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A vueltas con la violencia machista y el consentimiento

Fuentes: Rebelión

Como se recordará, estos años se han desarrollado grandes debates y posicionamientos políticos y feministas en torno a cómo abordar la lacra social de la violencia de género y el papel del consentimiento como garantía para unas relaciones sexuales voluntarias y libres.

Las discusiones e iniciativas han estado enmarcadas en la movilización de la cuarta ola feminista contra la violencia machista, en estos últimos años, y la ley del ‘solo sí es sí’, propuesta inicialmente por el Ministerio de Igualdad dirigido por Irene Montero y el primer Gobierno de coalición progresista y, más tarde, recortada por el acuerdo entre PSOE y PP. Además, el Parlamento europeo acaba de avalar al consentimiento como criterio fundamental para evaluar las agresiones sexuales, tal como se exponía en la legislación española y se había aprobado en el propio Consejo de Europa.

En el plano sociológico también se ha publicado recientemente el Barómetro de Juventud y Género 2025, promovido por el Centro Reina Sofia FAD Juventud, que expone algunos datos interesantes sobre la actitud de la gente joven sobre la desigualdad por sexo/género y el feminismo.

Entresaco los más significativos: el 20% de las mujeres jóvenes declara haber sido forzada a mantener relaciones sexuales cuando no quería; más de dos tercios de la juventud (67,7%) considera que la violencia de género es un problema social muy grave; cerca del 40% de jóvenes varones se considera feminista, así como el 42% del total de la población; el 61% de chicas y el 37% de chicos opinan que hay desigualdad de género; más del 77% del conjunto de la juventud considera que la igualdad de derechos debe ser central en la relación; el 72% de mujeres y el 58% de varones consideran la igualdad fundamental para la sociedad.

En un contexto de ofensiva conservadora y ultra, existe una especial influencia en un sector minoritario de jóvenes varones que se distancian del feminismo, por sus supuestos excesos en la eliminación de ciertos privilegios masculinos o porque se sienten desprotegidos ante sus malestares.

No obstante, el estudio muestra la mayoritaria percepción del conjunto de la juventud (dos tercios) sobre la gravedad de la violencia machista, así como la arraigada conciencia feminista, especialmente entre las mujeres que amplían la brecha con sus colegas varones. Así, sobresale la impresión de la permanencia de la desigualdad de género, la importancia de la igualdad entre los sexos y sus relaciones, e incluso que cuatro de cada diez jóvenes varones se declaran feministas -con la indefinición de la mayoría-.

Por último, en estos días previos a la conmemoración del día 8 de Marzo, todavía hay que insistir en que la violencia machista sigue existiendo, en sus formas más graves de asesinatos de mujeres; o bien, en casos de gran impacto político en las filas progresistas, como la violación -presunta- de Íñigo Errejón a una mujer, según su denuncia, con la que mantenía una relación sentimental, en la misma época (otoño de 2021) que la agresión a Elisa Mouliaá, pendiente de juicio, y que desbarata la queja victimista de linchamiento público sin fundamento divulgada por el entorno del ya exdirigente político.

Esta persistencia de las violencias machistas, junto con la percepción social de su injusticia y la actualización de la temática sobre el consentimiento, permite abordar, de forma sintética, algunas ideas clave para afrontarlas y clarificar algunos debates.

El consentimiento es un asunto relacional entre dos personas que requiere acuerdo mutuo para no considerarse agresión prepotente y dominadora, sin caer en el formalismo de un contrato, y menos si es injusto. Supone expresión de voluntariedad, de acuerdo, es decir el sí a la relación, siempre reversible por el no. Es independiente del nivel del deseo o el placer, que están en otra esfera, y expresan una pulsión individual.

Por tanto, el consentimiento, su práctica social generalizada, es una defensa femenina ante el riesgo de agresión machista, con imposición de una práctica no consentida. Es fundamental para la prevención de la violencia machista y garantizar unas relaciones voluntarias y libres.

Otro plano son las incertidumbres personales durante el sexo consentido, para abordar libremente, así como los riesgos y experiencias que cada cual quiera -voluntariamente- asumir. Pero la línea de ser una actuación consentida o no debe estar clara, aunque puede variar en el tiempo, incluso con momentos de indecisión.

No tiene mucho recorrido la pretendida distinción entre consentimiento y permiso, cuando esta palabra también significa autorización, conformidad… y consentimiento. Cuando se habla de contractualismo se refiere a un enfoque relacional entre dos partes, superando el simple individualismo.

El sexo consentido forma parte de ese acuerdo que se puede revertir en cualquier momento por cada una de las partes. No estamos ante una interpretación jurídica o notarial de un compromiso vinculante para siempre y en cualquier condición que ata a la mujer al dominio masculino (como el matrimonio patriarcal), sino ante una expresión voluntaria de la aceptación de la relación sexual… que se puede cambiar por decisión propia.

La violencia machista es un problema social y colectivo de dominación de las mujeres (y colectivos LGTBIQ+) contra la que tiene que intervenir el Estado de derecho, las instituciones y la propia solidaridad cívica y feminista. No es un asunto privado sino público, de igualdad, ética y justicia.

El eje contra las agresiones machistas debe superar el punitivismo, como simple castigo penal o público. Se debe adecuar la legislación y los dispositivos institucionales y, sobre todo, el comportamiento social en un sentido igualitario, de reciprocidad cooperativa y, en último término, de exploración de la felicidad. Por tanto, la actuación colectiva debe virar hacia la prevención -educativa, cooperativa e institucional-, la protección pública de las víctimas, junto con su reparación, y la justicia restaurativa.

Antonio Antón es sociólogo y politólogo

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.