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¿Tercera Intifada o tercer paso hacia la limpieza étnica de Palestina?

Fuentes: BDZ Iruñerria

El reconocimiento del presidente norteamericano Donald Trump a Jerusalén como capital de Israel ha supuesto una vuelta de tuerca más a la asfixia socioeconómica, política y territorial que sufre el pueblo palestino y cuyo inicio podríamos ubicar en la declaración Balfour. Hace 100 años (exactamente, el 2 de noviembre de 2017) el gobierno británico a […]

El reconocimiento del presidente norteamericano Donald Trump a Jerusalén como capital de Israel ha supuesto una vuelta de tuerca más a la asfixia socioeconómica, política y territorial que sufre el pueblo palestino y cuyo inicio podríamos ubicar en la declaración Balfour.

Hace 100 años (exactamente, el 2 de noviembre de 2017) el gobierno británico a través de su ministro de asuntos exteriores A. J. Balfour declaró públicamente a la Federación Sionista su apoyo a la futura creación de un hogar nacional judío en la tierra de Palestina(1). Aunque en el breve escrito entregado al barón W. Rotschild se recogía la salvaguarda de la población autóctona, al sionismo político solo le interesaba el reconocimiento internacional para comenzar a implementar sus planes de limpieza étnica sobre el pueblo palestino(2).

Las principales ramas del sionismo fueron ejecutando sus acciones, todas ellas convergentes sobre Palestina: el sionismo político comprando voluntades y ganando votaciones entre gobiernos y en la Sociedad de Naciones (precursora de la actual Organización de las Naciones Unidas) para ir adquiriendo poder político en el territorio palestino; el sionismo práctico comprando y ocupando tierras palestinas para la creación de colonias y kibutz(3), verdaderas puntas de lanza de la ocupación israelí; y el sionismo revisionista que desde el principio abogó por la lucha armada para deshacerse de la población local, ya que su presencia impedía la creación de un estado étnicamente puro y judío(4). Todas estas acciones fueron generando una situación de confrontación creciente con la población nativa(5), cristiana, musulmana y muchas personas judías que no aceptaban los principios del sionismo.

El 14 de mayo de 1948 el sionismo aprueba en Tel Aviv su declaración unilateral de independencia, amparándose en la aprobación de la resolución 181 de la Asamblea General de la ONU que proponía la partición del territorio para la creación de un futuro Estado palestino y otro israelí(6). Cabe destacar que esta resolución era una mera propuesta y que en modo alguno obligaba a su implementación, al no provenir del Consejo de Seguridad de la ONU(7). Sin embargo, el sionismo acentúa sus políticas de colonización que ya llevaban años implementando, aunque hasta entonces solo habían conseguido la posesión del 6% de la tierra palestina.

Ante semejante declaración, al día siguiente un ejercito conformado por palestinos y milicianos de diferentes países árabes, menos numeroso y peor armado que el ejercito sionista, declara la guerra al recién autoproclamado Estado de Israel. Tras 8 meses de guerra (durante los cuales entre otros acontecimientos tuvo lugar el asesinato, por parte del grupo armado sionista Irgun, del Conde F. Bernadotte, enviado de la ONU para mediar entre las partes y contrario a la R. 181) Israel se apodera del 78% de toda la Palestina histórica y expulsa a la diáspora(8) al 80% de la población palestina(9).

Al Naqba (la catástrofe) es el término árabe para definir el significado de la creación del Estado de Israel sobre la Palestina histórica. Posteriormente, tuvo lugar Al Naqsa, la guerra de los 6 días, en Junio de 1967. En ella Israel ocupó militarmente el 22% de la Palestina histórica que no había podido ocupar en la guerra del 48 y además la península del Sinaí en Egipto, los altos del Golán en Siria y las granjas de Shebaa en Líbano. No hay que olvidar que el verdadero objetivo sionista no es colonizar la Palestina histórica, sino como diría D. Ben Gurión(10):

«El actual mapa de Palestina fue diseñado por el Mandato Británico, pero el pueblo judío tiene otro mapa que nuestra juventud y nuestros adultos deben conseguir dibujar: del Nilo al Eúfrates«.

Estos han sido los grandes hitos de la ocupación sionista sobre Palestina. Sus políticas son unas veces más visibles y violentas como las masacres, los bombardeos, el muro… Otras veces, la mayoría, son políticas más sutiles e invisibles. Entre ellas, la negación de residencia a los ciudadanos de Jerusalén, la no concesión de permisos para la rehabilitación de casas palestinas, las detenciones administrativas (sin cargos ni juicio), la destrucción de cultivos y de casas, la expropiación de tierras, los impedimentos a la libre movilidad incluso dentro de Cisjordania y Jerusalén, la prohibición de ir a Israel, la imposición de toques de queda por parte del ejercito israelí, el encarcelamiento de niños y niñas por encima de 12 años y un largo etcétera tan cruel como silencioso.

Podríamos decir que todas estas acciones de colonización y limpieza étnica siguen siendo llevadas a cabo por el sionismo práctico y el revisionista; el primero defendía y sigue defendiendo que lo importante es construir una realidad sobre el terreno aunque sea contra la legalidad internacional y el segundo que hay que hacerlo mediante la fuerza. El más claro ejemplo lo constituyen las colonias que violan la IV Convención de Ginebra, que establece que la potencia ocupante no podrá ubicar a sus habitantes en el territorio ocupado. Sin embargo, Israel, vulnerando el derecho internacional, lleva ya ubicados a casi 600.000 ( 11 ) colonos en las tierras palestinas ocupadas en 1967. Concretamente en Jerusalén ha arrebatado por la fuerza y se ha anexionado, con las colonias y sus infraestructuras, el 75% de Jerusalén oriental (la parte palestina).

Y, una vez más, sin que ninguna sanción le haya sido impuesta.

En una vuelta de tuerca más de desfachatez, ilegalidad y crueldad, Donald Trump reconoce a Jerusalén como capital de Israel, hito máximo ansiado por el sionismo. Obviamente, dicha declaración viola la legalidad internacional que en el armisticio de 1949 establece la línea verde dividiendo la ciudad de Jerusalén en una parte occidental para el sionismo y una parte oriental para el pueblo palestino. Sin embargo, comprobamos que los planes que el sionismo trazó hace 100 años se continúan implementando. Que las diferentes corrientes del sionismo continúan ejerciendo su poder sobre los centros del imperialismo financiero mundial, con los que establecen una perfecta sinergia (principal razón de ser del Estado de Israel). Ejemplo claro es el trabajo que ha hecho el sionismo político con el presidente norteamericano desde que fue elegido candidato republicano.

El sionismo pervive en todas sus formas y creemos interesante recordar que dicha ideología mesiánico-nacionalista, acuñada por T. Herlz en 1897, fue declarada por una amplia mayoría como una forma de racismo por la Resolución 3379 del 10 de noviembre de 1975 de la Asamblea General de la ONU ( 12 ) y la equiparaba al sistema del apartheid sudafricano. Esa similitud es la que llevó al movimiento social palestino a emular la lucha de la población negra en Sudáfrica diseñando la campaña de boicot, sanciones y desinversiones (BDS) a Israel hasta que cumpla con la legalidad internacional vigente. Esta campaña civil no violenta está siendo atacada por el actual sionismo político intentando que en los diferentes países se persiga como si fuera un delito, intentando equiparar el antisionismo al antisemitismo. Esta relación es fácilmente desmontable teniendo en cuenta que hay varios grupos de personas judías dentro de Israel y fuera de sus fronteras, como Boicot from Within (Israel), la International Jewish Anti Zionism (IJAN) o el movimiento Neturei Karta, organización judía que se declara claramente antisionista.

La declaración de Trump no es sino una vuelta de tuerca más dentro del maquiavélico plan de asfixia social, económica, política y territorial del Estado sionista de Israel. Hoy, más que nunca, es necesaria nuestra presencia en las calles en solidaridad con el pueblo palestino y con su lucha por la justicia y los derechos humanos, recordando la frase del premio Nobel de la paz Nelson Mandela:

Sin la paz en Palestina, la nuestra siempre será incompleta.

Notas:

1 http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=46946

2 Expresión acuñada por el historiador israelí Ilan Pappe.

3 Materialización del peculiar concepto socialista del sionismo -rama mayoritaria del sionismo- que tenía tanto de socialista como de racista ya que se trataba de comunidades colectivizadas pero exclusivamente judías.

4 Múltiples planes, como el plan Dalet, fueron diseñados e implementados para expulsara a la población de Palestina (La limpieza étnica de Palestina. I Pappe. Ed crítica (2006)) o exterminarla (La Rebelión. Menahen Beguin. Inédita editores, 2008) entre ellos, la masacre de Deir Yasin donde más de la mitad de la población fue asesinada por los grupos paramilitares Irgun y Stern (Palestina. El hilo de la memoria. Ed Caballo de Troya. 2004).

5 A principios del siglo XX en Palestina convivían unos 650.000 musulmanes, unos 80.000 cristianos y unos 60.000 judíos. (Historia de la Palestina Moderna. Ilan Pappe. Ed. Akal. 2007. pág 114.

6 55% para el futuro estado judío (aunque su población era solo del 33%), 45% para el futuro estado palestino, dejando la ciudad de Jerusalén un corpus separatum bajo control internacional.

7 Contrariamente a lo que sucede con la R. 242 que insta a Israel a desocupar los territorios palestinos y sí es de obligado cumplimento al emanar del CS de la ONU.

8 Before their diaspora. Walid Khalidi. The institute for Palestine studies (1984)

9 La historia de la Palestina moderna. Ilan Pappe. Ed. Akal (2007)

10 «Ben Gurion y los árabes palestinos» D. Ben Gurión. Oxford University Press. (1985)

11 http://www.btselem.org/topic/settlements

12 La Resolución 3379 fue anulada por la Resolución 4686 del 16 de diciembre de 1991, condición que Israel impuso para sentarse a negociar sobre los futuros acuerdos de Oslo, avalada por intensas presiones de Estados Unidos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.