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¿Sabemos donde esta nuestro dinero?

Fuentes: Rebelión

Con nuestro dinero, directa o indirectamente, ayudamos a desarrollar un tipo de economía. Por lo tanto, tendríamos que preguntarnos donde invierte nuestro dinero la entidad financiera donde lo tenemos. Así, fácilmente, podemos tener el dinero en una entidad que invierta en el negocio de la guerra, es decir, que apoye financieramente al complejo militar-industrial del […]


Con nuestro dinero, directa o indirectamente, ayudamos a desarrollar un tipo de economía. Por lo tanto, tendríamos que preguntarnos donde invierte nuestro dinero la entidad financiera donde lo tenemos.

Así, fácilmente, podemos tener el dinero en una entidad que invierta en el negocio de la guerra, es decir, que apoye financieramente al complejo militar-industrial del estado español. Y digo fácilmente puesto que tan sólo hay que darle un vistazo al último informe de la ONG Setem y del Centro Delàs de estudios por la Paz de Justicia y Paz para ver la implicación de la banca convencional en el sector armamentístico. En este informe: Inversiones que son la bomba. Negocios de la banca con empresas españolas de armamento (1) se descubre la implicación de 42 entidades financieras en el negocio de la guerra, de entre las cuales el informe destaca las 10 entidades con mayor volumen de negocio y mayor presencia en empresas de armas españolas en el periodo estudiado: Bankia, Liberbank, Banco Santander, CaixaBank, BBVA, Catalunya Caixa, Banco Popular, Banco Sabadell, Ibercaja y Bankinter.

¿Os son conocidas estas entidades, no?

Pero esto no es todo, puesto que muchas de estas entidades también invierten en toda una serie de proyectos en los países del Sur, o más muy dicho de la periferia del sistema, que comportan una destrucción social y ambiental y una vulneración de los derechos humanos que después intentan tapar mediante la obra social y campañas de marketing y publicidad. Con este lavado de cara ante la sociedad que supone la obra social las entidades financieras propugnan unos valores y principios que no tienen nada que ver con su actividad principal, es decir, estas entidades se camuflan de sociales con la obra social mientras están financiando e invirtiendo en productos que, tal como demuestra el estudio de Setem: Cajas de ahorro y desarrollo al Sur, vulneran derechos sociales y laborales e impactan negativamente en el medio ambiente.

Pero todavía hay más. Cómo todas sabéis una serie de entidades financieras han sido rescatadas con dinero público (las cuales no serán las últimas) haciendo que la deuda pública del Estado aumente (2) y que como consecuencia se aplican más recortes en derechos sociales y laborales. Pues bien, si no tenemos bastante con que la banca convencional invierta en industria armamentística, en proyectos que vulneran los derechos humanos o en otros que destruyen el medio ambiente, y, además, que algunas de estas entidades sean beneficiarías de enormes cantidades de dinero público para ser rescatadas; a la vez, también hay entidades que acusan penalmente a los y las activistas que denuncian estas políticas (3) así como a los que piden que se devuelvan el dinero de los rescates para que se inviertan en servicios públicos (4).

A todo esto se los puede sumar la cantidad de personas que estas entidades están dejando desahuciadas, es decir, sin un techo donde vivir, así como el cúmulo de vínculos entre representantes públicos y estas entidades, o también el hecho de las escandalosas prejubilaciones de directivos y consejeros de entidades rescatadas.

Llegados a este punto, ¿qué alternativas tenemos?

Por un lado, como es obvio, apoyar todas aquellas iniciativas de boicot y denuncia hacia la banca convencional por sus políticas económicas especulativas, antisociales y destructoras del medio ambiente.

Por otro lado, también tenemos que ser consecuentes de donde tenemos nuestro dinero y, por lo tanto, mientras no se recupere y controle socialmente y de forma estricta una banca pública tenemos las finanzas éticas como una alternativa posible.

Dentro de este ámbito tenemos varias opciones como Coop57, Fiare, Triodos Bank, Oikocredit, entre otras, las cuales las podríamos englobar dentro de dos tendencias: una que se centra en la aplicación de una política ética a la intermediación financiera sin optar por modelos participativos y otra que se centra en modelos cooperativos y participativos para construir alternativas y que, a la vez, cuestiona la misma estructura mercantil de la banca convencional. Además, uno de los fundamentos de este tipo de banca es que se rige por el principio de transparencia y, por lo tanto, los inversores pueden conocer qué tipo de proyectos o actividades económicas financian.

Finalmente, podemos debatir todo lo que queráis sobre si estas alternativas son más o menos profundas pero lo que se obvio es que mejor que nuestro dinero se inviertan en, por ejemplo, una asociación que promocione la inclusión social de colectivos desfavorecidos que no se inviertan en la industria de la guerra, sin olvidar que en algunas de estas alternativas podemos participar activamente en la construcción de alternativas a la banca tradicional.

Notas:

(1) Otro informe interesante del Centro Delàs: La banca armada. Inversiones explosivas de los bancos y cajas.

(2) Ver el artículo: El Gobierno de Rajoy miente y nos lleva hacia la ruina para profundizar sobre el rescate a la banca.

(3) En este enlace podéis leer la noticia de que CaixaBank acusa penalmente por denunciar sus actividades destructivas a activistas de Ecologistas en Acción.

(4) En este enlace podéis ver toda la información del Boicot a Catalunya Caixa por las denuncias de esta entidad a los y las activistas que le reclamaban que devolviera el dinero de su rescate.

Blog del autor: http://jgellida.blogspot.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.