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Cronopiando

Se ha perdido una palabra

Fuentes: Rebelión

Se ha perdido una común palabra, entre otras cuantas, que siempre está presente en las primeras páginas de los periódicos, de esas que nunca faltan y suelen ser el punto de partida de cualquier noticiario que se preste, una palabra ya casi familiar, tan cotidiana como los buenos días o el vecino en el portal. […]

Se ha perdido una común palabra, entre otras cuantas, que siempre está presente en las primeras páginas de los periódicos, de esas que nunca faltan y suelen ser el punto de partida de cualquier noticiario que se preste, una palabra ya casi familiar, tan cotidiana como los buenos días o el vecino en el portal. Se ha perdido una palabra que ya no nos alarma que aparezca con tanta reiterada insistencia en los primeros planos del mundo que nos muestran los grandes medios de comunicación, pero que nos sorprende cuando falta, por ejemplo, ante el manifiesto y reiterado atentado terrorista israelí sobre la ciudad de Gaza.

Se habla de «ofensiva aérea», de «bombardeos», de «cifra de muertos» , de «sangre», de «tregua rota», de «represalia», de «desproporción en la respuesta»… pero, en ningún caso, esa común palabra de otros días ha encontrado acomodo en esos grandes medios que se tienen por ecuánimes y se llenan la boca y los bolsillos con soflamas morales sobre la no violencia y la tolerancia, sobre el respeto a los valores democráticos y a los derechos humanos.

Cientos de muertos bajo los impactos de decenas de misiles lanzados desde el aire sobre una ciudad… y ni una sola mención al terror. Una ciudad sitiada, acorralada, prácticamente sin servicios, sin defensas, las bombas que reiteran la masacre… y ni una sola mención al terror. Cuerpos destrozados de palestinos muertos tendidos en las calles, sangre que corre por las manos, mujeres sepultadas, niños rotos, memorias que se crispan y amenazan… y ni una sola mención al terror.

Yo no sé donde pueda estar esa palabra, bajo qué siniestra llave está escondida, pero sí sé quienes la tienen secuestrada, quienes la muestran y la esconden a su ética conveniencia, quienes la quitan y la ponen dependiendo de que esa palabra, ahora impronunciable, ofenda sus ingresos o aplauda sus vergüenzas.

El terror israelí también tiene su entorno.