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Entrevista sobre Siria con el historiador y arabista francés Jean-Pierre Filiu

«Sin libertad no puede haber estabilidad»

Fuentes: Al-Jumhuriya English

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

En la última entrega de nuestra serie de entrevistas, Al-Jumhuriya dialoga con Jean-Pierre Filiu, historiador francés, arabista y profesor de estudios de Oriente Medio en l’École des Affaires Internationales de Sciences Po París.

Filiu, que habla árabe con fluidez y es un veterano observador de la región, trabajó como diplomático en diversos países, entre ellos Siria, Jordania y Túnez, antes de asumir la profesión académica a tiempo completo en 2006. Sus libros sobre el Islam y el mundo árabe se han publicado en quince idiomas, por lo que figura entre los escritores más prolíficos y distinguidos con obra sobre Oriente Medio. Entre sus numerosos libros se incluyen L’Apocalypse dans l’Islam, 2008 (premio Augustin-Thierry des Rendez-vous de l’Histoire de Blois); Les Neuf Vies d’Al-Qaida, 2009, reeditado como La véritable histoire d’Al-Qaïda, 2011; Camaron, la révolution du flamenco, 2010;  La Révolution arabe: Dix leçons sur le soulèvement démocratique, 2011; Le Nouveau Moyen-Orient, 2013; Je vous écris d’Alep, 2013; Les meilleurs ennemis – Une histoire des relations entre les États-Unis et le Moyen-Orient 1. 1783/1953 con David B. (‘Los mejores enemigos. Una historia de las relaciones entre Estados Unidos y Oriente Medio. Primera parte: 1783/1953’. Norma Editorial, 2012); Les Meilleurs ennemis, tome 2, con David B., 2014 (‘Los mejores enemigos. Una historia de las relaciones entre Estados Unidos y Oriente Medio. Segunda parte: 1953/1984’. Norma Editorial, 2015).

Al-Jumhuriya (AJ): Desde que se produjo la caída de Alepo el pasado año, varios diplomáticos, escritores y otros observadores -incluyendo a muchos seguidores de la oposición siria- han declarado la «muerte» de la revolución siria, o alguna formulación equivalente. ¿Está de acuerdo en que la revolución está acabada y que Asad ha ganado? Y, en ese caso, ¿qué deberían o podrían hacer los demócratas sirios, dentro o fuera del país, para mantener su lucha en esta etapa?

Jean-Pierre Filiu (JPF): Siria ha experimentado un proceso revolucionario desde 2011, a la vez que el régimen de Asad desataba una implacable contrarrevolución pretendiendo que se trataba de una «guerra civil». Nunca pensé que esa «guerra» podría perderla o ganarla ninguna de las partes, pero creo que introducir dinámicas bélicas fue un trampa mortal colocada por el régimen de Asad para desviar la mayor parte de las energías revolucionarias hacia una lucha desesperada por la supervivencia. Pasé parte del verano de 2013 en la zona «liberada» de Alepo, que estaba bajo control, desde hacía un año en aquel entonces, de las fuerzas revolucionarias. La dimensión militar de la confrontación entre el este de Alepo «liberado» y el oeste «leal» me pareció entonces algo secundario si se comparaba con el crucial desarrollo de un gobierno autónomo alternativo en las zonas «liberadas». Esto era lo que la dictadura de Asad y sus patrocinadores incondicionales en Rusia e Irán querían suprimir a toda costa: la posibilidad misma de una alternativa. Me quedé horrorizado cuando el este «liberado» pensó que podía «conquistar» el oeste de Alepo durante el verano de 2016. Esta ilusión militar condujo al colapso del otoño siguiente. Por tanto, resulta ya obvio que el régimen de Asad no puede ser derrotado militarmente. Nunca creí que podría serlo. Por otra parte, nunca pensé que la dictadura podía «ganar», porque sólo puede conquistar ruinas, que no ciudades.

AJ: De forma similar, como la guerra siria está acercándose ostensiblemente -según la misma gente- a su capítulo final, entre los círculos occidentales que toman las decisiones políticas se ha extendido la idea de que financiar la reconstrucción del país puede utilizarse como palanca para forzar una transición democrática en Damasco. ¿Piensa que esta idea es realista? Si no lo cree así, ¿cuál podría ser el medio más eficaz en el momento actual para conseguir una transición democrática?

JPF: Hay que dejar claro como el cristal que, para el régimen de Asad, la llamada «reconstrucción» es la continuación de su despiadada guerra contra su propio pueblo, pero utilizando ahora otros medios. No hay absolutamente ninguna posibilidad de que haya una reconstrucción creíble, sostenible e inclusiva si se produce bajo el patrocinio de esa dictadura. Primero, porque el régimen tratará de forma hostil a las poblaciones hayan estado en las zonas anteriormente bajo control de la oposición, impidiendo el retorno de los desplazados a sus hogares y coaccionando a los habitantes que allí permanezcan. Segundo, porque la llamada «reconstrucción» es la única vía para que el régimen de Asad pague parte de la colosal deuda que ha acumulado con sus patronos rusos e iraníes. Las redes criminales conectadas con los centros de poder en Moscú (o Grozni, para los chechenos) y Teherán (o Beirut, para Hizbollah) se han activado ya para este negocio tan lucrativo. Los donantes tienen que entender de una vez por todas que el régimen de Asad no es un Estado interesado en el bienestar de sus ciudadanos sino un régimen obsesionado por su propia lógica de depredación y represión. Ese régimen nunca dudaría en rechazar cualquier ayuda internacional que llegara incluso sin condiciones. No debería haber esperanzas de poder utilizar la «zanahoria» del dinero de la reconstrucción para extraer alguna concesión del régimen de Asad. Contribuir a la supuesta «reconstrucción» de Siria en esas circunstancias significa colaborar con una dictadura acusada de los peores crímenes contra su propio pueblo.

AJ: La premisa de su reciente libro From Deep State to Islamic State es que la causa principal de la proliferación contemporánea de grupos yihadistas, como el Dáesh, radica en la tiranía y en el juego a dos barajas de los mismos regímenes árabes, especialmente el de Bashar al-Asad. Sin embargo, la percepción popular en gran parte de Occidente en estos momentos tras la caída de Mosul, y hace poco de Raqqa, es que el Daésh está al borde de la derrota total, mientras que el régimen de Asad todavía sigue en pie, y en otras partes de la región como Egipto, muchas de las dictaduras militares tradicionales son más represivas que nunca. ¿Estaba su premisa equivocada entonces, o cree más bien que el declive aparente del Dáesh es hoy sólo ilusorio o temporal?

JPF: Mi principal tesis en este libro es que las dictaduras desencadenaron -voluntariamente en Siria, involuntariamente en Egipto- una violencia yihadista desenfrenada a fin de que las fuerzas revolucionarias se quedaran atrapadas en un fuego cruzado, forzándolas a combatir en ambos lados. Obviamente, el golpe de Sisi en Egipto, en julio de 2013, a pesar de la represión sin precedentes que ha continuado desde entonces, no ha conseguido contrarrestar la veloz escalada de la violencia yihadista, primero en la península del Sinaí y ahora en la parte continental de Egipto. Como tal, la mera represión militar no puede derrotar la amenaza yihadista que contribuye a alimentar, aunque el equilibrio de poderes entre el ejército egipcio y la insurgencia yihadista sea de al menos cien a uno a favor de las fuerzas de seguridad.

La situación era muy diferente en Siria, cuando se produjo la primera derrota importante del Dáesh mediante la «segunda revolución» lanzada por las fuerzas anti-Asad en enero de 2014, en las zonas norte y este del país. Pero el régimen de Asad, y desde luego Rusia e Irán, estaban más interesados en aplastar a esas mismas fuerzas que habían derrotado al Dáesh que en combatir a los yihadistas. Recuerden que el Dáesh pudo recuperar el control de Palmira, que ya estuvo bajo su dominio de mayo de 2015 a marzo de 2016, cuando las fuerzas pro-Asad estaban demasiado ocupadas combatiendo a la oposición en Alepo en diciembre de 2016. No fue sino hasta marzo pasado cuando el Dáesh fue finalmente expulsado de Palmira. Si comparan el actual Dáesh con el primer «Estado Islámico en Iraq», proclamado en 2006 y derrotado en gran medida en 2007, el Dáesh es ahora mucho más fuerte, con una amplia red de sucursales por todo Oriente Medio y más allá. Y los mismos factores que permitieron que el Dáesh contraatacara después de 2007, siguen aún ahí, aunque agravados, porque han puesto por delante de todo excluir a las poblaciones locales de los procesos de toma de decisiones.

AJ: Europa ha vivido un marcado cambio en los últimos años, alejándose de actitudes que podrían describirse como globalistas, internacionalistas y multiculturalistas, en favor de nociones más tradicionales -algunos dirían que anticuadas- de nacionalismo y aislacionismo, unido a una hostilidad hacia los de afuera e inmigrantes. ¿Piensa que este nuevo zeitgeist se reflejará (si no lo ha hecho ya) en la futura política europea hacia Siria y hacia Oriente Medio en general?

JPF: Les voy a responder con una comparación histórica. La caída en 2011 del «muro del miedo» en el mundo árabe, fue tan importante para el destino de Europa como la caída del muro de Berlín en 1989. Pero sólo una minoría de europeos sintió que su futuro colectivo estaba vinculado a lo que estaba aconteciendo en la costa sur del Mediterráneo. En vez de organizar un movimiento de solidaridad eficaz con las fuerzas progresistas de los levantamientos democráticos, la mayor parte de los políticos europeos se mantuvieron distantes. Su opción tácita por la «estabilidad» frente a la «libertad» facilitó el desastroso resultado de las oleadas de refugiados y los ataques terroristas.

AJ: Finalmente, en una charla reciente aludió a la urgente necesidad de un orden internacional ético basado en normas, señalando cómo el colapso de ese orden ha sido la causa de tanta miseria y caos en Siria. ¿Cómo puede conseguirse ese objetivo, hablando en términos prácticos? ¿Cómo puede el ciudadano de a pie, sirio o de cualquier otra nacionalidad, colaborar para lograrlo?

JPF: En línea con mi anterior respuesta, repetiré que no hay una verdadera «estabilidad» sin la garantía de las libertades individuales y colectivas básicas. Contrariamente a los clichés habituales, las dictaduras son básicamente inestables; primero, porque funcionan internamente a partir de una lógica de «guerra civil»; segundo, porque esas nefastas dinámicas nutren la «exportación» del terrorismo fuera de sus fronteras. Fuí diplomático durante casi dos décadas antes de incorporarme al mundo académico en 2006, por eso sé por experiencia que las opciones con defectos morales sólo pueden provocar más crisis y problemas. Mire el resultado de casi siete años de políticas supuestamente «realistas» en Oriente Medio: millones de refugiados, ciudades históricas convertidas en ruinas, comunidades enteras desplazadas y exiliadas, niveles sin precedentes de odio sectario, economías caóticas, los sistemas educativo y sanitario devastados, y todo esto a un coste de cientos de miles de millones de dólares que podrían haberse dedicado a proyectos de desarrollo y creación de instituciones. Esa ceguera y «realismo» despiadado ha perdido completamente el contacto con la realidad de las vidas y aspiraciones de las mujeres y los hombres que viven en la región. Un enfoque ético es el único camino para volver a conectar con esta realidad humana que moldeará, para bien o para mal, el futuro del Oriente Medio que tan importante es para el resto del mundo.

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/jean-pierre-filiu-al-jumhuriya-no-stability-without-liberty

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