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La huelga de hambre en Guantánamo

¡Permitid que mueran o que partan!

Fuentes: CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Quiero ofrecerle un consejo a Donald Rumsfeld y a los mandamases del Pentágono que actualmente son responsables de los 200 o más que hacen huelga de hambre en la Bahía de Guantánamo, 20 de los cuales se hallan cerca de la muerte. Por amor de Dios, dejad que mueran.

¿Qué más queréis obtener de ellos?

Es probable que ya hayan entregado todo lo que necesitabais para vuestras técnicas de privación de los sentidos, recién desarrolladas, y vuestros métodos sadistas de tortura. Os han servido de ratas de laboratorio para vuestras nuevas drogas, vuestros métodos mejorados de tormento psicológico, y vuestros abusos de desviación sexual. Ahora, dejad que mueran. El experimentó se acabó. Mostrad que queda una pizca de humanidad en vuestro atrofiado corazón permitiendo que fallezcan con dignidad, esa dignidad de la que los habéis privado en vida.

La huelga de hambre ha durado seis semanas. Esto significa que un número considerable de prisioneros pasan por las últimas fases de deterioro físico. Muchos probablemente ya vomitan sangre y están demasiado débiles para caminar o tenerse solos de pié. Las funciones de sus hígados y de sus riñones han comenzado a fallar y su visión comienza a debilitarse, su corazón está bajo creciente presión para continuar trabajando mientras su cuerpo se devora lentamente.

Permitid que mueran.

Si el Pentágono permitiese que los medios visitaran Guantánamo, verían a las víctimas demacradas, esqueléticas, de la guerra contra el terror de Bush, la prueba de que EE.UU. ahora supervisa campos de la muerte similares a los de los nazis. Pero los medios han mostrado poco interés en el sufrimiento de los prisioneros a pesar de que se reconoce generalmente que muchos fueron detenidos al azar en redadas de los señores de la guerra en Afganistán y vendidos a los estadounidenses.

Hasta ahora, sólo un periódico en el país, «The Minnesota Daily», se ha pronunciado sobre los prisioneros en su página editorial. El periódico declaró:

«Mientras la moralidad y la ética son ideas abstractas, la justicia es más concreta. Por lo tanto, ya que hay leyes, Guantánamo y las acciones que nuestro gobierno ha emprendido contra los detenidos violan la Convención de Ginebra, la Declaración de Derechos y nuestra Constitución. La justicia no es sólo una idea condicional.»

The Minnesota Daily es la voz solitaria en la selva mediática que defiende los derechos esenciales de estas víctimas en la guerra de Bush, pero con poco efecto. La justicia de Washington no tiene nada que ver con la clemencia o la rehabilitación, sino sólo con castigo.

No habrá cámaras o periodistas en Guantánamo. La cara que ve EE.UU. es la cara bronceada y descansada del Presidente Farsante que presenta su comentario sosegador sobre otra parte del globo destruida por su imprudencia. Las fotos de los calabozos de Bush se quedan en el piso de la sala de montaje con las demás secuencias poco halagadoras de brutalidad estadounidense, Es seguro que eso no va a cambiar ahora mismo.

Los prisioneros siguen en la larga tradición de huelguistas de hambre desde Gandhi a Bobby Sands.

Sus demandas son simples. Quieren la posibilidad de cuestionar las condiciones de su encarcelamiento ante un tribunal.

Es decir, el derecho humano más básico, ser informados del crimen por el que se les mantiene detenidos y tener la oportunidad de defenderse contra esas acusaciones. Es un derecho que les pertenece según el derecho internacional, pero que les ha sido negado por Washington.

El Pentágono no ha hecho nada por encarar las demandas de los reclusos y se niega tenazmente a reunirse con sus dirigentes. En vez de hacerlo, ha tomado el camino despreciable de esposarlos y colocar grilletes en las piernas de los más enfermos y de utilizar métodos intravenosos o de goteo por la nariz para alimentarlos por la fuerza,

Permitid que mueran.

Estados Unidos se ha colocado lejos fuera del vigor del derecho, un estado delincuente que se niega a cumplir siquiera con los estándares mínimos de decencia requeridos bajo las Convenciones de Ginebra. La prisión en la Bahía de Guantánamo es el logro máximo de este gobierno, un gulag de la tortura dedicado al trato cruel e inhumano de sus enemigos, un icono de la ilegalidad y del salvajismo.

La administración ahora impone su poder incluso sobre la misma muerte, un medio final de humillar a sus víctimas y perpetuar sus sufrimientos. Los tubos de alimentación de Rumsfeld son el último y delgado hilo que ata a estos hombres a una vida de detención, abuso y desesperanza. ¡Permitid que mueran o que se vayan!

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Mike Whitney can be reached at: [email protected]

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http://www.counterpunch.org/whitney09202005.html7