«Nuestras canciones, espadas que blandimos», Mahmud Darwish (1)
Las descripciones que se hacen del asesinado escritor y dirigente palestino Ghassan Kanafani no son meramente superlativas. Novelista, teórico político, marxista leninista, director de periódico, artista visual, autor de teatro, orador, entre otras cosas, Ghassan Kanafani tenía tantas habilidades que su difunto compañero Fadle al-Nakib lo calificó de ejemplo de «resistencia total». Marwan Abd el-’Al, compañero activista cultural y dirigente del FPLP en Líbano, me dijo que siempre que alguna persona de su organización hace una introducción a la obra de Kanafani, su nombre va precedido necesariamente de las palabras «el mártir, el dirigente» y otros títulos tanto honoríficos como profundamente arraigados en un multifacético legado.
Cuando Kanafani acuñó el término «literatura de la resistencia» en su introducción a Mahmoud Darwish, a Tawfiq Zayyad y a otros por entonces jóvenes poetas palestinos, una introducción que estaba destinada a las masas desplazadas, él mismo fue un pionero en desafiar los límites de los géneros en ese campo. Pero, ¿hubo también un Kanafani músico en la era de los cantantes árabes Fairuz, Umm Kulthum y Abdel Halim Hafiz, y con el renacimiento del cancionero revolucionario palestino a finales de la década de 1960? ¿Se podría añadir a los títulos anteriores el de «músico»?
No temas, querido lector, querida lectora. En un mundo de poesía atribuida erróneamente, de citas falsas y de pésimas imágenes de la IA, no pretendo añadir otro mito a una causa basada en el materialismo violento y la resistencia en la vida real. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta que la música ocupa un lugar fundamental en la lucha por la liberación palestina, los temas musicales de las obras de Ghassan Kanafani son una ventana actual y única para comprender la visión del mundo del escritor asesinado.
Un buen ejemplo de ello sucedió en 1957 cuando un Kanafani de 21 años vivía entre Siria y Kuwait. Como no había podido acabar sus estudios universitarios en Damasco «por motivos políticos», había sido reclutado para el Movimiento Nacionalista Árabe (MNA) fundado por George Habash, Hani al-Hindi y otros activistas. Cuando trabajó de profesor en Kuwait, Kanafani también formó parte del consejo editorial del periódico del MNA al-Ra‘i [El punto de vista] y publicó relatos cortos ahí y en la revista de la organización al-Tali’a [Vanguardia]. En aquellos años de exilio, pobreza y reorganización, casi siempre eran personas no palestinas quienes daban voz a la música por Palestina.
La cantante libanesa Fairuz, que era una estrella en ascenso, publicó Rajioun [Retornamos] en 1957. El disco, que compusieron los hermanos Rahbani y dirigió el productor palestino Sabri Sharif, estaba lleno de imágenes de la vida en los pueblos, de olivos y de Palestina, menos de una década después de los horrores de la Nakba:
Con el amor y Jerusalén en mente,
a pesar de lo imposible
y de una noche no ausente belleza,
aunque la justicia se ha desvanecido
y las sombras se han oscurecido …
Estructurado operísticamente sobre una orquestación occidental y la voz de Fairuz, la canción de 12 minutos de duración que da título al álbum se abría paso a través de la desolación para declarar al final:
Entre arena y sombras, por quebradas y sobre colinas
¡Retornamos! ¡Retornamos! ¡Retornamos! (2)
Ghassan Kanafani fue uno de los palestinos a quienes entusiasmaron estas palabras. También era un artista en ciernes y creó una ilustración, «El retorno», al poco de publicarse Rajioun. Kanafani utilizó un lienzo negro y pintura blanca, un sencillo boceto, como la ilustración de la portada del disco de Fairuz. Un grupo de personas refugiadas caminan juntas por unas montañas salpicadas de los edificios de las poblaciones, bajo aves que migran en la misma dirección; personas mayores con bastones, niños y niñas, mujeres que llevan bebés. Sobre estas personas se alza la figura de un joven que lleva un arma puntiaguda y tras él hay una bandera de Palestina que brilla como una antorcha. Bajo esta imagen Kanafani escribió: «¡Retornamos! ¡Retornamos! ¡Retornamos!». Era una referencia directa a Fairuz y a otros cantantes que cantaban a favor de Palestina. y una muestra de la popularidad que entonces tenían entre los jóvenes militantes de MNA
Ghassan Kanafani también incluyó a Fairuz en su obra literaria. En agosto de ese mismo año escribió en Damasco el relato corto «El camino hacia un traidor» (Darbu ila-Kha’in). Unos viajeros por la carretera del desierto que une Bagdad con la ciudad jordana de tránsito de al-Mafraq encuentran un lugar donde hacer un alto en un refugio construido por beduinos: «Esperábamos que llegara el te. El desierto se abría ante nosotros, vasto y silencioso, bañado por la suave luz de la luna. A través de la tienda entraba ligeramente una brisa fresca que confería cierta santidad al lugar. Yo no tenía ganas de hablar con los demás ni de escucharles, solo de contemplar lo que había afuera. Pero, aun así, sentí cierto placer al escuchar las palabras de alguien en la plataforma de madera que había enfrente: “Lo único que le falta a este ambiente es la voz de Fairuz”».
La música también se podía utilizar de una manera simbólica que recreara el «ambiente» que había en Palestina antes de ser colonizada. Cuando Ghassan Kanafani era militante del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y dos meses antes de convertirse en el director fundador de su periódico al-Hadaf, escribió el relato sobre la Nakba titulado «Entonces era un niño» (Kan Yumathak Tiflan). Al principio del relato se describe el telón de fondo de un sinuoso viaje de varios pasajeros en la parte trasera de una furgoneta desde Haifa a Acre, las copas de los árboles, los muros de piedra y la brisa del Mediterráneo. El relato se centra en un muchacho: «Ahmed sacó el shabbabeh [flauta de caña] de su cesto, se reclinó en una esquina del vehículo y empezó a tocar una ‘ataaba, la desgarradora melodía del eterno amante, [que se siente] en casa en cualquiera de los pueblos esparcidos como una constelación terrestre a lo largo y ancho de Galilea».
Mientras los pasajeros viajaban al son de la música de este hábil muchacho, «la melodía emanaba de todo lo que les rodeaba» y su conversación se entremezclaba con comentarios sobre la cosecha de aceitunas y una masacre sionista de huérfanos en Haifa. En un momento dado el conductor se une a Ahmed cantando canciones románticas con su melodía.
La ‘ataaba es una forma popular con arraigo histórico en Palestina, Líbano y toda la zona, y se basa en poesía improvisada en torno a un esquema rítmico establecido y una melodía conocida. En esa misma tradición oral Kanafani introdujo más tarde en su libro de 1966 Literatura de resistencia en la Palestina ocupada, 1948-66 ejemplos de sahja, otro género de poesía tradicional. Es evidente que tanto Kanafani como los revolucionarios musicales de su generación consideraban que estas formas musicales tradicionales eran fundamentales para el arraigo a la tierra de la población palestina.
El viaje de los pasajeros en «Entonces era un niño» se interrumpe cuando una banda de terroristas sionistas les ordena bajar de la furgoneta. Después de registrarlos, su jefe ordena a un joven recluta armado con una ametralladora que los mate y sus cuerpos caen en una fosa. El muchacho es el único superviviente, los asesinos querían mantenerlo con vida para que se lo contara a los demás, para que difundiera entre la población palestina el miedo a nuevas masacres y expulsarla así de su tierra. El muchacho, al que se le dice que corra si no quiere que le disparen y al que había golpeado el líder paramilitar, se para enseguida en medio de la carretera para reflexionar sobre lo que acababa de ocurrir. Se marcha tranquila y rítmicamente. Palestina vivirá para transmitir su melodía.
Es evidente que Ghassan Kanafani se sentía atraído por la música. En su intento de comprender mejor la política mundial, sus primeas incursiones en el marxismo estuvieron acompañadas tanto de la literatura como de la música de la Unión Soviética; en sus notas de la década de 1950 nombra al compositor soviético Sergei Prokofiev. Su familia recuerda que Kanafani coleccionaba discos de vinilo en su casa de Hazmieh, Beirut, y que le gustaban especialmente Nina Simone y otros cantantes negros estadounidenses. Al enterarse de que Ertha Kitt y otros músicos que estaban de gira habían actuado en escenarios israelíes, les escribió para denunciar la normalización [de relaciones con Israel] y pedirles que hicieran boicot.
Más adelante, cuando Kanafani dirigía al-Hadaf, las páginas del periódico relacionaron cada vez más la lucha de la población negra en Estados Unidos con la lucha global contra el racismo y el imperialismo, e informó sobre el levantamiento de 1971 en la cárcel [estadounidense] de Attica (3) y exigió la libertad de militantes encarcelados como Angela Davis.
Su compañera y viuda Anni Kanafani recuerda que «a Ghassan y a mí nos gustaba cantar y bailar» y en el viaje que hicieron en 1964 a Dinamarca para visitar a la familia de Anni hubo «discursos, canciones y bailes. Ghassan incluso enseñó a los invitados el baile palestino libanés, el dabke…». Cuando viajó a China al año siguiente como periodista del diario al-Muharrir asistió a las celebraciones de la Revolución del 1 de Octubre y escribió: «Desde temprano por la mañana oímos el fuerte crescendo de los cantos y la música antes de que nos llevaran en coche a la plaza principal. Nos quedamos allí contemplando, asombrados por el indescriptible espectáculo de medio millón de personas desfilando en columnas en medio de los brillantes colores tan característicos de China».
Ghassan Kanafani y sus compañeros incorporaron influencias de todo el mundo mientras forjaban un nuevo camino y cuando fundaron el FPLP, el internacionalismo en la política y la cultura ya formaban parte de su práctica. Mientras las personas de izquierda del movimiento de liberación se dedicaron durante años a celebrar intensos debates, a escribir y a adiestrarse para la guerrilla, Kanafani escribió dos estudios fundamentales sobre la literatura de resistencia. Ambos libros incluían largas recopilaciones de poemas de poetas bastante desconocidos en aquel momento, como Mahmoud Darwish, Tawfiq Zayyad y Rashid Hussein. Algunos de estos poemas se convirtieron en canciones, los grupos de Sabreen y al-Fajer los utilizaron en las letras de sus canciones y músicos como George Kirmiz y Mustafa al-Kurd de la década de 1980 se basaron en las recopilaciones de poesía de Kanafani de mediados de la década de 1960.
De hecho, la poesía de resistencia actual sigue encontrando músicos que utilizan esos poemas en sus canciones, como la versión de 2021 de «Enamorado de Palestina», interpretada por el grupo gazatí Sol y la cantautora Nahed Elrayes. Este poema de Darwish aparecía dos veces en Literatura de resistencia en la Palestina ocupada y se destacaba el verso «nuestras canciones, espadas que blandimos».
Este trabajo de rebelión poética sirve para hacer frente a los intentos sionistas de acabar con la relación que el pueblo palestino tiene con un rico legado de cultura política. El grupo Dawaween de Rawan Okasha cantó entre la segunda Intifada y en la «Inundación de al-Aqsa» los versos de «Hizz al-Rimh» [blande la espada] citados en el libro de Kanafani de 1972 La revolución de 1936-1939 en Palestina.
El brutal asesinato de Ghassan Kanafani y su sobrina Lamis Najem el 8 de julio de 1972 no logró el objetivo que se buscaba con él de alejar de la causa palestina la influencia revolucionaria del escritor y dirigente del FPLP. Muestra de ello es que Kanafani haya sido inmortalizado gracias a una canción: cuando recopilamos el libro Ghassan Kanafani: Selected Political Writings lo abrimos con las palabras de Ghazi Mikdashi, director de un coro infantil en Líbano en la década de 1970 que cantaba «Gassan nos enseñó a amar la causa».
El emblemático músico y cantante libanés Wadi’ al-Safi, la cantante palestina Amal Kaawash y las madres de las y los presos políticos liberados de las cárceles israelíes también han cantado homenajes al legado de Kanafani. Al margen de si calificamos a Kanafani de músico o no, es innegable el papel que la música revolucionaria desempeñó en su vida y después. Sigamos bailando dabke por el camino de la resistencia total.
Notas de la traductora:
(1) Este verso pertenece al poema «Enamorado de Palestina», incluido en Contrapunto, Galaxia Gutemberg, 2025, traducido del árabe por Luz Gómez, https://www.galaxiagutenberg.com/wp-content/uploads/2025/02/Contrapunto_web.pdf.
(2) Agradecemos a Ester Muñoz Nogales su contribución con la traducción directa del árabe.
(3) Protesta iniciada el 9 de septiembre de 1971 en la cárcel de Attica (estado de Nueva York) por la situación de abandono y malos tratos en la que vivían las y los presos. Exigían mejores condiciones de vida; el final del trabajo esclavo; el reconocimiento de los derechos políticos de la población reclusa; el fin de la censura sobre libros y prensa, etc, en quince puntos que redactaron en una carta.
Louis Brehony es músico, militante, investigador y docente. Es autor de Palestinian Music in Exile: Voices of Resistance (2023), editor de Ghassan Kanafani: Selected Political Writings (2024), y director del premiado documental Kofia: A Revolution Through Music (2021). Escribe regularmente sobre Palestina y la cultura política, y actúa en el ámbito internacional tocando el buzuq y la guitarra.
Texto original: https://www.palestinechronicle.com/ghassan-kanafani-marxist-martyr-musician/
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


