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La ocupación israelí: una cruel maquinaria para exterminar ad ovo a la intelligentsia palestina

Una cruel ecuación

Fuentes: Haaretz

Traducido para Rebelión por LB

«Ahora todo depende de tu voluntad y de tu decisión. Si quieres estudiar para obtener un doctorado en Haifa… estudiarás allí y lo harás bajo mi supervisión«, le dijo Anna Sfard, profesora de educación matemática, a un estudiante que acababa de finalizar con honores su maestría en su misma disciplina, al cabo de una discusión profesional mantenida entre los dos.

La enseñanza de las matemáticas es un campo relativamente nuevo que se está desarrollando rápidamente, explica Sfard, profesora del Departamento de Educación de la Universidad de Haifa. Sfard afirma que, paradójicamente, justo cuando ha aumentado la necesidad de herramientas y científicas y matemáticas, comienza a notarse a nivel mundial un declive en el rendimiento de los estudiantes en estas materias. El objetivo es asegurar que los estudios de matemáticas doten a los estudiantes de las herramientas adecuadas para desenvolverse con éxito en un mundo basado en la tecnología.

El estudiante de enseñanza de las matemáticas Jihad al-Shwaikh observó a su interlocutora tras unas gafas elípticas y permaneció callado. No reaccionó a sus palabras inmediatamente, como cabría esperar de alguien a quien se acaba de decir que, además de unas notas excelentes, posee también evidentes aptitudes, ideas y amor por el campo de la educación y la enseñanza, elementos que lo cualifican para proseguir sus estudios. Sfard parecía sorprendida por el silencio de Al-Shwaikh.

Llegados a este punto, debo revelar que Al-Shwaikh, oriundo de Gaza (nació en agosto de 1967) y residente en Ramallah desde 1990, es un buen amigo mío. Estuve presente en esta reunión, la mitad del cual me costó comprender. Pero las chispas que danzaban en los ojos de ambos, las carcajadas estrepitosas de Jihad y las sonrisas de Sfard mostraban hasta qué punto los había acercado mutuamente la materia que tanto les importa.

Reflexioné sobre la linda conexión que se había forjado allí entre un nativo del campamento de refugiados de Al-Shati, hijo de una familia oriunda de Ashdod, y una profesora israelí famosa en el campo de la enseñanza de las matemáticas, nacida en Polonia e hija del sociólogo y filósofo Sigmund Bauman, expulsado de su trabajo en la universidad de Varsovia y obligado en 1968 a salir de Polonia junto con su familia a causa del antisemitismo institucional imperante en aquel país.

Sfard sabía que durante los últimos 10 años Al-Shkwaikh había trabajado en varias instituciones palestinas para el desarrollo de la enseñanza. Sin embargo, ignoraba aún algunos detalles sobre su vida anterior tales como que de niño vivió con su madre y sus hermanos en una única habitación en la que se hacinaban seis personas sin el padre, o que comenzó a trabajar en Israel a los 12 años de edad, durante sus vacaciones, y especialmente en verano, en los campos del kibutz Nahal Oz, en la planta empaquetadora en Sderot y, al comenzar su onceavo curso, también en la construcción. Estudiante destacado, recibió una beca con la que ayudó a toda su familia. Cuando en 1985 se trasladó a Cisjordania para estudiar matemáticas en la universidad de Bir Zeit, continuó trabajando en Israel en la construcción durante los veranos y cada vez que la universidad era clausurada.

Sfard suponía simplemente que la persona que estaba sentada frente a ella se había consagrado al estudio y la investigación. Por consiguiente, su silencio repentino, los ojos que la miraban fijamente como si no comprendiera lo que ella había dicho, la dejaron sorprendida.

 

 

Beca de la Fundación Ford

 

En este punto tuve que intervenir y dar algunas explicaciones: al igual que otros palestinos nacidos en Gaza y residentes en Cisjordania, Al-Shwaikh ha permanecido encarcelado de facto en su ciudad, Ramallah, durante más de cinco años. Por un lado, durante cerca de 10 años Israel ha impedido a los gazatíes cambiar la dirección que figura en sus documentos de identidad por otra dirección de Cisjordania, aunque lleven años residiendo en Cisjordania. Por otro lado, durante cerca de dos años Israel los ha considerado como «residentes ilegales» en Cisjordania. Por eso, Al-Shwaikh no se atreve a salir de Ramallah: teme que en cualquier retén militar algún soldadito israelí chinchorrero descubra su dirección y lo expulse a Gaza. Al-Shwaikh nunca viaja más al sur que el centro cultural Khalil Sakakini. Ya no recuerda nada de lo que queda al norte de la universidad Bir Zeit. En semejantes circunstancias, explicó a Sfard, cuando todos los horizontes físicos se estrechan y se cierran en torno a uno, las expectativas que puede albergar una persona sobre sí misma y sobre su vida se encogen. Es completamente irrelevante lo inteligente y ambicioso que sea uno. Existe siempre un poder supremo que detiene, prohíbe y bloquea.

En el verano del 2005, pocos meses después de su reunión con la profesora Sfard, Jihad Al-Shwaikh fue aceptado para cursar estudios de doctorado en la universidad de Haifa. Recibió también una beca de la Fundación Ford. Incluso antes de eso, Sfard había comenzado a orientarle sobre la bibliografía que necesitaría, intercambiando ideas y ayudándole a elaborar su propuesta de investigación, centrada en la cuestión de cómo los estudiantes de primaria y secundaria transitan por sus estudios de matemáticas y de qué forma pueden racionalizarse sus procesos de aprendizaje. El título de la disertación es: «Cambios de desarrollo metadiscursivos geométricos: una perspectiva comunicacional«.

Durante el primer semestre del presente curso académico, Jihad recibió por e-mail o por teléfono las primeras clases de Sfard sobre el tema de la metacognición (pensar sobre el pensamiento, una de las áreas de investigación que desarrolla Sfard, por la que Al-Shawikh ha estado interesado desde hace tiempo y que se ocupa de analizar el pensamiento que tiene lugar durante el proceso de aprendizaje). Simultáneamente, Al-Shwaikh se dirigió a las autoridades israelíes para solicitar un permiso de entrada a Haifa y de nuevo trató de conseguir modificar la dirección que figura en su documentación para que conste en ella su domicilio de Ramallah. Los israelíes le denegaron ambas solicitudes: se oponía a ellas el Shin Bet, los servicios de seguridad israelíes. Un «problema de seguridad», escribieron a los abogados Kenneth Mann y Sari Bashi de Gisha, el Centro para la Protección legal de la Libertad de Movimiento, organismo al que acudió Al-Shwaikh en busca de ayuda.

Los israelíes no especificaban la naturaleza de ese «problema de seguridad». La Corte Suprema de Justicia verá el caso de Al-Shwaikh hoy, y el Estado ha demorado su respuesta y solicitado enviarla apenas anoche. De hecho, Al-Shwaikh fue arrestado a finales de 1988, durante la primera Intifada, y condenado a 11 meses de cárcel. Cumplió la sentencia en la cárcel de Ketziot por actividad en los «comités populares». No se reconoció culpable de ninguna de las actividades que se le imputaban (incitación a la huelga, lanzamiento de piedras y pintadas en las paredes).

 

 

Prohibida la reunificación

 

Durante aquel período Al-Swaikh trabajó todos los días en Israel en el sector de la construcción. Cuando lo liberaron retomó sus estudios en Bir Zeit. Recibió permisos para viajar a Cisjordania, para entrar en Israel a trabajar en el campo de la enseñanza. En 1988 fue invitado a un congreso de profesores de matemáticas en USA, a donde viajó por el aeropuerto Ben Gurion. En abril del 2002, durante la operación Escudo Defensivo (sic), fue arrestado en Ramallah, como otros millares de jóvenes que permanecieron detenidos varios días, con o sin interrogatorios, para después ser puestos en libertad. A él lo liberaron al cabo de seis días. Si hubiera habido algún dato sobre él, alguna información sobre su «peligrosidad», lo habrían procesado o -como a tantos otros- lo habrían encarcelado vía detención administrativa [singular y socorrida figura jurídica que permite a Israel encarcelar indefinidamente a cualquier persona sin presentar cargos ni pruebas contra ella. N. del T.].

Así pues, ¿en que consistía el famoso «problema de seguridad»? La experiencia nos demuestra que las fórmulas empleadas por los israelíes para afrontar un problema de ese tipo -tanto en el caso de Al-Shwaikh como en el de muchos otros millares de palestinos- consiguen obtener anticipadamente lo que después acaba convirtiéndose en política oficial: con respecto a la cuestión del cambio de dirección, la política consiste en separar a la población de Gaza de la de Cisjordania. En el caso de Al-Shwaikh, podemos concluir que la forma como se encara este problema sirve también para otro propósito: ¿impedirle vivir en Israel? Su esposa, a la que conoció en 1990, es ciudadana israelí. Se casaron en 1993. Su solicitud de «reunificación familiar» fue rechazada «por razones de seguridad» a mediados de los 90, mucho antes de que comenzara a implementarse de forma abierta la legislación que impide a los ciudadanos árabes israelíes vivir con sus cónyuges. ¿Será por eso que las autoridades israelíes temen que Al-Shwaikh estudie en Haifa? A lo largo del curso académico Al-Shwaikh siguió desarrollando su trabajo a través del e-mail, pero no puede reunirse con sus profesores ni asistir a clase en aquellas materias en las que la asistencia es obligatoria. Debido a la ausencia de alternativas, mientras que aguarda a que le concedan su permiso de entrada, ha comenzado a barajar la posibilidad de realizar sus estudios de doctorado en una universidad extranjera. Sfard le escribió una carta de recomendación en la que decía lo siguiente: «El hecho de que yo misma ansiara trabajar con él es la mejor prueba de la alta opinión que tengo con respecto a sus dotes investigadoras y con respecto a él como persona… Me entristece tener que recomendarles al señor Al-Shwaikh y no poder colaborar con él yo misma«.

¿Autorizará la Corte Suprema a Sfard, una mujer judía nacida en Polonia, que trabaja en Haifa y vive en Jerusalén, enseñar a Jihad al-Shwaikh, un hombre palestino de Gaza, «residente ilegal» en su propio hogar de Ramallah?

 

 

 

 

 

 

Texto original en:

http://www.haaretzdaily.com/hasen/pages/ShArt.jhtml?itemNo=690426