En conmemoración al «Día Mundial de al-Quds», instituido por Ruhollah Jomeini en 1979 tras el triunfo de la Revolución Islámica en Irán, en el último viernes del mes bendito de Ramadán (mes del ayuno islámico) para tomar conciencia de su importancia.
El mes de Ramadán es conocido por ser el mes del ayuno entre los musulmanes. La mayoría de la población palestina concentrada en Gaza y Cisjordania son musulmanes. Gaza, desde la noche del 18 de Ramadán ha vuelto a ser testigo de la reanudación del asedio total contra la población ayunante. Se volvió a abrir fuego contra la población pobre, destruída y devastada, tras 15 meses de guerra total. No fue suficiente haber mermado la totalidad del territorio y la población gazatí, incluyendo sus lugares de culto y reunión. En el mes más sagrado para los musulmanes se decidió romper el “cese al fuego” acordado entre el régimen israelí y el grupo político-militar que controla la Franja de Gaza, Hamas (acrónimo árabe para Movimiento de Resistencia Islámica).
El acuerdo de cese al fuego entre los representantes israelíes y Hamas, dieron una victoria a los segundos, después de que aquellos prometieran destruirlos y se vieran obligados a firmar con ellos. Sin embargo, el primer ministro de la ocupación estaba realizando cálculos tanto internos como externos. Al interior de su régimen, pretende mantenerse en el poder bajo la coalición más extremista y evitar las acusaciones de corrupción; al exterior, buscaba ganar tiempo para asegurar el beneplácito del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Y así fue. Ha podido concitar las alianzas políticas dentro de la clase política (complice toda, del genocidio sistemático y trasngeneracional), la cual debe ser llamada a juicio por la CPI en los mismos términos de el primer ministro. Y contó con el pleno aval de Donald Trump, a quien, por cierto, ya habíamos visto en una primera actuación convocándomelo a un “Acuerdo del Siglo” y, ahora, pidiendo crear un resort en Gaza, por encima del pueblo palestino gazatí, su libre autodeterminación y sus deseos como pueblo.
Contra Gaza también han provenido otros ataques pero, ésta vez, desde los países árabes al presentar un plan que sustituye la propuesta trumpista pero que vuelve a tratar a los gazatíes como menores de edad y, sobre todo, se le priva de su derecho de un Estado unificado con Cisjordania política y territorialmente, con al-Quds
Jerusalén como capital. Se ignora, en todo momento, llevar a la justicia internacional el caso completo de la ocupación territorial de la Palestina histórica y el desmantelamiento jurídico-institucional del “Estado de Israel”. Los Estados Árabes, agrupados en la Liga Árabe (incluida la Autoridad Nacional Palestina), sucumben ante los acuerdos político-militares y financieros que tienen con Estados Unidos y reflejan el grado de supeditación a la potencia hegemónica (en declive).
Lo que en el fondo revela es que la mayor parte de estados árabes han entrado al juego político de repudiar las acciones de resistencia de Hamas (y otros grupos que rechazan la ocupación) propuesto por Estados Unidos y la Unión Europea a cambio de dinero, pero no tanto que la suma que reciben todos pueda atentar contra su alfil regional, el estado sionista israelí. Y, al mismo tiempo, unirlos ante una amenaza percibida en la Republicanísima Islámica de Irán. La realidad es que los únicos intereses posible de ser afectados serían los sionista-estadounidenses en la región, por los daños históricos acumulados que ambos tienen para las naciones.
Si los estados repudian a Hamas, eso significaría que repudian a Irán. Si le dan el apoyo a Hamas, le estarían dando legitimidad a la lucha iraní contra la opresión. Esa es la gran disyuntiva de la que son presa los estados árabes de mayoría musulmana. En lugar de buscar el diálogo y la cooperación entre ellos, en un signo de hermandad, han decidido aliarse con sus enemigos a sabiendas de sus probadas traiciones.
La estrategia estadounidense es enfrentarse a los actores representantes de la multipolaridad internacional que cuestionan el status quo y la hegemonía imperante; Frente a Estados Unidos se halla la triada Rusia-China-Irán, y aquel busca atacar lo que ve como el eslabón más débil en Irán y, para ello, utilizará su estado creado para tales fines: el régimen sionista.
La lógica es que si se ataca a Irán se acabarán los grupos de resistencia islámica regional y, con ello, se acabarán también los reclamos palestinos. Los árabes abrevan de esta idea y la secundan. Sin embargo, siguen olvidando el rasgo más importante: la determinación de la población palestina y, ademas, todas las poblaciones árabes que viven en completo divorcio de sus respectivos gobiernos. Sin olvidar el reclamo del resto de la opinión pública internacional que no se está dejando influenciar por el ejercito publicitario de la entidad sionista y sus organismos civiles al rededor del mundo que pretenden elaborar un lavado de imagen (al nivel de crear una industria de la victimización al paralelo con la del holocausto). Los medios hegemónicos que parten de hablar de un “conflicto”, “iniciado el 7 de octubre”, por razones de “derecho divino” o de un “pueblo ancestral”, están siendo rebasados por el cambio de significado que se ha vertido ante la opinión pública: genocidio, limpieza étnica, apartheid, destrucción de la población autóctona, consecuencia de un reparto imperial de 1948, edificado a partir de colonos venidos de otras partes del mundo para asentarse en territorio palestino.
Palestina es una causa completa, justa, moral. No se puede borrar de un plumazo ni bajo un decreto. Palestina existe por su influjo político, histórico y cultural. Pero, sobre todo, Palestina existe por su pueblo resiliente, capaz de sacrificarse hasta la vida por no dejarse arrebatar su tierra natal. Las madres que han perdido a sus hijos han dado mártires, los mártires son los que edifican el gran edificio de la libertad.
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