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El trágico destino de la Flotilla de la Libertad impele a las Naciones Unidas y las organizaciones internacionales occidentales de socorro estar a la altura de sus mandatos humanitarios y hacer todo lo que sea necesario para ayudar a los sitiados

Renqueando a causa de las restricciones políticas

Fuentes: Haaertz

Traducido para Rebelión por LB.

Una vez más los palestinos se han apropiado de otra página de la narrativa sionista: la Flotilla de la Libertad, un remake actualizado del Éxodo de 1947. En Éxodo II, en lugar de un barco lleno de supervivientes del Holocausto en busca de refugio tenemos a unos 700 civiles de todo el mundo a bordo de una flotilla de embarcaciones que surcan las aguas para entregar 10.000 toneladas de ayuda humanitaria a más de 1,4 millones de palestinos que viven en Gaza bajo el asedio israelí. En esta versión, la ruta de las embarcaciones no será bloqueada por la otrora todopoderosa marina británica, sino por la potente Armada de Israel, cuyos buques de guerra tripulan orgullosamente los nietos de los supervivientes del Éxodo I. Al igual que en la versión original, los pasajeros [de la flotilla humanitaria] saben que no tienen nada que hacer frente a la poderosa armada [israelí], que entre sus miembros habrá muertos y heridos y que los barcos no llegarán a su destino.

Lo más significativo es la semejanza en la motivación que ha inducido a los activistas -a pesar de tenerlo todo en contra-, a tomar en sus propias manos las riendas del asunto después de que la comunidad internacional haya fracasado en prestar la ayuda necesaria. Es evidente que ningún gobierno ha tenido éxito en obligar a Israel a poner fin a los tres años de asedio a los que lleva sometiendo a la población palestina de Gaza, la mitad de ella integrada por niños. El bloqueo, que los funcionarios de las Naciones Unidas de más alto rango han caracterizado como un castigo colectivo -y, por lo tanto, como una violación del derecho humanitario-, ha provocado una grave crisis de dignidad humana y ha supuesto una enorme pérdida de medios de vida y el deterioro de servicios básicos como higiene, salud, educación y abastecimiento de agua.

Con los bienes esenciales escaseando y las exportaciones hundidas prácticamente a cero, aproximadamente el 70% ciento de las industrias gazatíes permanecen cerradas, 100.000 personas han perdido su puesto de trabajo y el desempleo alcanza el 40%, uno de los índices más altos del mundo. De hecho, en los últimos tres años el número de refugiados gazatíes que viven en niveles de abyecta pobreza se ha triplicado, pasando de 100.000 a 300.000, según la UNRWA (la agencia de la ONU para los refugiados).

Es cierto que nadie se muere de hambre en Gaza: Israel permite que entre la ayuda alimentaria justa para evitar que se desate la hambruna. Sin embargo, a pesar de la ayuda el 61% de los hogares de Gaza siguen padeciendo «inseguridad alimentaria», lo que significa que no tienen acceso garantizado a las fuentes de alimentos. Y no es sólo comida lo que falta: Gaza se enfrenta a graves problemas medioambientales y de infraestructura, el 90% de sus recursos hídricos naturales no son aptos para el consumo humano, el 46% de su tierra agrícola es inaccesible o está destruida y hay cortes de electricidad de entre 8 y 10 horas diarias. La Franja también se enfrenta a una crisis de la vivienda, con un déficit de 30.000 unidades, aunque recientemente Israel ha permitido a la URNWA importar cemento para construir 151 unidades.

Como tienen claro todos los que se unieron a la flotilla del Éxodo II, el asedio israelí debe ser levantado antes de que el sufrimiento se agudice; por desgracia, también ha quedado claro que Egipto, opuesto como está al gobierno de Hamas en Gaza, no abrirá su paso fronterizo de Rafah en la frontera de Gaza para permitir la entrada de suministros a la Franja. Las personas involucradas en el viaje del Éxodo II son conscientes también que la mayoría de los gobiernos árabes y occidentales no van a tomar ninguna medida efectiva para presionar a Egipto para que abra ese canal de auxilio.

Y lo que más claro tienen los miembros de la flotilla humanitaria es que la comunidad internacional de ayuda organizada no tomará ninguna acción más allá de hacer declaraciones piadosas para que se permita la entrada a Gaza de los bienes necesarios, a pesar de saber perfectamente que su ayuda no es suficiente para detener el deterioro de la situación. Estos tradicionales agentes distribuidores de ayuda -Naciones Unidas y organismos occidentales internacionales de socorro- siguen acatando las limitaciones políticas impuestas por el Cuarteto y por los donantes occidentales: transfieren su ayuda sólo a través de los restringidos pasos fronterizos de Israel, mantienen una política de «contacto cero» con los altos funcionarios de los ministerios de Hamas encargados de asuntos humanitarios y sociales y, sobre todo, se abstienen de adquirir en el mercado de Gaza productos que han sido introducidos de contrabando por los túneles, so pretexto de que las tasas y ganancias derivadas de ellos se destinan a sostener a Hamas y a sus simpatizantes. Con todas estas prohibiciones y restricciones, gran parte de la ayuda de Naciones Unidas y de las organizaciones no gubernamentales occidentales ha sido prácticamente ineficiente. De hecho, un nuevo informe del Programa de Desarrollo de la ONU sobre la ayuda internacional a Gaza pone de relieve esa realidad, así como el hecho de que los esfuerzos de recuperación de la Franja recibieron el año pasado mayor apoyo por parte de donantes árabes y de ONGs islámicas internacionales (como las de Turquía) que de las Naciones Unidas y de las ONGs internacionales occidentales.

La flotilla Éxodo II se hizo a la mar con toneladas de ayuda humanitaria solo cuando se hizo evidente que las organizaciones de socorro no estaban a la altura de sus propios principios rectores para garantizar un espacio operativo neutral e independiente que no cause daño a sus beneficiarios.

«Privar a la gente de su derecho a vivir una vida digna debe plantear una cuestión de conciencia moral«, declaró la semana pasada el informe del UNDP (Programa de desarrollo de la ONU). Y, sin embargo, tras el asalto israelí a la flotilla el lunes, las agencias de ayuda de la ONU difundieron una declaración afirmando que «todo esto» podría haberse evitado si Israel hubiera levantado su bloqueo.

Probablemente. Pero, ¿dónde está ahí la conciencia moral? ¿No hubiera sido esto evitable también si las Naciones Unidas y las organizaciones occidentales hubieran asumido el liderazgo y hubieran izado sus banderas en esos buques de ayuda? ¿Cuántas tragedias más tienen que ocurrir para que se decidan a romper el cerco? Con toda probabilidad, si las organizaciones de ayuda internacional hubieran utilizado antes su influencia moral y se hubieran negado a acatar las restricciones políticas impuestas a sus entregas de ayuda, hace mucho tiempo que el asedio israelí de Gaza se habría levantado.

En 1947 Éxodo I sacudió al imperio británico y obligó a la ONU a asumir la responsabilidad de la cuestión de Palestina. El trágico destino de la Flotilla de la Libertad el 31 de mayo obliga a las Naciones Unidas y a las organizaciones internacionales occidentales de ayuda a estar a la altura de sus mandatos humanitarios y a hacer todo lo que sea necesario para acudir en ayuda de la población sitiada de la Franja de Gaza. Hasta entonces, la saga Éxodo II de desafío humanitario seguirá desempeñando su papel en las aguas del Mediterráneo.

 

 

Allegra Pacheco es una abogada estadounidense-israelí que trabaja desde hace siete años en una organización humanitaria internacional.

Fuente: http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/hobbled-by-political-constraints-1.294149