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Palestina ahora, unidad y resistencia ante Israel y sus aliados

Fuentes: Rebelión

Las últimas elecciones del llamado Estado de Israel otra vez han llevado la balanza a la derecha, el partido Likud, que mantuvo el poder con la extrema derecha, representando no el bienestar de los israelíes sino el colonialismo, el incremento de los asentamientos y el mimo a los colonos. Hay muchas contradicciones en la coalición […]

Las últimas elecciones del llamado Estado de Israel otra vez han llevado la balanza a la derecha, el partido Likud, que mantuvo el poder con la extrema derecha, representando no el bienestar de los israelíes sino el colonialismo, el incremento de los asentamientos y el mimo a los colonos.

Hay muchas contradicciones en la coalición gobernante, derecha y extrema derecha, que condujeron a ese gobierno a actuar como extrema derecha, sobre todo intensificando sus acciones contra la población palestina, junto al rechazo rotundo a las aspiraciones del pueblo palestino, nacionales, históricas, de soberanía e independencia.

El victorioso Netanyahu, la misma noche de su triunfo electoral, afirmó con toda claridad su rechazo a un Estado Palestino independiente, lo que calló como un jarro de agua fría sobre sus aliados, la administración de EEUU y de Europa. Pero esto último no es porque apoyen los derechos del pueblo palestino, sino que intentan doblegar a los palestinos con métodos diplomáticos y más hábiles; viendo la iniciativa francesa sobre la cuestión Palestina- Israel y el fracaso de la negociación bilateral durante 20 años, Francia intenta derramar lágrimas y causar emociones. No son más que trampas para volver a conducir a los palestinos a aceptar condiciones fuera de la legalidad internacional: un Estado Palestino con menos derechos en un marco más amplio. Esa negociación, encabezada por Abu Mazen, se vuelve inútil al apostar por ella como única alternativa, dando paso a la serie de condiciones rebajadas contrarias a las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que hablan de un Estado Palestino con capital en Jerusalem árabe y el retorno de los refugiados palestinos.

Las resoluciones del último Consejo Central Palestino, tras horas y horas de diálogo, incluyendo a Al Fata que unió sus voces al resto de formaciones democráticas progresistas palestinas, fueron:

Rechazar con toda rotundidad el regateo, la vuelta a la negociación bilateral o la renuncia a los derechos del pueblo palestino, lo que se traduce en soberanía, capital en Jerusalem y retorno. Esos son los principios de la OLP y lo establecido por la ONU, todo ello sobre el terreno de 1967. Además se acordó desarrollar mecanismos que obliguen a Israel a levantar los asentamientos, el cerco a Gaza y la puesta en libertad de los presos palestinos.

El Consejo Central Palestino tomó otros dos acuerdos:

1. Romper la cooperación con los ocupantes en lo relativo a la seguridad y la economía.

2. Continuidad de las medidas que llevan a la Corte Penal Internacional de La Haya, le guste o no le guste a Israel o los EEUU, que seguro intentarán, a través de tácticas conocidas (ayudas económicas a la Autoridad Palestina, o presión y asfixia económica para el mismo fin). Y no a la iniciativa francesa de un marco más amplio con la que entorpecer las leyes de la Corte Penal para impedir que los responsables israelíes sean juzgados.

Las resoluciones del Consejo Central Palestino son respuesta clara, positiva y legal a la lucha del pueblo palestino, y el Comité Ejecutivo de la OLP debe ponerlas en práctica inmediatamente, como respuesta a las políticas de derechas de Netanyahu y las intentonas francesas de cazar, de otro modo, a la Autoridad Palestina.

Ante la ofensiva terrorista del DAES al campo de refugiados de Yarmuk, que uniéndose con los colectivos Alnusra pretendían dominar el campo de refugiados, símbolo de lucha de la resistencia, de cultura, de mártires, de historia del pueblo palestino (a Yarmuk se le llama la capital del refugio palestino) que fue cercado a los dos meses de la crisis interna siria por las autoridades sirias, e hicieron pasar todo tipo de calamidades a la población palestina, causando un escenario de hambre, terror y huida de refugiados sin rumbo, el Comité Ejecutivo de la OLP, la Autoridad Palestina y el conjunto del Movimiento de Liberación Palestino, desde el principio hizo una declaración sensata de no intervenir en la crisis interna siria, del Estado Sirio soberano, pero no hubo más que pequeñas ayudas a los civiles en materia logística y errores por parte de formaciones palestinas como Hamas, que apoyó a la oposición del Estado Sirio, lo que condujo al aislamiento y al enfrentamiento de algunas formaciones pro sirias, como el FPLP (Mando general). Esa escena de división y desorganización en las filas de la OLP se ha visto repetida ante la ofensiva de los terroristas islamistas del DAES, que invadieron el campo de refugiados. Por ejemplo un dirigente de la OLP enviado al campo de refugiados, Masdalani, dirigente del Frente de Lucha Popular Palestino, en sus declaraciones llamaba a la lucha armada contra los yihadistas invasores y también a vaciar el campo de civiles, lo que estaba en contra de lo que sostenían la mayoría de las formaciones palestinas: había que trabajar con la Autoridad Siria para proteger a la población refugiada sin que ésta abandonase el campamento, además de garantizar el retorno de quienes se fueron, del personal de Naciones Unidas y las instituciones responsables, porque nunca cuando los palestinos han salido de un lugar les han dejado volver. Viendo la historia, los refugiados palestinos han sido punto de fragmentación y aniquilación y nunca les han permitido la vuelta, por ejemplo a Tal Alztar, a Naher Al Baret, a Sabra y Chatila, y a otros. Por tanto el Comité Ejecutivo de la OLP y la Autoridad Nacional Palestina deben poner inmediatamente mecanismos para garantizar al pueblo palestino el retorno a sus hogares.

Un enfrentamiento con los yihadistas terroristas tendría consecuencias peligrosas para el resto de los campamentos de refugiados en sitios como Líbano porque ésta lacra tiene todo el apoyo de los sionistas, de la reacción árabe y turca, y sirven a las políticas negativas, como extender la muerte, el caos, el retraso, la desestabilización de los países árabes y la fragmentación de sus soberanías.

El mundo árabe avanzó hacia la primera independencia, pero no ha podido alcanzar la verdadera democracia y el avance social, tanto por factores internos como externos. Pero lo más importante en esa región es que el pueblo palestino no desvía sus intenciones ante el llamado Estado de Israel, aliado de la administración imperialista americana, que es el principal peligro.

Les dejo a continuación como ejemplo un artículo que firma Dimitri Suminski, publicado en el periódico judío Haaretz, el 16 de éste mes de Abril:

«Occidente da privilegios a Israel y permiso para bendecir el holocausto. El resultado final es hacer del pueblo judío un pueblo diferente. Si nos pusiéramos a medir las políticas occidentales a Israel durante décadas observaríamos muchos privilegios que no gozan otros, por ejemplo: Israel controla desde hace 60 años a otro pueblo por ocupación militar. Somete a su población civil con un mandato militar, sin contar las violaciones del Derecho Internacional y sin que pague precio alguno. Quisiera tomar un ejemplo: cuando la Rusia federal anexionó la Península de Crimea se levantaron olas de condena y protestas del mundo occidental, y pidieron castigos económicos, cosa que nunca han hecho al estado de Israel. Y no estamos comparando, porque la situación de Palestina es mucho peor aún, porque la población palestina se encuentra bajo la ocupación, rodeada por asentamientos como si los tuvieran en sus gargantas, a lo que hay que añadir el control de seguridad que han metido en el espíritu de cada palestino.

La intervención constante del ejército israelí en la vida de los judíos en las zonas ocupadas les conduce a cometer barbaridades, aunque Israel pretenda aparentar ser vecino democrático de los palestinos. El Estado de Israel, que tiene prisioneros detrás del muro del apartheid a millones de palestinos, a pesar de que los Estados occidentales consideran a Israel un Estado democrático, se hace comparar con las dictaduras bárbaras de los países árabes, sin darse cuenta que la ejecución cotidiana avergüenza a cualquier dictadura en Oriente Medio y fuera. Pero tristemente ese Estado ha tenido el apoyo y la bendición del club de los Estados occidentales, encabezados por el Estado más potente del planeta, EEUU, aunque Israel cometa matanzas contra miles de inocentes niños y ciudadanos como pasó el verano pasado en Gaza.

Israel goza de privilegios de gran envergadura, como el almacenamiento de las armas nucleares como factor imprescindible para el dominio de Oriente Medio, y también a través de ese armamento el Estado de Israel impone su control y le permite violar de vez en cuando toda la zona.

Sabemos que los privilegios otorgados a Israel vienen ligados al llamado holocausto, o son una recompensa por lo que habían cometido los cristianos contra los judíos en Europa, con lo que dan su reconocimiento y un privilegio al Estado de Israel para la salvación de la población judía, y tiene derecho a sobrepasar todos los límites mientras eso suceda fuera de las fronteras europeas, en Oriente medio, que es un espacio geográfico elegido para convertirlo en un lugar de enemistad de larga duración por occidente y los judíos.

Si alguien se atreviese en Occidente a protestar por las acciones de Israel, por ejemplo dando el apoyo a la creación del Estado Palestino, se levantarían muchas voces para llamar la atención y poner de nuevo a Israel por encima de la historia y en contra de ésta. Israel insulta, amenaza y critica a Europa, y le dice a Europa que le queda mucho por aprender del holocausto. Eso es más o menos lo que ha dicho Netanyahu a Suecia, que Israel tiene derecho a comportarse como lo hace con los no judíos, y lo justifica volviendo atrás, a las leyes «nur fibre wshfts birkana».

La ideología nazi ha sacado a los judíos fuera de la humanidad, para imaginar que son un género religioso. Y también Occidente piensa que Israel está sujeta a un pensamiento judío excepcional y los judíos no son como el resto de los pueblos del mundo, sino un colectivo que goza de apoyo y protección, con muchos derechos. Eso es una herencia que viene de un pensamiento constante y destructivo del llamado holocausto, y que conduce a formar las relaciones de Israel con otros pueblos del mundo.

A Occidente le queda conocer bien la realidad y ver que la herencia negativa como brújula, a lo único que ha conducido ha sido a los privilegios de que goza Israel, que no lleva a un mundo más tranquilo y de paz, sino a aumentar el odio de nuevo a los judíos y al Estado israelí. Occidente debería rechazar la herencia adquirida a través de las justificaciones del holocausto». 

 

Ramón Pedregal Casanova es autor de «Dietario de crisis», y de «Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.