente y creciente exceso de capacidad productiva, determinante de creciente almacenamiento, a nivel mundial, de excedentes de producción, casi invendibles, a pesar de las ingentes necesidades no cubiertas, del conjunto de la población mundial; si se asiste, también a nivel mundial, a una jibarización -cada vez mayor- del sector industrial, frente a las actividades del sector terciario; si se asiste, a nivel de todo el planeta, a un agotamiento de los recursos naturales, y en particular de las materias primas estratégicas; si, a nivel mundial también, se asiste a un crecimiento incesante de ingentes hordas de desocupados, con una bunkerización progresiva de las fronteras del Primer Mundo; si se encadenan las sucesivas crisis financieras, cada vez en yuxtaposición más próxima, etc., etc.,… extrapolando todo esto a futuro, ¿a qué conduce?…

-La respuesta parece fácil: que entre civilización humanizada y la barbarie, triunfe la barbarie. Una de sus preguntas en este capítulo: ¿fue partícipe el empresariado español de esta conspiración de silencio? ¿Lo fue o no lo fue en su opinión? ¿Todos o unos cuantos? ¿Desde siempre o durante algún tiempo?

-Decir que todos lo fueron, parece excesivo, e imposible, no ya de probar, sino incluso meramente de conjeturar. Quienes, en cambio, y en razón de sus contactos internacionales, de sus participaciones cruzadas con las multinacionales que, en régimen de oligopolio, dominaron la minería y el comercio mundial del amianto, y en razón de su pertenencia al cartel y asociaciones patronales internacionales, tuvieron desde los orígenes un acceso privilegiado a toda la información que se fue generando, desde fechas bastante tempranas, sobre la mortal nocividad del amianto, sobre esos, a muy alto nivel directivo, no le quepa la menor duda de que sí que participaron de esa conspiración de silencio. De ello, diversos indicios han quedado.

Por otra parte, cuando, a día de hoy, cualquiera de esas empresas, en sede judicial, esgrime las más peregrinas tácticas exculpatorias para tratar de tergiversar la verdad científica generalmente admitida, persistiendo reiteradamente en similares comportamientos anteriores ¿están, ahora, participando de esa conspiración de silencio, o no?

-La pregunta tiene también fácil respuesta: sí. Afirma usted también que pruebas no existen, ni probablemente las habrá nunca, sólo indicios. ¿Y eso por qué? ¿Por qué no podrá haber nunca pruebas?

-Se trata -lo tengo dicho ya por escrito-, de la paradoja del «crimen perfecto»: si se descubre, ya no es perfecto. Sólo se lo puede conjeturar. En los casos en los que sí ha habido pruebas de la conspiración de silencio, ésta, a partir de que eso ha ocurrido, ha quedado evidenciada puntualmente, pero el silencio -su silencio-, ya ha dejado de serlo. Cuando seguimos hablando de conspiración de silencio, implícitamente estamos admitiendo que, en esa concreta oportunidad, esa conspiración no puede ser demostrada, sino, en el mejor de los supuestos, sólo conjeturada, sólo traslucida por los meros indicios, que no por pruebas concluyentes.

-¿Una empresa alemana de amianto-cemento se caracterizó por el uso durante la II Guerra de mano de obra esclava? ¿Y no pasó nada? ¿Ni durante la desnazificación?

-Esa cuestión, como seguramente usted recordará, ya quedó abordada en nuestras entrevistas número dos y cuatro, respectivamente.

-De nuevo me ha cogido… ¡Mi mala memoria!

-Lo hicimos tempranamente, dado que su temática se corresponde con la de una de las peculiares dedicatorias del libro; concretamente, con la de la número siete. La empresa, la DAZAG (Deutsche Asbestzement-Aktien-Gesellschaft), del grupo Eternit, contó con la participación de la antecesora de la española Uralita, Roviralta y Cia., sentando en su consejo de administración, a José María Roviralta y Alemany.

El conocimiento de la utilización de mano de obra esclava, ha sido muy tardío, y que yo sepa, no ha tenido consecuencias punitivas para nadie.

-De los indicios que expone con todo lujo de detalles e información, ¿cuál le parece más relevante?

-Lo más relevante, para mi concepto, es la suma de todos ellos; es precisamente esa posibilidad de suma, de pluralidad, la que le confiere ese carácter de una mayor relevancia.

-¿Por qué se centra tanto en Uralita en este apartado? ¿No existen otras empresas implicadas como Rocalla por ejemplo?

-Podemos considerar, hasta cierto punto, a Rocalla, como la «marca blanca» de Uralita: una forma de fingir inexistencia de monopolio o de casi monopolio. Para advertirlo, basta con comparar la composición de sus respectivos consejos de administración, al menos durante un lapso temporal bastante extenso. Cuando el director de Rocalla entraba por las puertas de la central de Uralita, lo hacía como «el dueño del cortijo», como «Pedro por su casa», dando órdenes, a diestro y siniestro. Eso no impedía que pudiera haber tensiones y disputas suaves, por el control y reparto del mercado.

Las demás del fibrocemento, verdaderos «pigmeos» -Toschi Ibérica, Tellita, Jerezita, Cimianto, etc.-, comparativamente sólo constituían «el coro acompañante», con sordina. En ellas, posiblemente, las condiciones higiénicas de la producción han podido ser comparativamente peores, en un grado quizás inmenso, pero de ello no ha quedado apenas rastro, o al menos yo no he podido llegar a conocerlo.

-Por cierto, ¿en qué zonas, en qué ciudades, en qué comunidades se ubicaron? Cataluña, Andalucía…

-«Boost Fibrocementos Toschi-Iberica» y » Fibrocementos Vascos, S.L. (TELLITA)», en el País Vasco; «Jerezita», en Jerez de la Frontera (Cádiz); «Cimianto», en San Vicente de Raspeig (Alicante); «Caolita, S.A.» (antes «Fernández y Cia., S.L.), en Valencia; su subsidiaria, «Asbestos Españoles, S.L» -única minera española del amianto blanco o crisotilo-, en la provincia de Málaga. Sobre esta última, véase:

Paco Puche, Antonio Bernardo Reyes y Francisco Báez «Fiebre del oro blanco» en la Costa del Sol y en la Serranía de Ronda Revista «El Observador» – 16/12/2013 http://www.revistaelobservador.com/images/stories/envios_13/diciembre/puche_fiebre.pdf

«Fibrocementos Castilla» (PIZARRITA), en Guadalajara y Vicálvaro (Madrid); «Iberit, S.A.», en Valladolid, etc., etc.

-Cuántos trabajadores, apunta usted, habrán visto el término de su vida, David Young es el ejemplo que usted cita, sin ver reconocido el daño sufrido. ¿Cuántos le pregunto? ¿Una cifra aproximada?

Eso es imposible de cuantificar: lo que no se registra, «no existe». Sólo trascienden las escasas oportunidades en las que no ha sido así, quizás a veces por pura casualidad.

-Habla usted de genocidio impune, genocidio silenciado. ¿Está bien elegida la palabra? Cuanto hablamos de genocidio, ¿no hablamos de miles y miles de muertos de etnias, de comunidades, por parte de un Estado opresor y colonizador?

-Si se toma usted la molestia de revisarse los diversos escritos que sobre amianto tiene escrito nuestro común amigo Paco Puche, mi editor, podrá comprobar que existe base, incluso jurídica, para denominarlo así. De todas formas, mi intención al utilizar el término «genocidio», era meramente la de señalar una dimensión numérica; podría haber usado, de forma prácticamente idéntica, el término «catástrofe» -catástrofe industrial-, pero tal término adolece del defecto de que parece indicar algo excepcional, al margen del normal funcionamiento de la lógica capitalista, en vez de considerar de que se trata, precisamente, de una consecuencia extrema de esa misma lógica; tal enfoque minimalista, ha sido muy criticado por mi buen amigo el doctor Alfredo Menéndez Navarro, historiador de la medicina ocupacional, y yo no puedo menos, que estar totalmente de acuerdo con él.

-¿Las empresas españolas se saltaron a la torera la legislación preventiva cuando la hubo?

-Basta, para poder comprobarlo, repasarse, una por una, las sentencias judiciales habidas en nuestro país, que versan sobre dicha cuestión. Debemos ser muy conscientes, en todo caso, que ese registro documental no puede representar más que un pálido reflejo de una realidad, que lógicamente ha tenido que ser mucho más extensa, en términos del número de empresas y de trabajadores concernidos por ella.

-¿Y eso por qué?

-Pues por la sencilla razón, de que sólo una ínfima minoría de los casos llegan a ser judicializados .

-Sus palabras finales, las de este apartado: «No los perdones, porque sí sabían lo que hacían». ¿Quiénes lo sabían? ¿Empresarios, ejecutivos, mandos, capataces?

-Capataces, no; entre otras cosas, porque Uralita ya se preocupaba, en muchos casos -no en todos-, de escoger para esa responsabilidad a los más brutos, a los más insensibles; lo suyo era genético: no se les puede responsabilizar, sin más matices.

En cuanto a técnicos, otros mandos intermedios, comerciales, directores de fábrica, etc., tampoco sería justo generalizar; digamos que ha habido de todo. Entre los ejecutivos de nivel más alto, ha habido dos grupos: los que sí lo sabían, y los que no querían saberlo.

-¿Y qué significa no querer saberlo en este caso?

-Pues, por ejemplo, que todo un Director Comercial (sin testigos, por supuesto), me definiera, despectivamente, como «mi hobby«, mi absoluta implicación con el problema, manteniendo correspondencia sobre ello con destinatarios de todos los continentes, y consiguiendo reunir lo que en su momento constituyó el mayor acúmulo de documentación científica sobre el asunto, que había en toda España, y que, previo acuerdo, yo había dispuesto, bajo autorización de mi sindicato, Comisiones Obreras, a disposición de la dirección de la empresa, fotocopiándola ayudándoles en su clasificación e interpretación.

-Por lo demás, cuando habla de «genético», ¿no está disculpando a trabajadores que también han sido responsables de esta catástrofe-genocidio industrial?

-Han habido, ciertamente, casos harto notorios. Quien, por ejemplo, desafiante, nos increpaba a los cargos sindicales de CC.OO., diciéndonos «que él se comía el amianto a puñados», para después, más bien pronto que tarde, no poder hacerlo, porque un cáncer de laringe se lo impedía; cáncer para el que, como es sabido, está científicamente demostrado su nexo con el asbesto. Ha habido de todo, como era previsible. La empresa siempre fue muy manipuladora.

-Usted no los perdona, sigue sin perdonarles.

-A quienes, no sólo yo, sino todos los trabajadores de esas empresas -creo-, no perdonamos, es a los grandes inversores representados en los sucesivos consejos de administración, y a los directivos del más alto nivel.

-¿Y cómo explica su colaboración, su actitud? ¿No tienen alma, no son seres humanos propiamente hablando? ¿Les importa sólo el capital y no el mal causado? ¿Los trabajadores son seres de otra galaxia, estamos hechos de otra pasta?

-Posiblemente, la clave nos la suministró Ortega y Gasset, cuando acuñó la expresión «yo soy yo, y mis circunstancias». Circunstancias, en nuestro caso, de posicionamiento en el organigrama empresarial, que por lo visto debieron de tener un peso decisivo.

-Pasamos al apartado 2.9. La abre con una cita de Kant: Sapere aude, nada menos. ¿No me dirá que también usted es lector de Kant? ¿Por qué cita también a Horacio y a Pierre Gassendi?

-Horacio y Gassendi también asumieron como propia, la máxima «atrévete a saber». Kant, y su época, representan un momento muy interesante en la historia del pensamiento occidental: aquel en el que «Ciencia» y «Filosofía» quedaron separadas, a diferencia de lo había venido ocurriendo en las Academias europeas, desde el siglo XVII.

-De todas formas, permítame aventurarme en el juicio de intenciones, respecto de esta pregunta suya y de otras similares anteriores. Yo me lo imagino, no sé si con acierto, en metáfora, cual un circense lanzador de cuchillos -esas preguntas-, que a través de una especie de rudimentario método de Montecarlo trata de averiguar mi perfil cultural («hasta aquí ya no llega, aquí, sí»). Permítame, al respecto, relatarle una verídica anécdota sobre mi humilde persona. El máximo representante patronal en la Comisión Nacional del Amianto, de Uralita, en cierta ocasión, entre admirativo y ligeramente irritado, dijo de mí: «Es una mente pangermánica, que todo lo absorbe, todo lo procesa, y todo lo asimila». Obviamente, exageraba.

Me viene a la memoria, esta cita de Antonio Machado: «Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura».

-La cita de don Antonio me parece más que oportuna pero, discúlpeme, se ha equivocado en un punto a pesar de su mente pangermánica: yo no trato de averiguar su perfil cultural, he tomado nota y tengo consciencia de él desde hace muchos, muchos días, y soy, además, un profundo admirador de ese perfil. Mi reconocimiento hacia su saber y su acción no tiene fisuras ni espacio para ninguna duda. Si se fundara alguna vez, espero que sí, el club de fans PBB, yo, que nunca he tenido cargo alguno en parte alguna, pediré, amablemente pero con presteza, la presidencia. No me conformaré con la vicepresidencia… y sé que habrá otros muchos candidatos y candidatos.

-Discúlpeme usted a mí; ya dije que no sabía si acertaba. Simplemente, las preguntas suyas que no versan específicamente sobre el amianto, me descolocan un poquito, al tratar de adivinar su interés concreto en hacerlas. Procuraré enmendarme. De pangermánico no tengo nada. Mis orígenes son judeo-portugueses, andaluces y catalanes.

-No tiene de qué disculparse querido y admirado amigo. Pregunto para que ustedes nos cuente. Nunca me canso de leerle y admirarle.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.