El arte de la guerra se basa en el engaño. (Tzu Tzu)
¡Qué bellos los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Rom 10:15)
Clave 1. El tiempo. La historia
En Irán se entrecruzan las diversas dimensiones del tiempo y de la geografía, tiempo y espacio.
El tiempo corto, inmediato, de la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán. El tiempo medio, cuyo corte podemos ubicarlo en agosto 1953, el derrocamiento del Primer Ministro, Mohammad Mossadegh, elegido democráticamente, en la “Operación Ajax”, orquestada por la CIA y el MI6, y la instauración del Sha de Irán. Es el momento en que se inicia la confrontación actual entre Estados Unidos-Inglaterra con el Estado Persa. El tiempo largo, las luchas civilizatorias entre Occidente y la civilización iraní, en el marco de la confrontación entre Estados-civilización-imperio, que introducen la cuestión del final del Imperio. Y el tiempo muy largo, la génesis de la civilización iraní en el 1.300 dC, filial de la civilización siríaca, 1200 dC, y de la civilización Minoica, 3000 aC; y su proyección actual. Una civilización de mil años.
Todos los tiempos se condensan en el presente-ahora. La característica principal se presenta como tiempo de transiciones en las diferentes dimensiones del tiempo: paso de la hegemonía unilateral de Estados Unidos, a la hegemonía multipolar. La decadencia de Occidente y el anuncio de un nuevo mundo. Y en esos pasos, Irán es la clave.
Clave 2. La geografía. El espacio
La geopolítica es en primer lugar geografía.
- Irán
Irán tiene ventajas geográficas estratégicas. La ubicación geográfica dibuja a Irán en el cruce de Occidente y Oriente. Funciona como un puente terrestre y marítimo que conecta diversas regiones económicas clave y permite el control de flujos energéticos vitales. Irán se sitúa en el punto de encuentro de Asia Central, el Cáucaso, el Sur de Asia y el Medio Oriente.
El Estrecho de Ormuz, situado entre Omán e Irán, con un estrangulamiento de 33 kilómetros en su punto más estrecho, une el Golfo Pérsico con el Océano Índico, controla el 20% del comercio de petróleo y gas a nivel mundial. El cierre o el control de los flujos de hidrocarburos alteran la economía mundial.
En forma delegada, a través de los Hutíes de Yemen, también está el control del Estrecho de Bab el-Mandeb, un punto de estrangulamiento naval de 36 km de ancho en su zona más angosta, situado entre Yemen y el cuerno de África, en el mar Rojo, conecta el océano Índico con el mar Mediterráneo vía Canal de Suez.
Irán posee 2.815 kilómetros de costa en total, distribuidos en dos regiones geográficas, tanto en el Mar Caspio al norte, como en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán al sur, lo que le permite proyectar poder naval y comercial en múltiples direcciones.
Irán es una potencia en recursos energéticos: tiene las cuartas mayores reservas de petróleo del mundo y las segundas de gas natural, lo que le permite tener una alta influencia en la OPEP y en la política energética mundial.
Geográficamente es una fortaleza natural, una especie de “isla terrestre”. Tiene una extensión territorial de aproximadamente 1.648.195 kilómetros cuadrados,el 17º país más grande del mundo y el segundo más extenso de Oriente Medio, después de Arabia Saudita.
Los límites geográficos de Irán definen su posición estratégica en el corazón de Eurasia, rodeado por siete países y dos importantes cuencas marítimas. Al Norte limita con la República de Armenia, la República de Azerbaiyán, Turkmenistán y las aguas del Mar Caspio. Sur: Sus fronteras son exclusivamente marítimas, bañadas por las aguas del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, conectados por el vital Estrecho de Ormuz. Al Este, comparte fronteras terrestres con Afganistán y Pakistán. Al Oeste, sus vecinos son Turquía (al noroeste) e Irak.
La geografía de Irán

Irán es una meseta alta rodeada de cadenas montañosas masivas que actúan como muros defensivos, como un “anillo de hierro”. Los Montes Zagros recorren más de 1,500 km desde la frontera con Turquía hasta el Estrecho de Ormuz; sus picos superan los 4,000 metros y crean un terreno extremadamente accidentado que históricamente ha dificultado las invasiones desde Mesopotamia (el actual Irak). Los Montes Elburz (Norte) protegen el corazón del país del acceso desde el Mar Caspio. Son tan altos que incluso bloquean las nubes, creando una barrera climática entre la exuberante costa norte y el árido interior. Montañas del Este: En la frontera con Afganistán y Pakistán, el terreno es igualmente hostil, lo que dificulta el movimiento de grandes ejércitos convencionales. Y luego, en el centro, vienen dos desiertos de sal, el Dasht-e Kavir y el Dasht-e Lut, el “Corazón vacío”, difícil de traspasar.
Esta geografía dificulta cualquier guerra relámpago, lo que obliga al enemigo a una guerra prolongada y costosa. Permite a Irán una organización descentralizada, una especie de mosaico, que es la base de la distribución bélica en la guerra actual.
Su capacidad se basa en la guerra asimétrica y un arsenal masivo de proyectiles no tripulados. En el mar se enfoca en la “guerrilla naval”. Cuenta con 600 mil soldados, entre el Ejército y la Guardia Revolucionaria; en el marco de la guerra actual llegarían a un millón de efectivos. Además cuenta con el apoyo de Hezbollah en el Líbano y las milicias en Irak y Yemen.
Por su ubicación geográfica, puede actuar sobre los países del Golfo, que han servido de asentamiento para las bases norteamericanas y de trampolín para los ataques aéreos de Estados Unidos en combinación con Israel.
Irán cuenta con una población de 90 millones de habitantes. Tiene una composición étnica diversa: 61% de Persas, en las principales ciudades; 16% de azeríes, en el noroeste, cerca de Azerbaiyán; 10% de kurdos en el este; y otras minorías. Esta diversidad puede ser vista como un factor de riesgo para fracturas internas, pero también aporta a una visión más amplia. Un país complejo, con una larga historia y una diversidad de visiones culturales y espirituales, con el islamismo chiita como referente de cohesión. Un norte y las ciudades más modernizadas, cosmopolitas y hasta prooccidentales, y regiones más tradicionales, sobre todo en el campo.
- Estados Unidos
Estados Unidos mantiene una red de 19 instalaciones militares repartidas en Oriente Medio, especialmente en los países del Golfo Pérsico. A marzo de 2026, se estima que hay de 40.000 a 50.000 efectivos desplegados en la región. Las principales bases:
Qatar: Base Aérea Al Udeid: Es la instalación militar estadounidense más grande de todo Oriente Medio. Sirve como cuartel general avanzado del Mando Central de los EE. UU. (CENTCOM) y alberga fuerzas aéreas y de operaciones especiales.
Bahréin: Naval Support Activity Bahrain (NSA Bahrain): Ubicada en Juffair, es la sede de la Quinta Flota de la Marina de Estados Unidos. Es el centro de mando naval crítico para todas las operaciones en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mar Arábigo.
Kuwait: Camp Arifjan: Funciona como un centro logístico principal para el ejército de tierra en la región. Base Aérea Ali Al Salem, conocida como «La Roca», es un eje fundamental para el transporte aéreo de tropas y suministros cerca de la frontera iraquí.
Emiratos Árabes Unidos (EAU): Base Aérea Al Dhafra: Situada cerca de Abu Dabi, acoge aviones de combate y entrenamiento avanzado en guerra aérea y misiones de reconocimiento.
Arabia Saudita: Base Aérea Prince Sultan, para la defensa antimisiles.
También tiene instalaciones militares en Irak, Siria y Jordania
Mapeo de las tropas y bases militares estadounidenses en Oriente Medio.[1]

Estados Unidos ha basado su poder en el control de los mares y las vías de circulación del comercio mundial.
Desplegó en la zona dos portaviones: USS Abraham Lincoln (CVN-72): Buque insignia del Grupo de Ataque 3, opera actualmente en el Mar Arábigo. Sus aeronaves, incluidos los cazas de quinta generación F-35C Lightning II, han participado activamente en ataques contra infraestructura militar iraní. USS Gerald R. Ford (CVN-78): El portaaviones más grande del mundo lideró el Grupo de Ataque 12 al inicio de la guerra. Recientemente fue trasladado a la base de Souda Bay (Creta, Grecia) para reparaciones. El USS George H.W. Bush (CVN-77) ha sido designado para reemplazar al Ford en el frente. El grupo incluye a los destructores USS Mason y USS Ross, que ya se encuentran en tránsito desde el Atlántico hacia Oriente Medio.
Cuenta también con fuerzas de asalto anfibio: USS Tripoli (LHA-7): Buque de asalto anfibio que llegó a la región a finales de marzo de 2026 liderando una unidad expedicionaria con aproximadamente 2.500 a 5.000 marineros y marines. Grupo Anfibio USS Boxer: Incluye los buques USS Boxer, USS Comstock y USS Portland, que transportan a la 11ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina (MEU) con otros 2.200 marines hacia la zona de conflicto.
Al menos cinco destructores (clase Arleigh Burke) están posicionados en puntos críticos como el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, encargados de la interceptación de drones y misiles iraníes. Al menos tres buques de combate, más pequeños y ágiles operan directamente dentro de las aguas del Golfo Pérsico para patrullaje y seguridad marítima.
- Israel
Se sitúa en el Levante, en la costa oriental del Mar Mediterráneo, en Medio Oriente. Es un país pequeño con una extensión de 22.145 kilómetros cuadrados; 75 veces más pequeño que Irán.
Limita al Norte con El Líbano; al Noreste con Siria (Altos del Golán); al Este con Jordania y Cisjordania (Territorios Palestinos); al Suroeste con Egipto (Península del Sinaí) y la Franja de Gaza; al Oeste con el Mar Mediterráneo; al Sur, una pequeña salida al Mar Rojo a través del Golfo de Áqaba (puerto de Eilat).
Su población es de 10 millones de habitantes. La composición demográfica: Judía: 73%; Árabe-israelí: 21%, y otros grupos (cristianos, drusos, etc.): 6%.
Ocupa el puesto 17 entre los ejércitos más poderosos. Su doctrina se basa en la superioridad tecnológica y la movilización rápida.
Su principal recurso estratégico es la Fuerza Aérea, con cazas que se ubican entre los más avanzados del mundo. Cuenta con un sistema de defensa antimisiles multicapa: Cúpula de hierro, para cohetes de corto alcance; Honda de David, para misiles crucero y de mediano alcance; Arrow 2 y 3, para interceptar misiles balísticos iraníes fuera de la atmósfera. Cuenta con bombas atómicas, entre 90 y 300 ojivas nucleares.
En la Fuerza Terrestre destaca el tanque Merkaba IV. Sus agencias (Mossad, Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales, y Aman, la Central de Inteligencia) y la Unidad 8200 de guerra cibernética son referentes mundiales en operaciones de sabotaje, espionaje y guerra electrónica.
En la Operación “Furia Épica”, iniciada el 28 de febrero, contra Irán, ha operado en coordinación con el CENTCOM de EE. UU.
Clave 3. Ciclos civilizatorios.
“Las sociedades nunca mueren de muerte natural, sino por asesinato o suicidio.” (Toynbee, 1991-1998) (Josep, 2015) La fase de desintegración del Imperio norteamericano.
Arnold Toynbee, historiador de los tiempos muy largos, civilizatorios, establece seis fases de desarrollo de las civilizaciones-imperios (Toynbee, 1991-1998): Génesis, Crecimiento, Tiempos revueltos, Colapso, Estado universal, Desintegración. No son tiempos lineales, puede haber momentos de crisis y recuperación, decadencias y nuevos ascensos; sin embargo la tendencia es a cerrar los ciclos en la desintegración.
Éste es el camino que han seguido las diferentes civilizaciones e imperios. El referente paradigmático es el ciclo del Imperio romano.
“Cuando una civilización está en crecimiento genera una mímesis positiva en las sociedades externas e irradia aspectos positivos en los planos económico, político y cultural. En esta situación las fronteras se diluyen y se genera un aura alrededor del área de influencia de la civilización. Cuando la civilización entra en descomposición, cierra sus puertas hacia las sociedades externas a las que empieza a considerar como enemigas. Esto genera el desencanto de estas sociedades y la pérdida de mimesis positiva. Aparecen fronteras fijas y claramente definidas alrededor del área dominada por la civilización y el fin se acerca.” (Josep, 2015)
El período iluminista es la fase de ascenso y crecimiento, la crisis actual parte del debilitamiento de su hegemonía. El inicio del período de decadencia puede ubicarse en el paso a la financiarización a partir de la eliminación del sistema del patrón oro y el establecimiento de la libre convertibilidad centrada en el dólar fiat, en 1971, con Nixon. Luego asistimos al estallido de diversas burbujas financieras, con el momento más difícil en la crisis financiera del 2008.
“Una civilización en desintegración encuentra un cierto alivio en su caída en el sometimiento a una unificación política enérgica en forma de un “Estado universal””. (Josep, 2015) En nuestro tiempo, el relato del “fin de la historia” a raíz de la caída de la URSS, la proclama del “siglo de pax americana”, anunciaban el “Estado universal”. Empero en ese mismo año se inician las guerras en Yugoeslavia y la prima invasión a Irak.
“Una civilización en desintegración no ejerce atracción, se encierra en sí misma y se torna violenta contra sus sociedades primitivas vecinas. Ataca y conquista, hasta que la distancia complica el avance militar. Este avance ha destruido el áurea protectora que se ha convertido en una auténtica frontera en forma de una línea definida que separa a la “civilización” de los “bárbaros”. Este es el primer paso hacia la desaparición de la civilización. La combinación de la rebelión del descontento interno de una sociedad frente a la mayoría dominante opresora y del empuje del exterior, atacado y expulsado de los beneficios de la sociedad vecina superior, han generado el fin de múltiples civilizaciones.” (Josep, 2015)
El caso Epstein es el signo de la decadencia ética. Estados Unidos vive internamente una guerra civil larvada y encuentra diversas formas de resistencia desde afuera. Rusia se presenta como una potencia militar que puede enfrentar el poder militar de Occidente, de la OTAN: Ucrania es el escenario. China puede enfrentar el poder económico de Estados Unidos, con disputas en diversos terrenos. La guerra de Irán es la clave para el desenlace de esta confrontación.
“El colapso se produce cuando fracasa el “progreso hacia la autodeterminación”. La minoría creativa se contagia del efecto mecánico de la mimesis del resto de la sociedad y pierde su impulso inicial. También puede ocurrir que los conductores cambien “las mansas armas de la persuasión por el látigo de la compulsión”. En estos casos, la minoría creativa se convierte en minoría dominante, perdiendo el efecto mimético sobre la sociedad que empieza a mostrarse refractaria hacia ellos. El militarismo es más un síntoma de decadencia que de crecimiento, aunque en las fases de decadencia también puede darse un desarrollo acertado de la tecnología.”” (Josep, 2015)
El “american way of life” ha perdido fuerza de convocatoria, no sólo para los migrantes, sino también para la mayoría de ciudadanos norteamericanos.
El Proyecto MAGA y las guerras de Trump son el intento desesperado de evitar el declive en un doble juego: intentar el retorno de la producción mientras mantiene el control financiero y monetario mundial; moverse dentro de un mundo tripolar, mientras defiende la hegemonía militar mundial.
La disputa del relato sobre el curso de la historia es decisivo. El poder americano ha impulsado una campaña islamofóbica permanente, que genera desinformación. No sólo es el desconocimiento de la civilización iraní, sino la deformación sistemática, utilizando temas sensibles en Occidente.
Dos focos claves son el ataque contra el autoritarismo y la ausencia de democracia en Irán, y la violación de los derechos de las mujeres.
El debate es sobre el sentido y el carácter de la democracia y la validez de los sistemas políticos. La sorpresa viene cuando el sistema político iraní, que combina teocracia y república, se muestra sólido ante los ataques, incluido el descabezamiento de sus líderes; y el apoyo de la población al régimen se fortalece. Una imagen sorprendente es la presencia del Presidente o del Ministro de Relaciones Exteriores, acompañando sin escoltas las marchas masivas de apoyo de la población.
Entra en disputa el sentido de los derechos de las mujeres, en el marco general del patriarcalismo, que atraviesa tanto a Occidente, como a la sociedad iraní.
La propaganda occidental centra el ataque en el control de la vestimenta y el uso del hiyab, la subsistencia de leyes de familia que limitarían la autonomía y el movimiento de las mujeres, la restricción del acceso a altos puestos de dirección, como el Consejo de Guardianes o la posición de Guía Supremo.
La respuesta del otro lado está en la ampliación de los derechos reales de las mujeres, como el de la educación. Según un Informe presentado por Human Rights Council en la ONU (2025), las mujeres representan el 60% del total de estudiantes universitarios. En el proceso de ingreso para el ciclo 2025, el 63% de los aspirantes registrados fueron mujeres. En las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, las mujeres suponen cerca del 70% de la matrícula y de los graduados. Esta es una de las tasas de participación femenina en STEM más altas a nivel mundial. Las mujeres ocupan el 58% de las plazas en programas de doctorado profesional. En medicina y las ciencias básicas, la presencia femenina supera el 70% de los estudiantes. Aproximadamente el 25% de los talentos destacados respaldados por la Fundación Nacional de Élites de Irán son mujeres. Para finales de 2025, se registraron 135 científicas iraníes dentro del 1% de los investigadores más citados del mundo. Según la UNESCO, la tasa de alfabetización entre las mujeres niñas y jóvenes está en el 99%.
Clave 4. Ciclos sistémicos de acumulación. Ciclos de hegemonía.
El ciclo del capital financiero-rentista-criminal.
Giovanni Arrighi (1999), plantea cuatro Ciclos Sistémicos de Acumulación hasta el final del siglo XX, cada uno dominado por una potencia que establece las reglas del comercio y la producción a nivel mundial:
- Ciclo Genovés (siglo XV – principios del XVII): Basado en una alianza entre la aristocracia territorial (España) y el capital financiero (Génova). Se centró en la expansión comercial y el crédito.
- Ciclo Holandés (finales del siglo XVI – finales del XVIII): Marcado por el auge de las Provincias Unidas. Introdujeron las empresas transnacionales (como la Compañía de las Indias Orientales) y el control de las rutas marítimas.
- Ciclo Británico (finales del siglo XVIII – principios del XX): Coincide con la Revolución Industrial. El Reino Unido dominó a través de la producción fabril, el libre comercio y el patrón oro.
- Ciclo Estadounidense (principios del siglo XX – actualidad): Caracterizado por la producción en masa, las corporaciones multinacionales y un poder militar global sostenido por el dólar.
Los ciclos pasan por dos fases. Un ciclo de expansión material-productiva, DM, el dinero pasa por la producción, se invierte en producción y comercio. Y un ciclo de expansión financiera, el dinero intenta saltarse la producción y multiplicarse directamente (M-M’). Cuando la producción deja de ser rentable, el capital se refugia en las finanzas (especulación). Para Arrighi, esta fase financiera es la «señal de otoño» de la hegemonía vigente, indicando que el ciclo está por terminar; significa que el hegemón ha perdido la capacidad de liderar el mundo a través de la economía real y solo le queda el control financiero y militar, lo cual es insostenible a largo plazo.
Cuando un ciclo alcanza su madurez, la competencia aumenta y las ganancias en la producción (fábricas, infraestructura, bienes reales) empiezan a caer. El capitalista, para evitar que su dinero se estanque, lo retira de la producción y lo mueve al sector financiero.
En EE. UU.: Desde los años 70, la economía entra en la fase financiera, base del modelo neoliberal, pasó de fabricar cosas a «vender dinero» (préstamos, derivados, especulación bursátil). La declaración de la libre convertibilidad del dólar realizada por Nixon en 1971, para enfrentar la crisis del patrón productivo, es el punto de quiebre, el paso del patrón-oro, al dominio del patrón-dólar, sustentado sobre todo en los petro-dólares.
La expansión financiera permite que la potencia mantenga su estilo de vida y su poder militar mediante el endeudamiento. Parece que la economía sigue fuerte porque los mercados de valores suben, pero la base material (el empleo y la industria) se está vaciando. EE. UU. se convirtió en el mayor deudor del mundo, financiando su hegemonía con capitales que vienen de fuera (especialmente de Asia). La deuda pública total de Estados Unidos, a Marzo de 2026, está en torno a los 39 billones de dólares y, con la guerra contra Irán tiende a subir. Esta deuda representa el 122% del Producto Interno Bruto (PIB) anual del país. El Comité para un Presupuesto Federal Responsable advierte que para 2031, los intereses crecerán más rápido que la propia economía.
La financiarización es el mecanismo por el cual el capital se prepara para mudarse a un nuevo centro de poder. Al prestar dinero a nuevas regiones en ascenso, la potencia vieja alimenta involuntariamente a su futuro competidor.El capital estadounidense y europeo fluyó hacia China y el sudeste asiático buscando rentabilidad, ayudando a crear el motor productivo que hoy desafía al dólar.
En el Siglo XXI se operan tres pasos adicionales: la combinación de la renta tradicional, la renta de la naturaleza, especialmente los negocios petroleros, con la renta tecnológica, las empresas que viven de los data y los algoritmos, acentuando el carácter rentista del sistema, la acumulación por desposesión. El paso al dinero virtual, los bitcoin, por encima del dinero fiat sustentado en el poder del Estado, en medio de las guerras monetarias y financieras. Y la vinculación del capital financiero con el capital criminal, que se convierte en el dispositivo clave de la reproducción ampliada del capital.
Clave 5. El paso a la hegemonía multipolar.
El marco de la guerra de Irán es el paso del ciclo de hegemonía unilateral estadounidense a un orden multi-tri-cuatripolar.
Los períodos de transición son caóticos. Hay signos de decadencia del viejo orden, pero los cauces del cambio son obscuros, no hay campos definidos, predomina la incertidumbre. El principal signo de la decadencia es el agotamiento de la ética protestante que sustentó la modernización capitalista encabezada por Occidente, la ruptura de las normas no sólo legales, sino éticas, y el paso a una racionalidad cínica, a un ethos Epstein de inversión del bien y el mal.
Podemos observar el paso desde un orden mundial unilateral a un nuevo mundo. El argumento de teóricos como Alfredo Jalifé-Rahma es que entremos en un orden trilateral con tres nodos estatales-civilizatorios, Estados Unidos-Rusia-China. Esto indicaría que empieza a mirarse trazos definidos, resolución de los conflictos de fondo.
Pero la imagen es más compleja, más bien hay una gradación de nodos. Más que una “estrella de los vientos”, con puntos cardinales definidos, miramos un mosaico o más bien un tablero de Go, con espacios de influencia, fronteras porosas, contradicciones internas en cada polo, superposiciones de poderes y soberanías, territorios de conflictos y guerras.
Un primer teatro, en torno a las tres grandes potencias, Estados Unidos-China-Rusia, y quizás el peso del polo hindú. No son nodos homogéneos, al interior hay contradicciones y fisuras profundas. La guerra larvada en Estados Unidos con estrategias amigo-enemigo, debilita el poder norteamericano. En Rusia periódicamente surgen contradicciones que se saldan con purgas, sobre todo de los actores militares. En China, la purga de altos mandos militares deja traslucir contradicciones de fondo.
En un segundo círculo, hay “potencias medias”, como las calificó Carney, que no actúan como simples periferias, sino que buscan su propio espacio y estrategia de decisiones. La UE, en alianza con Canadá, es el teatro de la decadencia del Occidente iluminista y muestra fisuras internas profundas, pero todavía puede bloquear el paso al orden dispuesto por las negociaciones Trump-Putín, como lo vemos en la prolongación de la guerra en Ucrania.
Los BRICS son un espacio poroso con movimientos pragmáticos de integrantes claves, como la India de Modri. Las relaciones muestran alta volatilidad, marcada por el pragmatismo de los intereses de cada Estado, como vemos en el actual conflicto. Japón, Corea del Sur y Taiwán se mueven bajo el ala de Estados Unidos, pero realizan cálculos tácticos en las coyunturas.
Y quedan zonas en disputa, como es el caso de América Latina. A pesar del predominio del poder americano y de la aplicación de la Doctrina Monroe 2.0, que se acaba de mostrar en la operación Maduro y el sometimiento del régimen venezolano, así como en la conformación del “Escudo de las Américas”, con la participación de doce países subordinados, incluido el Ecuador, subsisten diversos niveles de disputa, con la presencia de México, Brasil, Colombia, Cuba, que intentan posiciones independientes.
Así pues, si bien la geopolítica sobredetermina los procesos locales, hay que ver también la complejidad de los Estados, las alianzas regionales, los alineamientos coyunturales.
Los problemas van a surgir en las fisuras de los diversos enlaces y de los diversos tipos de confrontaciones, económicas, comunicativas, bélicas, ideológicas, civilizatorias. Y, sobre todo, allí es donde se puede asentar la estrategia de respuestas asimétricas del lado de las fuerzas menores, en especial del Sur Global. Tal vez esa es la sabiduría de la respuesta iraní ante la ofensiva de guerra total de Estados Unidos -Israel. Ante la “Operación Furia épica” de Estados Unidos e Israel, Irán responde con la “Operación Promesa verdadera 4”.
Clave 6. La ruta de las guerras.
Históricamente, la guerra ha sido el motor principal de los cambios de mando.
- El dilema
Tendencialmente, “la violencia es la partera de toda sociedad vieja que está encinta de una nueva.” (Marx, 1971, págs. Capítulo XXIV, Sección 6); empero la historia también muestra que el poder puede cambiar de manos a través de caminos de negociación.
Graham Allison analizó 16 casos históricos de los últimos 500 años donde una potencia emergente desafió a una dominante: en 12 de esos 16 casos, la transición terminó en una guerra abierta. Los casos que evitaron el conflicto requirieron «ajustes enormes y dolorosos» en las actitudes de ambas naciones. Elaboró la teoría de la “Trampa de Tucídides”, basándose en una observación del historiador griego Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso: «Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra». (Graham, 2017)
Se abre un debate. Para Marx, la violencia es el medio que libera el futuro, un proceso inevitable, fruto de las contradicciones antagónicas de clases: las clases dominantes no entregan el poder por generosidad; se requiere una «fuerza» (la partera) para que nazca el nuevo sistema. La Trampa de Tucídides sugiere que la potencia dominante rara vez acepta su desplazamiento sin un enfrentamiento que valide el nuevo equilibrio; la violencia es el riesgo trágico de intentar alcanzar ese futuro, aunque quedan oportunidades de salidas negociadas.
Los cuatro casos de negociación: La disputa España vs. Portugal por las tierras conquistadas en América, (Siglo XV), la clave fue la mediación religiosa del Papa. El “gran acercamiento” entre Reino Unido y Estados Unidos, para la transición de ciclo, aunque la guerra se desplazó al enfrentamiento a la potencia ascendente, Alemania, en la dos Guerras Mundiales. La Guerra Fría, la disuasión por el miedo al apocalipsis nuclear, entre Estados Unidos y la Unión Soviética; aunque las guerras se desplazaron a las periferias. La integración económica de Alemania en la Postguerra, mediante la creación de la Unión Europea.
Las disputas de los Estados-imperio-civilización entre Estados Unidos-Rusia-China, tienden a diversas formas de guerras híbrida, con zonas calientes en las fronteras: la guerra de Ucrania dirime la confrontación entre Rusia y la OTAN. El cerco a Cuba dirime el alcance de la Doctrina Monroe 2.0. Las guerras monetarias-financieras-tecnológicas, se presentan como el terreno principal de enfrentamiento entre Estados Unidos y China, aunque la tendencia es hacia una confrontación bélica, sobre todo en torno a la cuestión de Taiwán. La guerra de Irán dirime el nuevo orden geopolítico tripolar.
- La guerra de Irán. La línea de tiempo.[2]
La confrontación actual entre Irán y Estados Unidos pasa por diversas fases. Pasó de ser una alianza estratégica durante la Guerra Fría a una de las enemistades más profundas del sistema internacional actual.
- El punto de partida es el derrocamiento de Mohammad Mosaddegh en 1953, tras su intento de nacionalizar el petróleo. La CIA y el MI6 orquestan la Operación Ajax, y restauran el poder absoluto del Sha Mohammad Reza Pahlavi (1953–1978)
1957: Ambos países firman un acuerdo de cooperación nuclear civil bajo el programa «Átomos para la Paz» de Eisenhower. 197: Estados Unidos proporciona a Irán un reactor nuclear junto con combustible de uranio enriquecido en un 93%. 1968: Irán suscribe el Tratado de No Proliferación Nuclear que le permite tener un programa nuclear civil a cambio de un compromiso de no adquirir armas nucleares.
Años 60 y 70: Irán se convierte en el principal aliado de EE. UU. en el Golfo Pérsico, recibiendo armamento avanzado y apoyo para la creación de la SAVAK, la temida policía secreta del Sha.
2. La Ruptura: Revolución y Crisis (1979–1989)
1979: Revolución Islámica. El Sha huye y el Ayatolá Ruhollah Jomeini regresa del exilio. Irán se constituye en una República teocrática. La Revolución marca la historia actual de Irán, con posiciones más radicales y antimperialistas, y posiciones pragmáticas de acercamiento a Occidente, que pueden llegar a momentos de confrontación; pero que en tiempos de guerra se unen para defender a su país. El Líder Supremo representa la unidad, la conciencia de una visión espiritual en medio de la diversidad, el Estado profundo, la conciencia de que la religión es el fundamento de la República y de la tradición imperial.
1979–1981: Crisis de los Rehenes. Estudiantes iraníes asaltan la embajada de EE. UU. en Teherán y mantienen a 52 estadounidenses cautivos durante 444 días. EE. UU. rompe las relaciones diplomáticas en 1980, se apodera de los activos iraníes y prohíbe la mayor parte del comercio con la república islámica. Una misión de rescate de los rehenes de la embajada ordenada por el presidente Jimmy Carter falla.
1980–1988: Guerra Irán-Irak. EE. UU. apoya indirectamente a Irak (liderado por Saddam Hussein) para contener a la revolución iraní. Irán enfrenta a una amplia coalición de países. Los Estados árabes del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) fueron los mayores financistas, con alrededor de 48 mil millones de dólares. El 90 por ciento de las armas provinieron de la Unión Soviética, Francia y China. Estados Unidos proporcionó inteligencia militar satelital, miles de millones en ayuda económica y tecnología de «doble uso» (civil/militar). Reino Unido suministró equipos de defensa y materiales para programas químicos. Alemania (Occidental y Oriental)vendieron tecnología militar avanzada y componentes químicos. Egipto proveyó suministros militares y municiones. Jordania sirvió como la principal ruta de suministro logístico para Irak. Sudán envió siete brigadas de infantería para combatir junto a los iraquíes. Se estima que unos 20,000 voluntarios de países como Marruecos, Túnez y Yemen del Norte lucharon en el ejército iraquí. Después de ocho años de resistencia, Irán empezó su reconstrucción.
3. Contención y el «Eje del Mal» (1990–2012)
Años 90: Sanciones Económicas. EE. UU. impone embargos totales al petróleo y comercio iraní bajo las administraciones de Bush y Clinton.
2002: El Eje del Mal. El presidente George W. Bush incluye a Irán en este «eje» junto a Irak y Corea del Norte, acusándolos de buscar armas de destrucción masiva.
4. Del Deshielo al Conflicto Abierto (2013–2026)
2015: Acuerdo Nuclear (JCPOA). Irán acepta limitar su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones bajo la presidencia de Obama.
2018: Donald Trump abandona el acuerdo nuclear y reimpone sanciones máximas contra Irán.
2020: EE. UU. asesina al comandante iraní Qasem Soleimani, en un ataque con drones en Bagdad, llevando a ambos países al borde de la guerra abierta.
2025–2026: Escalada Militar Reciente. La Guerra de los doce días en junio de 2025, mientras estaban en negociaciones con Estados Unidos. La Operación “Furia épica” de Estados Unidos y la Operación León Rugiente de Israel,a partir del 29 de febrero de 2026, mientras estaban en negociaciones con Estados Unidos en Omán.
Se trata de una guerra no-provocada. Irán se ha preparado al menos 20 años para la guerra actual.
- Un conflicto mundial
Todo está conectado, las guerras marcan la ruta. El marco general es la confrontación entre Estados-imperio-civilizaciones y los alineamientos, alianzas, fisuras de la relación con las diversas regiones y países.
El primer escenario es el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. La guerra es incitada por Israel, busca cumplir el proyecto del Gran Israel. Un proyecto que viene desde atrás, bajo el relato del “pueblo elegido”. Netanyahu arrastra a Trump a partir del chantaje de los archivos Epstein.
La estrategia de dominio imperial-sionista de Medio Oriente, con revoluciones de colores, cambio de regímenes, agudización de las contradicciones religiosas, fragmentación-balcanización de los Estados nacionales, dio resultado anteriormente. Ahora empieza a encontrar límites estructurales. Las derrotas y el retiro de Afganistán e Irak fueron el signo del quiebre. En Ucrania hay un triunfo militar de Rusia, aunque el conflicto todavía se prolonga por las posiciones belicistas de la élite europea.
La debilidad viene desde adentro. La guerra civil larvada dentro de Estados Unidos, agudizada por la publicación de los Archivos Epstein, desgasta la aceptación de Trump, con fracturas en la opinión pública e incluso dentro de las filas de MAGA. Trump necesita crear conflictos afuera, la confrontación permanente, para articular las fuerzas internas.
La operación Maduro en Venezuela creó el aura de invencibilidad del Ejército americano. Irán era el único obstáculo en Medio Oriente, los otros regímenes del Golfo Pérsico, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar y Bahréin, son débiles, monarquías petroleras, alineadas con Estados Unidos. La intervención de Estados Unidos convierte la guerra con Irán en una guerra regional, con proyección a un conflicto global. Puede convertirse en la guerra de definición del orden mundial en el próximo período.
El cálculo era una intervención rápida, eliminar al líder, y precipitar el cambio a un régimen que se alinee con Estados Unidos, el restablecimiento del Sha. El discurso inicial era destruir la posibilidad de una bomba atómica iraní, aunque se sabía que no podía existir por la fatwa del Ayatola Alí Jameneí.
Clave 7. Una guerra escatológica
El sacrificio
“La violencia insatisfecha busca y acaba siempre por encontrar una víctima de recambio. Sustituye de repente la criatura que excitaba su furor por otra que carece de todo título especial para atraer las iras del violento, salvo el hecho de que es vulnerable y está al alcance de su mano. (..) La sustitución sacrificial supone una cierta ignorancia.” (Girard, 2005, pág. 10)
La invasión de Irán empezó con dos actos sacrificiales: en la mañana del 28 de febrero, en medio del Ramadán, Estados Unidos e Israel atacaron la residencia y asesinaron al Ayatola Alí Jameneí. El 4 de marzo, a las 10:45 se produjo el asesinato de 168 niñas en la Escuela primaria Shajareh Tayebeh en Minab. No se trata del sacrificio expiatorio, sino de sacrificar eligiendo la víctima sustitutiva para mostrar la vulnerabilidad del otro y el poder del victimario, con la intención de sembrar el terror.
La paradoja es que se produjo el efecto contrario al esperado, la ira sacrosanta del pueblo agredido, la construcción de un símbolo sagrado, de un mártir de la causa iraní. La sustitución no mostró el poder del agresor norteamericano-israelí, sino su impotencia. Quizás éste es el símbolo no sólo de inicio, sino de la perspectiva y desenlace de esta guerra.
Confrontación civilizatoria
Hay una confrontación civilizatoria. La sorpresa fue la unidad del pueblo en torno al régimen; Los Estados Unidos no pueden entender la cosmovisión iraní que combina poder y religión, un Estado teocrático-republicano, y una tradición imperial.
- La doctrina chiita de Irán.
La capacidad de resistencia de Irán se asienta sobre la doctrina chiíta del Islam. A diferencia del sunismo, el chiísmo iraní tiene una identidad forjada en el martirio y la resistencia contra la injusticia.
El Complejo de Karbala (El martirio de Husayn) es el mito fundacional de su psicología de resistencia. En el año 680 d.C., el imán Husayn (nieto de Mahoma) murió luchando contra un ejército inmensamente superior en la batalla de Karbala. La lección: Es mejor morir con honor luchando contra un «tirano» (el Yazid de turno) que vivir bajo la opresión.Esta narrativa transforma las bajas militares y civiles en un acto sagrado de sacrificio, lo que hace que la presión externa a menudo fortalezca el régimen en lugar de debilitarlo. La resistencia no es solo política, es un deber religioso para liberar al mundo de la «arrogancia mundial».
La base teocrática del Estado está en el concepto de Velayat-e Faqih (Tutela del Jurista): en ausencia del Imán oculto, el poder debe ejercerlo el clérigo más apto (el Líder Supremo). Esto permite una cadena de mando vertical y sagrada. Desobedecer al líder no es solo una falta política, sino un pecado, lo que garantiza una lealtad férrea en las fuerzas de élite como la Guardia Revolucionaria, que se constituyen en «Defensores del Santuario» (Modafean-e-Haram).
Esta visión convierte una guerra geopolítica por influencia regional en una misión mística. El soldado no pelea por fronteras de tierra, sino por fronteras sagradas, lo que genera una moral que no depende de la logística o el salario. El martirio (shahadat) es el «grado más alto de la existencia». En combate, esto reduce el miedo a la muerte y permite acciones directas. La «Paciencia Estratégica» (Sabr),basada en el concepto coránico de la paciencia ante la adversidad, ha desarrollado en Irán una resistencia única a las sanciones y los ataques; y permite una visión a largo plazo, el tiempo en ciclos generacionales.
Empero no se puede desconocer la presencia de otras concepciones religiosas y espirituales, un cristianismo oriental, como los armenios y nestorianos, el zoroastrismo, incluso judíos, que son reconocidas por el Estado; pero que, a su vez se sienten iraníes y son nacionalistas.
Los principios teocráticos se articulan con el orden constitucional republicano. La Constitución iraní establece una dualidad jerárquica: Soberanía Divina (Art. 56): El poder absoluto pertenece a Dios. Las leyes deben ajustarse a la Sharia (ley islámica). Soberanía Popular (Art. 6): El país se administra mediante el voto popular para elegir al Presidente y al Parlamento. El pueblo elige, pero el Consejo de Guardianes (un órgano teocrático) debe «validar» a los candidatos.
El orden republicano está supervisado por instituciones teocráticas: El Parlamento (Majlis) crea leyes, pero estas no tienen validez hasta que el Consejo de Guardianes certifica que no contradicen el Islam ni la Constitución. El Presidente: Es el jefe del Ejecutivo y la cara ante el mundo, pero constitucionalmente es el segundo al mando. El Líder Supremo es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y quien decide la política exterior y nuclear.
Este doble funcionamiento permite que el sistema político superviva más allá de la desaparición de los líderes, como sucedió con el asesinato del Ayatolá Alí Jameneí el 28 de febrero.
Fue una sorpresa para Estados Unidos e Israel la respuesta militar iraní, un plan preparado durante veinte o treinta años. Un sistema de defensa descentralizado, capacidad tecnológica avanzada propia, destrucción progresiva de la maquinaria militar de Estados Unidos e Israel, empezando por el sistema de defensa antimisiles y las bases militares en el Golfo Pérsico, cierre del Estrecho de Ormuz por el que circula el 20 por ciento del petróleo mundial, alianza estratégica con Rusia y China, nueva presencia de Hezbollah y los hutíes, estrategia de guerra de desgaste a mediano y largo plazo. La guerra energética como recurso estratégico, afecta al mundo, el precio del barril del petróleo puede llegar a 200 dólares, con efectos desastrosos para la economía mundial.
Israel ha sufrido la vulneración de su “domo de hierro”. Los ataques aéreos contra Irán destruyen infraestructura y población, pero no debilitan al régimen que ha logrado nombrar como sucesor de Alí Jameneí a su hijo, Mojtaba Jameneí. La estrategia norteamericana-israelí ha sido derrotada, aunque el conflicto puede prolongarse.
- La alianza evangélico-sionista
Del otro lado, la visión del “pueblo elegido” de la alianza cristiano-sionista está atrás de los ataques a Irán y el proyecto del “Gran Israel”: se acerca el momento mesiánico, la guerra es el medio. Empero esta visión está instrumentalizada por la estrategia sionista del régimen de Netanyahu.
Estados Unidos vive el riesgo de una guerra civil, agudizado por el caso Epstein: una estrategia globalista, sustentada por el Partido Demócrata; y una visión soberanista, sustentada por el Partido Republicano. El descontento contra Trump ha bajado su aceptación al 34%, lo que pone en riesgo la supervivencia del régimen con la pérdida de la mayoría en el Senado y el Congreso en las elecciones de noviembre 2026. Según datos de CNN (abril 2026), solo un 33% de los estadounidenses aprueba el manejo de la situación con Irán, y un 68% se opone al envío de tropas terrestres. El porcentaje de republicanos que aprueban «fuertemente» su gestión bajó del 52% al 43% en los últimos meses. Las movilizaciones “NO KING”, con millones de manifestantes muestran el surgimiento de una corriente ciudadana en defensa de la democracia y la paz, más allá de los alineamientos partidarios.
Dentro de Israel actúan visiones religiosas-políticas contrapuestas, que tienen como referencia geográfica Jerusalén y Tel Aviv. (Taub, 2021)
El Mesianismo Teológico. Para los sectores ortodoxos y el sionismo religioso, el tiempo y la elección son categorías divinas. El Tiempo Mesiánico se entiende como un proceso de redención (Geulá) que puede ser acelerado por la observancia de la ley o que ocurrirá por intervención divina. El Estado de Israel es visto a menudo como el «principio del florecimiento de nuestra redención». El Pueblo Elegido: Es una identidad basada en el Pacto (Brit) con Dios. Ser «elegidos» conlleva la carga de cumplir con los 613 preceptos (mitzvot) para ser una «luz para las naciones». La tierra es una herencia sagrada innegociable por mandato divino.
El Mesianismo Político o Nacional (secular). El Tiempo Mesiánico se seculariza como el fin del exilio y el retorno a la historia activa. El «mesianismo» aquí no espera a un redentor personal, sino que es la auto-redención del pueblo mediante el trabajo, la soberanía y la fuerza militar. El futuro ideal es una sociedad justa, democrática y segura. El Pueblo Elegido se reinterpreta como excepcionalismo nacional. Ya no es una elección divina, sino una misión ética o histórica de construir una sociedad modelo. En las versiones más universales, el objetivo es que Israel sea un país «como todas las naciones», normalizando la existencia judía tras siglos de persecución.
Esta dualidad entre lo sagrado (mesiánico) y lo civil (republicano) es la razón por la cual Israel no tiene una Constitución escrita desde su fundación en 1948. La tensión es tan profunda que un texto definitivo obligaría a elegir una visión sobre la otra, lo que podría fracturar al país.
Estas visiones tienen impacto geopolítico, sobre todo respecto a Gaza y Cisjordania: para los sectores del sionismo religioso, ceder tierra es un pecado teológico. Creen que estamos en la era de la «Redención Final» y que el control sobre toda la Tierra de Israel es un requisito divino para la llegada del Mesías. Bajo esta lógica, ningún gobierno humano tiene autoridad para negociar lo que Dios ha entregado. La concepción secular ve el territorio como una moneda de cambio o un activo de seguridad. Para ellos, el fin mesiánico es la supervivencia del Estado y la seguridad.
En los últimos años (y acentuado en el contexto de 2024-2026), ha surgido una síntesis. Las encuestas sugieren que los israelíes están pensando de forma «más bíblica», con un aumento en la creencia de que el pueblo judío es efectivamente el «pueblo elegido» según la descripción bíblica, lo que indica que estas dos visiones están convergiendo o colisionando con mayor intensidad en el discurso público. Esta visión utiliza el lenguaje de la seguridad nacional para ejecutar objetivos mesiánicos. Se argumenta que la «elección» del pueblo judío le otorga un derecho histórico superior que justifica el control permanente de los lugares sagrados, no solo por fe, sino como una necesidad de supervivencia civilizatoria frente a amenazas externas (como las que discutimos sobre Irán).
El sionismo es el proyecto político. Ha ido evolucionado del proyecto secular original, encabezado por los laboristas, que proponía crear un Estado “para” los judíos, y no un Estado judío, e interpretaba el “pueblo elegido” como la misión para construir una sociedad democrática y socialista que sirva de ejemplo a nivel mundial; a una visión mesiánica activa, que plantea plantea que el Estado de Israel es un instrumento divino, para asegurar la soberanía sobre la «Tierra de Israel» (Eretz Israel), que es un mandato religioso. El retorno de los judíos a su tierra ancestral es el inicio del proceso de redención final. No se puede separar el pueblo, la tierra y la Torá. Por lo tanto, ceder territorio (como Judea y Samaria) no es solo un error político, sino un sacrilegio que retrasa la llegada del Mesías.
La visión sionista de la derecha israelí, empezando por el Likud de Netanyahu, fundada por Ze’ev Jabotinsky, tiene como objetivo primordial la soberanía política y la fuerza militar («El Muro de Hierro»). En un mundo hostil, el derecho de los judíos a su tierra se basa en la historia y la supervivencia, no solo en la oración. Israel debe ser la potencia dominante en la región para garantizar que el exilio nunca se repita. «El pueblo elegido» es interpretado como excepcionalismo nacionalista. Israel debe actuar según sus propios intereses de seguridad, sin importar la presión internacional, basándose en su derecho histórico inalienable. La paradoja es que reproduce la base de la exclusión racista propalada por el nazismo.
El proceso de decisión para la Operación Furia Épica es complejo. Influyen intereses de dominio imperial, el control de los hidrocarburos, el poder en la Región, el manejo del chantaje del caso Epstein; pero también hay un fondo de convergencia entre la visión religiosa del Likud, encabezado por Netanyahu, la interpretación del tiempo de la construcción del Templo, “desatar” la mano de Dios, para que venga el Mesías; con la visión dispensacionalista de los evangélicos sobre el tiempo del Reino Milenario de Cristo anunciado en el Apocalipsis, una visión que domina en las élites del Gobierno de Trump, como el Secretario de Guerra, Pete Hegseth. La ceremonia, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el 1º de abril, presidida por Pastora Paula White-Cain, reproduce este mensaje, comparó las batallas políticas del presidente Trump con el arresto y resurrección de Jesús, asegurando que él «venció a la muerte» simbólicamente ante sus adversarios; concluyó que, debido a la victoria de Cristo, el presidente será «victorioso en todo lo que ponga la mano» y será utilizado como un instrumento de Dios para «derrotar el mal».
El Papa León XIV, en su mensaje de Pascua, condenó enérgicamente el uso de la fe y el nombre de Jesucristo para legitimar conflictos bélicos. Afirmó que Jesús es un «Dios que rechaza la guerra» y advirtió explícitamente que nadie puede utilizar su nombre para justificar el enfrentamiento.
Clave 8. La economía política del conflicto
La geoeconomía es el fundamento material del reordenamiento geopolítico.
La guerra de Irán se ha convertido en una guerra económica mundial. La disputa energética, en particular el control del petróleo y el gas, es la punta de lanza. Irán cuenta con palancas decisivas: el control del Estrecho de Ormuz, la amenaza y bloqueo de la producción de las monarquías del Golfo Pérsico. La subida de los precios del petróleo y del gas, son el termómetro; con efectos expansivos a nivel mundial.
El efecto directo es sobre la guerra en Ucrania, el fortalecimiento de la economía rusa modifica las percepciones sobre todo de la UE sobre la necesidad de buscar salidas.
El golpe principal no está sólo en el control de los flujos comerciales de los hidrocarburos, sino también en el ataque al petrodólar que ha actuado como un resorte estratégico de reproducción ampliada del capital financiero bajo hegemonía del dólar, en un circuito de pago en petrodólares y de reinversión en bonos de Estados Unidos. El bloqueo de la producción de los países del Golfo, y la presión, en alianza con China, para autorizar el paso por el Estrecho de Ormuz a aquellos países que acepten comerciar en yuanes o en euros, afecta a la hegemonía del dólar. Todavía no se trata de una sustitución del dólar como la moneda mundial, pero se acentúa el ritmo de la transición.
Arabia Saudita fue el aliado principal para la hegemonía del petrodólar; pero empieza a manejar intercambios con China en yuanes. Tendencias similares se dan en Emiratos árabes Unidos. Por ello, la presión iraní-china por el comercio petrolero en yuanes en medio de la guerra muestra una estrategia que puede encontrar ambiente adecuado en los países del Golfo. La alternativa al sistema Swift empieza a mostrar su viabilidad.
La escalada del lado de Estados Unidos-Israel tiene límites objetivos en los efectos económicos mundiales. No puede atacar la infraestructura energética iraní, por el riesgo de una respuesta directa sobre la producción de las monarquías del Golfo Pérsico, con efectos expansivos en la economía mundial. Los cálculos de expertos señalan que con un barril de petróleo a 150 dólares se provocaría una recesión y hasta una depresión en la economía mundial.
La economía política pasa también por las amenazas y el control de alimentos y agua en la región, sobre todo para las monarquías petroleras.
El factor decisivo es la disparidad de costos de la guerra. Mientras Estados Unidos e Israel se ven obligados a gastos ingentes para detener los ataques iraníes, la estrategia asimétrica permite a Irán contar con recursos bélicos con costos accesibles. Los costos se van sumando tanto en el campo bélico, como en la economía mundial. Trump ha solicitado 50 mil millones de dólares adicionales para este conflicto.
La tendencia apunta a dificultades para que Estados Unidos e Israel puedan sostener por largo tiempo este conflicto, tanto más que se muestra el agotamiento de los arsenales de recursos bélicos claves. A pesar de los anuncios de Trump de la destrucción de más del 50% de la capacidad bélica de Irán, no se detienen los ataques por parte de Irán; y más bien hay signos del paso desde la defensiva a la ofensiva en el teatro de guerra.
Clave 9. Alineamientos y correlación de fuerzas.
El tiempo trabaja a favor de Irán.
La guerra se presenta como un conflicto entre Estados Unidos-Israel contra Irán. El conflicto iniciado el 28 de febrero ha evolucionado de una campaña aérea relámpago a una guerra de desgaste. Ha pasado de una guerra económico-política a una guerra civilizatoria. Se enfrentan dos grandes estrategias, con conexiones religiosas. La estrategia del Gran Israel subordina a la estrategia MAGA, traza un apocalipsis de purificación. La organización teocrático-republicana sostiene la lucha de Irán.
Operan tres actores principales, con objetivos antagónicos:
Los objetivos de Estados Unidos han ido variando. El discurso inicial se centró en eliminar la capacidad de la construcción de bombas nucleares por parte de Irán. Estados Unidos busca el cambio de régimen y el debilitamiento estructural de Irán, como un pivote para el enfrentamiento definitivo con China, y garantizar el control del mercado energético mundial.
Israel busca eliminar a Irán, el único obstáculo estratégico para el proyecto del Gran Israel y el dominio de Medio Oriente.
Irán busca no sólo la resistencia, sino la eliminación del poder americano en el Golfo Pérsico y el debilitamiento de Israel, como garantía del fin de los ataques sistemáticos contra Irán y de desestabilización de la región.
Desde el punto de vista de poder militar la alianza Estados Unidos-Israel es superior en todos los campos. Tiene una superioridad tecnológica abrumadora: cazas F-35, bomarderos B-2, portaviones, capas de defensa antimisiles Arrow, THAAD, redes de información y vigilancia. Sin embargo, dentro de la teoría de juegos, Estados Unidos puede perder la guerra con Irán, no por falta de potencia de fuego, sino por una obsolescencia funcional. El modelo de guerra estadounidense está diseñado para enfrentamientos simétricos y costosos, lo que lo hace vulnerable ante la estrategia de saturación asimétrica de Irán (uso masivo de drones baratos contra interceptores caros, destrucción de los centros de información y de las capas de defesa antimisiles). El ejército de los Estados Unidos no está diseñado para luchar en una guerra del siglo XXI. La derrota reordenará el mundo. (Xueqin, 2026) La vulnerabilidad está también en la dependencia de bases en los países del Golfo, sometidas a ataques directos y a un desgaste permanente desde Irán. Estamos ante la última guerra del Imperio.
De acuerdo al desarrollo de la guerra, hasta el momento actual, hay que matizar esta afirmación. Estados Unidos-Israel no han podido destruir la capacidad de respuesta de Irán, que mantiene la iniciativa en la escalada bélica, pero han destruido gran parte de la fuerza naval y aérea y han producido la destrucción de infraestructura económica y de servicios públicos. El poder bélico de Irán se define por su capacidad de guerra asimétrica y un arsenal masivo de proyectiles no tripulados, aunque su estructura convencional ha sufrido una degradación significativa. Estados Unidos se encuentra encerrado en una trampa, el escalamiento con una invasión terrestre tendría costos muy altos, pero tampoco puede retirarse. Irán puede resistir, pero con altos costos económicos.
Irán es una civilización de cinco mil años, que ha resistido innumerables ataques; y es también una potencia tecnológica media.
El potencial tecnológico de Irán[3] no se mide por un único ranking general (donde ocupa el puesto 70 en el Global Innovation Index 2025), sino por su especialización extrema en áreas estratégicas de defensa, energía y ciencia avanzada, donde sí figura entre las primeras 10 potencias mundiales. Irán es una de las11 naciones del mundo capaz de diseñar, fabricar y lanzar satélites al espacio; es el mayor productor de radiofármacos terapéuticos y de diagnóstico en Asia Occidental.
De acuerdo con el Critical Technology Tracker del Instituto Australiano de Estrategia Política (ASPI), Irán se sitúa entre los 10 países con mayor potencial futuro en tecnologías críticas.
Irán ha desarrollado una industria de defensa autosuficiente para compensar su limitada fuerza aérea tradicional: es una de las mayores potencias en drones de bajo costo y alta precisión, como los Shahed-136. Ha desplegado un nuevo tipo de drones, con motor a reacción, y alcanza velocidades de 700-800 km/h. Posee el arsenal más grande y variado de Oriente Medio, con misiles que alcanzan hasta 4,000 km de distancia. Es uno de los pocos países con el ciclo completo de tecnología nuclear, con capacidad de enriquecimiento cercano al uso militar. Es la 4ª potencia mundial en biocombustibles y materiales inteligentes. Ocupa el 4º lugar global en desarrollos científicos de motores para vehículos eléctricos. Su producción de conocimiento (outputs) es alta, ocupando el puesto 24º mundial en el indicador de «impacto del conocimiento». Es una potencia en nanotecnología, con aplicación médica.
La clave de la resistencia no está sólo en sus armas, sino en cómo las protege. Ha preparado durante décadas una red de túneles y cuevas para ocultar sus lanzadores y arsenales. Allí también mantiene la capacidad de rearme. La descentralización en una estrategia de mosaico, utilizando la geografía de montañas y desiertos, ha dificultado la eficacia de los ataques de Estados Unidos-Israel.
Irán utiliza el control de las vías del flujo del comercio de hidrocarburos, como base de la guerra de desgaste. El alza del precio del dólar, la crisis de los fertilizantes, el riesgo de la crisis de agua en Medio Oriente, tiene repercusiones a nivel mundial. El conflicto acelera el fin del sistema monetario basado en el patrón-dólar, afecta al mecanismo donde los ingresos petroleros se reciclan en activos denominados en petro-dólares, la base para sostener la economía norteamericana, un sistema Ponzi sustentado por la deuda externa que bordea los 40 mil billones de dólares. La economía estadounidense sufrirá un «suicidio financiero» al intentar sostener un gasto militar asimétrico (misiles de millones de dólares para interceptar drones de bajo costo), erosionando el prestigio político y la solvencia del dólar. (Xueqin, 2026)
Irán tiene el respaldo del Eje de resistencia, con Hezbollha en Líbano, Ansar Allah (Partidarios de Dios) en Yemen, Hamas en Gaza. Se abren tres frentes de combate, que dispersan sobre todo a las fuerzas israelíes, con escasez de soldados y saturación del servicio.
Las Monarquías del Golfo han actuado como aliados estratégicos del poder americano, en un intercambio de seguridad y protección militar con el flujo del comercio de hidrocarburos y el intento del paso a constituirse en centros financieros. Empero la guerra ha mostrado la vulnerabilidad de la protección y empieza a haber distanciamientos, como en el caso de Omán y Qatar, mientras se destruyen las bases norteamericanas. Arabia Saudita actúa como el comodín del Medio Oriente. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos empezaron a diversificar su comercio de hidrocarburos en relación con China y la utilización del petro-yuan.
A nivel mundial, sólo Argentina y Paraguay han respaldado abiertamente el ataque. Los intentos de involucrar a la OTAN en la guerra contra Irán, y, en particular, en abrir el Estrecho de Ormuz, no han encontrado eco en los países Europeos. España, Francia e Italia no han abierto los cielos para el tránsito aéreo de los recursos bélicos. Hasta Inglaterra, el aliado incondicional, se ha negado a enviar tropas al conflicto. El cuestionamiento a una guerra no provocada y la ausencia de aprobación de la ONU, han debilitado la legitimidad de la ofensiva norteamericana, provocando la soledad de Trump. Aquí también se entrecruzan los problemas de las relaciones Estados Unidos-OTAN en torno a la guerra en Ucrania.
El mayor apoyo para Irán no está en los aliados militares, sino en la parálisis y división del bloque contrario. El rechazo de Europa a participar activamente limita la capacidad logística de los Estados Unidos, sobre todo para sostener una guerra larga. Potencias como Turquía, Pakistán y China buscan posicionarse como mediadores y los futuros arquitectos de la paz en la Región.
Se ha consolidado la alianza de Irán con Rusia y China. Empero el papel de Rusia y China es una combinación de pragmatismo y oportunismo. Tal vez se guían por el principio del Arte de la guerra: La mejor victoria es vencer sin combatir. Apoyan a Irán, sobre todo con la inteligencia y la información, la provisión de armas estratégicas y el respaldo diplomático; pero evitan una confrontación directa que les arrastre al conflicto. A diferencia de una alianza militar, la cooperación de Rusia y China es transaccional y a partir de los intereses propios.
Irán está en la frontera de la zona de influencia de Rusia, por lo cual le es vital no permitir su caída o debilitamiento. Está compartiendo sobre todo táctica de la guerra de drones e inteligencia satelital. El atrapamiento en la Guerra de Ucrania, impide una protección más directa a sus aliados. Y más bien los resultados de la guerra son favorables para Rusia, empezando por la subida de precios del petróleo y el gas, que puede permitir una recuperación del PIB y eliminar la previsión de restricciones del gasto público.
El 45 por ciento de los hidrocarburos importados por China viene de los países del Golfo. El cierre del Estrecho de Ormuz le afecta directamente. Su estrategia es una mezcla de diplomacia preventiva y protección de intereses. Busca mantener una posición de acercamiento a las monarquías, aunque respalda a Irán sobre todo con apoyo tecnológico de inteligencia, radar anti-furtivo YLC-8B, migración de la navegación iraní del GPS al sistema chino BeiDou.
La actitud de los BRICS ha sido ambigua. En particular, la posición de India ha tenido que reajustarse desde un acercamiento a Israel, lo que le costó la subida de precios en la provisión de hidrocarburos rusos y en el flujo por el Estrecho de Ormuz, a una posición de negociación con Rusia e Irán.
La correlación de fuerzas tiende a ser favorable a Irán, mientras Estados Unidos está al borde de una derrota estratégica, militar y económica. En Israel, el “Domo de hierro” ha sido sobrepasado, por lo que enfrenta una destrucción creciente. Las fuerzas armadas de Israel empiezan a sufrir una crisis interna: El Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el teniente general Eyal Zamir, emitió a finales de marzo de 2026 una advertencia sin precedentes al gabinete de seguridad, afirmando que el ejército está «al borde del colapso interno».[4] Las aspiraciones de conquista en Líbano, ha encontrado una fuerte resistencia de Hezbollah, con reveses militares para Israel. Irán mantiene la iniciativa en la escalada bélica, por lo cual declara que no acepta un alto al fuego, sino que busca una resolución definitiva que acabe la guerra en Medio Oriente.
Las amenazas de Trump de la escalada con una invasión terrestre son calificadas por especialistas, como un suicidio estratégico. Sin embargo la actitud de venganza de Trump y las amenazas de llevar a Irán a la edad de piedra, van a causar la devastación y altas pérdidas a Irán; los ataques contra los servicios públicos, la población, buscan dejar una ola de destrucción antes de retirarse. Empero la contraparte, en caso de este ataque, también causará una amplia destrucción de Israel.
La guerra se encuentra en un punto de equilibrio estratégico, con tendencia favorable a Irán, que cuenta con la iniciativa en el escalamiento. Estados Unidos e Israel no pueden vencer, ni ocupar Irán, pero pueden provocar una amplia destrucción. A pesar de las amenazas, parece improbable el uso de armas atómicas, pues, si bien Irán no posee bombas nucleares, cuenta con el apoyo de potencias atómicas y ha encontrado el medio de disuasión a través de la capacidad de ataque a las bases que guardan los arsenales atómicos de Israel, como Inmola, que provocarían un desastre ampliado. Irán no puede vencer en una guerra convencional, pero ha logrado resistir y empezar a pasar a la ofensiva con una estrategia asimétrica de desgaste y el desate de efectos dramáticos en le economía mundial, tanto en una crisis energética global, como en el ataque al sistema monetario-financiero de Estados Unidos.
La batalla ya no es sólo por territorio, sino sobre todo por la capacidad de resistencia cultural-política e iniciativa en el tiempo. Los límites de la economía y la política se estrechan para Estados Unidos, con la agudización de las contradicciones internas y la cercanía de las elecciones de medio período. En Israel, si bien el apoyo al ataque a Irán se mantiene alto, en torno al 78%, según los datos más recientes del Viterbi Center del Israel Democracy Institute, hay una reducción desde el 93% al inicio de la operación Roaring Lion; se han intensificado las contradicciones internas; la seguridad ha sido vulnerada estructuralmente y las FDI se encuentran en un límite operativo riesgoso. Irán ha mostrado a lo largo de la historia alta capacidad de resiliencia en los conflictos. El tiempo tiende a favorecer a Irán.
Clave 10. Un desenlace incierto. Proyecciones
Después de la guerra de Irán le mundo habrá cambiado profundamente.
A menudo se sabe cómo iniciar una guerra, pero no cómo terminarla. Es difícil proyectar el desenlace. La guerra de información, contrainformación y desinformación, fake news, actos de falsa bandera, dificulta ver los escenarios.
Uno de los campos de la guerra híbrida es el control de la información. Según Alfredo Jalifé-Rameh, el 80% de los principales medios de información en Occidente es controlado por Israel, con un papel central del Mossad, lo que genera una profunda desinformación sobre todo entre el público de Estados Unidos. Trump juega en el escenario del espectáculo, muestra una realidad imaginaria paralela. En los 40 días del conflicto hasta hoy, ha afirmado en 18 oportunidades que Estados Unidos ha triunfado, a pesar de que los hechos van en dirección contraria. Sin embargo, las redes alternativas han jugado un papel central para conocer la realidad. Irán ha logrado imprimir una línea hábil de información y argumentación sobre el conflicto. Una de las claves para entender la guerra de Irán es contrastar la información.
Hay signos de agotamiento de la ofensiva y de los arsenales estadounidense-israelíes. Trump mantiene un doble discurso: empieza a buscar cómo salir de este conflicto, con la imagen de los objetivos logrados, pero amenaza con la destrucción total de Irán. Israel bloquea las posibilidades de negociación y de retiro de Estados Unidos del Golfo Pérsico. Irán, hasta el momento, ha señalado que no va a ser Trump el que señale el final de la guerra, sino que lo definirá Irán.
El objetivo de Irán es expulsar a Estados Unidos del Golfo Pérsico, y con ello, debilitar la posición israelí, que depende de la protección de Estados Unidos, su verdadero domo de hierro. Los objetivos de Trump han ido reduciéndose del discurso del cambio de régimen, a la propaganda del control del riesgo atómico iraní y la apertura del Estrecho de Ormuz
Todavía el conflicto se prolongará. Varios analistas presentan la imagen de una guerra prolongada como la Ucrania. Es difícil calcular el tiempo; por el momento la incertidumbre es la única certeza. Llegará un momento de negociación. La correlación de fuerzas se ha modificado, la iniciativa ha pasado al lado iraní, con apoyo discreto de Rusia y China.
El fantasma de Vietnam empieza a aparecer. En términos cuantitativos el poder militar de la alianza Estados Unidos-Israel es infinitamente superior. Irán es una potencia media. Sin embargo, en el teatro de guerra, la estrategia de enfrentamiento asimétrico y de guerra de desgaste de los iraníes ha bloqueado esta fuerza. Estados Unidos-Israel no han logrado ninguno de sus objetivos, ni el cambio de régimen, ni el control del arsenal misilístico; por el contrario la unidad interna se ha consolidado a raíz del martirio del Ayatola Alí Jameneí. El factor religioso histórico fortalece la resiliencia de Irán. Irán no puede desaparecer del mapa, ahora hay condiciones diferentes, empezando por el marco geopolítico con la presencia de polos de contrapeso al dominio unilateral de Estados Unidos.
Parecería que se puede descartar el escenario de una conflagración nuclear, por los contrapesos disuasivos, incluida la capacidad de ataque de Irán a los arsenales nucleares de Israel. Hay débiles signos de que se pueda abrir otros cauces de salida. Las conversaciones de Trump con Putín y el próximo encuentro con Xin Jin Ping apuntan en esta dirección.
En lo inmediato no hay condiciones de acuerdos negociados. Las posiciones de los dos polos son antagónicas. Cada uno plantea la rendición del otro como condición para el alto al fuego y la negociación.
Estados Unidos ha presentado el Plan de 15 puntos, que incluye: El desmantelamiento total y permanente de las infraestructuras nucleares de Irán y el cese de todo enriquecimiento de uranio. Restringir el desarrollo de misiles balísticos iraníes únicamente a fines defensivos. Garantizar la apertura incondicional y el tránsito seguro por el Estrecho de Ormuz, con una administración compartida entre Estados Unidos e Irán. Eliminar el apoyo a aliados regionales,los Hamas, Hutíes, Hezbollah.
Hay que tomar en cuenta las condiciones planteadas por Irán, para no quedarse en un alto al fuego que puede restablecer los ataques, como sucedió después de la Guerra de 12 días en junio, sino para abordar una solución de fondo. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, subrayó que la guerra «no terminará hasta que Teherán garantice que no se repetirá y reciba las debidas compensaciones». Plantea seis condiciones:
- Garantías de no repetición: Irán exige compromisos vinculantes de que ni Estados Unidos ni Israel volverán a atacar su territorio en el futuro.
- Retirada de fuerzas extranjeras: El cierre de todas las bases militares estadounidenses en la región de Oriente Medio.
- Compensaciones económicas: El pago de indemnizaciones por parte de los «agresores» para cubrir los daños sufridos durante el conflicto.
- Cese regional total: El fin de las hostilidades en todos los frentes de la región, no solo en territorio iraní, sino también en Líbano y en Gaza.
- Nuevo estatus para el Estrecho de Ormuz: La imposición de un marco jurídico diferente para este paso estratégico, bajo control compartido de Irán y Omán.
- Justicia contra medios hostiles: El enjuiciamiento y extradición de miembros de medios de comunicación que Irán considera que han actuado de forma hostil durante la guerra.
Tres escenarios posibles. El paso de la guerra caliente a una guerra fría, con la contención del poder de Irán, y el retiro parcial de Estados Unidos de los Estados del Golfo. Guerra prolongada, con amenazas de invasión total, desgaste creciente de la economía mundial, destrucción mutua de Irán e Israel. El tiempo se mueve a favor de Irán: se dibuja un escenario de derrota del imperio y de reordenamiento del poder en Medio Oriente, con efectos en el orden mundial.
Cada paso de escalada del lado de Estados Unidos e Israel choca con una respuesta asimétrica de Irán que pone en juego la economía mundial y termina mostrando los límites estructurales del poder militar del imperio. Pende en el ambiente la amenaza de Trump de un ataque total contra Irán. Sin embargo, los últimos hechos en torno al rescate de los pilotos del F1 derribado por Irán han terminado en el derribo de cinco aviones, según ha aceptado Estados Unidos, o siete según la información iraní; muestran la incapacidad del control del aire por parte de Estados Unidos; y con ello la inviabilidad de la invasión terrestre. El mundo camina hacia un nuevo orden; pero todavía no es el tiempo de la paz. El ocaso del imperio se prolonga en el tiempo.
La paz en Medio Oriente es posible si vamos a las raíces, si se elimina los afanes de conquista de Israel y Estados Unidos, si se acuerdan nuevos tratados de control de armas, la eliminación de armas nucleares en la Región, si se acepta la autodeterminación y el derecho de los países a la defensa ante las agresiones extranjeras, y, sobre todo, si se escucha la voz de los pueblos y protegemos la vida de la población, empezando por los niños y niñas. Pero no puede haber paz en Medio Oriente, si no construimos la paz en el mundo. Es una hora decisiva para las iniciativas de paz.
Trabajos citados
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de 2026). EE UU ha colapsado y aún no lo sabe, perderá la guerra con Irán.
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[1] Fuente: https://www-aljazeera-com.translate.goog/news/2025/6/12/mapping-us-troops-and-military-bases-in-the-middle-east?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sge#:~:text=Estados%20Unidos%20ha%20mantenido%20bases%20militares%20en,al%20menos%2019%20lugares%20de%20la%20regi%C3%B3n.
[2] Fuentes: CRONOLOGÍA-La relación entre EEUU e Irán desde 1953 a 2020. Reuters, Enero 3, 20201 y Wikipedia.
[3] Fuentes: https://radiomiraflores.net.ve/iran-figura-entre-las-principales-potencias-tecnologicas/
https://tvbrics.com/en/news/iran-ranks-11th-among-islamic-countries-in-global-innovation-index-2025/
[4]https://www.youtube.com/watch?v=CaJsdkCxakg#:~:text=Israeli%20army%20chief%20of%20staff,Kassim%20reports%20from%20Tel%20Aviv.
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