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A propósito de la exclusión del Ateneo Obrero de Gijón

Fuentes: Rebelión

A la entrada del ejército de Franco, la sede, un edificio de tres plantas, fue saqueada e incendiada y algunos socios fusilados; toca a ahora al Ateneo Jovellanos y al gobierno municipal perpetuar el saqueo

Nada me es más agradable, como activista de la cultura crítica, participativa y autoorganizada de Xixón, que disponer de oportunidades, como las que nos suelen ofrecer nuestros gobernantes, para puntualizar alguna cosa sobre la rutinaria vida sociocultural de Xixón, animada estos días por la torpeza y el sectarismo. Me refiero a lo que considero -como mínimo- una falta de lealtad del Ateneo Jovellanos y una actitud sectaria y excluyente del Gobierno municipal de Xixón. Ambas cosas, para quien esto escribe, constituyen una ruptura de la convivencia cultural democrática y la apertura de un nuevo periodo. Me explico: la anterior Alcaldesa, la señora Paz Fernández Felgueroso, habida cuenta de que el actual Colegio Cabrales iba a quedar libre, consultó con Luis Pascual (presidente del Ateneo Obrero) la posibilidad de compartir con el Ateneo Jovellanos el edificio del Cabrales, propiedad de la Fundación Miranda, entidad que cede su uso para la «formación de las clases populares». La propuesta fue tratada por nuestra Junta Directiva que, tras dar el visto bueno, siguió de cerca el desarrollo de una idea que iba avanzando, hasta el punto de empezar a diseñar a grandes rasgos la reforma del inmueble. El Gobierno municipal precedente, los dos Ateneos y la Fundación Miranda, es decir, las cuatro partes implicadas, estaban de acuerdo. Pues bien, aquel acuerdo inclusivo y democrático, la señora Alcaldesa Carmen Moriyón, hoy se lo pasa por el «Foro», excluyendo al Ateneo Obrero por sectarismo político, única razón por la que se nos recortó la subvención del 2011 y misma por la que llevamos casi un año intentando entrevistarnos con el Concejal de Cultura, empeñado en excluir a nuestro presidente Luis Pascual de la, solicitada y todavía pendiente, entrevista entre una sociedad cultural como la nuestra con el Concejal del «ramo».

Debo de recordar que el Ateneo Obrero de Xixón (Medallas de Oro del Ayuntamiento de Xixon y de Plata del Principado d’Asturies) se fundó en 1881 y funcionó hasta la entrada del ejército franquista, en 1937. A lo largo de todos esos años, la identificación del Ateneo Obrero con la ciudad de Xixón fue absoluta, no sólo por el número de socios (en 1931, tenía cerca de 2500 socios: el 4 % de la población de la Villa), sobre todo por el concepto de «Universidad Popular» que lo presidía desde aquella «renovación» potenciada en los años 20, por Fernando G. Vela entre otros y que sentaron las bases de este Xixón al que hoy nos referimos con frecuencia, como participador y asociativo. El Ateneo Obrero de Xixón tuvo un gran patrimonio propio, conseguido por sus medios, con su trabajo e iniciativas, a lo largo de 57 años, y que se concretaba en un edificio de tres plantas y buhardilla, amueblados convenientemente, una magnífica pinacoteca y una biblioteca con más de 15.000 volúmenes. En 1937 y con su sede afectada por la remodelación del Muro de San Lorenzo, estaba previsto su traslado al palacio que hoy ocupa el Colegio Santo Ángel. A los pocos días de la entrada del ejército sublevado de Franco, la sede fue saqueada e incendiada y todo aquel patrimonio se esfumó. Me gustaría saber de qué paredes cuelgan los cuadros de Solana, E. Valle, Piñole, L. Pardo, A. Suárez, P. Vicente, G. Horacio, M. Moré, D. Regoyos…, y también a qué casas fueron a parar los magníficos muebles «Art Déco» que lo habitaban…, porque de los libros que se libraron del fuego purificador falangista, los usuarios de la Biblioteca Municipal Jovellanos sabemos que están allí al alcance de todas las personas.

Sin embargo, algunos de los socios y directivos del Ateneo Obrero no corrieron la misma suerte. Algunos fueron fusilados, como Rufino García González: redactor de «Avance», además de Secretario del Ateneo Obrero de Xixón y Presidente de la Federación Asturiana de Ateneos y Sociedades Culturales. Otros fueron condenados a reclusión perpetua, como Argimiro Soberón Migoyo, fundador del Grupo Naturista del Ateneo Obrero, o a largas penas de prisión, como Caprasio Muñiz Valdés, maestro nacional de ATEA; José Ramón Argüelles, agente comercial del PSOE y la UGT; Maximino Riera Rodríguez, electricista del PC; Emilio Robles «Pachín de Melas», maestro de taller y escritor, muerto de tuberculosis en la cárcel en 1938; o el propio José María Gutiérrez Barreal, médico, escritor y presidente del Ateneo Obrero durante toda la dictadura de Primo de Rivera, cuya causa fue «sobreseída»; Constantino Suárez, fotógrafo dos veces encarcelado y al que se le negó el permiso de fotógrafo ambulante porque «hace diez años pertenecía al Ateneo Obrero de Gijón»: criterio frecuente y suficiente para ser represaliado por las autoridades franquistas.

Pues bien, justo un siglo después de su fundación, una comisión gestora presidida por Luis Fernández Reguero y siendo su Secretario Daniel Palacio Fernández, inicia el proceso de refundación que nos lleva a esta segunda época del Ateneo Obrero, en la que estamos.

Se ha dicho recientemente -y «con orgullo»- que el Ateneo Jovellanos fue «durante muchos años el único centro cultural de Gijón». Lo mismo que la Central Nacional Sindicalista, que era el único sindicato, o el Movimiento Nacional el único partido: los demás estaban prohibidos, con sus promotores fusilados o encarceladas… Resulta tan clarificador como penoso que haya personas que sientan «orgullo» de semejante asunto. Debe de saberse que los primeros pasos para la constitución del Ateneo Jovellanos, que intentaba recoger la tradición ateneísta xixonesa aderezada con el paternalismo de la Dictadura, estuvieron llenos de sospechas y reticencias por parte de los poderes fácticos del Régimen franquista. Sólo fue posible su constitución una vez establecido el apoyo de Torcuato Fernández Miranda, hombre del régimen cuya inteligencia le hizo entender los «nuevos tiempos» que se avecinaban, lejos de la autarquía y el aislamiento. Entre aquellos promotores se encontraban conocidos falangistas como Roberto Paraja, algunos muy vinculados a la represión tras la Guerra civil, como el juez Fernando G. Pondal; o González Cobo que participó en la «incautación» del Ateneo Obrero; Julián Gómez Elisburu que fue jefe local de Falange y el Inspector de Enseñanza que aconsejara el cierre en 1961, de la Academia del Sótano de «Cura Sama», proyecto educativo «libre» también excluido del Ateneo Jovellanos. Sus locales de la calle Begoña fueron construidos y pagados, con cuatro millones de pesetas, por la Universidad de Uvieu a lo largo de los veinte años que duró la obra: de 1953 a 1974. El Ateneo Jovellanos después siguió de «okupa» en la Cátedra de Extensión Universitaria hasta nuestros días y así pretende seguir. Su biblioteca, que tuvo un gran éxito en los últimos sesenta al ser atendida maravillosamente por Susana Estrada, fue configurándose a golpe de subvención, hasta los cerca de los 5.000 volúmenes que tenía en 1973… Sin duda, el «patrimonio» del Ateneo Jovellanos es, cuanto menos, singular y siempre pagado por otros.

Efectivamente, a ese «único centro cultural» hasta los últimos sesenta, fuimos acudiendo los y las jóvenes de entonces, captados por algunos colaboradores abiertos y de talante democrático como Paco Ignacio Taibo, Carlos de las Heras, o Carmina Manjón, topándonos inevitablemente con el paredón de la censura, la cortapisa y la exclusión. Ya sucedió con los llamados por mí «Pioneros del Ateneo Jovellanos» que pusieron en marcha un Cine Forum, un Jazz Forum, o La Máscara que, cuatro años después algunos de sus componentes tuvieron que irse para formar «Gesto» Teatro de Cámara. Como ya dije, se fueron otros a la calle Cura Sama; se fueron más, tras el chanchullo de los votos » delegados» en 1966, que dieron la presidencia a Lorenzo Sarmiento; se fueron también tras el número 13, los que ponían en pie la Revista Leída «Nosotros» que pretendía hablar de «Los Socialismos». Y tuvo que ir se definitivamente La Máscara, tras el «Espectáculo Antígona-70» que triunfó en todo el Estado español, pero que resultó imposible de asimilar por Sarmiento y la directiva del Ateneo Jovellanos, que decidió cambiar la cerradura de los locales de ensayo, excluyéndonos de «facto».

Pero sucedía que desde 1967, se estaban imponiendo a la dictadura de Franco diversos espacios de libertad. Se trataba de Sociedades Culturales (GESTO; la Cultural del Natahoyo, la Gijonesa, la de Pumarín, el Club Junior, Les Madreñes, más tarde El Texu) potenciadas por algunas de aquellas personas excluidas del Ateneo Jovellanos, a las que se incorporaban quienes iban comprendiendo la verdadera catadura del franquismo, de cuyo entramado formaba parte el Ateneo Jovellanos, y en el que jamás hubo otra actividad clandestina que no fuera la que realizaba la Brigada Político Social, sacando fotografías desde el edifico de enfrente, como pudimos comprobar los que gozamos de las atenciones de la «única policía política» de Franco.

En este asunto, como en casi todo, resulta muy conveniente saber «Quien es Quien». Por ello, a los que formamos parte del Ateneo Obrero de Xixón nos preocupa e interesa especialmente la Historia local y asturiana, para mantener bien viva y clara la Memoria colectiva. Tal vez ese sea nuestro gran pecado y de él la penitencia. No nos extraña que el Gobierno municipal busque bases y alianzas con el Ateneo Jovellanos, rompiendo públicamente con nosotros. Deberíamos de estarle agradecido, porque abre un nuevo periodo en el que el Ateneo Obrero, como patrimonio cultural de los ciudadanos y ciudadanas de Xixón, debería propiciar un frente cultural crítico, unitario y democrático, basado en la ética republicana. Vienen tiempos duros y el «huevo de la serpiente» jamás deja de incubarse. Demos la bienvenida al efecto «Red Bull».

Boni Ortiz, directivo del Ateneo Obrero de Gijón

www.asturbulla.org 

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