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Entrevista con Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, sobre uno de los terroristas más buscados en el mundo

¿Trabaja aún Posada Carriles para la Casa Blanca?

Fuentes:

Entrevista exclusiva de CounterPunch Habana, Cuba. «Mientras el señor Posada reaparecía en los Estados Unidos, el gobierno estadounidense arrestaba a miles de personas que habían entrado a ese país de manera ilegal. ¡Pero ellos no arrestaron a Posada!», dijo Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano. Y agregó: «Tuvo mucha suerte o ¿acaso está trabajando todavía […]

Entrevista exclusiva de CounterPunch

Habana, Cuba. «Mientras el señor Posada reaparecía en los Estados Unidos, el gobierno estadounidense arrestaba a miles de personas que habían entrado a ese país de manera ilegal. ¡Pero ellos no arrestaron a Posada!», dijo Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano.

Y agregó: «Tuvo mucha suerte o ¿acaso está trabajando todavía para la Casa Blanca? ¿O lo está protegiendo aún la segunda generación de la familia Bush?»

En una entrevista de hora y media para COUNTERPUNCH que tuvo lugar en la sala de reuniones del edificio administrativo de la Asamblea Nacional, en la calle 42, en el municipio capitalino de Playa, Alarcón hizo un resumen de las quejas de las autoridades cubanas con relación a la presencia del terrorista de origen cubano Luis Posada Carriles en territorio de los Estados Unidos.

Liberado el 26 de agosto de una cárcel en Panamá donde se encontraba detenido por un intento de asesinato del presidente cubano Fidel Castro, Posada entró ilegalmente en los Estados Unidos, un mes atrás, proveniente Isla Mujeres, Mexico, a bordo de una embarcación propiedad del negociante de Miami Santiago Álvarez, a quien Cuba también acusa de ser un terrorista.

Alarcón es uno de los líderes cubanos más cercanos al presidente Fidel Castro. Era un conocido líder estudiantil cuando la Revolución Cubana triunfó en 1959 y ahora es miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y ha sido presidente de la Asamblea Nacional desde 1993.

Siendo el embajador cubano ante las Naciones Unidas desde 1976 hasta 1992, vivió en Nueva York durante 14 años. Posteriormente, trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Es reconocido en la comunidad diplomática estadounidense por sus amplios conocimientos sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

JGA: El presidente cubano Fidel Castro ha pronunciado varios discursos, consecutivamente durante casi las últimas dos semanas, en el Palacio de las Convenciones de la Habana, sobre la presencia del terrorista cubano-americano Luis Posada Carriles en territorio estadounidense. Usted participó en esos encuentros en los que hizo una exposición sobre la participación de Luis Posada y de Orlando Bosch en la voladura de una nave aérea de Cubana en barbados en 1976. La gran prensa se mostró algo reticente, aparentemente, a publicar todos los detalles de las acusaciones de Cuba. ¿Nos puede comentar sobre esto?

RA: Esta es una historia muy, muy larga que transcurre durante todo el período de la Revolución Cubana y la confrontación entre Cuba y Estados Unidos.

Permíteme comenzar hablando sobre lo que ha sido documentado por las autoridades estadounidenses acerca del terrorismo anti-cubano en Miami.

Ante todo, lo más importante es lo que sucedió cuando Orlando Bosch entró a los Estados Unidos en febrero de 1988 poco después de ser «absuelto» por una corte venezolana en relación con el caso de la voladura en pleno vuelo de un avión cubano en 1976. Cuando eso sucedió, se hizo una investigación en el Caribe, en primer lugar, por Trinidad y Tbago, que fue el país que detuvo a dos venezolanos que habían viajado desde Puerto España a Bridgetown, se habían bajado del avión en Bridgetown y habían intentado regresar a Caracas desde Puerto España.

Debido al hecho que ellos eran las únicas personas que se encontraban a bordo del avión y se habían bajado antes del sabotaje – no tenían equipaje y enseguida trataron de reservar un vuelo para regresar al lugar de donde venían – se convirtieron en los principales sospechosos para las autoridades barbadenses. Ellos le informaron a los trinitarios y estos los arrestaron tan pronto como llegaron a Puerto España. La investigación comenzó. En honor a la verdad fueron dos investigaciones paralelas. Una fue llevada a cabo por las autoridades barbadenses quienes, según el derecho internacional, tenían el deber de averiguar qué había sucedido con un avión civil que había explotado casi sobre su territorio. La otra investigación la desarrollaron los trinitarios sobre esos dos individuos que habían capturado en su territorio.

Es muy importante porque algunos elementos esenciales aparecieron en ambas investigaciones aunque de manera independiente y separada.

Los barbadenses conocieron que mientras se encontraban en Bridgetown, en el poco tiempo que estuvieron en el hotel, solo telefonearon a Caracas. Por ese tiempo no había celulares y había que solicitar ayuda a una operadora. El hotel tenía los recibos y los registros de a quién habían llamado, a qué hora, qué día y todo eso. Había llamadas a Luis Posada Carriles y a Orlando Bosch, con dos números diferentes en Caracas.

Eso era una cosa.

La otra es que dos taxistas de Barbados testificaron – uno de ellos trabajaba en el aeropuerto – que habían trasladado a esos dos individuos desde el aeropuerto el mismo día en que el avión de Cubana había sido saboteado y los había llevado a la ciudad.

La explosión ocurrió probablemente más rápido de lo que esperaban porque ellos la oyeron y la vieron cuando iban en el taxi desde el aeropuerto a la ciudad. Quizás, eso haya sido lo que provocó su comportamiento extremadamente inestable. Ellos estaban muy, muy nerviosos. Eso es lo que informó el taxista.

Y, en algún momento, ellos le pidieron al chofer que no se dirigiera al hotel sino a la embajada estadounidense y, en un momento dado, algo le vino a la mente al taxista. Él escuchó cuando uno de los individuos señaló hacia un edificio, al acercarse al centro de Bridgetown, y se refirió al mismo como la embajada americana. En esos momentos, en Bridgtown había muy pocas embajadas. Los Estados Unidos y solo un pequeño grupo de países tenían representación allí. Nosotros no teníamos. El chofer se fijó en eso porque era muy extraño que una persona acabada de llegar al país supiera eso, a menos que hubiese estado antes allí. Entonces, según el taxista, fueron a la embajada.

Otro taxista, del hotel – después de la embajada se dirigieron al Holiday Inn – informó que, en dos ocasiones, en la tarde de ese día, ellos le pidieron que los llevara a la embajada estadounidense. Y él dio un informe muy detallado: la hora, cuando dejaron el carro, entre otras cosas.

Eso sucedía en Barbados como parte de una investigación que los barbadenses tenían que hacer debido a la naturaleza de lo ocurrido. En la aviación civil, cualquier incidente de ese tipo es considerado como un accidente en principio y hay que determinar las causas de ese accidente.

Ellos concluyeron que no había sido un accidente sino un sabotaje.

ESTADOS UNIDOS INSISTIO EN PARTICIPAR

Desde el punto de vista técnico, las autoridades de la aviación civil crearon una comisión e invitaron representantes de otros países, expertos que pudieran ayudar. Por ejemplo, había miembros de la aviación civil cubana y de Canadá porque el avión se había construido en Canadá. Expertos de la compañía también fueron allí para entender los detalles técnicos.

Algo interesante es que los Estados Unidos solicitaron participar en la investigación aunque ningún ciudadano estadounidense había sido herido o muerto. El avión no era de Estados Unidos, la compañía que lo administraba tampoco y no volaba sobre territorio americano. A pesar de eso, ellos mostraron gran interés en participar desde el primer momento, casi inmediatamente después del sabotaje.

Es importante recalcar esto porque, después de eso, los Estados Unidos actuaron como si no tuvieran ninguna relación con el incidente y alegaron que no tenían ninguna obligación de cooperar con la investigación, pero al principio se mostraron muy interesados.

Mi sospecha es que ellos estaban muy interesados en conocer lo que otros conocerían, o quizás en tratar de influir en el resultado porque no había sido un accidente debido a un error humano o a un desperfecto técnico o algo así – lo que habría sido la mejor manera de encubrir el atentado para un terrorista. Pero, según lo descubierto por esa comisión, estaba claro que era imposible esconder la naturaleza terrorista de lo ocurrido.

Y ese hecho era muy importante: tenían que idear una nueva estrategia. Después de demostrarse que había sido un ataque terrorista, usted trataría de «desconectarse» completamente de eso. Probablemente ellos no esperaban que ellos aparecerían en el proceso cuando los taxistas testificaron ante esta comisión.

ALGO MUY CONFIDENCIAL

Pero, ¿qué sucedió? Mientras tanto, los barbadenses le informaron a la comisión que Trinidad había compartido con ellos información suministrada por los dos detenidos.

Uno de ellos, Hernán Ricardo, había solicitado hablar de manera confidencial y privada, en Trinidad y Tobago, con el jefe de la policía nacional. En ese momento, le dijo que él, Ricardo, era un agente de la CIA, que su jefe en la CIA era su mismo «jefe» en una supuesta compañía de investigación privada que Posada tenía en Caracas y que habían visitado la embajada estadounidense en Barbados en tres ocasiones durante las pocas horas que permanecieron allí.

En otras palabras, esta extraña historia sobre las visitas a la embajada americana en ese contexto estaría separada, por un lado, de la historia de los taxistas en Barbados y de los individuos que hablaban con otra persona en Puerto España.

¿Quién sabe? Hubiese sido algo muy estúpido hacer eso pero ellos estaban muy afectados por lo que había sucedido porque una cosa es poner una bomba que explota y leer en los periódicos lo que pasó y otra muy distinta es ver con tus propios ojos cómo esa gente con las que tú estabas unos minutos antes desaparecen físicamente.

Aparentemente eso los impresionó y no pudieron imaginar cuál sería la situación. Algunas personas los han entrevistado, han escrito libros sobre esa historia y ellos siempre dicen que nunca esperaban ver el resultado de su acción y eso explica quizás por qué se pusieron tan nerviosos; tan nerviosos que actuaron de manera muy sospechosa. Ellos tenían miedo de ser involucrados en un crimen muy serio.

Imagina que el avión hubiese explotado unas horas después. Podría haber sido cerca de Jamaica, por ejemplo, o en tierra jamaicana. Hubiera sido más difícil haber sospechado que dos individuos abandonaron el avión en Barbados. Pero eso sucedió frente a todo el mundo en esa pequeña isla donde solo dos pasajeros dejaron el avión, dos personas que inmediatamente intentaron viajar, regresar. Y fue claramente comprobado que lo único que hicieron en barbados fue ponerse en contacto con Luis Posada carriles y con Orlando Bosch. Nada más. Ellos no fueron de compras, no fueron a la playa, no hicieron nada en esa isla turística. Y, supuestamente, también fueron a la embajada estadounidense. Hay dos fuentes de información sobre eso. Yo hago hincapié en ese punto porque, años después, el gobierno de los Estados Unidos diría que no tuvieron absolutamente nada que ver con eso.

De hecho, después de eso, el gobierno de Trinidad y Tobago convocó a una conferencia internacional en la que participaron las naciones caribeñas involucradas de una forma u otra en el incidente: Guyana, Barbados, Trinidad, Cuba y Venezuela. Entonces, se tomó la decisión de llevarlos a juicio en Venezuela, ante una corte venezolana, porque las acciones se habían planificado en Caracas y todos eran venezolanos o residían allí.

TODOS COOPERARON, EXCEPTO LOS ESTADOS UNIDOS

Todos cooperaron y suministraron información. Específicamente, nada más y nada menos que Carlos Andrés Pérez, un conocido amigo de los Estados Unidos que en esos momentos era presidente de Venezuela, le pidió a Washington que cooperara y suministrara información. Carlos Andrés fue a Nueva Cork a pronunciar un discurso ante la Asamblea General de la ONU en el cual condenó en términos muy fuertes el ataque terrorista contra el avión de Cubana y pidió la cooperación de la comunidad internacional.

Solicitó ayuda para permitir que Venezuela hiciera justicia. Después del discurso, ofreció una conferencia de prensa en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York en la que se refirió a diferentes elementos sospechosos que podían indicar una implicación del gobierno estadounidense. Dijo que no quería culpar a los Estados Unidos pero que, de la manera más amistosa posible, ayudara a disipar esas dudas que se publicaban en la prensa por esos días.

Imagínate. En esa pequeña isla de Barbados la historia de los dos taxistas la conocía todo el mundo. Imagínate el impacto en esas naciones que habían alcanzado su independencia apenas unos diez años antes. Islas que se asociaban con la naturaleza y las playas viendo como un avión explotaba sobre sus cabezas y personas muriendo. No se recuperaron los cuerpos, solo partes de esos cuerpos.

EN 1992, EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD

Hay que recordar que en 1992, Estados Unidos promovió una acción en el Consejo de Seguridad para que el mismo retomara cuestiones relacionadas con el terrorismo, específicamente acerca de dos incidentes. Uno era la explosión de un vuelo de Pan Am y otro de un vuelo de UTA, una aerolínea francesa, que volaba a África. El Consejo de Seguridad se reunió varias veces entre enero y marzo de 1992 para analizar esos casos y, en general, para condenar el terrorismo internacional. Incluso, una de esas reuniones contó con la participación de los jefes de estado en representación de los 15 miembros del Consejo.

Pero que sucedió es que un par de años antes, el presidente Bush – el mismo jefe de estado que asistió a esa reunión solemne – había otorgado un perdón a Orlando Bosch cuando este fue a Miami después de ser «absuelto» por una corte venezolana.

Y mucho se publicó en la prensa americana por esos días sobre el escándalo llamado Irán-Contra, incluyendo el hecho que Posada Carriles, quien había «escapado» de Venezuela antes de recibir un veredicto de una corte de apelaciones, había ido prácticamente directo desde Caracas a Ilopango en El Salvador. Todo salió a relucir en los medios cuando el escándalo Irán-Contra estalló.

Se discutió en el Senado, se hizo un informe sobre el asunto por parte del gobierno, el informe Tower Comission (Comisión Torre). En esas audiencias se conoció que el Sr. Posada salió de la cárcel venezolana con la cooperación de la Casa Blanca. Fue Oliver North quien condujo esa operación y Posada pasó a trabajar directamente con él. Hay que recordar que North estaba involucrado en la operación de venta clandestina de armas a los contras en Nicaragua, algo que estaba prohibido por el Congreso. Posada era la persona encargada, en la base militar de Ilopango, San Salvador, de enviar las armas a los contras.

LAS REVELACIONES DEL SAN JOSE MERCURY NEWS

Después otro escándalo estalló en los Estados Unidos cuando el San José Mercury News, de California, mostró otra aspecto y era que no solo habían distribuido armas a los contras sino que estos les habían dado drogas.

Era una operación en ambos sentidos. Los americanos le daban armas a los contras y estas personas que organizaban la red de distribución clandestina de armas también introducirían drogas en Estados Unidos de la misma forma.

Eso es muy entendible. Si existe una operación clandestina como parte de la cual los aviones y todo se mueve libremente sin pasar por las aduanas, es muy fácil tener unas ganancias extras enviando drogas mediante esos mismos canales y se demostró que por esos días llegaba droga a Los Angeles desde ese lugar en América Central.

Recuerdo la denuncia de la congresista Maxime Waters en particular. Hubo reuniones en Los Angeles. La CIA tuvo que ir allí a disculparse.

Se demostró, de manera documentada, que la salida del señor Posada de una cárcel venezolana había sido una operación secreta de Estados Unidos, que el señor Posada se había unido a una operación secreta estadounidense, o sea, que estaba trabajando con el gobierno norteamericano al más alto nivel en una misión delicada, el mismo tipo que según uno de los autores materiales era su «jefe» en la CIA. Este tipo, a quien su empleado había llamado inmediatamente después de la explosión, era tan importante para los servicios de Estados Unidos que fue sacado de prisión. No el Sr. Bosch, quien se encontraba en una celda cercana, no. Ellos sacaron al señor Posada y el señor Posasa continuó trabajando con ellos inmediatamente.

«¡ELLOS CONTINUARON TRABAJANDO CON EL!»

Posada ofreció una entrevista a una revista venezolana unas semanas después de su salida de prisión y dijo que de nuevo estaba luchando contra los comunistas en un lugar de América Central. Después, dio una entrevista a la revista del Miami Herald y publicó una autobiografía. O sea que ese fue en hecho que ese hombre reconoció públicamente.

Lo que fue una suposición de dos taxistas o una confesión de un criminal ahora parece que se confirma por el hecho de ser un empleado de la Casa Blanca. ¿Puedes imaginar a un gobierno contratando a alguien que es acusado de se la organización de un ataque terrorista en el que estuvo involucrado o en el que se alega que estuvo implicado? Debería ser precavido y no establecer esa conexión. ¡Pero lo hicieron! Ellos lo salvaron y continuaron trabajando con él o él trabajando para ellos.

¿Hacen falta más pruebas para demostrar que él era un hombre de la CIA en el momento del sabotaje y después también, al menos hasta la década de los 90?

«UN GRAN ERROR»

Entonces, en 1992, debido a que el Consejo de Seguridad había hecho eso, le pedimos que se analizara también el caso de nuestro avión. Era más pequeño que el avión de Pan Am y el de UTA pero todos a bordo habían muerto y era el primer caso en el hemisferio occidental. Y uno de los autores había recibido un perdón y el otro se estaba escondiendo después que había sido descubierto mientras trabajaba en una operación secreta para la Casa Blanca. El gobierno que convocó al Consejo de Seguridad a reunirse para analizar el tema del terrorismo también debería cooperar en casos que supuestamente tuvieran relación con ese asunto.

Yo envié una carta el 27 de abril de 1992 y no recibí respuesta. Los miembros del Consejo llevaron a cabo lo que ellos llamaron consultas privadas para ver la forma en la que respondían a solicitudes de reuniones y nadie quería efectuar esa reunión. Tuve que enviar alrededor de una decena de cartas de solicitud, insistiendo y seguimos insistiendo.

Era una situación terrible porque no se reunían pero le hicimos saber a todo el mundo que no respondía a nuestro pedido. Simplemente le enviamos cartas al Consejo y las distribuimos a la prensa. Siempre fueron cartas públicas. Finalmente, el 21 de mayo tuvimos esa reunión.

Ese día, el Departamento de Estado emitió una declaración que fue leída en la reunión del Consejo de Seguridad por el embajador estadounidense. En esa declaración ellos simplemente mintieron abiertamente al mundo y eso está en los registros del Consejo de Seguridad. Lo que dijeron es una absoluta y gran mentira.

Dijeron que no habían enviado ninguna información a Venezuela porque no tenían nada y porque Venezuela ni siquiera se los había pedido.

Ese fue un error del Departamento de Estado: ellos olvidaron que Carlos Andrés Pérez habló personalmente delante de todo el mundo y eso fue publicado por la prensa en noviembre de 1976. ¡Yo estaba allí! Recuerdo perfectamente bien cuando Carlos Andrés Pérez hizo la petición, en una manera muy amistosa, a los Estados Unidos: ¡Por favor, ayúdennos a disipar las acusaciones que los involucran!

La declaración del Departamento de Estado decía: En el Departamento de Estado no existe ningún documento notificando que se haya recibido de Venezuela alguna petición de evidencia o testimonio relacionado con este caso. Aparentemente, las autoridades venezolanas consideraron que era poco probable que Estados Unidos tuviera información útil que ellos aún no poseyeran.

«UNA RESPUESTA MUY CÍNICA»

Como se puede apreciar, fue una respuesta muy cínica porque ellos estaban promoviendo el tema del terrorismo en los años 90, debido a los incidentes de los vuelos de la Pan Am y la UTA, y pidiendo que los gobiernos en todo el mundo asumieran su responsabilidad y cooperaran en la lucha contra el terrorismo. Pero, claramente, se referían al terrorismo que los afectara a ellos y no al terrorismo como tal. Durante la reunión del Consejo de Seguridad tuve la oportunidad de presentar estos documentos que habían sido publicados poco antes: la decisión del Fiscal General sobre la solicitud del señor Bosch de ser admitido en los Estados Unidos.

Tan pronto como fue absuelto en Caracas, viajó a Estados Unidos todo parece indicar que con la ayuda de Otto Reich, quien era entonces el embajador estadounidense en Venezuela – otra coincidencia.

En ese documento – un informe bastante exhaustivo sobre las actividades de Bosch incluyendo referencias específicas al ataque terrorista contra el avión de Cubana – se decía que tenían información «que reflejaba que la voladura del avión de Cubana el 6 de octubre de 1976 era una operación de la organización CORU bajo la dirección de Bosch».

Esa información no se refleja en el extenso informe de la corte venezolana que no menciona a los Estados Unidos en lo absoluto. Y ellos tenían algo que no compartieron con la corte obviamente porque los Estados Unidos no querían cooperar, o más bien, porque querían proteger a los acusados ocultando a los demás lo que ellos sabían.

Escucha esto porque es muy revelador. Esto es de una lista de materiales confidenciales que el Fiscal General dijo que tenían relacionados con el señor Bosch y que podía también ser aplicado al señor Posada:

«Información relacionada con la organización y estructura de mando de CORU que refleja que entre junio de 1976 y marzo de 1977 – cuando Bosch y Posada estaban encarcelados en Venezuela – personas asociadas a CORU participaron en unos 16 acciones que incluyeron atentados con bombas, intentos de secuestro, asesinatos e intentos de asesinato. Estas acciones ocurrieron en los Estados Unidos, España, el Caribe, América Central y América del Sur».

Creo que no hay duda alguna y quedó demostrado en 1992 que Estados Unidos había estado protegiendo a estos individuos durante muchos años».

«UNA CLARA OBLIGACION PARA TODOS LOS ESTADOS MIEMBROS»

Ahora el señor Posada ha vuelto a aparecer. Se dice que el señor Posada está en Miami y que ha pedido asilo político, una repetición de lo que sucedió con Bosch.

Pero ahora hay un problema para los Estados Unidos. El problema es el 11 de septiembre.

Después del 11 de septiembre, los Estados Unidos hicieron que el 28 de septiembre de 2001 el Consejo de Seguridad nuevamente adoptara una resolución redactada por ellos. Esa resolución es muy clara. La misma dice que «todos los estados deberán abstenerse de suministrar cualquier tipo de apoyo, activo o pasivo, a entidades implicadas en actos terroristas, incluyendo el no reclutamiento de grupos terroristas y el no suministro de armas a los terroristas.»

También dice: «dar los pasos necesarios para prevenir la ejecución de acciones terroristas incluyendo avisos a tiempo a través del intercambio de información entre los estados».

Después de casi 30 años del atentado de Barbados, Estados Unidos aún tiene documentos que no han compartido con nadie.

«Prevenir el movimiento de terroristas o grupos de terroristas mediante controles fronterizos eficaces y controles de documentos de identidad o de viaje.»

El señor Posada ha dicho, como informó el Washington Post, que tenía cuatro o cinco pasaportes, incluso uno estadounidense, y que había visitado Estados Unidos libremente cada vez que lo deseaba. Y ahora se dice que ha estado allí por más de un mes y medio.

Y la posición oficial del Departamento de Estado aún es que no tienen evidencia de que él esté allí. No se trata de un terrorista de ligas menores. Es uno de los más famosos, conocido por décadas, ¡y ahora puede entrar a los Estados Unidos! Puede permanecer allí durante más de mes y medio y no lo pueden encontrar. ¿Imaginas? Decirle eso al pueblo de estados Unidos cuando se supone que estén en medio de una lucha contra el terrorismo.

Esa resolución es una clara obligación para cada estado miembro y, ciertamente, para el autor de la resolución: los Estados Unidos.

«ESE FUE SU UNICO DELITO»

Septiembre 2001: en esos días, el gobierno de los Estados Unidos estaba tratando de que se le impusieran las más severas penas a los cinco cubanos que habían sido arrestados, procesados y juzgados en Miami ¡por luchar contra el terrorismo!

Que el señor Bosch actúe abiertamente en Miami después de ser perdonado por el presidente estadounidense y que los Estados Unidos rehúsen cooperar con el tribunal venezolano que estaba encargado del caso son formas de aprobar los terroristas y apoyar sus acciones. Y Cuba, mandando a cuatro jóvenes para tratar de conocer acerca de esos grupos que planean acciones contra nosotros – ese fue su único delito.

En septiembre de 2001, Estados Unidos presentó en una corte de Miami lo que llamó un memorando de sentencia. Y ellos se refirieron a un asunto muy importante en Estados Unidos: lo que llamaron «incapacitación», un concepto bastante peculiar. ¿Qué significa «incapacitación»? Pues significa asegurarse de que una persona no pueda hacer algo, privar a alguien de la capacidad de hacer algo, incapacitación de averiguar lo que los terroristas estaban planeando y de mandar esa información a Cuba para ayudarnos a protegernos.

Ellos escribieron que para ellos era muy importante no solo que se impusiera la máxima pena a los cinco cubanos sino también asegurarse de que no pudieran hacer lo mismo en el futuro.

Los cinco no estaban espiando, no estaban matando, ellos estaban recopilando información sobre grupos terroristas. Tres de ellos – Gerardo, Ramón y Fernando – nacieron en Cuba y tuvieron que asumir nuevas identidades. Dos de ellos habían nacido en Estados Unidos y usaban sus nombres reales: Antonio Guerrero y René González.

Tres de ellos recibieron cadenas perpetuas – Gerardo, Ramón y Antonio – y dos fueron condenados a 19 años – Fernando – y a 15 años – René.

En el caso de las cadenas perpetuas, teóricamente, el tema de la incapacitación no aparecería. Si, por alguna razón, ellos salen de la prisión, ellos serían inmediatamente deportados a Cuba.

En el caso de Fernando, se incluyó en su sentencia que, después de cumplir el tiempo de su condena, sería inmediatamente expulsado a Cuba. Por cierto, su principal trabajo era investigar sobre el señor Bosch.

Entonces están los casos de René y Antonio.

René fue condenado a 15 años más una limitación especial de por vida después de cumplida la sentencia.

En las propias palabras de la sentencia, según la petición del gobierno, esto fue incluido en el texto de la condena:

«Como una condición especial de libertad supervisada, se le prohíbe al acusado asociarse con o visitar lugares específicos que se sepan que están o que sean frecuentados por individuos o grupos tales como terroristas, miembros de organizaciones que abogan por la violencia, y personas asociadas al crimen organizado.»

Septiembre de 2001, mientras el Consejo de Seguridad adoptaba esta fuerte resolución, al mismo tiempo Estados Unidos protegía a individuos tales como terroristas, miembros de organizaciones que abogan por la violencia y personas vinculadas al crimen organizado.

No es una doble moral sino una falta de moral completa.

«AQUELLOS QUE DAN REFUGIO A UN TERRORISTA»

Me gustaría citar al presidente Bush, Bush Jr. Él ha dicho repetidamente que aquellos que dan refugio a un terrorista son tan culpables como el propio terrorista.

Si proteges a un terrorista eres tan culpable como el mismo terrorista. Esa fue el pretexto para la invasión contra Afganistán. Un país fue atacado porque en el territorio de ese país estaba Al Qaeda, Bin Laden y otros. La historia se conoce. En el caso de Irak, como se demostró, fue una gran mentira: no tenía nada que ver con el 11 de septiembre.

Pero ahora tenemos al mismo gobierno, al mismo presidente que sabe que hay terroristas en su propio terrorista y no están haciendo nada para arrestarlos y procesarlos; de hecho los están protegiendo. Por eso es que los Cinco están presos. Han estado protegiéndolos todos estos años como se demuestra en la decisión del Fiscal General sobre Bosch. Ellos tenían información que se remontaba a los años 60 y hasta que llegó a Miami. Y él recibió un perdón de Bush padre.

Ahora el hijo tiene la oportunidad de estar en la misma situación; tiene una obligación legal según la resolución del Consejo de Seguridad adoptada en septiembre de 2001, una resolución que fue preparada por Estados Unidos.

Estados Unidos ha lanzado guerras, amenazado al mundo con una guerra global contra el terrorismo y ahora tiene una clara oportunidad en su propia casa de demostrar si realmente se oponen al terrorismo.

Ellos tienen que arrestar a Posada, encontrarlo y cuanto antes mejor. Es una situación muy grave: un connotado terrorista, una cara muy fácil de distinguir, está allí y es de conocimiento público quién lo llevó allí y quien lo ha estado protegiendo, financiándolo, pagando por sus gastos. ¿Quién le está pagando al abogado? Ese individuo está allí, él firmó la solicitud de asilo y él ha supuestamente hecho una declaración desde Miami. No se trata de Bin Laden mandando extraños videos desde nadie sabe donde. No, este hombre ha estado diciendo donde está. El condado, la ciudad. Se conocen sus amigos, por cierto, amigos todos ellos con antecedentes terroristas también conocidos por Estados Unidos.

Es muy interesante como se refleja en un artículo publicado por Anne-Louise Bardach en el Washington Post en septiembre de 2001, después de los ataques del 11 de septiembre y antes de adoptar esta posición dura contra el terrorismo; el mismo Fiscal General se tomó el tiempo para liberar un número de los connotados terroristas, los asesinos de Orlando Letelier y responsables de otras acciones que tuvieron lugar en suelo estadounidense.

Y no los expulsaron como lo establece la ley de Estados Unidos. Ellos no hicieron lo que está claramente estipulado en la resolución del Consejo de Seguridad.

«Si los estadounidenses supieran lo que está sucediendo, estoy seguro de que se sentirían ultrajados e insultados por esto,» concluyó Alarcón. «Insistiremos y seguiremos hablando de esto y explicando. Sabemos que no controlamos los grandes monopolios de la información pero les será muy difícil ocultar la verdad a todo el mundo. Haremos todo lo posible para asegurarnos de eso.»

* Jean-Guy Allard es un periodista canadiense que reside en la Habana, Cuba. Puede contactarse a través de la dirección de correo electrónico: [email protected]