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¿Quién es el perro? ¿Quién es la cola?

Fuentes: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Carlos Sanchis

Normalmente no cuento estas historias, porque podrían dar lugar a la sospecha de que soy un paranoico.

Por ejemplo: hace 27 años, fui invitado a dar una gira de conferencias en 30 universidades estadounidenses, incluídas las más prestigiosas: Harvard, Yale, Princeton, MIT, Berkeley y otras por el estilo. Mi organizador era la Confraternidad de Conciliación, una respetada organización no-judía, pero las propias conferencias estaban sostenidas bajo los auspicios de los capellanes de Judíos Bet-Hillel.

A la llegada al aeropuerto de Nueva York me reuní con uno de los organizadores. «Hay una ligera dificultad,» me dijo, «29 de los rabinos han cancelado su conferencia.»

Al final, se dieron todas las conferencias, bajo los auspicios de los capellanes cristianos. Cuando llegamos al único rabino que no había cancelado mi conferencia, me dijo el secreto: las conferencias se habían prohibido en una carta confidencial de la Liga Anti-Difamación, la policía de pensamiento de la clase dirigente judía. La frase de salida se ha insertado en mi memoria: «Aunque no puede decirse que el Miembro de la Knesset, Avnery es un traidor, todavía…»

Y OTRA historia de la vida real: un año después fui a Washington DC para «vender» la solución de los dos estados que en aquel momento fue considerada una estrambótica, por no decir loca, idea. En el transcurso de la visita, los cuáqueros fueron tan amables que dispusieron una conferencia de prensa para mí.

Cuando llegué, quedé asombrado. El vestíbulo estaba hasta arriba, prácticamente todos los medios de comunicación importantes usamericanos estaban representados. Muchos habían venido directos desde una conferencia de prensa dada por Golda Meir que también estaba en la ciudad. El acto era para durar una hora, como es usual, pero los periodistas no lo permitieron. Me bombardearon con preguntas durante otras dos horas. Claramente, lo que yo tenía que decir era bastante nuevo para ellos y estaban interesados.

Tenía la curiosidad de cómo se informaría de ello en los medios de comunicación. Y de hecho, la reacción fue abrumadora: ni una palabra apareció en ninguno de los periódicos, en la radio o en la televisión. Ni una sola palabra.

A propósito, hace tres años mantuve una conferencia de la prensa de nuevo, esta vez en la Colina del Capitolio, en Washington. Era una réplica exacta de la última vez: la muchedumbre de reporteros, su obvio interés, la conferencia se alargó mucho más allá del tiempo fijado; y ni una sola palabra en los medios de comunicación.

PODRÍA contar unas pocas más historias como éstas, pero ese es el asunto. Sólo las recuento recientemente con relación al escándalo causado por dos profesores usamericanos, Stephen Walt; de Harvard y John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago. Ellos publicaron un documento de investigación sobre la influencia del lobby de Israel en los Estados Unidos.

En 80 páginas, 40 de ellos notas a pie de página y fuentes, los dos muestran cómo el lobby en pro de Israel ejerce un desenfrenado poder en la capital usamericana, cómo aterroriza a los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes, cómo baila la Casa Blanca al son de su melodía (si, de hecho, una casa puede bailar), cómo los principales medios de comunicación obedecen sus órdenes y cómo las universidades, también, viven con temor de él.

El documento causó una tormenta. Y no quiero decir los predecibles ataques salvajes de los «amigos de Israel» – lo qué significa casi todos los políticos, periodistas y profesores. Éstos cayeron con fuerza sobre los autores con todas las imputaciones habituales: que eran antisemitas, que estaban resucitando los Protocolos de los Sabios de Sión, y así sucesivamente. Había algo paradójico en estos ataques, puesto que sólo ilustraban el caso de los autores.

Pero el debate que me fascina es de una naturaleza diferente. Surgió de entre los mayores intelectuales, desde el legendario Noam Chomsky, el gurú de la izquierda de todo el mundo (incluido Israel), a las páginas progresistas de Internet de todas partes. El hueso de la disputa: la conclusión del papel dominante del lobby judío-israelí en la política exterior usamericana y la subyugación a los intereses israelíes – en manifiesta contradicción al interés nacional de los propios EE.UU.. Un caso al respecto: el ataque usamericano a Iraq.

Chomsky y otros se alzaron contra esta afirmación. No niegan los hallazgos objetivos de los dos profesores, pero objeta a sus conclusiones. Bajo su punto de vista, no es el lobby de Israel el que dirige la política usamericana, sino los intereses de las grandes corporaciones empresariales que dominan el imperio estadounidense y sacan provecho de Israel para sus propios objetivos egoístas.

Dicho simplemente: ¿menea el perro su cola, o menea la cola su perro?

ESTOY NERVIOSO sobre hincar mi cabeza en un debate entre tales intelectuales ilustres, pero me siento obligado, no obstante, a expresar mi punto de vista.

Empezaré con el judío que fue al rabino y se quejó de su vecino. «Tienes razón'», declaró el rabino. Después vino el vecino y denunció al acusador. «Tienes razón'», anunció el rabino. «Pero cómo puede ser esto,» exclamó la esposa del rabino, ¡»Sólo uno de los dos puede tener razón»! » Tu también tienes razón», dijo el rabino.

Me encuentro en una situación similar. Pienso que ambos lados tienen razón (y espero tener razón, yo, también).

Los hallazgos de los dos profesores son correctos hasta el último detalle. Cada senador y cada congresista sabe que criticar al gobierno israelí es un suicidio político. Dos de ellos, un senador y un congresista, lo intentaron, y fueron ejecutados políticamente. El lobby judío se movilizó totalmente contra ellos y los persiguió hasta sacarlos del cargo. Esto fue hecho abiertamente, para establecer un ejemplo público. Si el gobierno israelí quisiera una ley mañana anulando los Diez Mandamientos, 95 senadores (por lo menos) firmaría el acta inmediatamente.

Por ejemplo, el presidente Bush se ha retirado de todas las posiciones usamericanas establecidas con respecto a nuestro conflicto. Él acepta las posiciones de nuestro gobierno automáticamente, sean como sean. Casi todos los medios de comunicación usamericanos están cerrados a los palestinos y a los activistas por la paz israelíes. Sobre los profesores, casi todos ellos saben qué lado de su tostada está untado con manteca de cacahuete. Si, a pesar de eso, alguien se atreve a abrir la boca contra la política israelí – como pasa una vez cada pocos años – se centran en una descarga de denuncias: antisemita, negacionista del Holocausto, neonazi.

A propósito, invitados usamericanos en Israel, que saben que en casa se prohíbe mencionar la influencia del lobby judío-israelí, enmudecen al ver que aquí el lobby no esconde su poder en Washington, sino que abiertamente se jacta de él.

Por consiguiente, la pregunta no es si los dos profesores tienen razón en sus averiguaciones. La pregunta es qué conclusiones pueden deducirse de ellas.

TOMEMOS el asunto de Irak. ¿Quién es el perro? ¿Quién la cola?

El gobierno israelí rezó por este ataque que ha eliminado la amenaza estratégica que Irak suponía. Los EE.UU. fueron empujados a la guerra por un grupo de neo-conservadores, casi todos ellos judíos, que tenían una gran influencia en la Casa Blanca. En el pasado, algunos de ellos habían actuado como consejeros a Benjamín Netanyahu.

A simple vista, un caso claro. El lobby pro israelí empujó a la guerra, Israel es su beneficiario principal. Si la guerra acaba en un desastre para los EE.UU., Israel será culpado indudablemente.

¿Realmente? ¿Qué hay del objetivo usamericano de poner sus manos sobre las principales reservas petrolíferas del planeta para dominar la economía mundial? ¿Qué hay sobre el objetivo de poner una guarnición usamericana en el centro de la principal área productora de crudo, sobre el petróleo iraquí, entre el crudo de Arabia Saudita, Irán y el Mar Caspio? ¿Qué hay de la inmensa influencia de las grandes compañías petroleras sobre la familia Bush? ¿Qué de las grandes empresas multinacionales cuyo representante más sobresaliente es Dick Cheney que esperó ganar cientos de miles de millones con la «la reconstrucción de Iraq?»

La lección del asunto de Irak es que la conexión americano-israelí es más fuerte de lo que parece, que los intereses usamericano y los intereses israelíes son uno (independiente de si ése, realmente es, a la larga el caso). Los EE.UU. usan a Israel para dominar el Oriente Próximo, Israel usa a los EE.UU. para dominar Palestina.

Pero si algo excepcional pasa, como el asunto de espionaje Jonathan Pollard o la venta de un avión espía israelí a China, y se abre una brecha entre los intereses de ambos lados, EE. UU. es bastante capaz de abofetear a Israel en la cara.

LAS RELACIONES USAMERICANO-ISRAELÍES son de hecho únicas. Parece que no tienen ningún precedente en la historia. Es como si el rey Herodes le hubiera dado órdenes a César Augusto y hubiera nombrado a los miembros del senado romano.

No pienso que este fenómeno puede ser explicado totalmente a través de intereses económicos. Incluso el marxista más ortodoxo debe reconocer que también tiene una dimensión espiritual. No es ninguna casualidad que cristianos fundamentalistas estadounidenses (así como británicos) inventaran la idea sionista bien antes de que Teodoro Herzl tropezara con ella. El lobby evangélico no es hoy en día menos importante en Washington de lo que lo es el sionista. Según su ideología, los judíos deben tomar posesión de toda la Tierra Santa para hacer posible el Segundo Advenimiento de Cristo (y entonces – la parte que ellos no cuentan – algunos judíos se convertirán al cristianismo y el resto serán aniquilados en Armaggedon, el Meggido de hoy al norte de Israel ).

En la base del fenómeno radica la misteriosa similitud entre las dos historias nacional-religiosas, el mito usamericano y el israelí. En ambos, pioneros perseguidos por su religión llegaron a las orillas de la Tierra Prometida. Fueron obligados a defenderse contra los nativos «salvajes» que estaban decididos a destruirlos. Ellos redimieron la tierra, hicieron florecer el desierto, crearon, con la ayuda de Dios, una sociedad floreciente, democrática y moral.

Ambas sociedades viven en un estado de negación e inconscientes sentimientos de culpa – allí debido al genocidio perpetrado contra los americanos nativos y la horrible esclavitud de los negros; aquí debido a la erradicación de la mitad del pueblo palestino y a la opresión de la otra mitad. Aquí y allí, la gente cree en una guerra eterna entre los Hijos de Luz y los Hijos de la Oscuridad.

SIN EMBARGO, la simbiosis usamericana-israelí es un fenómeno único y demasiado complejo para ser descrito como una simple conspiración. Estoy seguro que los dos profesores no quisieron hacerlo.

El perro menea la cola y la cola menea al perro. Se menean uno al otro.

Carlos Sanchis es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft.