La experiencia de los Ansar Comunistas[1] en Irak sigue siendo uno de los capítulos más nobles y sinceros de la lucha comunista en la historia moderna de Irak. Toda lucha conlleva aspectos positivos y negativos, y ningún empeño humano o político escapa a esta realidad, por más recta que sea su integridad o nobles sus […]
La experiencia de los Ansar Comunistas[1] en Irak sigue siendo uno de los capítulos más nobles y sinceros de la lucha comunista en la historia moderna de Irak. Toda lucha conlleva aspectos positivos y negativos, y ningún empeño humano o político escapa a esta realidad, por más recta que sea su integridad o nobles sus objetivos. Sin embargo, esta experiencia, pese al debate y a las diferencias de opinión que rodean algunos de sus aspectos, constituye una prueba viva de que el pensamiento de izquierda puede engendrar algunos de los modelos de lucha más genuinos e inspiradores, incluso en las circunstancias más duras y oscuras. Encarnó un ejemplo extraordinario de sacrificio, entrega y determinación por recorrer el camino de la libertad y la justicia social, a pesar del cerco, la persecución y la represión que enfrentó a manos del régimen fascista baazista[2].
El movimiento de los Ansar Comunistas se distinguió por la diversidad de su composición étnica y religiosa. Sus filas incluían árabes, kurdos, caldeos, asirios, siriacos, turcomanos y kurdos faili, junto con armenios. Reunió a musulmanes suníes y chiíes, cristianos, sabeos mandeos, yazidíes y shabak, con hombres y mujeres combatiendo codo con codo. En ello, el movimiento encarnó un modelo vivo de fraternidad entre los componentes del pueblo iraquí. Este carácter internacionalista dejó una huella duradera en los habitantes de las aldeas kurdas, quienes llegaron a comprender que su verdadero enemigo era el régimen baazista y sus políticas represivas, y no los árabes como pueblo, en contraste con el relato que algunas fuerzas nacionalistas intransigentes de ambos lados intentaron promover, uno que reducía el conflicto a una estrecha dimensión étnica.
El movimiento también logró un hito histórico notable: las combatientes comunistas, conocidas como las Nasirat, literalmente «las Ansar mujeres», portaron armas por primera vez en la historia de la lucha armada en el Kurdistán, participando junto a sus compañeros en cada batalla y tarea de la resistencia. La presencia de mujeres en el combate dejó una huella profunda en la conciencia de las aldeas kurdas que dieron refugio a los Ansar, contribuyendo a afianzar una visión más igualitaria del papel de la mujer en la sociedad y abriendo un nuevo horizonte para que las mujeres de aquellas aldeas se vieran a sí mismas como agentes activas de la vida pública, y no como meras dependientes dentro de ella.
Entre los capítulos más dolorosos de este recorrido se encuentra la masacre de Bashtashan[3], perpetrada por fuerzas de la Unión Patriótica del Kurdistán contra los Ansar del Partido Comunista Iraquí el primero de mayo de 1983, cobrándose la vida de más de ciento cincuenta compañeros. Este crimen sigue siendo una herida profunda en la memoria del movimiento Ansar, y su historial todavía exige mayor documentación y rendición de cuentas, en justicia a la memoria de las víctimas.
En 1988, los Ansar Comunistas fueron testigos directos de uno de los actos de genocidio más atroces de la historia moderna: la campaña de Anfal[4], emprendida por el régimen baazista contra el pueblo kurdo. Cobró la vida de más de ciento ochenta mil personas, destruyó miles de aldeas e implicó el uso de armas químicas prohibidas internacionalmente.
En medio de esas condiciones brutales, los Ansar Comunistas desempeñaron un papel destacado en la defensa de las aldeas kurdas y en el acompañamiento de su pueblo durante la calamidad, ganándose la confianza y el respeto de la población kurda y dejando una huella duradera que aún permanece presente en la memoria colectiva de aquel período. Esta presencia armada no se limitó únicamente a los Ansar Comunistas, otras corrientes de izquierda, como la organización Corriente Comunista, también mantuvieron una presencia armada limitada, que más tarde participó en el levantamiento de marzo de 1991 tras la Segunda Guerra del Golfo.
Antes de que la experiencia de los Ansar Comunistas tomara la forma que hoy conocemos, la historia de la izquierda iraquí ya había conocido un intento anterior de lucha armada. Fue liderado por el mártir Khalid Ahmad Zaki[5] en los pantanos del sur en 1968, inspirándose en el modelo guevarista y en las ideas de revolución armada que había asimilado a través de sus vínculos internacionalistas. Khalid Ahmad Zaki cayó junto a sus compañeros en la batalla de Hor al-Ghomouka, y su experiencia quedó grabada en la memoria de la izquierda iraquí, inspirando más tarde obras literarias y artísticas que documentaron aquel momento singular en la historia de la izquierda iraquí.
Aunque hoy mantengo reservas sobre la lucha armada como método de resistencia, las condiciones de aquel período, bajo el embate feroz que el régimen fascista baazista desató contra las fuerzas de izquierda y otras fuerzas progresistas, no dejaron, a mi juicio, otra opción que tomar las armas, aunque solo fuera en legítima defensa contra la represión y el exterminio, y para contribuir a derribar la dictadura de entonces.
Me refiero aquí a mi propia experiencia personal con este movimiento. Me honra haber formado parte de quienes participaron en él, a través de mi actividad dentro de las organizaciones clandestinas del Partido Comunista Iraquí[6] en el interior de Irak entre 1983 y 1990, como miembro de la Organización 31 de Marzo[7], una de las organizaciones clandestinas más grandes del partido, en la que tuve el honor de participar en su dirección. Reunía a decenas de compañeros y compañeras de todo Irak.
La organización estuvo inicialmente vinculada al movimiento Ansar a través del Batallón Quinto Independiente, y en ocasiones mediante el Tercer Batallón o directamente con el sector de Badinan[8]. Fuimos, en gran medida, los «Ansar clandestinos», brindando al movimiento Ansar un apoyo continuo mediante inteligencia e información sobre los movimientos de las fuerzas militares y de seguridad, la obtención de armas, equipo, medicinas y documentos, la facilitación del desplazamiento dentro de las ciudades, y la ayuda para sacar de contrabando a compañeros y compañeras en peligro hacia las zonas liberadas, además del trabajo de agitación y la labor política y organizativa dentro de las ciudades. También realizamos visitas secretas continuas a las bases militares de los Ansar para reunirnos con los compañeros encargados de supervisar las organizaciones del partido.
Cualquiera que sea hoy nuestra posición respecto a tal o cual capítulo del recorrido de los Ansar Comunistas, y cualquiera que sea nuestro acuerdo o desacuerdo sobre los méritos de la lucha armada como método de resistencia, esta experiencia seguirá siendo uno de los capítulos importantes en la historia de la lucha socialista mundial, junto a otras experiencias que recorrieron el mismo camino en contextos distintos.
Estas abarcan desde los rebeldes de Sierra Maestra en Cuba, que derrocaron la dictadura de Batista en 1959, hasta el Frente Sandinista en Nicaragua, que puso fin al régimen de la familia Somoza en 1979; desde el Ejército Popular de Liberación griego, que resistió la ocupación nazi antes de librar una amarga guerra civil contra una derecha respaldada por Occidente, hasta los rebeldes de Dofar en Omán, que libraron, entre 1965 y 1976, una de las más largas revoluciones armadas de izquierda en la Península Arábiga en defensa de la justicia social y contra la presencia colonial británica; y hasta los movimientos de resistencia de izquierda en toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial, desde la resistencia francesa e italiana hasta los Partisanos de Tito en Yugoslavia, donde comunistas y militantes de izquierda formaron la columna vertebral de la lucha armada contra la ocupación nazi y el fascismo. A esto se suma la izquierda palestina en su resistencia a la ocupación israelí, representada por organizaciones como el Frente Popular para la Liberación de Palestina y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, fundados a finales de la década de 1960, así como otras experiencias de América Latina, entre ellas el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador y los Tupamaros en Uruguay.
Estas experiencias difieren en sus circunstancias y resultados, y cada una encierra lecciones importantes que vale la pena retomar, así como errores que merecen una crítica franca y fraterna. Con todo, comparten una verdad común: que la izquierda, cuando se enfrenta a una represión brutal y al cierre de todo horizonte político abierto, ha demostrado ser capaz de generar formas extraordinarias de resistencia que permanecen como parte de la memoria compartida de la humanidad en su lucha por la libertad, la justicia social y la alternativa socialista.
Para concluir, el espíritu de sacrificio y entrega encarnado por la experiencia de los Ansar Comunistas, y por otros capítulos de la lucha de izquierda en Irak[9], debe canalizarse hacia una energía unificada puesta al servicio de las trabajadoras y los trabajadores, de la mano y de la mente por igual. Renuevo mi llamado a la necesidad de unir a las fuerzas de izquierda y progresistas, en sus diversas corrientes y tendencias, y a fortalecer la acción conjunta entre ellas.
Gloria y memoria eterna a los mártires del movimiento de izquierda iraquí y kurdo en todas sus corrientes, y en primer lugar a las mártires y los mártires de los Ansar Comunistas. La izquierda, en todas sus corrientes, seguirá siendo la esperanza humana luminosa frente a la corrupción y el autoritarismo que prevalecen en Irak, sostenidos ambos por el nefasto sistema de reparto étnico y sectario del poder.
Este texto fue escrito con motivo del quinto aniversario de la fundación del periódico Al-Nasir Al-Shuyu’i[10] (literalmente, «El Partisano Comunista»), al cual deseo continuo éxito en la documentación de este legado de lucha y en su transmisión a las nuevas generaciones.
Notas explicativas
[1] El movimiento de los Ansar Comunistas (Partisanos): Una formación militante y armada fundada por el Partido Comunista Iraquí en las montañas del Kurdistán iraquí a partir de finales de la década de 1970, para enfrentar la represión baazista mediante la lucha armada, después de que la actividad política abierta se volviera imposible dentro de las ciudades. Reunió a miles de militantes, mujeres y hombres, que se vieron obligados a abandonar sus ciudades hacia las zonas liberadas de las montañas.
[2] El régimen baazista: El régimen que gobernó Irak bajo la dirección del Partido Baaz Socialista Árabe entre 1968 y 2003, bajo el cual la represión contra la izquierda, los comunistas y la oposición política alcanzó su punto máximo, en particular bajo Saddam Hussein. A pesar de su carácter represivo hacia los comunistas y la oposición en el ámbito interno, el régimen recibió respaldo simultáneo de ambos bloques de la Guerra Fría. La Unión Soviética suministró la mayor parte de su armamento militar en la década de 1970 en virtud del Tratado de Amistad y Cooperación de 1972, y continuó armándolo a lo largo de la guerra Irán-Irak de 1980 a 1988, mientras que los estados capitalistas occidentales, en particular Francia y Alemania Occidental, proporcionaron armamento y tecnología avanzados, parte de los cuales se utilizó más tarde para fabricar armas químicas y biológicas, junto con un apoyo económico y de inteligencia estadounidense indirecto durante esa misma guerra.
[3] La masacre de Bashtashan: Un ataque armado perpetrado por fuerzas de la Unión Patriótica del Kurdistán, bajo el liderazgo de Jalal Talabani y Nawshirwan Mustafa, el primero de mayo de 1983, con el respaldo del régimen baazista, contra bases del Partido Comunista Iraquí en la aldea montañosa de Bashtashan, cerca de la cordillera de Qandil. Resultó en la muerte de más de ciento cincuenta miembros del partido y combatientes Ansar, convirtiéndose en uno de los episodios más sangrientos y criminales en la historia del movimiento nacionalista kurdo en Irak.
[4] La campaña de Anfal: Una serie de operaciones militares llevadas a cabo por el régimen baazista bajo Saddam Hussein entre febrero y septiembre de 1988 contra el pueblo kurdo en la región del Kurdistán iraquí. Comprendió ocho fases en las que se emplearon armas químicas, provocando la muerte o desaparición de casi ciento ochenta mil personas, la destrucción de miles de aldeas y el desplazamiento de cientos de miles de habitantes. Más tarde fue reconocida por diversos organismos judiciales como un acto de genocidio contra los kurdos.
[5] Khalid Ahmad Zaki: Militante comunista iraquí, nacido en Bagdad en 1935, quien dejó su cargo de secretario de la Fundación Bertrand Russell para la Paz en Londres para dirigir un experimento de lucha armada inspirado en el modelo guevarista en los pantanos del sur de Irak en 1968. Cayó en batalla junto a varios de sus compañeros en Hor al-Ghomouka en junio de ese mismo año, y más tarde fue conocido con el apelativo de «el Guevara de Irak». Su historia inspiró la novela Un banquete de algas del novelista Haidar Haidar.
[6] El Partido Comunista Iraquí: Fundado en 1934, es uno de los partidos comunistas más antiguos de Oriente Medio y desempeñó un papel central en la vida política y sindical iraquí a lo largo del siglo veinte. Fue sometido a repetidas oleadas de represión bajo regímenes sucesivos.
[7] La Organización 31 de Marzo: Una de las organizaciones clandestinas más grandes del Partido Comunista Iraquí, activa dentro de las ciudades iraquíes durante la década de 1980. Operó en condiciones de extrema dificultad, bajo la vigilancia implacable del aparato de seguridad baazista.
[8] El sector de Badinan: Una zona geográfica en la región del Kurdistán de Irak que sirvió como uno de los escenarios más importantes de actividad para el movimiento armado de los Ansar Comunistas. La Compañía Quinta Independiente y el Primer y Segundo Batallón de los Ansar Comunistas estuvieron activos en este sector.
[9] Partidos de izquierda iraquíes: Junto al Partido Comunista Iraquí, el panorama de la izquierda iraquí incluye otras organizaciones, entre ellas el Partido Comunista del Kurdistán, el Partido Comunista Iraquí (Mando Central), el Partido Comunista Obrero de Irak y el Kurdistán, la Organización de la Alternativa Comunista, el Partido de la Izquierda Comunista, y otras. Estas organizaciones difieren en su historia y orientaciones ideológicas, pero todas comparten una pertenencia común al campo de la izquierda y el comunismo iraquíes.
[10] El periódico Al-Nasir Al-Shuyu’i (literalmente, «El Partisano Comunista»): Publicación periódica de la Liga de los Ansar Comunistas Iraquíes. Su número inaugural (Número Cero) apareció en julio de 2021, con el objetivo de documentar la historia del movimiento de los Ansar Comunistas y transmitir su legado de lucha a las nuevas generaciones, en particular a la juventud del levantamiento de Tishreen de 2019. Incluye testimonios, artículos y material de archivo escritos por los propios Ansar sobre su experiencia, tanto en las montañas como en las ciudades.
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