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Propuesta tras las elecciones

Unidad, movilización y reconstrucción de la izquierda

Fuentes: Rebelión

Zaragoza, Alicante, Madrid, Santiago, Getafe, A Coruña… son los nombres de ciudades que hoy se agrupan bajo la misma denominación: la derrota del PP a manos de la unidad de la izquierda. El paisaje que se abre ante nuestros ojos, tras las elecciones municipales y autonómicas, exige un análisis cuidadoso, huyendo de los mensajes demasiado […]

Zaragoza, Alicante, Madrid, Santiago, Getafe, A Coruña… son los nombres de ciudades que hoy se agrupan bajo la misma denominación: la derrota del PP a manos de la unidad de la izquierda. El paisaje que se abre ante nuestros ojos, tras las elecciones municipales y autonómicas, exige un análisis cuidadoso, huyendo de los mensajes demasiado simplificados. Ya no cabe hablar de lo que podía haber sido, con el edificio tal como está tenemos que construir el futuro.

Los votos no han hecho sino confirmar lo que ya se había producido hace tiempo, el cambio en la calle, el empuje de un movimiento que quiere transformar la sociedad. Pero también han evidenciado algo que debe ocupar nuestra inteligencia y nuestra fuerza de manera urgente, la gestión del cambio. La transformación del ambiente social en victoria electoral no es nada sencillo, podemos perder el potencial transformador como el agua en una cesta.

Madrid es un ejemplo paradigmático, tanto en lo más positivo, como en lo negativo. La presentación de la candidatura de Ahora Madrid ha sido una andadura larga, difícil y no exenta de zancadillas internas y externas, en la que se ha implicado la militancia de Izquierda Unida, de Podemos y de Equo, además de otros grupos y movimientos y, con todos sus defectos, ha conseguido transmitir imagen de unidad y confianza en la victoria, obteniendo 519.210 votos, lo que supone un 31,85% del voto emitido en la ciudad de Madrid. Sin embargo, en la Comunidad de Madrid, Podemos se negó a llevar a cabo un proceso similar y se presentó en solitario, obteniendo, en los distritos de la capital, un total de 286.973 votos, es decir un 17,73% del voto emitido.

Esto debiera bastar, no sólo para demostrar que Ahora Madrid y Podemos no son lo mismo, sino lo más importante, que la unidad era en estas condiciones un factor multiplicador, no una simple suma aritmética.

 

El espejo convexo

Este sistema electoral no está pensado para convertirse en una vía de transformación de la sociedad, de cambio del statu quo, sino todo lo contrario, las normas «democráticas» se hacen para dificultar lo más posible el acceso a los gobiernos de las opciones transformadoras. Podríamos decir que son un espejo convexo, que siempre forma una imagen de menor tamaño que la realidad. El verdadero ambiente social es muy difícil que tenga un equivalente en su «imagen» electoral, pero eso empeora con los errores de la izquierda y, uno de esos errores ha sido la incapacidad de alcanzar la unidad.

Tenemos fuerza para transformar la realidad, pero esa fuerza como en cualquier batalla necesita una formación, una táctica, una estrategia, un programa, unos métodos. Y la experiencia demuestra, sin duda, que el potencial es gigantesco pero que se han cometido errores que debemos reparar con urgencia, ante la perspectiva de unas elecciones generales que podrían ser anticipadas.

Además, es muy importante recordar cuál es la fuerza motriz de este cambio en el ambiente social, de dónde surge la fuerza que transforma las conciencias y pugna por el cambio y exige la unidad. Todo proviene de la movilización social. La fuerza nutricia del cambio electoral tiene sus raíces en las huelgas generales, las manifestaciones, las marchas de la dignidad… en definitiva, en la participación consciente de la clase trabajadora en la política.

Por tanto, la tarea es fundamentarse en esa movilización, y no caer en el cretinismo institucional, no pensar que la transformación social se hace desde el BOE, se hace en la lucha, las leyes sólo son un reflejo de lo que se conquista en la calle, lo que no se conquista nunca se verá reflejado en una ley. Aún después de ganar unas elecciones, la movilización es más necesaria que nunca, pues mientras los verdaderos resortes del poder en la sociedad estén en manos de la clase dominante, lo utilizarán contra toda amenaza a sus beneficios y privilegios.

La derecha deja las instituciones llenas de minas que irán estallando a medida que entremos en los pasillos y salones, que abramos los armarios y las cuentas económicas. La deuda es un buen ejemplo, habrá que empezar por esta triple medida de auditar, moratoria y quita, pero después tendremos que seguir y si queremos controlar la política tendremos que controlar la economía. El control democrático de la economía se reduce, en última instancia, a la propiedad colectiva de lo que se ha creado con la riqueza colectiva, los sectores estratégicos, las instituciones financieras, el agua, la tierra… que hoy están en manos de un puñado de familias de la burguesía. Ese anacronismo, que sólo puede ser resuelto con una política socialista, exigirá la participación y la movilización, la unidad y la fuerza.

No debemos perder de vista que candidaturas como la de Ahora Madrid, que tanta ilusión han despertado, van a verse sometidas a mucha presión por parte de la burguesía. De hecho, ya ha empezado, como pone en evidencia la postura de Esperanza Aguirre. Una parte de los integrantes de esta candidatura ya estuvo en puestos institucionales y en puestos de responsabilidad, en ocasiones pasadas, en las que ya se plegó a las presiones del sistema. Todos podemos cambiar, pero debemos tener precaución y trabajar para contrarrestar la presión que vendrá desde la derecha, las empresas y los bancos, que puede tener un efecto en los elementos más institucionalizados de Ahora Madrid si no hay un contrapeso en el sentido contrario desde la movilización que serviría para reforzar a los más audaces de la candidatura.

Izquierda Unida sin dirección

Para IU, la tarea, esta vez de vida o muerte, es recomponer lo que queda. Algunos lo hemos dejado negro sobre blanco desde hace tiempo, años incluso, explicando el abismo al que nos llevaban de la mano las direcciones de IU y del PCE, que sólo son direcciones nominales, pues su mayor carencia es precisamente ésa, su incapacidad para dirigir la organización. Y dirigir no es dar consignas. En muchos casos, como la situación en que vivimos en los últimos años, es dejar llegar la iniciativa de la militancia a toda la organización sin ahogarla. Las iniciativas han surgido constantemente desde la militancia, desde las asambleas, las propuestas de unidad de Zaragoza, Madrid y Alicante, entre otras, fueron iniciativa directa desde abajo, anticipándose a la dirección en unos casos, arrastrándola en otros, y con expulsiones en algunos, en lugar de tener una política coordinada. A quienes, desde el ámbito federal, intentaron sumarse a este esfuerzo y poner toda la carne en el asador, se les ha boicoteado y ahora se les vilipendia desde esos sectores que carecen de valor para haber concurrido a las primarias de IU frente a Alberto Garzón, que carecen de otra alternativa que no sea los pactos con el PSOE o el PP, y que no tienen vergüenza a la hora de cobrar del sistema financiero o de llevar toda su vida con su culo en un asiento pagado con dinero público, sin rendir cuentas.

Los resultados de Madrid han sido determinantes para el conflicto interno en IU Federal. Hay gente que, como en los chistes, espera a ver de qué lado cae la moneda antes de elegir. Ahora, parece que algunos dirigentes federales de IU y del PCE están dispuestos a sumarse a un intento de recuperación de IU, a dar a la militancia de Madrid el apoyo que no le han dado cuando esperaban que los ripios supliesen a la militancia. Pero no es sólo Madrid, hay que recuperar a la militancia que ha sido apartada de IU. Casos como el de Castellón son expresivos, los dirigentes se negaron a apoyar a la militancia que apostó por la unidad y resulta que EU (IU) ha quedado fuera del Ayuntamiento y la candidatura de unidad ha obtenido un magnífico resultado.

El daño está hecho, resultaba imprescindible haber tenido una política firme en IU federal antes de las elecciones, haber evitado esa parodia de tener a gente expulsada por su vinculación al escándalo de Bankia llevando de la mano en Madrid al Coordinador federal de IU.

La propuesta que personifica Alberto Garzón encarna el intento de recuperar el tiempo perdido. Ya no será lo mismo, pues IU ha perdido su oportunidad histórica, pero aún podríamos jugar un papel decisivo si se lleva a cabo, con la democratización de la organización y rompiendo con el institucionalismo agudo que hemos padecido, siendo la voz de la calle.

Hubiese sido mejor zanjarlo antes, pero no se hizo y ahora, a pesar de lo doloroso, la ruptura con el pasado, con el peso muerto del burocratismo y la corrupción, debe llevarse a cabo sin dilación. Aún estamos a tiempo de recuperar y reagrupar a la militancia, pero no para volver a hacer lo de siempre sino para llevar a cabo cambios que caminen en la dirección de convertirnos en la expresión organizada de las necesidades objetivas de la clase trabajadora.

La unidad como objetivo

Es evidente que la Unidad de la izquierda se ha convertido en un factor decisivo. Es algo instintivo, por supuesto, y sobre todo es un fruto lógico derivado de la experiencia, como el apoyo a los grandes partidos. Es simple realismo, «lo que no se puede conseguir entre muchos, no lo puede conseguir un pequeño grupo», es un razonamiento de la lógica formal que prende en las mentes de las gentes en las primeras fases de un lucha política. Algo fuerte, algo unido tiene más posibilidades, sin entrar en detalles «programáticos». Por eso el trabajo esencial de los marxistas a lo largo de toda la historia ha sido en esencia el mismo, cómo pasar de un pequeño grupo aislado a formar parte de la dirección del gran movimiento transformador que se genera periódicamente en la historia de la sociedad.

No basta sólo con proclamar la unidad, no sirve recurrir al viejo truco de «acuerdo cupulares de los aparatos de los partidos», la participación democrática en ese proceso de unidad es imprescindible para tener éxito.

Y, además, debemos ser conscientes de que en nombre de la unidad no podemos renunciar a la transformación de la sociedad. La experiencia de gobiernos de unidad en Andalucía, Euskadi o Catalunya, han supuesto aceptar la política del PSOE, aceptar el sistema en lugar de combatirlo, y como hemos visto en el caso andaluz, han supuesto la pérdida de oportunidades para la izquierda y la recuperación del bipartidismo.

En definitiva, la unidad, por sí sola, aunque sea condición no es garantía suficiente. Es necesario tener en cuenta más factores. Y, desde luego, en el caso de IU necesitamos tener algo que ofrecer en ese proceso de unidad, sin una organización fuerte y con las ideas claras difícilmente podemos ser influyentes en el proceso de unidad.

Por un lado, hay que deshacerse de los obstáculos que han frenado esa unidad, que no la han comprendido o incluso la han boicoteado. Por otro, hay que tener algo que ofrecer: organización y política. Eso supone un esfuerzo gigantesco de reconstrucción que implica, necesariamente, dotarse de otra dirección. Sólo una organización convencida de lo que hace y de su futuro puede enfrentarse a esa tarea.

Una asamblea extraordinaria era necesaria hace tiempo, pero ahora hay que someterse al calendario de las elecciones y sólo debiera celebrarse si el Consejo Político Federal no es capaz de afrontar la situación dotándose de dirección, objetivos y táctica.

La escisión de IU es inevitable, y no porque nosotros la busquemos, sino porque hay profesionales de la política que sólo aceptan las reglas del juego cuando ganan ellos, cuando cobran ellos. Para ser realistas, la escisión ya se ha producido, Izquierda Abierta en alianza con el aparato de IUCM, ya son otro partido hace tiempo, no sólo diferente, sino hostil y opuesto al proyecto de IU. Ya se acabó el tiempo de las medias tintas, de las componendas para barrer la porquería debajo de la alfombra, es hora de proclamar esa nueva IU con todas las consecuencias y que cada uno ocupe el lugar que le corresponde. Y no tenemos mucho tiempo para hacerlo antes de las elecciones generales.

Podemos no ha podido

Como habíamos previsto, Podemos ya ha mostrado sus limitaciones en estas elecciones, confirmando la tendencia que ya habíamos analizado a propósito de las elecciones andaluzas.

Podemos es sobre todo una expresión, un cauce provisional del proceso subterráneo que se ha producido en nuestra sociedad en los últimos años. Pero una cosa es su base, los miles de personas que ven en este partido una esperanza, y otra la evolución que han marcado sus dirigentes que en su mayoría se han forjado en los métodos de los aparatos del PCE y de IU, y han reproducido rápidamente los defectos.

Pablo Iglesias y sus seguidores, están obsesionados por encontrar lo que no existe, la tercera vía entre la defensa del capitalismo y la del socialismo y, sobre todo, cometen un error que limita su proyecto, el olvidar que la única clase social en la que puede basarse una transformación de la sociedad sigue siendo la clase obrera. Sin contar con ella, incluidos los cientos de miles de trabajadores encuadrados en los sindicatos de clase, no hay transformación posible.

Podemos tiene el gran mérito de haber sabido captar y aprovechar un momento, un ambiente social decisivo, el don de la oportunidad, pero ahora no sabe pilotar esa fuerza descomunal.

Aunque el caso más evidente ha sido Madrid en la candidatura al Ayuntamiento y la Comunidad autónoma, no ha sido un fenómeno madrileño. Los resultados de Podemos en una buena parte de circunscripciones se asimilan a los mejores resultados históricos de IU, es decir, que están muy lejos de la posibilidad de ganar unas elecciones generales en solitario.

Por su parte, IU ha pagado un alto precio por la colaboración con la política del PSOE, por haber mandado ese mensaje contradictorio de «todo contra el bipartidismo» y después gobernar con la mitad del bipartidismo en Andalucía y sustentando al PP en Extremadura.

Pero también IU ha demostrado que es imprescindible para armar la fuerza que pueda derrotar al régimen bipartidista.

Tenemos una gran oportunidad, una obligación, de empezar por abajo con la unidad en la movilización de todas las fuerzas de izquierdas y así, a través de una confluencia diaria por la base, construir una nueva fuerza política. Quien crea que Podemos es el partido definitivo, comete el mismo error que quienes pensaban eso de IU.

De la militancia de ambas organizaciones, con una definición clara de izquierdas, de clase, podría forjarse una fuerza política que determinaría el rumbo de nuestra historia. El trabajo que se ha hecho en esta campaña electoral en muchas federaciones de IU refuerza esa perspectiva.

Tres tareas esenciales

Nos enfrentamos a unas tareas que tenemos que ser capaces de conjugar a un mismo tiempo, pues tienen una íntima relación entre ellas: la movilización, la unidad y la reconstrucción de la izquierda son, dialécticamente, diversos aspectos de un mismo proceso.

En esta triple tarea juega un papel decisivo lo que se haga en las posiciones institucionales que hemos conquistado en las elecciones pasadas. Nuestra labor en ellas, durante las primeras semanas y meses, puede jugar un papel decisivo para convertirlas en palancas de transformación que tengan un peso decisivo en las elecciones generales. Debemos tomar medidas que repercutan de forma inmediata en la vida del pueblo trabajador, en sus condiciones de existencia, en su confianza en sus libertades democráticas. Eso, sería una garantía de triunfo en las elecciones generales.

Es la hora de consolidar estas victorias, para hacerlas irreversibles, conquistando el apoyo ilusionado y consciente de la mayoría de la sociedad.

Se habla mucho del proceso vivido en Grecia con Syriza, y desde luego es algo a emular, pero tengamos en cuenta que Syriza se construyó con un proceso de unidad, sí, pero también con 30 huelgas generales en un período de 5 años. No son las tertulias televisivas lo que nos dará la opción de construir nuestra propia Syriza, sino la lucha, el programa y la unidad.

Ser el catalizador de un gran proceso de transformación social que late en nuestra sociedad, ese es el reto inaplazable al que nos enfrentamos desde la izquierda.

Alberto es miembro de la Presidencia Federal de IU. Jordi y Jesús son miembros de «La Izquierda para cambiar Madrid», que ha agrupado a la militancia de IU en Madrid ciudad, y que ha participado activamente en la candidatura de Ahora Madrid.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.