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Obama y sus terroristas aquí en su clear monument de Miami

Fuentes: Rebelión

Vivo en Miami desde el 29 de noviembre de 1960 y hoy tengo 68 años de edad. Llegué a los 13 años de edad con mi familia, como también salieron de Cuba casi 130 mil cubanos aquel año de 1960, producto de los radicales cambios del proceso revolucionario cubano y de las amenazas de guerra […]

Vivo en Miami desde el 29 de noviembre de 1960 y hoy tengo 68 años de edad. Llegué a los 13 años de edad con mi familia, como también salieron de Cuba casi 130 mil cubanos aquel año de 1960, producto de los radicales cambios del proceso revolucionario cubano y de las amenazas de guerra por parte de Estados Unidos que se concretaron parcialmente en abril de 1961, cinco meses después, con la invasión por Playa Girón, cuya derrota, en su 55 aniversario la celebrará, en revolución, el pueblo de Cuba próximamente.

Barack Obama, nació el 4 de agosto de 1961, y no fue en Miami. Por haber vivido tanto años en Miami conozco a fondo a ese «claro monumento» que afirmó Obama que es Miami, «como ejemplo de esperanza para el pueblo cubano, especialmente, los jóvenes,» en su oportuno y muy citado discurso el 22 de marzo pasado en el Gran Teatro de La Habana.

Como otros, mucho he escrito sobre la obra que por más de 57 años los gobiernos de Estados Unidos se han empecinado en construir de una visión de Miami, idílica e irreal, para contraponerla desde el principio de esta larga pesadilla, al magno ejemplo y obra que ha sido la Revolución de los cubanos y las cubanas. Es esta visión virtual, «el claro monumento» que Obama resucita en su discurso en el Gran Teatro de La Habana.

Miami es, señor Obama, por sobre todo, el ejemplo fehaciente de la victoria del pueblo cubano por mantener y desarrollar su proceso revolucionario socialista y así su independencia y su soberanía. Miami es la prueba máxima de la derrota de la contrarrevolución cubana y la de sus amos imperiales por destruir la independencia de Cuba.

Miami, el claro monumento que Obama ofrece al pueblo cubano como la esperanza de su futuro, es donde viven sus terroristas, los terroristas de los gobiernos de Estados Unidos, los que han llevado a cabo actos y planes de terrorismo contra el pueblo de Cuba, cuyas víctimas, los muertos que han causado, han sido hombres y mujeres, muchos, muchos de éstos, jóvenes, señor Obama, a los que usted continuamente incita a que olviden el pasado. Como también niños y niñas, padres y madres, hermanas y hermanos, esposas y esposos, hijos e hijas, amigos y amigas, vecinos y vecinas… y así interminablemente señor Obama. Sin olvidarnos, señor presidente, de sus familiares y amigos que a través de tantos y tantos años de horror han sufrido sus pérdidas y ausencias.

Miles de acciones terroristas cometidas contra el pueblo de Cuba a través de 57 años como resultado de la política de Terrorismo de Estado de los gobiernos de Estados Unidos, el gobierno que usted preside, hermano Obama, como le llamara Fidel, a quien planes terroristas de Estados Unidos han intentado asesinar tantas, tantas, y tantas veces.

Porque esos terroristas que viven o vivieron en Miami, aquellos que han muerto -por muerte natural, debo aclarar, – y los muchos que aún viven, señor presidente, los gobiernos de Estados Unidos desde un principio, me refiero al año 1959, desde dos años antes de usted haber nacido, los comenzó a reclutar, a entrenar, a armar, a financiar, a dirigir, y hasta el presente los protege y les brinda absoluta impunidad.

Porque esos monstruos terroristas, viven hoy libremente, aquí en Miami, su «claro monumento, ejemplo de esperanza para el pueblo cubano, especialmente los jóvenes», sin preocupaciones de ser llevados ante los tribunales de justicia por sus odiosos crímenes como la ley exige, como la decencia exige, gracias a la protección que su gobierno, señor presidente, les garantiza.

¿Cuántas son las víctimas en Cuba de esa política de terrorismo? De acuerdo a las cifras oficiales han sido 3,478 los muertos y 2,099 los incapacitados físicos. Dado el horror producto de las políticas imperiales de agresión y guerra a otros pueblos durante las últimas décadas quizás no resulte terrible a los lectores el número de cubanas y cubanos muertos y discapacitados a consecuencia de todos estos años de una sostenida campaña terrorista por parte de Estados Unidos.

Fidel lo supo poner en el contexto correcto en un memorable discurso el 6 de octubre de 2001 al recordar a las 73 víctimas del infame atentado, perpetrado por estas mismas bestias, contra un avión civil de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976.

Explicó Fidel: «Comparando la población de Cuba [el 6 de octubre de 1976] con la de Estados Unidos el 11 de septiembre pasado, es como si 7 aviones norteamericanos cada uno con 300 pasajeros a bordo hubiesen sido derribados el mismo día, a la misma vez… Y si estimásemos en la misma proporción de poblaciones las 3,478 vidas cubanas perdidas debido a estas acciones terroristas originadas en Estados Unidos es como si 88,434 personas hubiesen sido asesinadas en Estados Unidos en actividades terroristas, que equivale al número de soldados norteamericanos muertos en las guerras de Corea y Vietnam.»

Interminable y terrible es la vivencia y los resultados de esta vil política estadounidense de Terrorismo de Estado contra el pueblo cubano. Como también, salvando las diferencias, duro lo ha sido para nosotros los cubanos que, también por décadas, hemos defendido a nuestro pueblo en las mismas madrigueras que los monstruos que han ejecutado esta política viven y gozan de la impunidad brindada por Washington.

El próximo 28 de abril se cumplirán 37 años del atentado y muerte, un día después, de nuestro compañero del Comité Nacional de la Brigada Antonio Maceo, Carlos Muñiz Varela, en San Juan de Puerto Rico sin que aún sus asesinos, terroristas miembros de la extrema derecha cubana radicada en Miami y Puerto Rico, hayan sido llevados ante los tribunales para que se haga justicia.

Las autoridades federales encargadas de esos terribles asuntos, el FBI principalmente, señor presidente Obama, son los culpables de que no se haya podido hacer justicia. Se niegan a hacer público las pruebas en su poder que demuestran la culpabilidad de los asesinos.

Pero en Puerto Rico también los familiares y compañeros de Carlos, cubanos y puertorriqueños por igual, dirigidos por su hijo, Carlos Muñiz Pérez, hoy bastante mayor que su padre era cuando en 1979 cayera asesinado con 25 años de edad, y nuestro compañero Raúl Álzaga, no han cesado en su empeño por lograr que se haga justicia a él y a Santiago Mari Pesquera, joven luchador independentista boricua, como recientemente nos lo volviera recordar en un excelente trabajo, nuestro compañero de siempre, Ricardo Alarcón.

¿Entonces, qué, señor presidente? ¿Qué de su ese «claro monumento» que usted mantiene que es Miami, «como ejemplo de esperanza para el pueblo cubano, especialmente, los jóvenes»? ¿Qué de esos miserables, sus terroristas, señor presidente, que siguen libres e impunes por su decisión, no la de otros presidentes, 10 para ser exactos, que gobernaron antes que usted, sino de la suya propia?

Aquí están en Miami, libres y vivos esperando, señor presidente, por su decisión de llevarlos ante los tribunales de justicia como la ley lo obliga. Algunos de ellos son: Félix Rodríguez, Luis Posada Carriles, Pedro Remón Rodríguez, Ernesto Lluesma Pares, Ruperto Pérez Ortega, Frank Castro Paz, Santiago Álvarez Magriñat, Reynol Rodríguez González, Osvaldo Bencomo Robaina, Sergio Ramos Suárez, Armando Ruiz Maceira, Secundino Carreras Bencomo, Ramón Saúl Sánchez, Guillermo Novo Sampol, Antonio de la Cova, Virgilio Paz Romero, Héctor Fabián, José Dionisio Suárez Esquivel y Luis Crespo.

No son muchos los aquí nombrados, señor presidente Obama, es sólo una muestra de sus terroristas, pero sí son muchos sus odiosos crímenes.

Andrés Gómez, director de Areítodigital

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.