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Violencia machista

Es una cultura de aceptación de la violencia y del lenguaje violento contra las mujeres

Fuentes: Democracy Now!

La congresista de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez le responde al congresista de Florida Ted Yoho luego de que éste la llamara “maldita p***”.

Quiero agradecer no solo a mis colegas que me han cedido el uso de la palabra hoy, sino a muchos de los congresistas, de ambos partidos, que me han contactado para expresar su apoyo tras un incidente ocurrido a principios de esta semana. Hace unos dos días, yo iba subiendo por los escalones del Capitolio cuando, de repente, el representante Yoho apareció por una esquina, acompañado por el representante Roger Williams, y me abordó en las escalinatas, aquí mismo, a la entrada del Capitolio de nuestra nación.

Yo iba tranquila en mis asuntos, subiendo los escalones, y el representante Yoho apuntó con su dedo a mi cara. Me llamó repugnante. Me llamó loca. Dijo que estaba fuera de mis cabales. Me llamó peligrosa. Luego dio unos cuantos pasos más y, después de que yo señalara que sus comentarios eran groseros, él se alejó y dijo: “¿Yo soy grosero? ¿Me estás llamando grosero a mí?”. Caminé unos pasos más y entré a emitir mi voto, porque los ciudadanos me enviaron aquí para luchar por ellos todos los días, y para hacer lo que sea necesario para que puedan tener un lugar dónde vivir, para que pueden alimentar a sus familias y para que tengan la posibilidad de llevar una vida digna.

Cuando volví a salir habían reporteros frente al Capitolio. Y en presencia de los reporteros el representante Yoho me llamó “maldita p***”. Estas son las palabras que el representante Yoho utilizó contra una congresista, la congresista que no solo representa el 14º distrito congresional de Nueva York, sino a cada mujer congresista y a todas las mujeres de este país, porque todas hemos tenido que enfrentar esto, de alguna forma, de alguna manera, en algún momento de nuestras vidas.

Y quiero dejar claro que los comentarios del representante Yoho no fueron especialmente dolorosos o lacerantes para mí, porque yo he sido parte de la clase trabajadora. He sido camarera en restaurantes. He viajado en el metro. He caminado por las calles de Nueva York. Y este tipo de lenguaje no es nuevo. Me he encontrado antes con las palabras dichas por el Sr. Yoho y con hombres que pronunciaban las mismas palabras que el Sr. Yoho mientras me acosaban en restaurantes. He tenido que echar a hombres de bares que han usado un lenguaje similar al del Sr. Yoho. Y me he encontrado con este tipo de acoso al viajar en el metro en Nueva York. Esto no es nuevo. Y ese es el problema.

El señor Yoho no estaba solo. Estaba caminando hombro a hombro con el representante Roger Williams. Y ahí es cuando empezamos a ver que esto no es un incidente aislado. Es cultural. Es una cultura de impunidad, de aceptación de la violencia y el lenguaje violento contra las mujeres, y una estructura de poder que apoya esto. Porque no solo se me ha faltado el respeto verbalmente aquí, particularmente por parte de miembros del Partido Republicano y funcionarios electos del Partido Republicano, sino también por parte del presidente de Estados Unidos, quien el año pasado me dijo que me regresara a casa, a otro país, con la implicación de que yo ni siquiera pertenezco a Estados Unidos. El gobernador de Florida Ron DeSantis, incluso antes de que prestara juramento, me llamó “lo que sea eso”.

El lenguaje deshumanizador no es nuevo. Y lo que vemos es que incidentes como estos obedecen a un patrón. Un patrón de actitudes nocivas hacia las mujeres y de deshumanización de los demás. Como no me sentí profundamente herida ni ofendida por estos pequeños comentarios que se hacen, cuando reflexionaba sobre esto pensé, honestamente, que lo iba a dejar pasar e irme a casa. Es solo un día más, ¿verdad?

Pero luego, ayer, el representante Yoho decidió intervenir en la Cámara de Representantes e inventarse excusas sobre su comportamiento. Y eso no se lo podía dejar pasar. No podía permitir que mis sobrinas, las niñas que me esperan en casa, no podía permitir que las víctimas de abuso verbal y de cosas peores, tuvieran que ver eso, esas excusas, y tuvieran que ver cómo el Congreso reconoce esas excusas como legítimas y las acepta como una disculpa. No permitiría que tuvieran que tolerar el silencio como forma de aceptación. No podía permitirlo y es por eso que estoy aquí hoy, para hablar sobre el tema de los privilegios personales.

No necesito que el representante Yoho se disculpe conmigo. Es claro que no lo quiere hacer. Es claro que, de tener la oportunidad, no lo hará. Y no me voy a desvelar esperando una disculpa de un hombre que no se arrepiente de usar lenguaje abusivo contra las mujeres. Pero con lo que sí tengo problema es que se use a las mujeres, nuestras esposas, hijas, como escudos y excusas para conductas inapropiadas.

El Sr. Yoho mencionó que tiene una esposa y dos hijas. Tengo dos años menos que la hija menor del señor Yoho. Yo también soy la hija de alguien. Por fortuna mi padre no está vivo para ver cómo el señor Yoho trata a su hija. Mi madre tuvo que ver la falta de respeto por parte del señor Yoho hacia mí en esta Cámara, por televisión. Y estoy aquí porque tengo que mostrarles a mis padres que soy su hija y que no me educaron para aceptar abusos de hombres.

Ahora, lo que sí vine a decir es que este daño que el Sr. Yoho trató de infligirme, no fue solo un incidente dirigido en mi contra. Cuando se le hace eso a cualquier mujer, como lo hizo el señor Yoho, equivale a darle permiso a otros hombres para hacer lo mismo con sus hijas. Al usar ese lenguaje delante de la prensa él dio permiso a otros para usar el mismo lenguaje contra su esposa, sus hijas, las mujeres en su comunidad. Y estoy aquí para alzar mi voz y decir que eso no es aceptable. No me importa cuáles sean sus puntos de vista. No importa cuán en desacuerdo esté o cuánto me indigne o lo mucho que sienta que hay personas que deshumanizan a otras. Yo no lo voy a hacer. No permitiré que cambien nuestros corazones y planten odio en ellos.

Creo firmemente que tener una hija no hace decente a un hombre. Tener una esposa no hace decente a un hombre. Tratar a las personas con dignidad y respeto, eso hace decente a un hombre. Y cuando un hombre decente se equivoca, como lo hacemos todos, él hace su mejor esfuerzo y se disculpa de verdad, no para quedar bien ni para conseguir votos. Lo hace genuinamente, para reconocer y reparar el daño hecho, y así todos podemos seguir adelante.

Por último, lo que quiero expresarle al señor Yoho es gratitud. Quiero agradecerle por mostrarle al mundo que se puede ser un hombre poderoso y atacar a las mujeres. Un hombre puede tener hijas y atacar a las mujeres sin arrepentirse. Puede estar casado y acosar a las mujeres. Puede tomarse fotos en las que proyecta una imagen ante el mundo de ser un hombre de familia y acosar mujeres sin ninguna culpa y gozando de impunidad. Así sucede todos los días en este país. Sucedió aquí en los escalones del Capitolio de nuestra nación. Sucede cuando los individuos que ocupan los cargos más altos en esta sociedad admiten… ¡Admiten!, que lastiman a las mujeres y usan este lenguaje contra todas nosotras.


Traducido por Gabriela Barzallo e Iván Hincapié. Editado por Pamela Subizar.

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