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Respuesta a Xavier Sala i Martín

Políticas antiobreras, nacionalismo y cinismo político

Fuentes: Rebelión

Xavier Sala i Martín publicó el pasado lunes 21 de septiembre un artículo de en las páginas de Opinión de El País: «Borrell y Garicano» es el título. Unos apuntes -seguramente innecesarios- sobre el autor: catedrático de Economía en la UPF, también en la Columbia University de Nueva York, miembro de la directiva del Barça […]

Xavier Sala i Martín publicó el pasado lunes 21 de septiembre un artículo de en las páginas de Opinión de El País: «Borrell y Garicano» es el título. Unos apuntes -seguramente innecesarios- sobre el autor: catedrático de Economía en la UPF, también en la Columbia University de Nueva York, miembro de la directiva del Barça de Laporta, chaquetas chillonas para llamar la atención, intelectual orgánico de «Junts pel Sí» y, sobre todo, uno de los neoliberales más extremos de la más que poblada comunidad «científica» de economistas académicos, tendencia neo-contra-lo-público, en Cataluña, muy activo -por supuesto- en tertulias, seminarios, encuentros y actos políticos de marchamo y finalidad independentista. Una de las grandes autoridades «académicas» catalanas del momento.

El artículo al que nos referimos tiene dos partes. La primera, como ya han intuido, va de balanzas: «Josep Borrell y Luis Garicano han publicado en estas páginas sendos artículos acusando a los economistas independentistas de engañar a los ciudadanos de Catalunya con el tema de las balanzas fiscales»

No se lo resumo, se ha contado mil veces. La tesis de XSM: «El primer error de Borrell y Garicano es que son muy rápidos a la hora de decir que quien usa el monetario engaña a los ciudadanos porque el método correcto es el de la carga-beneficio». En economía, sostiene el autor, «cada pregunta tiene su respuesta correcta. No hay una respuesta correcta para todas las preguntas. Y lo mismo pasa con el cálculo de la balanza fiscal».

Vale, será eso. Lo que importa es la primera derivada de la formulación anterior: la pregunta que interesa a los independentistas, a él por ejemplo, es la siguiente: «si Catalunya fuera independiente, ¿de cuántos euros adicionales dispondría?». La respuesta es el saldo de la balanza monetaria; es decir, ya lo han adivinado, 16.000 millones. «¿Por qué? Pues porque si Catalunya se independiza, todo (repito, todo) el dinero que los catalanes paguen en impuestos se quedará en Catalunya». Si hoy hay 16.000 millones que no se gastan en Catalunya, afirma, «la ganancia fiscal catalana en caso de independencia sería exactamente esa cantidad. Y eso es cierto, ¡independientemente de si la base aérea de Zaragoza beneficia a los catalanes o no!». Vale, será eso, aunque el mismo conseller de Economía del gobierno catalán, otro economista neo, Andreu Mas-Colell, ha hablado recientemente de unos 3.200 millones, la quinta parte de la cuantía apuntada jamás puesta en cuestión.

(Dicho sea entre paréntesis y hablando de 16 mil millones de euros. Lluís Rabell, el cabeza de lista de «Catalunya sí que es pot», recordaba en el debate en TV3 del pasado domingo 20 de septiembre que esa cifra, los 16 mil millones, era precisamente la cuantía del fraude fiscal en Cataluña según los inspectores de Hacienda. No hace falte que indique las clases sociales que tienen la mayor responsabilidad, con mucha diferencia, de ese fraude insolidario).

Sorprende en todo caso, dicho sea de pasada, que XSM centre su análisis, en lo que respecta a Josep Borrell, en un artículo suyo publicado en El País hace bastante tiempo y no diga ni una sola palabra del libro que Borrel y Llorach acaban de publicar en Los Libros de la Catarata sobre Las cuentas y los cuentos de Cataluña, un ensayo por cierto cuya presentación -una entrevista a uno de los autores- fue vetada recientemente en TV3.

Pero no es este el punto central de esta nota. Es este:

Borrell y Garicano, señala XSM, argumentan que «calculado con el método carga-beneficio, el agravio fiscal catalán es positivo pero tan pequeño que no justifica la demanda de independencia». Pero ese, en opinión del catedrático de la Columnia Uni., es su segundo gran error: «¡nadie quiere la independencia para eliminar el déficit fiscal!» ¿Entonces? «Se quiere para poder implementar políticas económicas y sociales pensadas por y para los ciudadanos de Catalunya». Lo que sí que pasará, añade XsiM, «es que una Catalunya independiente será un país normal. Con gobiernos de derechas o de izquierda según voten los ciudadanos. Como Holanda, Francia o Suiza. Algunos lo harán bien y otros lo harán mal. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que esos gobiernos van a tomar decisiones pensando únicamente en los ciudadanos de Catalunya. Y eso ahora no pasa».

¿Y eso no pasa, eso ahora no pasa? ¡Cómo que no! Los gobiernos de CiU, parte sustantiva de Junts pel sÍ», la coalición con la que simpatiza y colabora XSiM. ¿no han hecho política pensando únicamente en los ciudadanos de Cataluña en estos últimos 35 años, de los que 28 han estado mandando en la Generalitat catalana, sin olvidar su poder en Diputaciones, consejos comarcales y municipios, además de su intervención en el Congreso de Diputados y en el Senado? ¿Es que acaso en el amplio margen de la autonomía política catalana no han ejercido su poder CDC y UDC, con la colaboración entusiasta en ocasiones de ERC, pensando en los ciudadanos de Catalunya? ¿En quién han pensado entonces?

No parece discutible que CiU han ejercido mando en esta plaza, han gobernado, en estrecha alianza con las 400 familias milletistas, durante más de tres décadas. La cuestión, la respuesta a esos interrogantes, tal vez sea los resultados de ese mando y gobierno. Unos datos:

Cataluña es la duodécima comunidad española en gasto educativo (datos de 2013); Cataluña es la décimo cuarta comunidad en gastos sanitarios; Cataluña es la comunidad que más ayudas concede a la escuela concertada; entre 2011 y 2015 se han reducido en 1.500 el número de docentes (mientras aumentaba la matrícula de alumnos en centros públicos) y se ha disminuido en un 21% los recursos por alumno; el PIRMI fue brutalmente atacado por el primer gobierno Mas mientras se eliminaba el impuesto patrimonial de los más ricos; en este mismo período, se contrajo en sanidad un 15,2% el gasto per capita en los dos primeros años, se cerraron un millar de camas, se clausuraron quirófanos y se despidió a más de 5.000 trabajadores del Institut Català de la Salut; los hospitales privados (146) triplican en Cataluña a los públicos (56) [1]; las prestaciones por dependencia han sido rebajadas por el gobierno Mas (siguiendo las huellas del gobierno Rajoy… tan lejanos y tan próximos en lo esencial) hasta un 11% en el último trienio; las matrículas universitarias están entre las más caras de nuestro país de países; el empleo «creado» en Cataluña es, como en el resto de España, fundamentalmente temporal en un 88%; en los ciclos formativos de grado superior se exige el pago de una matrícula de 360 euros; el Servei d’Ocupació de Catalunya ha visto mermada su plantilla en un 31%; el poder adquisitivo se ha desplomado en un 9% (la media española es del 6,2%); Catalunya ha encabezado la caída del salario medio y ha liderado el aumento de precios; los desahucios han sido pan de cada día mientras los gobiernos Mas no decían ni pío; la política policial de Felip Puig puede ubicarse entre las más represivas de Europa; la privatización bienes públicos es programa básico teorizado por Mas-Colell, etc, etc [2]

No hablo de la corrupción generalizada (ni tampoco de los corruptores) en las filas del partido gobernante, ni del 3%, 5% o 10% ni de la manipulación y engaños «patrióticos» del gran ex honorable, el padre político del cuarto candidato posición Rey-Reina de la lista de «Junts pel sí», porque todo ello es materia más que conocida. Así, pues, ¿por qué debemos pensar que una Cataluña independiente vaya a tener más en cuenta el interés social y económico de los ciudadanos, especialmente si pensamos en los sectores más vulnerables y, en general, desfavorecidos? Las cuentas son las cuentas y los cuentos son los cuentos. Si el motivo central de la finalidad independentista es ese, más allá de consideraciones de fraternidad, justicia y solidaridad con el demos común, el proyecto se sostiene en humo, un humo nada inocente que crea interpretaciones sesgadas y puede hacer que nos confundamos en lo más esencial.

Notas:

[1] En el resto de España, 309 privados por 345 públicos.

[2] Datos tomados en su mayor parte de Xavier Vidal-Folch, «El peor presidente de Cataluña», El País, 21 de septiembre de 2015, p. 11.