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Tres preguntas a Alaa Tartir

Palestina-Israel: una revisión de la realidad

Fuentes: Institut Montagne

Traducido del inglés para Rebelión por Marti Fó

Tras 11 días de conflicto y más de 250 muertos, el 21 de mayo se aplicó un alto el fuego entre Israel y Hamás. La violencia que tuvo lugar en ese espacio de tiempo hace del enfrentamiento el más trágico y crítico de casi una década. Hemos formulado tres preguntas a Alaa Tartir, investigador y coordinador académico del Instituto Universitario de Estudios Internacionales y del Desarrollo, para intentar comprender las lecciones de los últimos acontecimientos para el pueblo palestino, para la región y para la comunidad internacional.

Tras la última escalada de Israel en Palestina, ¿hay perspectivas de algún acontecimiento positivo que pueda servir a los y las palestinas?

En medio de la escalada es una tarea difícil explorar vías de esperanza. Sin embargo, la última ronda de enfrentamientos en Palestina-Israel ha puesto de manifiesto que una nueva generación palestina está liderando acciones colectivas que pretenden reajustar los parámetros y el marco del llamado conflicto palestino-israelí. Esta nueva generación quiere abordar los desequilibrios de poder entre el colonizado y el colonizador. Para ello basan sus acciones en un modelo de liderazgo colectivo, inclusivo, democrático y participativo que no existe en el actual régimen político palestino. También están construyendo y afianzando su visión, sus estrategias y su programa para el futuro. Aunque estos procesos todavía están en desarrollo y elaboración, ofrecen una nueva dinámica en evolución que podría transformarse en una oportunidad política si es sostenida, respaldada y adoptada por sectores mayoritarios del pueblo palestino.

Más concretamente, y como argumenté en un reciente artículo que escribí para PRIO, existen múltiples perspectivas de esperanza. Para empezar, la Semana Económica Palestina seguida de la huelga general del 18 de mayo en toda Palestina fue convocada y dirigida por actores políticos no convencionales (nuevos grupos emergentes dirigidos por jóvenes). Ha habido un alto nivel de compromiso hacia esta convocatoria, acompañada del lanzamiento del Manifiesto de la Dignidad y la Esperanza, una declaración fundacional de la nueva generación palestina que intenta construir su base de poder interna y sacudir los pilares fundamentales del statu quo.

Está surgiendo una poderosa narrativa que se publica en los principales medios de comunicación escritos y televisados por parte de analistas palestinos. La sociedad palestina también ha demostrado la capacidad de movilizarse a través y por encima de la llamada «Línea Verde» a pesar de todos los mecanismos de control y represión. Han surgido grupos liderados por jóvenes, como la Generación para la Renovación Democrática, y se han producido firmes resistencias para reducir al pueblo palestino a los aislados en la «prisión marco de Oslo». Por último, pero no por ello menos importante, las mujeres palestinas están asumiendo un papel de liderazgo al estar al frente de todos estas iniciativas. Todos estos son ejemplos de una nueva dinámica en evolución para construir y participar en un proceso de cambio positivo en el futuro.

En esencia, esta nueva generación está decidida a abordar las causas de la fragmentación palestina y a unificar tanto la voluntad política como los medios de lucha frente al colonialismo de asentamiento y el apartheid israelí. Como sostiene el Manifiesto Dignidad y Esperanza, “este levantamiento llevará tiempo. Es un levantamiento de la conciencia que se sacude la suciedad del servilismo y el derrotismo y levanta generaciones sobre el principio de una única Palestina unificada, que rechaza a todos los que intentan profundizar y perpetuar las divisiones sociales y políticas e impedir las lealtades”. Esta narrativa proporciona puntos fundamentales para que las y los palestinos reclamen su presente y dicten su futuro en lugar de dejarlo en manos de actores externos o de un liderazgo ilegítimo. Esto es crucial y esencial para alimentar la esperanza e imaginar un futuro diferente y mejor. “Tenéis algo en este mundo, así que defendedlo”, dijo una vez el escritor y líder político palestino Gasan Kanafani. Los palestinos de Gaza, Haifa, Al Lydd, Jerusalén y otros lugares están haciendo precisamente eso: defender la justicia, la libertad, la dignidad y la autodeterminación como valores fundamentales.

¿Cuál es su opinión sobre la dinámica regional, especialmente en relación con la posición de Egipto como intermediario y los Acuerdos Abraham?

Es fundamental reconocer que el renovado papel de Egipto, especialmente en lo que respecta a la mediación del último alto el fuego entre Israel y Hamás, no representa un cambio de política fundamental en la forma en que el régimen egipcio ve a Hamás. Comprometerse con Hamás tras la reciente escalada, negociar un acuerdo de alto el fuego y un posible acuerdo para liberar a los prisioneros palestinos de las cárceles israelíes, no representa en absoluto un cambio repentino de opinión. Se trata de un juego político por excelencia. El régimen egipcio desea mostrar a la administración Biden que todavía puede manejar el “expediente palestino”, y que en ese sentido está dispuesto a seguir las orientaciones de Estados Unidos. La administración estadounidense quería “subcontratar” la intermediación del último alto el fuego a un actor regional, y Egipto aceptó la misión. Estados Unidos dio instrucciones y Egipto las ejecutó.

Pero más allá de eso, Egipto también le interesa mucho “contener” a Hamás. La carta de la reconstrucción de Gaza será instrumentalizada de nuevo en un intento de contener y silenciar a Hamás ofreciéndole incentivos económicos y financieros. Esta estrategia miope estadounidense-israelí-egipcia está condenada al fracaso. Ni los actores regionales, ni los globales parecen estar interesados en aprender de los errores que cometieron en las últimas tres décadas cuando desvincularon la economía y la política. Los incentivos económicos –dentro del marco general existente– nunca comprarán la paz política, ni siquiera la estabilidad a largo plazo. Sólo se ocuparán de los síntomas del problema pero no del problema en sí.

En relación con los llamados Acuerdos de Abraham, el reciente ciclo de confrontación puso en tela de juicio las fragilidades fundamentales de estos Acuerdos y expuso las intenciones y estrategias de los firmantes. Las partes firmantes estaban alineadas y en sintonía en su forma de ver la escalada; culpando a la parte palestina de “causar inseguridad”, “crear amenazas a la estabilidad” y “alterar la calma”. Esta comprensión sesgada de la realidad podría explicarse a través de los vínculos y características comunes que comparten estos regímenes represivos impulsados por la seguridad. Desde luego, esto no augura ninguna forma de paz significativa. En contraste, las calles del mundo árabe, incluso en lugares como Sudán y Marruecos, han sido testigos de manifestaciones de solidaridad con las y los palestinos y su lucha. El “impulso palestino” ofreció una rápida comprobación de la realidad de que la causa palestina no está muerta ni olvidada, como muchos defensores de los llamados Acuerdos de Abraham quieren creer y argumentar.

¿Qué podemos extraer de la respuesta internacional a la escalada, especialmente en relación con Estados Unidos, la ONU y la UE?

Todos hicieron lo que mejor saben hacer: Estados Unidos continuó con su apoyo incondicional a Israel, la ONU emitió declaraciones de condena y llamó a la calma, y la UE expresó su preocupación. Todos ellos fracasaron, una vez más, en la defensa del derecho internacional y no hicieron responsable a Israel de la continua violación de ese derecho. Fuimos testigos de una mayor erosión de la legitimidad de las principales instituciones de gobernanza mundial, como el Consejo de Seguridad de la ONU, observamos los órganos políticos disfuncionales de la ONU en acción, y experimentamos el papel cómplice de la UE y sus principales actores, como Alemania, en la subvención de la ocupación militar, el mantenimiento del colonialismo y la normalización del apartheid.

Vimos cómo la administración estadounidense ayudaba a Israel en la destrucción de Gaza y luego se apresuraba a anunciar su intención de reconstruirla en una expresión máxima de insolencia, grosería y arrogancia nada sorprendente. Vimos a la ONU condenar la miserable situación, pero incapaz de hacer nada significativo para garantizar que no se repita en un futuro próximo. La UE se ha vuelto un actor arraigado del problema y no de la solución, y h demostrado claramente que no ha aprendido ninguna lección a pesar de su intervención durante décadas en Palestina-Israel. La ONU y la UE, en particular, no sólo han fallado al pueblo palestino sino que han traicionado los mismos principios que dicen representar y encarnar, como la justicia, la libertad, la igualdad y la dignidad.

El último ciclo de confrontación y escalada no sólo puso al descubierto a Israel y su proyecto colonial de asentamiento, sino que también expuso hasta qué punto los principales actores poderosos de la comunidad internacional están apoyando este proyecto directa e indirectamente. La colonización es una de las formas de opresión más fáciles de reconocer en el mundo pero los principales actores poderosos de la comunidad internacional han decidido hacer la vista gorda y permitir que Israel viole el derecho internacional con impunidad. Si la comunidad internacional se toma en serio la resolución del “conflicto palestino-israelí”, sabe por dónde y cómo empezar. No es tan complicado como quieren creer y argumentar.

Fuente: https://www.institutmontaigne.org/en/blog/palestine-israel-understanding-lessons-recent-escalations

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