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¿Reconciliación sin memoria?

Fuentes: Cartelera Turia

Volvemos a la carga, tras el ínterin del verano, siempre Volvemos a la carga, querido lector, tras el ínterin del verano. Siempre con la fiebre de escribir (y de comunicar). El don y el látigo, se decía de Truman Capote. Poor me, no me comparo, para eso lo haría (desde mi parva altura) con uno […]

Volvemos a la carga, tras el ínterin del verano, siempre

Volvemos a la carga, querido lector, tras el ínterin del verano. Siempre con la fiebre de escribir (y de comunicar). El don y el látigo, se decía de Truman Capote. Poor me, no me comparo, para eso lo haría (desde mi parva altura) con uno de mis dioses, Quevedo, el enemigo viviente del linaje gubernamental. Conque, amigo Bono, si traes al desfile a uno que luchó bajo uniforme de la Wehrmacht de Hitler, ¿por qué no a un guerrillero maqui hispano, que combatía en los mismos cuarenta contra el fascismo; y por qué no traes una bandera de la República, junto a la borbónica-constitucional, si se trata de reconciliación? Lo que pasa es que hay reconciliaciones y reconciliaciones, como suegras y suegras (o suegros). Son ellos, la secta aznarita –«ignorantes de fe», diría el joven García Lorca– quienes no aceptan el abrazo de Vergara. Si no, ya habrían dado pensiones y desagravio a las pocas decenas de supervivientes del maquis antifranquista y republicano. Sus equivalentes en Europa son héroes (en Francia, Holanda, Dinamarca, Serbia…) y tienen, por ello, medallas.

La República, gran tabú, que estamos arrancando de garras del olvido. Como en París, el pasado 24 de agosto, conmemorando la hazaña de los «republicanos españoles» (sic, así reza la placa que instaló el Ayuntamiento de la capital francesa, así lo señaló su gran alcalde, B. Delanoë), aquellos épicos soldados de «la Nueve«, casi todos españoles, vanguardia de la División Leclerc y la 4ª División americana de Barton, primeros en llegar al corazón de la ciudad que arrancaban del general Von Choltitz. En ese acto a orilla del Sena me encontré con Hervás, el concejal republicano de Segorbe, con Sanchis Girbés y Vicent Garcés, con Alegría Just, hija del diputado blasquista valenciano y ministro de la República Julio Just. Y comí con Andrés Páramo y Cova, del Ateneo Republicano de Galicia, por curiosidad, una supuesta paella bajo título «Risotto à la Valenciana façon paella«, en un bistro italiano de rue Saint Denis. Mezclada con mantequilla, ¡uf!

Queremos, sí, reconciliación, pero no puede haberla sin memoria, sin reparación, y con monumentos sólo a los «vencedores» en la rebelión del 36-39. Ínclitas guerras paupérrimas, sangre infecunda, escribió Blas de Otero. Aún van, en sitios donde gobierna el PP, como Cuerva (Toledo), exhibiendo banderas con el escudo franquista en fiestas patronales. Más valiera al estólido Acebes (se ve que está ahí porque él no es nadie, sólo la voz de quienes lo ponen ahí) desfascistizar sus huestes, en vez de irse contra quien sí es alguien por sí, como Gallardón. Lo que, claro, no le puede perdonar el «aparato». (Me recuerda en algún aspecto a la doliente EUPV).

Dos líneas sobre Irak. Cuanto más sigan los soldados USA allí, en su expedición colonial, más resistencia armada habrá. No se puede imponer la democracia desde fuera, sin haber cuenta de la cultura, la religión autóctona, etc (vale para Afganistán). No funcionarán las elecciones seudodemocráticas con un resultado previo amañado por EEUU. ¡Ah!, y quienes más conducen a un choque de civilizaciones son los Bush y Sharon (y algún soplagaitas como Aznar ayuda en lo que puede).