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SEAT: Crónica de un despido anunciado

Fuentes: L'Avant

Todo lo que la movilización de los trabajadores había conseguido históricamente (mantenimiento de la marca SEAT, plan industrial, reducción del volumen de despidos forzosos a la mitad, mantenimiento de las condiciones salariales del Convenio Colectivo, etc) queda ensombrecido por la aplicación de despidos forzosos para centenares de trabajadores de SEAT. Desde el sindicalismo de clase […]

Todo lo que la movilización de los trabajadores había conseguido históricamente (mantenimiento de la marca SEAT, plan industrial, reducción del volumen de despidos forzosos a la mitad, mantenimiento de las condiciones salariales del Convenio Colectivo, etc) queda ensombrecido por la aplicación de despidos forzosos para centenares de trabajadores de SEAT. Desde el sindicalismo de clase tuvimos que enfrentarnos solos al dilema de tirar por la borda todo lo avanzado o negociar las condiciones de reingreso de los despedidos, ante la ausencia de una legislación laboral que lo permita.

Cada 12 años, en SEAT acontece una reestructuración de empleo. La de 1993 se saldó con 3000 despidos para mayores de 55 años con una pensión actual inferior a los 800 €/mes y 1.400 eventuales «no renovados», según reza la resolución administrativa.

Resultado de la política industrial: mantenimiento de la marca, con un recorte de empleo cercano al 50%. Resultado de la política social: inexistencia de medidas protectoras con reingreso de los eventuales y una prejubilación digna.

Entre 1.981 y 1993, SEAT pasó de tener 32.000 puestos de trabajo a tener 13.000.

En el 2005, la «multinacional» Volkswagen (VW) nos lanza la ofensiva de «Formotion», que busca sin distinción (centro o periferia) un recorte de empleo del 10% de todas las fábricas en Europa.

Antes de agosto SEAT oficializó su ofensiva: o recorte del salario o recorte del empleo al 10%. Ante la ofensiva del capital buscando recuperar los beneficios, no se escapa nadie: ni siquiera influyó el hecho de que VW y Audi presentaran beneficios históricos.

No han cambiado nada las cosas desde Marx: la crisis de la acumulación de capital es estructural debido a la contradicción entre el carácter social y a la vez privado de la producción. Y lo seguirá siendo mientras no se cambie el orden social.

En esos momentos de ofensiva, dentro de CC.OO. vimos la necesidad de movilizar a los miles de trabajadores de SEAT -donde apenas teníamos aliados firmes- para cambiar la correlación de fuerzas. Unos ya habían participado en la película de miedo titulada «después del verano vendrán 1400 más» y otros se desvinculaban de cualquier campaña unitaria y masiva el 5 de octubre, con una manifestación de menos de 200 trabajadores/as del «sector del auto». Los demás proponían movilizaciones los sábados por la tarde sin convocatorias de huelga. Así que con semejante «artillería pesada» no se iba a mover ni un ápice la amenaza que se cernía de 1.346 despidos, chantaje con vender la marca y el futuro industrial de SEAT.

Tras nuestra insistencia cerril llegó la plataforma unitaria ofreciendo un plan social y llegaron también las asambleas con paros, corte de autovía y ronda, huelgas generales (excepto en Centro Técnico, donde UGT se desmarcó) y las movilizaciones multitudinarias en Barcelona ante la Generalitat.

Durante los dos meses en los que vivimos todo eso, hubo tiempo para la intervención política, pero se agotó el plazo: un dos de diciembre alguien manifestó en una rueda de prensa lo que un responsable de relaciones laborales de la Generalitat ya anticipó en septiembre, «el problema laboral no es un tema de fondo». Lo dijo en relación a la propuesta de las prejubilaciones anticipadas para evitar medidas traumáticas (despidos forzosos). Si no había acuerdo entre las partes, la Administración dictaría una resolución nada salomónica, siguiendo el modelo de otras empresas y de Gearbox con una resolución que deja a casi la mitad del ERE (Expediente de Regulación de Empleo) sin reingreso.

No hubo prejubilaciones en SEAT para absorber todo el excedente y por eso se pactó el reingreso preferente. El periodo pre-vacacional de la presentación del ERE, y la complicidad de la Administración en su tramitación jugaban como arma de doble filo para que no se entraran a negociar las condiciones de los trabajadores despedidos, lo que, de hecho, hubiese supuesto el doble de despidos forzosos. Ante eso no se podía cimentar un nuevo oportunismo sobre 1.346 «cadáveres» sin garantía de reingreso.

Hay quienes plantearon judicializar el conflicto. Resultado: 180 trabajadores no han optado por el reingreso a SEAT y, hasta ahora, sólo hubo cuatro juicios nulos. En el resto se enjuician despidos procedentes e improcedentes y en estos casos no hay readmisión sino aplicación del acuerdo de reingresos pactado por CC.OO. y UGT.

Como nadie se tira piedras a su propio tejado, ningún juzgado de lo social ha dado la razón al ERE y ello al margen de nuestros argumentos defendidos durante el proceso de movilización/negociación, ya que esto no es lo que «legalmente» prevalece ante unas administraciones plegadas a la filosofía de la «globalización». Basta con que una empresa presente causas productivas y previsión de pérdidas, para que la administración con E.T. en mano, desde hace más de 20 años, le apruebe un ERE y las medidas caigan sin piedad alguna sobre los trabajadores/as. ¿Cuándo se va a cambiar una legislación laboral que se basa en el predominio empresarial y el ajuste a los trabajadores ante las crisis de acumulación de capital? ¿Acaso no nos merece una posición política anti neoliberal que ataque de frente y globalmente el problema, en vez de plegarse al capital privado y a las «multinacionales»?.

No es sólo de política industrial de lo que aquí se habla, aunque ésta sea la gran ausente (reducción del empleo en el sector industrial en comparación con el resto de sectores), sino de política laboral y protección social, de filosofía anti neoliberal. De lucha global contra el orden social capitalista imperante. Mientras tanto, nuestra tarea consiste en acumular fuerzas, organizar a los trabajadores socialmente y articular una vanguardia política que nos dirija hacia el objetivo socialista.

No nos vale esa teoría de que la globalización impide que se articulen medidas anti neoliberales desde los Estados: eso suena a fin de la Historia y de la lucha de clases. Ahí está Cuba resistiendo contra el bloqueo, cuando sus niveles de protección social son envidiables en todo el «tercer mundo» y gran parte del «primer mundo». Ahí está Venezuela luchando contra el golpismo imperialista y avanzando socialmente. ¿Y nosotros? ¿Acaso vamos a caer en la parcelación de nuestras luchas, separando la economía de la política? ¿No es eso lo que defienden los gurús de la globalización? Frente a la tesis del predominio del mercado capitalista sin regulación política ni social, hay que oponerse con una política en la que la economía no escape a la intervención pública, y, hoy, ésta es más necesaria que nunca frente al capitalismo neoliberal, destructor de empleo industrial y demoledor de la protección social. La filosofía de la globalización es cuestionar los estados-nación y sus políticas protectoras de lo social, es la de separar la economía de la política, para terminar de matar al estado del bienestar. ¿A quién le da igual que la política laboral y social intervenga sobre el mercado capitalista?.

En el Estatut se contempla nuestra arma política: «dret al treball, planificació de l’economia i la indústria, protecció social»… En el conflicto de SEAT hemos echado de menos la defensa de las conquistas sociales. Mientras los trabajadores reivindicaban jubilaciones anticipadas y medidas no traumáticas para absorber todo el excedente, la derecha (coherente con sus intereses de clase), los Gobiernos y los oportunistas de la política extraparlamentaria de ultraizquierda (que cuestionan las luchas) hacían oídos sordos. Pero ¿acaso esta situación no beneficia a aquellos que desde la derecha atacan el Estatut pero, a la vez, aplauden las exenciones fiscales de empresarios y la condonación de los intereses de la deuda pública a banqueros? ¿Como podemos admitir que la cuestión laboral y social es un problema «no de fondo»? ¿No va siendo hora de que la izquierda política se diferencie entendiendo que las necesidades sociales deban estar atendidas? ¿No va siendo hora de que las cosas del comer se coloquen a la altura del corazón y de la cabeza en la actuación política?. ¿Acaso era más importante donar 147 millones de euros a VW en I+D que defender una inversión de 45 millones para prejubilaciones en SEAT? ¿No va siendo hora de reforzar las políticas de izquierda y el sindicalismo de clase en vez de actuar de forma oportunista contra nuestras propias conquistas y luchas?

Es hora de pasar a la defensa de la protección social y laboral en mayúscula, con leyes y acuerdos laborales. Los cambios no se dan en los juzgados de lo social, sino en las movilizaciones y en la organización de la mayoría social contra las estrategias neoliberales, en defensa de lo que sí es un problema de fondo en el siglo XXI: el dret al treball i la protecció social.

Miguel Ángel Montes
Responsable de movimient obrer del PCC a SEAT