Recomiendo:
0

Una Argentina concebida como redes de aldeas ecológicas

Fuentes: Ecoportal.net

Comienzo la presente comunicación, consignando que el titulo que a mi entender da mas precisión a mis propósitos es: «Por una Argentina concebida como redes dinámicas de aldeas ecológicas dignificantes». Inicio la redacción hacia finales el mes de junio de corriente año 2007. Casi como rememorando, el comienzo de mis comunicaciones escritas, allá por julio […]

Comienzo la presente comunicación, consignando que el titulo que a mi entender da mas precisión a mis propósitos es: «Por una Argentina concebida como redes dinámicas de aldeas ecológicas dignificantes».

Inicio la redacción hacia finales el mes de junio de corriente año 2007. Casi como rememorando, el comienzo de mis comunicaciones escritas, allá por julio de 1977, en la Revista «Temática 2000», que dirigía mi entrañable benefactor, el ya fallecido Francisco José Figuerola.

Frisaba por entonces los treinta años. Ergo que voy para los sesenta. Desde ese entonces mis comunicaciones escritas no se han interrumpido. (1) Al estilo de las cajas chinas o las muñecas rusas, la presente comunicación, alberga los desarrollos anteriores, los cuales, lo mismo que el presente constituyen actualizaciones de un núcleo temático, que vengo intentando afinar con nuevas vivencias y nuevos conocimientos que al respecto vengo metabolizando.

Las personas de mi franja etaria (tengo alguna duda con la validez del concepto de generación), con vocación por la cosa pública, venimos siendo muy influidas por dos eventos que marcan una suerte de inflexión, en el acontecer planetario: La Conferencia de Medio Ambiente de Estocolmo de 1972 y la liberación de la cotización del petróleo, del año siguiente, motorizada por los países exportadores de hidrocarburos nucleados en la OPEP. Resultan casi sorprendentes, leídos con las perspectivas del tiempo, las reflexiones que en su momento suscitaron ambos eventos, innegablemente interconectados, a una pléyade de estudiosos.

Los mismos certificaban, el comienzo del fin de la denominada «civilización del petróleo», que había sido muy nítida al finalizar la Primera Guerra Mundial, conflagración que marcaría el comienzo de la declinación de Inglaterra como potencia hegemónica y el comienzo del ascenso como tal de los Estados Unidos de Norteamérica, y por ende de su tecnología emblemática: el transporte automotor y su necesario correlato: el camino pavimentado. Las tecnologías emblemáticas de la potencia declinante, eran el ferrocarril, el tranvía y el transporte por agua. La variante de este último, de la navegación interior y de cabotaje, junto con el complejo ferro tranviario, habrían de acompañar el declinar de su país auspiciante, todo ello en medio de pujas comerciales e ideológicas.

La «civilización del petróleo», no se circunscribía al transporte, sino que se extendía a todos los procesos de producción, de circulación, y de consumo. Todo ello, no se desenvolvía uniformemente, sino influido por múltiples factores, entre ellos las pujas ideológicas y las disponibilidades de carburantes.

Sin soslayar los respectivos dinámicos contextos planetarios, resulta procedente consignar sucintamente, cual era el cuadro de situación de la producción, la circulación y el consumo, de la Argentina de 1972/73, agregando el traumático proceso político institucional, que se había iniciado con el golpe de Estado de Septiembre de 1955, y se prolongaría hasta diciembre de 1983.

El punto de partida, de la debilidad estructural, con que Argentina, comienza a confrontarse con el cambio climático global y la penuria energética, arranca en la traumática sustitución del sistema productivo emergente de la división internacional del trabajo instaurada por Inglaterra, por la adopción acrítica de lo que dio en llamarse el «american way of life», dimensión que ultrapasaba lo económico, para convertirse en una componente de tipo cultural.

Este «american way of life», popularizado en gran medida por el cinematógrafo, la radiofonía y las revistas de divulgación masiva, no partió de «base cero», sino que tuvo que acoplarse al sistema de asentamientos humanos delineado por los españoles y luego profundizado a través del tendido de las trazas ferroviarias y las líneas de navegación de cabotaje, funcionales a la división internacional del trabajo hegemonizada por Gran Bretaña.

Resulta casi obvio consignar que había congruencia entre el sistema de asentamientos y las actividades productivas, que demostraban un grado de industrialización, que no ha sido suficientemente ponderado por análisis formulados desde los paradigmas conocidos como «desarrollistas». Al respecto nos remitimos al trabajo del ingeniero Vaquer,»Historia de la Ingeniería Argentina», publicado en 1968.

En abordajes anteriores, sobre la misma temática, he sido recurrente, en señalar los contenidos que alberga, la publicación «Guía Azul de las Comunicaciones Sudamericanas», que puede consultarse en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Dichos contenidos consisten en enunciar las frecuencias y los recorridos de las líneas de transporte de pasajeros, ferroviarios y de cabotaje, así como las conexiones a los países fronterizos y Perú. Para quienes como en nuestro caso, estamos familiarizados con el transporte, la información consignada nos permite hacer diversas inferencias. Entre ellas, la de que dicho sistema, con los adelantos tecnológicos sobrevenidos de ese entonces, podría seguir siendo funcional al acontecer económico y social argentino. Ello sería extrapolable a actividades productivas y otras alternativas tecnológicas, que estaban siendo aplicadas en esa época. No se trata de ponerme nostalgioso, pero la impresión que tengo de la Argentina de 1925, que aparentaba una relativa estabilidad, traslucía una diversificación y descentralización de la actividad económica, comparada con la homogenización y centralización, que se percibe conforme nos vamos acercando a nuestro traumático presente.

Una de las facetas- indesglosable de las otras- de la asimilación, a mi juicio acrítica, del american way of life, se percibe en la irrupción del complejo automotor- camino pavimentado. Sin desconocer la funcionalidad de la ley 5315 de 1907, concebida con otras finalidades, fue la Ley Nacional de Vialidad 11.658, de 1932, una de las herramientas mas substantivas que habría de sustituir los enlaces entre el sistema de asentamientos humanos preexistentes. Su reglamentación puso en vigencia el Plan Bidecenal 1934-1954 de carreteras, uno de los componentes de política publica que habría de cumplirse a pesar de los avatares institucionales. Incluso al expirar los plazos del plan, se sancionaron normas de prórroga, de tal manera que en la década del 80, se cumplió dicho esquema en su totalidad, comportando un reemplazo, que a la luz de la problemática del cambio climático global y la crisis energética, resulta un pasivo sumamente oneroso. Dicha onerosidad es multidimensional, pero en prieta síntesis se trata de la sustitución por el transporte automotor (que arrastra 150 kilogramos en camino pavimentado por caballo de fuerza) del sistema donde convergían el ferrocarril (que arrastra 450 kilogramos por caballo de fuerza) y la navegación de cabotaje marítimo fluvial (que arrastra cuatro mil kilos por caballo de fuerza. Los cánones técnicos enunciados, permiten inferir las deseconomías emergentes en materia de combustibles, así como la vulnerabilidad a futuro. Ello sin computar el factor contaminación y los accidentes viales.

Me permito abusando de la no-linealidad del presente discurso, mencionar algunos eventos que simbolizan la impronta de la «motorización». En el año 1937: a) El presidente Justo inauguró el tramo pavimentado Rosario- Córdoba ( cuyo trazo era paralelo al mismo tramo ferroviario, que el presidente Sarmiento, inaugurara en 1873); b) La empresa de autotransporte de pasajeros Chevalier (aun subsistente aunque hace poco tiempo haya cambiado de propietarios), inicia sus servicios en el mismo trazado; c) Se realizó la primera edición del Gran Premio de la categoría «turismo de carretera», organizada por el Automóvil Club Argentino, categoría que habría de convertirse en un icono de la cultura popular argentina; d)El Parlamento sancionó la Ley de Coordinación de los Transportes (vigente a la fecha), que algunos interpretan, como un intento de los intereses ferroviarios, de «frenar» la competencia automotor. De todos modos la nueva situación preponderante es la de la emergente de la Ley 11.658.Cabe señalar que la Dirección Nacional de Vialidad, creada por esta ley, fue encabezada por el mismo funcionario en el quinquenio 1932-1938, y durante el periodo que medió entre el derrocamiento de la Administración Perón, en septiembre de 1955, y la asunción de la Administración Frondizi en Mayo de 1958.

El paroxismo, de la motorización, en cuanto componente del «american way of life», esta ligado a la Administración Frondizi (Mayo de 1958-Marzo de 1962).

Así, se sancionó en 1959, un Decreto de promoción de la industria automotriz, a cuyo amparo se instalaron veintitrés fabricas de automotores, muchas de las cuales no pasaron de la condición de ensambladoras. Como parte de la promoción de ese Decreto se realizó al año siguiente una exposición de automóviles en Buenos Aires (del mismo modo de la que paradójicamente se realizara por estos días en el mismo predio). Pocas semanas antes de su derrocamiento, la Administración Frondizi recibió, el plan de Transporte que había encargado a un grupo consultor encabezado por el general norteamericano Larkin. Los contenidos de ese plan menos conocidos que las consecuencias de su aplicación, dan sustento a lo que opinamos respecto a los contenidos de la Guía de 1925 arriba mencionada. Resultaba claro que para aplicar en toda su extensión lo establecido en la ley 11658, funcional a la expansión del complejo caminero automotor, era necesario minimizar al medio ferroviario y acuático de cabotaje.

Estas acciones de la Administración Frondizi se insertaban en la por entonces promocionada «Batalla de petróleo», que entendía imprescindible el autoabastecimiento petrolero, para desplegar sus ideas desarrollistas.

Esto nos retrotrae a lo acaecido en el sector durante el período transcurrido en Argentina entre Junio de 1943 y Septiembre de 1955, e incluso a la década inmediatamente previa al comienzo del periodo.

Me permito consignar que las consideraciones que paso a realizar, sobre el periodo precedentemente mencionado- cuyos efectos aún se hacen sentir en el acontecer argentino – condensan nuestro trabajo «Argentine: Federal public policies, June 1943 – September 1955» (2) Sin dejar de consignar, la inserción de los acontecimientos seleccionados para considerar, en el acontecer mundial y en los avatares institucionales que sobrevienen a la lucha permanente por la preeminencia, se puede asumir, que la cuestión energética, atraviesa todo el periodo. Así es poco conocida la creación de la Dirección Nacional de la Energía, pocas semanas después del inicio del periodo en 1943. Algo similar acontece con el reconocimiento, por parte del presidente Perón en su discurso a la Asamblea legislativa el 1º de Mayo de 1955, de la persistencia de la vulnerabilidad energética-pese a las obras emprendidas- y la necesidad de contar con inversiones extranjeras al respecto. Esto se emparenta con el sí conocido caso del contrato con la empresa «California», uno de los argumentos esgrimidos por los que perpetraron el golpe de estado de Septiembre de 1955.

Paradójicamente, Arturo Frondizi, a la sazón diputado escribió un libro «Política y Petróleo», para cuestionar este contrato. Y luego como presidente pseudoconstitucional, haría aquello que criticó.

En el periodo 1943-1955, se afianzó la corriente de intervención del estado en diferentes actividades económicas, sea directamente o a través de medidas de promoción y fomento, que se venia insinuando desde el comienzo de la gestión Justo en 1932. Al momento del golpe de estado de 1955,se había establecido un régimen económico donde la distribución de la riqueza era equitativa entre el capital y el trabajo; el país no tenia deuda externa y no estaba afiliado al Fondo Monetario Internacional; y el sector empresario se componía con una importante participación de las haciendas productivas estatales, del empresariado de capital nacional fomentado por las políticas estatales y una participación reducida de los inversores extranjeros. Con la liquidación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (I.A.P.I.), repartición publica encargada de realizar el comercio exterior e interior, en el breve mandado del General Lonardi, en 1955 habría de iniciarse un prolongado proceso de reversión de ese estado de cosas, que culminaría con la sanción de la Ley de Reforma del Estado en 1989 y del Decreto de Desregulación económica de 1991, que luego seria convalidado con el Congreso.

En la actualidad todos los componentes claves de la economía argentina están insertos en el orden económico establecido por las empresas multinacionales cuyas matrices están en los Estados Unidos de Norteamérica y Europa Occidental, estadio que se va consolidando en el marco de la Organización Mundial del Comercio (O.M.C.), bajo el monitoreo del Grupo de los 8.

Esta bastante extendida en la Argentina, la comprensión de todas las tribulaciones acaecidas en el país desde el golpe militar de septiembre de 1930 y la actualidad: en menor medida hay comprensión del acontecer mundial de ese periodo que ha incidido fuertemente en el devenir argentino: Estos niveles de comprensión, no desconocen la existencia de conciencia de ambas problemáticas interrelacionadas en ámbitos académicos y periodísticos, así como sus pertinentes testimonios debidamente documentados.

Mas por encima, por debajo o por los costados del acontecer político institucional, la matriz cultural del marbete simplificador del «american way of life», continuaba imponiéndose como parámetro de los estilos de vida cotidianos de las familias y sus componentes. Este rasero común ha venido ultrapasando a las diversas culturas o subculturas (desde las perspectivas de la Etnología o Antropología Cultural) que vienen conviviendo conflictivamente sobre el espacio argentino.

Soy recurrente respecto al marbete de marras, que otros encuadrarían en conceptos mas elaborados como «sociedad industrial»u «hombre industrial», o «sueño americano (American Dream)», porque es sobre el plexo de afectos e intereses por él insinuado, que pondremos acento en nuestras opiniones para proponer abordajes creativos al cambio climático global y a la emergencia energética estructural argentina.

Ya mencioné antes, que las pautas de este estilo de vida, fueron esparcidas por los medios de comunicación escritos, radiofónicos y cinematográficos, a los que luego se acoplaría la televisión. Tal vez sea la clase media argentina, la que adoptó ese estilo, como sinónimo de progreso, y atento el poder de referencia de este significativo sector de la vida argentina, el resto de los sectores aspiraron a participar de ese parámetro. Eso es perceptible en el contenido practico o mejor dicho en los efectos de las políticas publicas del periodo argentino Junio de 1943 – Septiembre de 1955. Esa adopción acrítica del «american way of life», se ha proyectado a nuestro presente, aun en medio de los cuadros de inequidad que sugieren todas las investigaciones y censos, así como las vivencias cotidianas.

Y ese parámetro se basa en un consumo intenso de energía, vía los electrodomésticos y vía los automotores. Habida cuenta las inequidades reflejadas en la distribución del ingreso, esto consumos son desiguales, pero el parámetro es el mismo.

Se puede conjeturar cual es el gasto energético de los ocho millones de automotores que circulan en el país, pero aun no se ha ponderado que energía insume los 32 millones de teléfonos celulares en funcionamiento.

Claro que estos son solo aspectos del consumo de energías en trance de agotamiento. Es altamente probable que exista, pero lo desconozco, algún estudio pormenorizado de los consumos familiares que son una componente muy significativa de la demanda energética.

Claro que una cosa era la adopción acrítica del «american…», como paradigma de progreso antes de los años 1972-1973, y otra a partir de entonces. Ello era extensivo a la cuestión ambiental, subordinada hasta entonces al imperativo de la industrialización a cualquier precio, justificada por la capacidad de generación de empleos.

A partir de las advertencias de Estocolmo de 1972, precedidas con impacto local, por el mensaje de similar contenido formulado por Perón en Febrero de ese año, se fueron sucediendo pronunciamiento y adopción de medidas en el plano planetario y nacional. Así la ley de promoción industrial de 20.560 de 1973, incorporó la noción de impacto ambiental. En el ámbito planetario se sucedieron los pronunciamientos, entre ellos el informe «Nuestro futuro común», también conocido como Brundtland de 1987, y la Agenda XXI, aprobada en la Eco 92 en Río de Janeiro, que fueron esparciendo nociones como desarrollo sostenible, sustentable o compatible.

La cuestión ambiental ha pasado a ser una constante en las agendas de los organismos internacionales y prolifera la legislación nacional, provincial y municipal en la materia. Argentina, luego de incorporar la problemática a la Reforma Constitucional de 1994, generó la ley nacional 25.675 de 2002, General del Ambiente. Asimismo el Parlamento Argentino ha ratificado casi todos los convenios internacionales alusivos al medio ambiente.

Y resulta llamativo como el Grupo de los 8 en sus últimas sesiones da énfasis a la cuestión energética y del cambio climático.

Estos contenidos, no debidamente divulgados en Argentina, nos resultan operativos a los efectos de nuestra comunicación.

El Grupo de los 8, que en realidad eran menos a la fecha de su creación en 1975, cobró mas protagonismo, a partir de la finalización de la confrontación en 1989, conocida como Guerra Fría. Hoy es casi redundante consignar que la Ex Unión Soviética hoy metamorfoseada en Federación Rusa, forma parte del Grupo, ahora de los 8 y los países europeos que la integran representan a la Europa unificada. Las reuniones del G- 8, son un anticipo de lo que generará el sistema de las Naciones Unidas, que ahora – pasada la «Guerra Fría» – puede desplegar el potencial explicitado en su Carta Constitutiva de 1945. De esa constelación de organismos cobra creciente importancia la Organización Mundial del Comercio, a la que se haya incorporada China, cuyas políticas de liberalización económica iniciadas en 1978 hoy se hacen palpables.

Esta sumaria descripción del bloque de poder que constituyen el G-8, las Naciones Unidas y la OMC, me conduce a un concepto que aprecio como relevante para mi propósito comunicativo, cual es la noción de gama, espectro o arco iris.

En uno de los extremos de ese espectro o gama, situamos un tipo de existencia ideal configurado por el G-8, la OMC, y el sistema de las Naciones Unidas. En el otro extremo del espectro situamos -también en carácter de tipo de existencia ideal- a los asentamientos humanos conocidos como aldeas ecológicas sustentables, interconectadas dinámicamente a través de múltiples redes.

Entre ambos polos del espectro, apelando a la alegoría del arco iris, ubicamos toda una gama o espectro de posiciones intermedias, necesariamente cambiantes. Al consignar que se trata de tipos ideales, quiero expresar que ambas posiciones extremas no existen nada más que a nivel de elaboración intelectual. Y se me hace que atento hay antagonismos de diverso tipo entre las posiciones extremas, habrá en la realidad, una serie de posiciones intermedias y cambiantes, que reflejaran las obviamente cambiantes influencias de cada polo. Ahondar mas en el presente esquema, es negar aquello que «la realidad no puede encerrarse en formula alguna», expresando en su oportunidad por Carl Jung.

No pretende esta comunicación asepsia alguna. Sin desconocer la existencia ni la real capacidad de influencia del polo, llamémosle G-8/OMC, apuesto por las aldeas ecológicas como tipo ideal, en la intención de postular una conformación de la realidad que se acerque más a ese polo que al otro.

Acotándome al espacio territorial argentino, dentro del cual discurre un acontecer ineludiblemente ligado a lo que sucede en el resto del orbe, se puede vislumbrar que existen pródromos y vestigios en ambos extremos del espectro. Las hipótesis «base cero» solo son posibles como elaboraciones intelectuales, en las fluencias vitales cotidianas, conformadas por las enésimas interacciones que se van sucediendo entre personas concretas, hay vestigios de situaciones anteriores y pródromos de lo que puede acontecer con alguna probabilidad.

Así, es altamente probable que el plexo G-8/OMC, irradie las soluciones que entiende convenientes para atenuar las consecuencias del cambio climático y la penuria de carburantes, y las vaya implementando en la Argentina, a través de los resortes de la economía que controla en gran medida, mediante diferentes modalidades. En la medida que esas medidas se vayan implementando, acotaran el espacio de despliegue del polo alternativo y agudizaran conflictos ya en curso. No debiera olvidarse que el Parlamento Argentino ya ha ratificado los Tratados y Convenios que viabilizan ese tipo de medidas, comenzando por la ratificación de la Carta de las Naciones Unidas. Tampoco debiera olvidarse, que acorde lo establecido en la ultima Convención Nacional Constituyente de 1994, se declaró que los tratados y convenciones ratificados por el Congreso tienen jerarquía superior a las Leyes comunes de la Nación.

Paso al otro polo ideal, que irá manteniendo una relación necesariamente antagónica con el otro, admitiendo que la intensidad de ese antagonismo será cambiante.

En el polo que al menos provisoriamente, titulamos de las «aldeas ecológicas» (ecovillages), tampoco se parte de base cero. Aquí podemos visualizar varias dimensiones. El listado dista de ser exhaustivo y el orden de enunciación no implica precedencia alguna.

Comencemos por reconocer que el sistema de asentamientos urbanos iniciado por los españoles y completado por la expansión de la red ferroviaria entre 1880- 1914, fue consolidado por la red caminera, que simultáneamente depotenciaba al ferrocarril. De todos modos el cambio de modo de transportes, no fue óbice para el desarrollo de los componentes de la red. Este desarrollo no fue homogéneo sino desequilibrado en varias dimensiones, entre ellos el demográfico. El crecimiento de la ciudad de Buenos Aires y su consecuente proceso de conurbación (ya catalogado como pernicioso por Juan Álvarez en 1914 y 1918), viene siendo visualizado como un factor de neutralización de las posibilidades de progreso del resto de los componentes de la red de asentamientos.

Otra dimensión de la inequidad, es la relativa a los ingresos: no obstante las posibilidades productivas, las mismas han beneficiado al Área Metropolitana de Buenos Aires y las otras seis o siete áreas metropolitanas menores. Paradójicamente la concentración de riquezas ha generado una simultánea concentración de pobreza. La convergencia es potencialmente explosiva. Y en el caso de la principal área metropolitana, se agrava más por las perspectivas de inundaciones permanentes a generar por el cambio climático. Confieso que me causó hasta hilaridad cuando leí allá por1978, un trabajo de Aurelio Compareid, donde justificaba un eventual cambio de Capital Federal, por las inundaciones que generaría el derretimiento de los hielos antárticos, en el área metropolitana de Buenos Aires. Recuerdo que similar hilaridad, provocaban mis propuestas por entonces de retornar a las tecnologías de los dirigibles (Zeppelines) o reemplazar los tractores que se utilizaban para recoger residuos domiciliarios, por caballos percherones tirando carros construidos con materiales plásticos y aluminio.

En los tiempos que corren, aparecen menos bizarras propuestas como las de Compareid y, de mi parte ratifico, aquellas propuestas que se inscriben en lo que se denominara tecnologías apropiadas o adecuadas, muchas de las cuales me fueron transferidas generosamente por la Licenciada Gloria Domínguez, por el veterinario Juan Enrique Romero y por el entrañable Marito «Cosólogo» Monti.

El camino que me ha llevado al concepto de «aldea ecológica » (ecovillage), ha sido lento. Mis primeros pasos al respecto, los di haciendo conocer, la iniciativa de hacer circular ómnibus por las vías que iban siendo dejadas de usar por los trenes convencionales. Luego siguió por proponer un retorno a lo que se conoce como economía «casera», o doméstica, de la que tanto hablaban los mayores de mi franja etaria. En un principio creí que se trataba de una actividad surgida de la experiencia cotidiana de carencias, mas la investigación me iba demostrando que se trataban de elementos de una política publica deliberada, que instaló en el flujo vital de las familias esas practicas productivas, que la introducción del paradigma del american way of life, tornó como algo fuera de moda.

Al respecto me han resultado muy esclarecedores los contenidos de la publicación oficial «Almanaque del Ministerio de Agricultura y Ganadería» que se editó anualmente entre 1925 y 1954. Dichos contenidos, eran congruentes con su puesta en marcha en los asentamientos humanos no metropolitanos y en las áreas rurales o peri rurales. El Programa Pro Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, constituye una recidiva de aquella Economía Doméstica, así como un pródromo de lo que nos permitimos sugerir. Un paso ulterior a la promoción o reactivación de la economía doméstica, fue considerarlo como una suerte de «rerruralización». Mas la continuidad en el análisis, me indicó que no se trataba de volver hacia atrás, sino de concebir algo nuevo. Así llegue a la noción de «neorruralización», teniendo en vista la noción de «reinvención». En esta búsqueda nos encontramos, abrevando en esa «Argentina potencial», entendida como conocimientos poco visibles o directamente invisibles, albergados por diferentes repositorios de información particularmente oficiales, con trabajos como la regionalización ecológica realizada oportunamente por el mencionado INTA, o el «inventario de Recursos Naturales» oportunamente elaborado por el Consejo Federal de Inversiones.

También encontré en los códigos postales, publicados en 1975, una herramienta de gran potencial, en orden a nuestro propósito de «neorruralización». Fuera del área metropolitana de Buenos Aires, el país está zonificado postalmente en cerca de dos mil (2.000) circuitos. Ello supone una investigación previa, de enlaces viables para la distribución de correspondencia y encomiendas. Como lo sostuve anteriormente dichos circuitos son susceptibles de ser considerados como practicas herramientas para la acción comunitaria, económica, social y cultural. Al interior de cada circuito estaban los asentamientos rurales y sus entornos rurales y peri rurales, aglutinados institucionalmente por las escuelas primarias, los Municipio y las instituciones de bien público, ámbitos donde se despliegan las actividades extrafamiliares, de los habitantes de las respectivas comunidades.

La incorporación de las Tecnologías de la Comunicación y la Información (TICs), y la asimilación crítica de tecnologías apropiadas o disruptivas (desde la tracción a sangre animal o humana (ciclismo) a los dirigibles), dan los ingredientes para esta neorruralización, que en el continuo abrevar por contenidos que circulan por la Internet, particularmente proveniente de California y de la India, me hizo percibir que estaban muy cercanos a las ecovillages. Recientemente he tomado conocimiento de la ecovillage que se ha instalado en las inmediaciones de la ciudad de Navarro, a 100 kilómetro de la ciudad de Buenos Aires. Cierta anglofobia que campea en los ámbitos universitarios, fundamentada ideológicamente, genera que no se estudie el idioma ingles y por ende se desconocen los contenidos generados en ese idioma, que muchas veces coinciden con las posiciones de sus objetores, y que en el tema que desarrollo tiene alentadores márgenes de coincidencia.

No se puede soslayar acerca de la complejidad que entraña una comunicación como la presente. Estimo procedente añadir otras dimensiones a esa complejidad.

Aunque les cueste asumir a muchos sectores de la Argentina que transita por los circuitos formales, Argentina es un conjunto de redes de asentamientos humanos, de características «pluriétnica y multicultural». En nuestro caso hemos acudido a una suerte de gama o espectro entre los polos «intraoccidental», demográficamente minoritario y decreciente, y el polo «transoccidental», mayoritario y creciente. Puede concebirse, al solo titulo aproximativo un entrecruzamiento dinámico entre este espectro y el que presento en esa comunicación.

Todo supone una dinámica conflictividad o antagonismos. Unos apostaremos por absorber esas contradicciones. Otros, apostarán por la resolución de las mismas.

Aunque parezca perogrullesco, estos aconteceres, se desenvolverán en el marco de una lucha permanente por la preeminencia. Nuestra postura es que esta problemática se aborde en el marco del singular estado de Derecho, que el Estado Argentino viene afianzando desde Diciembre de 1983. Dicha singularidad estriba, en la existencia de varios partidos políticos, con elecciones internas, con representación de sus minorías y con cupo femenino; con división cuatripartita de poderes, al considerar como un cuarto poder al Ministerio Público y con autonomías, provinciales, municipales y universitarias.

Como cite mas arriba a Jung, «no se puede encerrar la vida en formula alguna». Mi intención ha sido la de compartir mis impresiones acerca de las implicancias para la Argentina, del cambio climático global y de la crisis energética, que no considero episódicos y coyunturales, sino estructurales y endémicos. Desde el polo ideal G-8/OMC, se postula que la tecnología y la economía de mercado, pueden ser instrumentos para revertir o paliar dichas situaciones. Respecto a la tecnología, comparto la creencia que es un arma de doble filo y que algunas alternativas tecnológicas como el hidrogeno liquido, el plasma caliente y la antimateria, así como la idea difundida por el uruguayo Danilo Antón, acerca de la inagotabilidad de los hidrocarburos, necesitan tiempo para implementarse o para demostrarse.

Respecto al mercado, se ha experimentado particularmente en los países en desarrollo, que las practicas monopólicas y proteccionistas que practican los países nucleados en el polo G-8/ OMC, impiden demostrar sus presuntas bonanzas.

Del otro lado se nos hace, sin caer en situaciones ingenuas incompatibles con la condición humana, que el concepto de «aldea ecológica» es compatible con nuestra concepción de neorruralización. Hay por lo menos tres mil asentamientos humanos de cincuenta mil habitantes para abajo, compatibles con los circuitos postales arriba señalados, para receptar migraciones desde las áreas metropolitanas, particularmente la de Buenos Aires, con serios riesgos de anegamiento al menos parcial.

A lo largo de presente discurso, he ido desgranando cursos de acción susceptibles en nuestra óptica de procesar las problemáticas que se han cernido sobre nuestras respectivas existencias. Reconociendo que los cambios culturales, en palabras sencillas, el cambio de hábitos afianzados, son en extremo difíciles. Tampoco son imposibles. Y está demostrado que la persona en situaciones límite aguza su ingenio. Ya pasó el tiempo de las advertencias. Es hora de que cada uno – en los ámbitos que frecuente públicos o privados – proceda en consecuencia. Esto es lo que quería decir con todas las limitaciones tanto propias como las inherentes a lo monográfico, al filo de mis sesenta años de parábola existencial.

Redacción finalizada en Buenos Aires, el lunes, 02 de julio de 2007

Notas:

(1) Su listado puede consultarse en el vinculo: http://www.choloar.tripod.com/trabajos.htm

(2) Disponible en el vínculo: http://www.kult.lu.se/latinam/Virtual/politica/Argentine_Fpp.pdf