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Sharon, Peretz y Peres: Terremotos israelíes

Fuentes: Debate (Bueno Aires),

Terrae motus israeliensis, equivalente latino del vocablo griego seísmo, terremoto es el término más frecuentemente empleado, y no sin cierta razonabilidad, con relación a sacudones varios registrados en la corteza política israelí.La primera conmoción en Israel data de noviembre último, cuando Amir Peretz, líder de la central obrera israelí, resultó el favorito para presidir el […]

Terrae motus israeliensis, equivalente latino del vocablo griego seísmo, terremoto es el término más frecuentemente empleado, y no sin cierta razonabilidad, con relación a sacudones varios registrados en la corteza política israelí.

La primera conmoción en Israel data de noviembre último, cuando Amir Peretz, líder de la central obrera israelí, resultó el favorito para presidir el partido laborista. El apoyo a Peretz del 42,4 por ciento de los votantes fue la contracara de la derrota del octogenario Shimon Peres, a quiendistintas encuestas habían pronosticado el triunfo. No sorprende, entonces, que Peres tuviera dificultades con el verdadero resultado, y lo cuestionara alegando irregularidades que no ganaron credibilidad.

El ascenso de Peretz excede el recambio generacional. Como alguien que jamás superó el rango de capitán en las fuerzas armadas israelíes, Peretz es ajeno a la constelación de generales y hombres del aparato de seguridad que han ido nutriendo la representación de partidos de derecha y otros en la legislatura unicameral israelí. Además, en la medida en que Peretz es oriundo de Marruecos, al igual que muchos israelíes, el resultadotambién ilustra el traspaso de la conducción partidaria a sus coétnicos: judíos de países musulmanes en general, y de maghrebíes en particular. Históricamente, ésta estuvo en manos de sus connacionales de origen europeo, o ashkenazíes.

Según el ex parlamentario Uri Avnery, líder del Gush Shalom, la interna laborista no habría arrojado ese resultado si Peretz no se hubiera granjeado el apoyo de israelíes de origen semejante al suyo. En cambio, quienes votaron a Peres serían parte de la membresía ashkenazí privilegiada del laborismo. Desde este ángulo, el triunfo de Peretz abre la perspectiva de un partido capaz de captar para el laborismo a más judíos del mundo musulmán, hasta ahora un reservorio de la derecha nacionalista y religiosa, por lo tanto, generalmente contrarios a la autodeterminación palestina.

Ello es de crucial importancia para la pacificación de la región y para la cristalización de un Estado palestino, en convivencia con Israel, idea cara a Peretz. Con el telón de fondo de desconexión de Gaza, un primer aporte suyo ha sido proponer legislación que permita a Israel capitalizar la inclinación ser repatriados de un cuarto de los más de 200.000 pobladores de asentamientos judíos en territorios cisjordanos (Judea y Samaria en la nomenclatura hebrea). Si bien esa propuesta no ha de ser discutida durante presente legislatura, de sancionarse el día de mañana, facilitará la retirada de tierras llamadas a ser parte de una Palestina independiente, toda vez que el 60 por ciento de los residentes de uno cualquiera de esos asentamientos se declare favorable a la medida.

De la mano del compromiso adicional de Peretz con el cierre de la brecha social que afecta a un creciente número de israelíes, su victoria dio pie a nuevos temblores. La decisión inmediata de Peretz de alejar al partido de la coalición encabezada por Ariel Sharon obligó a la convocatoria de elecciones anticipadas. Esa contienda presentará a un laborismo preocupado por aquellos que han sido marginados del acceso israelí a indicadores económicos primermundistas, en momentos en que Sharon anuncia una reducción del 66 por ciento en la asignación de recursos para reforzar la malla de contención social israelí, además del tema de la paz.

Bajo Peres, el liderazgo laborista se había acomodado a servir de furgón de cola del premier Sharon, aportándole la legitimidad y el lustre internacional que sus elementos biográficos problemáticos difícilmente podrían redituarle. El laborismo tampoco ofreció alternativas al recetario neoliberal de Binyamin Netanyahu, ministro de Finanzas de Sharon y posible sucesor suyo al frente del partido que alguna vez los aglutinó (si es que el Likud no emula al laborismo y privilegia la candidatura del canciller Silvan Shalom, de origen tunecino).

El triunfo de Peretz también desencadenó el éxodo de Sharon del Likud, que él había ayudado a fundar y que ha sido forjador o socio en distintos gobiernos israelíes desde 1977. Con el apoyo inicial de una docena de parlamentarios, varios de ellos ministros de su gobierno, su nueva creación, Kadima (hacia delante, en hebreo), es el partido con el que Sharon proclama que buscará un acuerdo de paz con los palestinos, y fronteras definitivas para Israel, de vencer en los comicios del próximo 28 de marzo.

Esta seguidilla de agitaciones ha resultado harto arrolladora para los partidos a la derecha del espectro político. Sucesivas ediciones de opinión muestran que, por ahora, el Likud, detentador de la primera pluralidad hasta las recientes deserciones hacia Kadima, sólo logra ubicarse en tercero o cuarto lugar en las preferencias del electorado. De ser así, el reportado vuelco a izquierda del laborismo y la mayor afinidad con el pragmatismo de los soportes de derecha de Sharon, han empujado a los irredentistas entre sus correligionarios a un rincón del que puede resultarles difícil apartarse.

El criticado alejamiento de Peres (que terminó declarando su apoyo a Sharon, no sin antes permitirle sumar a Kadima un par de legisladores laboristas) no ha afectado la intención de voto de los israelíes, vaticinadora de más escaños para el laborismo. Dada la suerte de Peres, duramente caracterizado por el legislador Iosi Sarid (Meretz) como alguien que jamás resignó oportunidad alguna de perder una elección, ¿acaso sorprende que éste haya sido caratulado ahora como «problema de Sharon» por un comentarista de Haaretz?

También es cierto que, junto al crecimiento de afiliaciones recientes al laborismo, y a la búsqueda natural de nuevos apoyos -por la vía de fusiones, o gracias a la exploración de concertaciones con formaciones a su izquierda y derecha, incluidos soportes de Meretz (al igual que el laborismo, miembro de la internacional socialdemócrata) de partidos árabes, además de ultrarreligiosos judíos-, los mismos sondeos señalan que, por el momento, su fortalecimiento es insuficiente para que el laborismo sea llamado a formar gobierno luego de las próximas elecciones. Hoy por hoy, Kadima es el favorito para la contienda de marzo, seguido por el laborismo.

Sería ocioso ignorar los cambios registrados, que pueden presagiar un futuro mejor para israelíes árabes. También sería imprudente ignorar otros hechos, posiblemente comprometedores de tal augurio:

1- La intervención de Condoleeza Rice en la apertura relativa Gaza al mundo exterio -un «diktat brutal» para Israel, según otro comentarista de Haaretz- demuestra que negociaciones de status final con palestinos no podrán evitar la intervención de Estados Unidos, a imagen y semejanza de los esfuerzos invertidos por el presidente Jimmy Carter para promover la paz israelo-egipcia. No es dato menor, pues, que George W. Bush no busca tal rol, y se inclina por la continuación de Sharon en poder. Ello a pesar del incumplimiento de ambas partes con la hoja de ruta apoyada por el mandatario estadounidelecdense. Entre otras cosas, ésta debería haber llevado a la concreción de un Estado palestino para fin de este año.

2- De servir la desconexión de Gaza como modelo, la paz israelo-palestina favorecida por Sharon sería unilateral, y no consensuada. A ojos del general de brigada (r) Shaul Arieli, candidato a legislador por Meretz en las próximas elecciones, el Estado palestino contemplado por Sharon no cubre más que el 80 por ciento de la Cisjordania. Vale decir que excluye la compensación con tierras israelíes pre-1967 por la anexión de asentamientos que no se desmantelarán, y obliga a los palestinos a establecer su capital fuera de Jerusalén. Por lo demás, los términos de Sharon incluyen el abandono palestino de toda expectativa retornista para sus refugiados de 1948 y expulsados de 1967, además del cese de acciones armadas.

3- Mientras que Peres vinculó la partida del laborismo con su contribución a la causa de la paz, para Nahum Barnea, comentarista de Yediot Ahronot, esa paz es «la excusa más sobreexcedida» Israel e inmediaciones. Barnea describió la actitud de Peres como una vendetta destinada a traerle a Kadima votantes laboristas, a cambio de un cargo para él en un futuro gobierno encabezado por Sharon. Invocar la paz «a veces es también una buena excusa para la guerra», subrayó Barnea, en alusión directa a la invasión del Líbano que Sharon dirigió en 1982, y que lo asocia con asesinatos en masa de palestinos en Sabra y Shatila a manos de los entonces aliados libaneses de Israel. Se recordará que el gobierno de Menahem Begin designó esa guerra con el nombre de Paz para la Galilea.

4- El fin de la era ashkenazi, una de las implicancias de la victoria de Peretz, no ha estado exenta del exacerbamiento de prejuicios étnicos al interior de Israel y allende el Mediterráneo. Así, por ejemplo, Gershon Peres, hermano del derrotado, declaró que Peretz y sus soportes eran «un cuerpo extraño»en el laborismo, y los equiparó con el generalísimo Francisco Franco y su falange. Líderes del judaísmo norteamericano han catalogado Peretz como un símil hebreo de Hugo Chávez.

5- La búsqueda de nuevos apoyos para el laborismo no sólo tiene la mira puesta en atraer a votantes judío orientales desprotegidos, sino también otros que podrían comprometer el detectado vuelcoizquierda del laborismo. No en vano, Peretz aprobó el llamado a licitación del gobierno para expandir asentamiento de Maale Adumim y se ha declarado contrario a la partición de Jerusalén. Súmese ello su logro en restarle a Kadima el endoso del destacado economista Avishai Braverman, autoridad máxima de la Universidad Ben Gurion. Esto le ha redituado al laborismo un nombre de peso para dirigir economía israelí en caso de triunfo. Claro que para Braverman, Peretz -retratado por una periodista latinoamericana como el Che Peretz, en atención a su declarada admiración por Ernesto Guevara- representa una evolución del laborismo a la Tony Blair.

Dada la difícil conciliación de Blair con el Che, con el telón de fondo de la denuncia de Arieli de que no hay socios palestinos que puedan avenirse los términos de la paz contemplada por Sharon Peretz, el tiempo se encargará de permitir una evaluación más precisa de las verdaderas implicancias la elección de este último.