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Los kurdos, carne de cañón estadounidense: ¿se repite la historia en Irán?

Fuentes: Rebelión [Foto: una integrante de la milicia kurda del KDPI (Wikimedia Commons)]

Traducido del neerlandés por el autor

Washington e Israel animan a las milicias kurdas a iniciar una ofensiva terrestre contra el gobierno iraní. Sin embargo, los precedentes históricos muestran que Estados Unidos abandona sistemáticamente a sus aliados kurdos en cuanto cambian los vientos geopolíticos.

Guerra por delegación

La actual escalada en Oriente Medio ha alcanzado un nuevo y peligroso punto de ebullición. Después de que los ataques aéreos estadounidense-israelíes eliminaran a figuras clave del régimen iraní, Washington y Tel Aviv buscan una manera de asestar el golpe de gracia sin desplegar masivamente sus propias tropas terrestres.

La solución que ahora está sobre la mesa es una receta probada pero cínica: armar a minorías étnicas para desencadenar una guerra civil desde el interior.

Según The Wall Street Journal, el presidente Donald Trump está abierto a apoyar a grupos armados dispuestos a luchar contra el gobierno iraní. Una de las opciones que Washington contempla son los grupos combatientes kurdos en Irak, que cuentan con miles de efectivos a lo largo de la frontera irano-iraquí.

Según un funcionario estadounidense, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu propuso por primera vez la idea de utilizarlos en un encuentro con Trump en la Casa Blanca. Ahora se está trabajando en ello. Según recientes informes de inteligencia, la CIA ha puesto en marcha un programa encubierto para proporcionar armas ligeras y entrenamiento a miles de kurdos iraníes. Estos combatientes, que actualmente se encuentran en la región kurda semiautónoma de Irak, están siendo alentados a cruzar la frontera e iniciar una rebelión en el noroeste de Irán.

También desde el año pasado se han introducido armas de contrabando en el oeste de Irán para armar a miles de voluntarios kurdos. Así lo informa ITV News. Según fuentes kurdas, se estarían preparando para una ofensiva terrestre que podría comenzar en pocos días, y se ha pedido a Estados Unidos e Israel que proporcionen apoyo aéreo en cuanto comiencen las operaciones.

El objetivo no es necesariamente una transición democrática, sino desestabilizar y finalmente desmantelar el Estado iraní fomentando el separatismo.

Esta estrategia de boots on the ground (botas sobre el terreno) mediante intermediarios es una manera para que Estados Unidos externalice los costes de la guerra. Mientras los diplomáticos estadounidenses hablan de libertad para el pueblo kurdo, los críticos señalan que se utiliza a las milicias meramente como un instrumento para debilitar a Irán.

El riesgo para los propios kurdos es inmenso, ya que recibirán todo el impacto del aparato militar iraní en cuanto se realicen los primeros disparos.

Amargas lecciones del pasado

La promesa de apoyo estadounidense es para los kurdos un regalo que invariablemente termina en tragedia. La historia del siglo XX está sembrada de ejemplos en los que Washington jugó la carta kurda para debilitar a adversarios regionales, para luego sacrificarlos sin contemplaciones.

En 1975 el entonces secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, cerró un acuerdo infame. Después de que Estados Unidos hubiera animado durante años a los kurdos iraquíes a rebelarse contra Bagdad, retiró el apoyo a la operación en cuanto el sha de Irán alcanzó un acuerdo territorial con Irak.

Kissinger declaró entonces con frialdad que «las acciones encubiertas no deben confundirse con el trabajo misionero». Los kurdos fueron abandonados a su suerte y masacrados en masa.

También en 1991, tras la primera Guerra del Golfo, Washington instó a los kurdos y a los chiíes de Irak a levantarse contra Saddam Hussein, para finalmente dejarlos a su suerte. Cuando estalló la insurrección, las tropas estadounidenses observaron pasivamente desde la barrera mientras la fuerza aérea iraquí desplegaba helicópteros de combate para masacrar a los rebeldes y a decenas de miles de civiles.

Una y otra vez queda claro que las aspiraciones kurdas de autodeterminación están subordinadas a la política de gran potencia de Estados Unidos en la región.

Traición reciente en Siria

El ejemplo más reciente y doloroso de esta traición tuvo lugar en Siria. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) kurdas fueron los aliados más eficaces y fieles de la coalición occidental en la lucha contra el Estado Islámico. Miles de hombres y mujeres kurdos dieron su vida para destruir el califato y construyeron en el norte de Siria una forma frágil pero esperanzadora de autogobierno.

A comienzos de 2026, sin embargo, la administración Trump decidió que el papel de las SDF había terminado. En un sorprendente cambio de política, Washington optó por apoyar al nuevo gobierno central en Damasco, lo que puso fin de facto a la autonomía kurda.

Las SDF perdieron en pocas semanas el ochenta por ciento del territorio que habían liberado con tanta sangre. El mensaje fue alto y claro para los kurdos de toda la región: Estados Unidos es un socio poco fiable. Un experto regional señala que los kurdos iraníes ahora «sangran por la puñalada de ayer».

La vacilación entre los líderes kurdos es, por tanto, grande. Comprenden que se les pide nuevamente sacar las castañas del fuego a una gran potencia que, sin duda, volverá a abandonarlos en cuanto cambien los intereses estratégicos. El cinismo de la diplomacia estadounidense ha sembrado una profunda desconfianza que no desaparecerá fácilmente.

Temor regional al caos total

Los planes de Washington y Tel Aviv no solo encuentran escepticismo kurdo, sino también una fuerte oposición de las potencias regionales. El gobierno de la Región Autónoma Kurda en Irak (KRG) se encuentra en una encrucijada imposible. El presidente Nechirvan Barzani ha declarado públicamente que su región no debe convertirse en parte de un conflicto militar que ponga en peligro la seguridad de sus ciudadanos.

La población kurda en Irak teme fuertes represalias iraníes. Teherán ya ha demostrado en varias ocasiones que no duda en lanzar misiles y drones contra objetivos en el Kurdistán iraquí cuando considera que allí se alojan «centros de espionaje israelíes» o milicias insurgentes.

Además, el gobierno central en Bagdad, que mantiene estrechos vínculos con Irán, ejerce una enorme presión sobre los kurdos para que no faciliten el apoyo a grupos antiiraníes.

También está el factor Turquía. Ankara lleva décadas librando una guerra sangrienta contra el PKK y observa con gran desconfianza cualquier forma de fortalecimiento militar kurdo en sus fronteras. Aunque Turquía no es amiga del régimen iraní, probablemente preferirá cooperar con Teherán para impedir la formación de un Estado kurdo antes que apoyar los planes de Trump.

En otras palabras, la posibilidad de un conflicto regional en el que se involucren varios ejércitos es muy real.

Apuesta suicida para la minoría

A pesar de todas las advertencias, dentro del movimiento kurdo iraní hay grupos que ven este caos como una «oportunidad única» de liberación. Tras décadas de opresión y discriminación por parte del gobierno de Teherán, esperan que la actual inestabilidad les ofrezca el espacio necesario.

Entre milicias como el KDPI y el PJAK hay un fuerte llamamiento a la ayuda de la CIA para obtener inteligencia, armas y, sobre todo, el establecimiento de una zona de exclusión aérea. Sin embargo, los expertos advierten que puede ser una apuesta suicida. Sin un compromiso militar firme y duradero de Estados Unidos – por el que el presidente Trump hasta ahora no ha mostrado ningún interés –, estas milicias quedarán solas una vez que estalle realmente la lucha.

Irán dispone de un poderoso aparato militar que aplastará con sangre cualquier rebelión interna para garantizar la supervivencia de la República Islámica.

En última instancia, los kurdos corren de nuevo el riesgo de convertirse en víctimas de su propia geografía y de las ambiciones de las grandes potencias. Washington juega un juego peligroso al fomentar una «rebelión sin coste» en la que no muera ningún soldado estadounidense, pero donde el precio en sangre kurda será muy alto.

Marc Vandepitte es miembro de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad (REDH).

Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/03/06/de-koerden-als-amerikaans-kanonvlees-herhaalt-de-geschiedenis-zich-in-iran