El Acuerdo del 10 de Marzo, la Ofensiva sobre Alepo y la Reconfiguración Contrarrevolucionaria
El Acuerdo del 10 de Marzo: Compromisos sin Aplicación
El acuerdo firmado el 10 de marzo de 2025 entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y Damasco establecía, en sus dos primeros artículos, la representación política igualitaria de los kurdos y otras minorías, así como la garantía constitucional de los derechos identitarios. Sin embargo, hasta la fecha no existe ni implementación, ni borrador constitucional, ni siquiera un proceso encaminado a ello.
Por el contrario, las masacres étnicas y sectarias perpetradas por el régimen en Sueida y Latakia han dejado claro que Damasco no tiene intención alguna de reconocer la diversidad social de Siria. Su objetivo es reconstruir el país bajo una lógica centralista y homogeneizadora de “una nación, un Estado”.
La Ofensiva de Alepo: No un Conflicto Jurídico, sino un Acuerdo Regional
El ataque contra Alepo no es, como afirma el líder de HTS Ahmed al-Sharaa (al-Jolani), una reacción a supuestas violaciones del acuerdo del 10 de marzo. La clave está en su sincronización política.
La ofensiva tuvo lugar inmediatamente después de que el régimen sirio alcanzara un acuerdo de seguridad con Israel. Un régimen que niega a kurdos y otros pueblos sirios los derechos más básicos de reconocimiento y seguridad no solo ha renunciado de facto a los territorios ocupados por Israel, sino que además ha garantizado que no los recuperará por la vía militar. Tras asegurarse la no intervención israelí, Damasco dirigió su ofensiva hacia Rojava.
Así, el ataque sobre Alepo se volvió posible gracias al consentimiento tácito de Israel, la pasividad de Estados Unidos y el apoyo activo de Turquía.
Tras Alepo: Tribus, Recursos y Decretos
El avance de HTS en Alepo se produjo bajo cuatro condiciones fundamentales: La inacción militar de las FDS, la neutralidad de Israel, la actitud pasiva de Estados Unidos, el respaldo político y logístico de Turquía.
Tras esta ofensiva, las tribus árabes integradas en las FDS—bajo una fuerte influencia financiera y política saudí—abandonaron su alianza histórica con el movimiento kurdo y se alinearon con Damasco.
Aprovechando esta coyuntura, al-Sharaa emitió un decreto que incorporó al Estado central las regiones del este de Siria ricas en petróleo, gas y agricultura, forzando a las fuerzas kurdas a retirarse al este del Éufrates. El decreto incluyó disposiciones diseñadas para fragmentar al movimiento kurdo: reconocimiento simbólico del kurdo como “lengua nacional” sin estatus oficial, su reducción a asignatura optativa, integración individual de combatientes kurdos en el ejército estatal, disolución de las fuerzas de seguridad locales y promesas vagas de elecciones municipales.
Estas medidas constituyen un ataque directo contra los fundamentos colectivos e institucionales de la Revolución de Rojava.
¿Qué es Rojava y por qué está en la mira?
Rojava comprende las regiones del norte de Siria con mayoría kurda: Cizîrê, Kobanê y Afrîn. Tras el estallido de la guerra civil en 2011 y la retirada del régimen, el movimiento kurdo estableció una administración autónoma de facto, conocida desde 2012 como la Revolución de Rojava.
El conflicto entre Rojava y Damasco no es una disputa militar convencional, sino el choque entre dos proyectos políticos antagónicos. Rojava encarna un modelo secular de confederalismo democrático basado en comunas, consejos, copresidencia de género y representación multiétnica y multirreligiosa. Damasco, en cambio, está gobernado por una autoridad designada, transitoria y carente de legitimidad, sostenida por fuerzas mercenarias y apoyos externos.
Economía, Cultura y Liberación de las Mujeres
La economía de Rojava se ha desarrollado bajo condiciones de guerra y embargo, organizada principalmente en torno a cooperativas. Su objetivo no es la acumulación capitalista, sino la reproducción social y la supervivencia colectiva.
En el plano cultural, Rojava ha generado una ruptura antiimperialista y descolonizadora: el kurdo (kurmanjí) como lengua pública, educación multilingüe, reconstrucción de la memoria histórica local y la institucionalización de la liberación de las mujeres como norma social. Los consejos de mujeres son actores centrales de la transformación social, no solo del ámbito militar.
El “Decreto Kurdo” y la Crisis de Legitimidad
El llamado “Decreto Kurdo” de ocho puntos ignora completamente a Rojava, no reconoce el kurdo como lengua oficial ni educativa y pretende fomentar la división mediante concesiones simbólicas como la ciudadanía condicionada y el reconocimiento de Newroz como festividad.
La Administración Autónoma del Norte y Este de Siria respondió señalando que los derechos fundamentales no pueden garantizarse mediante decretos temporales, sino únicamente a través de una constitución permanente que refleje la voluntad de todos los pueblos. Siria no tiene constitución, y quien firma estos decretos carece de legitimidad.
Defender Rojava: Una Tarea Internacionalista
Lo que hoy se intenta liquidar no es solo un territorio, sino un sistema comunal forjado en condiciones extremas de guerra: un espacio donde pueblos desplazados pueden convivir, donde las mujeres ejercen poder real y donde el pluralismo es una práctica viva.
El estatus de Rojava determinará no solo el futuro del pueblo kurdo, sino el de todos los pueblos de Oriente Medio. Allí donde se preservan las lenguas y culturas diversas, puede emerger una cultura socialista común a partir de la pluralidad, tal como imaginaron Marx y Engels.
Por ello, defender Rojava es una responsabilidad internacionalista y revolucionaria en la lucha por una Siria democrática.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


