Las fotografías de Muyahid Bani Mufleh antes y después de su detención en Israel conmocionaron a mucha gente, incluido él mismo. «Me duele mirar las fotografías de la persona que solía ser», afirmó el destacado periodista palestino de la localidad de Beita, cerca de Nablus, en la Cisjordania ocupada. Seis meses de detención en Israel sin cargos ni juicio lo cambiaron para siempre.
Este hombre de 36 años, padre de tres hijos, salió demacrado y frágil, con el rostro hundido y los ojos enrojecidos, aparentando muchos años más que cuando ingresó en prisión. Aparte de la diabetes, Bani Mufleh gozaba de buena salud antes de su detención. Sin embargo, afirma que los meses de tortura, maltrato físico y negligencia médica han dejado su cuerpo destrozado. «Mis defensas se derrumbaron bajo el peso de la tortura y la humillación», declaró a Middle East Eye desde su cama de hospital.
«Querían que olvidaras quién eras».
Dos días después de su puesta en libertad, el 12 de enero de 2026, Bani Mufleh fue ingresado en el hospital tras sufrir una hemorragia cerebral grave seguida de un ictus, que él atribuye a los malos tratos que padeció mientras estuvo bajo custodia israelí. Los médicos le practicaron una intervención quirúrgica de urgencia, extirpándole parte del cráneo para aliviar la presión sobre el cerebro. A continuación, permaneció dos meses en coma. Sigue ingresado en el hospital, donde le espera una recuperación larga y difícil.

Periodista durante toda su vida adulta, Bani Mufleh afirma que un pensamiento le dio fuerzas durante su detención: que algún día contaría las historias de los hombres encarcelados junto a él. Pero la tortura que sufrió, seguida de meses en el hospital, le privó de esa oportunidad. «Nunca olvidé que era periodista», afirmó. «Durante toda mi detención, no dejé de pensar que algún día contaría las historias de aquellos que ya no podían hablar por sí mismos. Pero el tiempo nunca me dio esa oportunidad. Antes de que pudiera escribir sobre los torturados, sufrí un derrame cerebral. Y en lugar de escribir sus historias, yo me convertí en la historia».
«Su cuerpo ya no pudo aguantar más»
Bani Mufleh fue detenido en su domicilio, en la localidad de Beita, el 28 de junio de 2025. Pasó más de seis meses en detención administrativa israelí, una política en virtud de la cual los palestinos pueden ser encarcelados sin cargos ni juicio, basándose en pruebas secretas que ni los detenidos ni sus abogados pueden examinar. Las órdenes de detención pueden renovarse indefinidamente, lo que deja a los presos en la incertidumbre sobre cuándo —o si— serán puestos en libertad. Durante su detención, Bani Mufleh afirma que sufrió torturas psicológicas y físicas, privación prolongada de alimentos y negligencia médica.
Meses después de su puesta en libertad, todavía se está recuperando. Habla despacio y con cuidado, y cada frase va salpicada de pausas mientras busca las palabras adecuadas. «Parece que he cambiado», dijo Mufleh. «Ya no puedo hablar con tanta claridad como antes».
A medida que poco a poco volvía a aprender a hablar, se dio cuenta de que recuperar su voz también significaba llevar consigo la voz de sus compañeros de celda. «Nunca olvidaré a Samir al-Rifai, un hombre de unos 50 años», dijo. «A Samir y a mí nos llevaron juntos al tribunal y, cuando regresamos, nos torturaron. Su cuerpo ya no pudo soportar más lo que le estaban haciendo. «Más tarde, los guardias irrumpieron en nuestra celda y rociaron gas pimienta en su interior. Samir se derrumbó. Se lo llevaron y nunca volvió. Lo siguiente que supimos fue que había muerto».
Al-Rifai no fue el único preso cuya muerte permanece grabada en la memoria de Mufleh. Otro fue Ahmad Taza’zah, un detenido de 20 años cuyo estado, según cuenta, se deterioró rápidamente tras los malos tratos sufridos en prisión. «Nunca olvidaré a Ahmad Taza’zah, un joven de apenas 20 años», dijo Mufleh. «Durante la tortura, soltaron a un perro contra él que le destrozó la cara. Las heridas se infectaron y lo único que necesitaba era un tratamiento con antibióticos. En cambio, lo dejaron sufriendo durante días. Empezó a vomitar constantemente. Más tarde, se lo llevaron al patio de la prisión. Nunca volvió con vida».
A pesar de todo, Ban Mufleh afirma que nunca ha dejado de considerarse periodista. Aunque volver al periodismo sigue siendo físicamente difícil, Mufleh afirma que contar estas historias se ha convertido en parte de su propia recuperación. La promesa que hizo a los hombres que dejó atrás en la cárcel —contar sus historias— es una promesa que sigue decidido a cumplir.
Las fuerzas israelíes han detenido a más de 20.000 palestinos en toda la Cisjordania ocupada y la Franja de Gaza desde octubre de 2023. Los grupos de derechos humanos y los informes de los medios de comunicación han documentado los abusos sistemáticos contra los detenidos palestinos, entre los que se incluyen la tortura, la privación de alimentos, la negligencia médica y la violencia sexual. Al menos 84 palestinos identificados, entre ellos un niño, han fallecido bajo custodia israelí en estas condiciones. Los grupos de derechos humanos afirman que es probable que la cifra real de fallecidos sea mayor.
Una lenta recuperación
Los recuerdos de quienes murieron en prisión no son los únicos que Mufleh lleva consigo. En medio de la violencia y la pérdida, se aferró a una única imagen del mundo exterior: el rostro de su hijo pequeño, Arab. «En la cárcel, no dejaba de intentar recordar el rostro de mi hijo Arab para que no me consumieran los rostros de quienes murieron entre rejas. Pero sólo podía recordar una imagen de él: llorando mientras los soldados israelíes me detenían en nuestra casa. Después de que me golpearan y torturaran, lo miré mientras yacía en el suelo. Estaba llorando. Esa se convirtió en la última imagen de él que se me quedó grabada».
Los recuerdos de la cárcel no se han desvanecido. Siguen siendo inseparables de las secuelas físicas y psicológicas de su detención.

Su esposa, Nuha al-Shurfa, afirma que los cambios son visibles no sólo en su cuerpo, sino también en la vida cotidiana de la familia, que intenta rehacer su vida tras su regreso. «Cuando Muyahid volvió a casa, fue como si nuestra familia hubiera vuelto a la vida. Regresó muy debilitado, tras haber perdido unos 25 kg durante su detención», explicó al-Shurfa a MEE. «Durante todo el tiempo que pasó en prisión, a pesar de ser diabético, no recibió la atención médica adecuada. Ver cómo mejora, aunque sea poco a poco, nos da esperanza y fuerzas para seguir adelante».
Añadió que su estado sigue siendo delicado y que aún está lejos de recuperarse. Sigue sin poder beber la mayoría de líquidos y, desde hace más de cinco meses, le cuesta incluso beber agua, por miedo a que pueda empeorar su estado y afectar a sus pulmones. «Sabemos que su recuperación está lejos de haber terminado y que sigue enfrentándose a muchos retos cada día», afirmó al-Shurfa. «Pero estamos profundamente agradecidos de tenerlo de nuevo con nosotros, y estaremos a su lado en cada paso del camino».
«Las mayores bendiciones de la vida»
Para su familia, la recuperación se mide en pequeñas victorias: unas cuantas palabras más pronunciadas sin esfuerzo, otro paso dado sin ayuda o un día con un poco menos de dolor. Para Bani Mufleh, la experiencia también ha transformado su forma de ver los momentos cotidianos de la vida. «Durante mi detención, aprendí lo que se siente al pasar verdadera hambre: esperar comidas que nunca parecían suficientes, irme a dormir con el estómago dolorido y despertarme con la misma sensación», afirmó.«Aprendí cómo una simple barra de pan puede convertirse en un sueño, y cómo un sorbo de agua fría puede parecer una bendición del cielo».
Su recuperación, dice, le enseñó otra lección. «A lo largo de mi recuperación, he aprendido el significado de la impotencia: cuando levantarme de la cama se convierte en una batalla, dar un solo paso parece un logro, respirar sin dolor se convierte en un deseo y una noche de sueño tranquilo se transforma en un lujo lejano. Esos meses me enseñaron que las mayores bendiciones de la vida no son las grandes cosas que antes imaginábamos. Son los pequeños momentos cotidianos que solíamos vivir sin siquiera darnos cuenta».
Moyahid Nwahda es un periodista independiente y narrador visual palestino afincado en el norte de Cisjordania ocupada. Su trabajo se centra en los derechos humanos, el desplazamiento y el impacto de las operaciones militares israelíes en las comunidades palestinas. A través del reportaje, la fotografía y la narración documental, recoge historias poco difundidas de los campos de refugiados, las zonas rurales y las comunidades afectadas por el conflicto.
Tibah Asi es una periodista palestina de Yenin especializada en reportajes sobre el terreno desde el norte de Cisjordania ocupada. Es licenciada en Traducción por la Universidad Árabe-Estadounidense. Sus reportajes se centran en las cuestiones políticas, sociales y humanitarias que marcan la vida de las comunidades palestinas.
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.


