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Entrevista del periódico argelino "La Nouvelle République" a Julien Salingue

«Abbas ha dado un puñetazo en la mesa. ¿Y qué? ¿Y después?»

Fuentes: Blog de Julien Salingue

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

-El 23 de septiembre Mahmoud Abbas presentó ante la ONU una demanda de reconocimiento de un Estado palestino, trámite justificado por el bloqueo de las negociaciones y la políticas de colonización de Israel. En su opinión, ¿es ésta la buena solución?

-¿La buena solución para quién? Si como afirman Mahmoud Abbas y las personas cercanas a él, se trata de retomar las negociaciones con Israel esperando mejorar la relación de fuerzas, no se puede sino ser escéptico. En efecto, cualquier persona que conozca un poco la historia de Israel sabe que este Estado nunca ha acordado gran importancia a las resoluciones de las Naciones Unidas que directa o indirectamente condenan o cuestionan su política. Para la clase dirigente israelí un reconocimiento del Estado de Palestina, incluso por una mayoría aplastante de los miembros de la ONU, no es una amenaza. Recordemos que en noviembre de 1988 el Consejo Nacional Palestino reunido en Argel proclamó unilateralmente la independencia del Estado de Palestina. A esto siguió una votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el curso de la cual más de cien Estados reconocieron al legitimidad de la gestión palestina. Sólo hubo dos votos en contra: Estados Unidos e Israel. Veintitrés años más tarde el Estado palestino no tiene ninguna realidad y no hay ninguna razón para considerar que las cosas ocurrirán de manera diferente esta vez, aunque Palestina se convierta en un «Estado no miembro».

-En uno de sus artículos usted escribe que «por lo tanto, la búsqueda de reconocimiento del Estado de Palestina en la ONU es una reflexión táctica de la dirección palestina, que trata de salvar, si no de resucitar, el proyecto político con el que se identifica y que le garantiza su supervivencia económica y política desde hace varias décadas»; ahora bien, en el seno mismo de la clase política y de la sociedad civil esta iniciativa no goza de unanimidad. En este caso, ¿cómo podría la AP salvar o resucitar el proyecto político con el que se identifica?

-Creo que el objetivo real de Abbas y de la dirección de la AP está ahí. Abbas y las personas cercanas a él representan esta fracción del movimiento nacional palestino que apostó hace más de treinta años por una solución de dos Estados negociada bajo la égida de Estados Unidos. Los Acuerdos de Oslo (1993-94) y la creación de la Autoridad Palestina (AP) se inscribían en esta perspectiva. Ahora bien, aunque el «proceso de paz» apenas haya avanzado (es lo menos que se puede decir) durante las décadas de 1990 y 2000, la AP ha encontrado su propia razón de ser. Esta autoridad (que deberían ser provisional) y el «proceso de paz» han creado una nueva capa social en los territorios palestinos que depende política y económicamente de que prosigan las negociaciones y del mantenimiento de la perspectiva del «Estado independiente». La AP es un aparato de Estado sin Estado, con su lote de ministros, de consejeros, de altos funcionarios, etc: su supervivencia política y económica descansa en el proyecto «Estado independiente». Ahora bien, éste parece cada vez mas virtual y lo que se pone en tela de juicio es la propia existencia de la AP. Por lo tanto, se trata de un fuerte acto simbólico, de volver a dar una visibilidad internacional a la solución de dos Estados y de relegitimar la dirección de Abbas, aunque probablemente éste no crea que un verdadero Estado palestino vaya a ver el día.

Algunas personas, incluso del campo palestino, han criticado, incluso discutido, las gestiones de la AP fundamentalmente por estas razones. A ello se añade una cuestión fundamental: la suerte de los refugiados, que representan a la mayoría de la población palestina. En efecto, algunas personas han puesto de relieve que si el Estado, más o menos delimitado territorialmente, sustituía a la OLP, que representa al conjunto de los palestinos, incluidos los del exilio, los refugiados corría un riego fundamental: el de solo poder pretender, en el mejor de los casos, a una «nacionalidad palestina» y a un «derechos a la instalación» en el seno de las fronteras de este Estado. Ahora bien, la reivindicación de los refugiados es el derecho al retorno, individual y colectivo, y no el derecho a tener un pasaporte palestino y a vivir en los enclaves de Gaza y de Cisjordania. No soy jurista y no soy suficientemente competente en la materia, pero una cosa es segura: la focalización sobre la cuestión del Estado margina las reivindicaciones de los refugiados y de los palestinos de Israel.

Por consiguiente, volviendo a su pregunta, el problema para Abbas y de las personas cercanas a él no es tanto conquistar una legitimidad cualquiera en el seno de la población o de la sociedad palestinas. Se trata más de volver a posicionarse en el escenario internacional para que siga funcionando la industria del proceso de paz. Como usted sabe, Abbas ya no es constitucionalmente el presidente de la AP desde hace dos años y medio, y el primer ministro Salam Fayyad apenas obtuvo más del 2% de los votos en las legislativas de 2006. Obtienen lo esencial de su «legitimidad» del apoyo que les brindan los países occidentales y algunos países árabes, no de las esperanzas que suscitarían en la población de los territorios ocupados.

-¿No va a perjudicar esta iniciativa a la reconciliación entre palestinos?

-También esta «reconciliación» era ya muy virtual. Incluso después del acuerdo firmado en El Cairo las fuerzas de seguridad de la AP de Ramala siguieron deteniendo a miles de militantes de Hamás, mientras que el movimiento islámico apenas toleraban una expresión pública de Fatah en Gaza. Ambos movimientos no han logrado ponerse de acuerdo sobre un «gobierno de unión nacional» o sobre algún calendario electoral; Fatah incluso propuso reconducir a Salam Fayyad al puesto de primer ministro, ¡cuando a ojos de muchos de los dirigentes de Hamás éste encarna la orientación pro-occidental seguida por la AP desde hace muchos años! En resumen, lo menos que se puede decir es que incluso antes de la [petición a la] Asamblea General de la ONU, la «reconciliación» no tenía ninguna realidad. Las gestiones de Abbas no hacen sino reforzar esta situación: Hamás le acusa de haber instrumentalizado la «reconciliación» para poder ir a las Naciones Unidas, de pretender hablar en nombre de todos los palestinos y de relegitimarse en detrimento del movimiento islámico. Algunas organizaciones de izquierda, como el FPLP, explican que la urgencia no está en una enésima gestión para retomar unas negociaciones sino verdaderamente en una unidad nacional real.

-En caso de fracaso, ¿cuál sería el futuro de la AP?¿No es ésta una empresa suicida?

-¡No tienen elección! Y esto es, efectivamente, la paradoja de este asunto. Si no hacen nada para resucitar el denominado «proceso de paz», su proyecto seguirá consumiéndose a fuego lento. Aquí están utilizando su último cartucho: ¿de qué medio de presión disponen sino poner en la balanza su propia existencia? La AP es una estructura que, de hecho, está integrada en el dispositivo de la ocupación israelí. Diga lo que diga Israel, la AP desempeña un papel indispensable: el de descargar al Estado de Israel de la gestión efectiva de los servicios a las poblaciones de Cisjordania y de Gaza: sanidad, educación, etc. Y, sobre todo, el aparto de seguridad de la AP es esencial para el mantenimiento del orden en las «zonas autónomas». Las decenas de miles de hombres que las componen han demostrado en muchas ocasiones que podían ser muy eficaces para amordazar la contestación popular. Durante los bombardeos contra Gaza en 2008-2009 las fuerzas de seguridad palestina impidieron las manifestaciones en Cisjordania y disuadieron a todo el mundo de atacar objetivos israelíes. Esto hizo afirmar al general estadounidense Keith Dayton, entonces encargado de la formación de estas fuerzas de seguridad, que a la larga podrían «reemplazar» a las tropas de ocupación israelíes…

En Estados Unidos e Israel algunos amenazaron con cerrar el grifo a la AP. Pero las voces más pragmáticas se hicieron oír en ambos países: dejar de subvencionar a la AP es arriesgarse a que esta se desmorone y, por lo tanto, a situar al Estado de Israel en una situación en la que debería, como antes de los Acuerdos de Oslo, administrar el conjunto de los territorios palestinos. Si se quiere, el mensaje subyacente de Abbas es el siguiente: «no podemos contentarnos con el statu quo actual, que genera demasiada contestación en nuestras propias filas. Pero si ustedes se niegan a volver a lanzar las negociaciones y areanimar la perspectiva del Estado independiente, entonces nosotros dejaremos de desempeñar el papel que ustedes nos han asignado y ustedes deberán asumir sus responsabilidades».

-Antes de decidirse a presentar su demanda Abbas había declarado en varias ocasiones que estaría dispuesto a abandonar la iniciativa si Israel le proponía una oferta seria. ¿Por qué Estados Unidos e Israel no respondieron a esta propuesta, mientras que ahora tratan de disuadirle de esta iniciativa y de retomar las «conversaciones de paz»?¿Es un error estratégico por su parte o creían echarse un farol?

-Me parece que creían echarse un farol. ¡Y no eran los únicos! Por parte de la dirección palestina algunos creyeron, Abbas a la cabeza, que bastaría con agitar la amenaza de un trámite en la ONU para que Estados Unidos hiciera un gesto. Se vieron atrapados en su propio juego y obligados a seguir hasta el final de las gestiones so pena de ser acusado por la población de haber retrocedido, una vez más, bajo las presiones. ¿Y ahora? Nada dice que Abbas y las personas cercanas a él no se sumen a una solución «intermedia» para no ofender demasiado a Obama, el cual probablemente propondrá una nueva «vuelta» de negociaciones. Lo que se nos ha confirmado estos últimos meses es que Estados Unidos e Israel se niegan a que parezca que los palestinos «tiene iniciativa»: no deben proponer, solo disponer.

-Estados Unidos había dejado claro que utilizaría su derecho a veto. Optando por esto último, ¿ no se está jugando sus relaciones con el mundo árabe?

-No comprendo cómo algunas personas han podido imaginar que Estados Unidos no utilizaría su veto. Si el gobierno Obama no desea entrar en guerra con el mundo árabe, nada en el curso de estos tres últimos años indica que tuviera la intención de endurecer el tono en relación a Israel. ¿Se ha olvidado que el pasado mes de febrero Estados Unidos vetó una resolución de la ONU que condenaba la colonización en Cisjordania? Estados Unidos está muy lejos de «abandonar» a Israel, a fortiori después de haber perdido un aliado regional esencial, Hosni Moubarak. Creo que existen unas ilusiones muy occidentales sobre la supuesta «buena imagen» de Barack Obama en el mundo árabe: apoya a Israel, nunca lo ha ocultado, y a pesar de las actuales revoluciones regionales, nunca habrá una ruptura en la política exterior de Estados Unidos, a fortiori a un año de las elecciones presidenciales, que nadie puede ganar en este momento sin la afirmación de un apoyo incondicional a Israel.

-¿No cree usted que este reconocimiento, aunque no se cumpla, sitúa a Israel en una mala posición en relación a la comunidad internacional?

-Israel ya está muy aislado en el escenario internacional. En los últimos años este aislamiento se ha acelerado a causa, sobre todo, de los bombardeos contra Gaza en 2008-2009 y del ataque a la Flotilla en 2010. Las conmociones regionales en curso favorecen este aislamiento porque cada vez será más duro para los regímenes árabes estar desfasado en relación a la hostilidad popular hacia la política palestina. No es casualidad que en estas últimas semanas Turquía haya endurecido el tono en relación a Israel. Erdogan ha comprendido bien que si Turquía quería desempeñar un papel a nivel regional, tenía que adoptar una postura menos conciliadora en relación a Israel. Esto es lo que guió al primer ministro turco y sin lugar a dudas no una repentina sensibilidad en relación a los pueblos oprimidos. Los kurdos saben algo de esto…

Todo esto para decir que el aislamiento cada vez mayor del Estado de Israel ha precedido a las gestiones de Abbas en la ONU. Esta iniciativa no hace sino registrar una situación de hecho. En realidad Israel está mucho más preocupado por las evoluciones regionales actuales, que ya le han hecho perder a un precioso aliado (el Egipto de Hosni Moubarak), que por el escrutinio de la ONU. Si el gobierno israelí ha tratado de boicotear las gestiones de Abbas no es tanto porque las tema en sí mismas, sino por aquello de lo que estas gestiones son muestra o confirman a ojos del mundo: Israel tienen cada vez menos aliados.

-¿Quién posee la baza fundamental en esta situación de múltiples retos?

-En gran parte las cartas están en manos de Estados Unidos que sigue apoyando al Estado de Israel sin exigir que éste se conforme al derecho internacional. Y no hablo sólo de Estados Unidos. El primer socio comercial de Israel es la Unión Europea. Recientemente Israel ha sido admitido como miembro de la OCDE… Detrás de las condenas de principio y las declaraciones de buenas intenciones hay una política que «se lleva a cabo realmente» y que no da testimonio de exigencias respecto al Estado de Israel. Sería necesario que los socios de Israel salieran finalmente de su duplicidad: no se puede, como hace Francia, votar unas resoluciones contra la colonización de Cisjordania y unas semanas más tarde comprar drones en Israel y hacer funcionar el complejo militaro-industrial de Israel… Si se condena la política israelí hay que actuar para que cambie, por ejemplo, sancionando al Estado de Israel mientras no respete el derecho internacional.

-¿Cuáles serían las nuevas relaciones de fuerza en los dos casos hipotéticos (éxito o fracaso de la iniciativa)?

-Las relaciones de fuerza apenas cambiarán. Ya sabemos que Palestina no será admitida en las Naciones Unidas debido al veto estadounidense. En el mejor de los casos, Palestina accederá al estatuto de Estado no miembro. Algunos juristas de la OLP explican que con este estatuto las dirección palestina podría llevar ante la justicia a algunos responsables israelíes. Jurídicamente es cierto. Pero, ¿lo harán? ¡Nada es menos seguro! No olvidemos que fue la dirección de Abbas la que, bajo presión de Estados Unidos e Israel, solicitó que se aplazara el examen del informe Goldstone por parte del Consejo de Seguridad en octubre de 2009. ¿Por qué lo hicieron? Para seguir siendo considerados socios creíbles para la negociación. De acuerdo, esta vez Abbas ha dado un puñetazo en la mesa. ¿Y después? Volvió a Cisjordania y si quiere ir de Ramala a Belén necesitará una autorización israelí ,.. Si Fayyad quiere pagar a los funcionarios, será necesario que Estados Unidos sigan dando dinero a la AP* y que Israel garantice la transferencia de las tasas. E Israel proseguirá con la construcción de las colonias sin que nadie se lo impida. También es de este modo como se mide la realidad de las relaciones de fuerzas.

-Algunos palestinos creen que la resistencia es la única manera de recuperar sus derechos fundamentales e incluso califican esta iniciativa diplomática de estafa política. ¿Qué opina usted de ello?

-Me cuidaré mucho de dar lecciones a los palestino. Sin embargo, me parece que el episodio de la ONU va a acelerar el debate y la refundación estratégicas por parte de los palestinos. Sea cual sea el escenario (en la ONU y en las calles palestinas), las contradicciones inherentes a la postura de la dirección palestina, encargada a la vez del mantenimiento del orden en los territorios palestinos y de la representación de los intereses del pueblo palestino, se reforzarán todavía un poco más, lo mismo que la polarización política ilustrada por los debates relativos a la iniciativa diplomática de septiembre. Y a medio plazo es poco probable que la AP sobreviva a ello puesto que ya no tiene ninguna perspectiva política que ofrecer a los palestinos, ni siquiera la promesa de un Estado que ofrecer a los palestinos.

Además, la cuestión palestina no es una cuestión política «fuera del suelo»; se inscribe en un contexto regional en plena conmoción: los procesos revolucionarios en el mundo árabe cambian progresivamente las tornas y demuestran cada día un poco más a quienes lo hubieran olvidado que la «cuestión palestina» es una parte integrante de la «cuestión árabe». Ahora bien, una democratización del mundo árabe podría llevar a una desaparición del foso existente entre la solidaridad popular con los palestinos y la hostilidad histórica de las dictaduras en relación a ello, lo que modificaría considerablemente las relaciones de fuerzas y permitiría salir de este marco estrecho de las soluciones que se consideran desde hace una treintena de años. Los recientes acontecimientos en Egipto, consecutivos al ataque llevado a cabo contra les autobuses israelíes en el Sinaí y a la intervención israelí en suelo egipcio, son muy reveladores a este respecto. Como puso de relieve Ali Abunimah, fundador de la página web Electronic Intifada, «parece que Israel ha renunciado, hasta el momento, a un ataque de gran envergadura a Gaza en gran parte gracias a las manifestaciones en Egipto y a un sentimiento más general de que Israel «carece de legitimidad» para llevar a cabo otras agresiones a pesar del apoyo diplomático garantizado por Estados Unidos«. Lo que hasta el momento no había podido obtener ninguna fuerza política palestina…

En resumen: lo que está en juego políticamente va mucho más allá del resultado de la votación de la Asamblea General de la ONU. Paradójicamente, la iniciativa de la AP es uno de los principales índices que tienden a demostrar que verdaderamente asistimos al final de un ciclo, que ya he tenido ocasión de denominar «paréntesis de Oslo», en el curso del cual la dirección palestina había apostado por una solución de dos Estados apadrinada por la superpotencia estadounidense. Nadie puede afirmar con certidumbre cuáles serán las características del nuevo ciclo que se abre, pero no cabe la menor duda de que los palestinos sacarán las lecciones de los años de Oslo y estarán muy influenciados por la tormenta que sacude actualmente al mundo árabe.

-¿Cree usted personalmente en la existencia de dos Estados, que vivan en paz y se respeten mutuamente? En caso afirmativo, ¿cuáles serían las condiciones requeridas para que semejante proyecto tenga éxito?

-Apenas creo en ello. La reivindicación del Estado palestino independiente fue formulada por la fracción dirigente de la OLP en un contexto de aislamiento internacional y regional, que la llevó a considerar una solución «pragmática», un «compromiso realista». Pero incluso para esta fracción dirigente el Estado palestino nunca se concibió como un fin en sí mismo, sino como una etapa hacia la satisfacción del conjunto de los derechos nacionales palestinos (sobre todo el derecho al retorno y el derecho de autodeterminación), hacia una solución para todos los palestinos, ya vivieran en Cisjordania, en Gaza, en Israel o en los países en los que se refugiaron.

En esta óptica, en el momento de los procesos revolucionarios en el mundo árabe la reivindicación del Estado palestino independiente parece anacrónica. En mi opinión, lo que actualmente está viviendo el mundo árabe puede ser calificado de «segunda fase de las independencias»: después de haber conquistado la independencia formal, es decir, la salida de las autoridades coloniales y la conquista de la soberanía territorial, los pueblos árabes reivindican hoy la independencia real, desembarazándose de regímenes que siguen estando, o seguían estando, sometidos a las antiguas potencias coloniales o a las nuevas potencias imperialistas.

La reivindicación del «Estado palestino independiente» sigue siendo fundamentalmente una reivindicación de tipo «primera fase» en la medida en que implica su aceptación y su reconocimiento por parte de la potencia colonial, Israel. Formulada en el contexto de la glaciación regional tras las guerras de 1967 y de 1973, en última instancia esta reivindicación expresaba la adaptación, por no decir la integración, de la cuestión palestina en el orden regional. A fortiori si se la piensa en relación con el principio de la «no injerencia en los asuntos internos árabes» que era tan grato a la OLP de Yasser Arafat.

En estas condiciones no es de extrañar que la OLP y después la AP hayan imitado a los países árabes circundantes, incluso en sus peores excesos, ni que Mahmoud Abbas, presidente de la AP, haya sido el último dirigente político que apoyó directamente a Hosni Moubarak, después de haber rendido un insistente homenaje a Zine al-Bedine durante su discurso en el congreso de Fatah hace dos años. La dirección «histórica» de la OLP, lo mismo que el proyecto de Estado palestino independiente, parecen cada vez más desfasada de las nuevas generaciones políticas emergentes y de las reivindicaciones de independencia y de soberanías económica y políticas que sacuden la región.

Más allá de la desaparición de las bases materiales del Estado palestino y de los manifiestos fracasos de la construcción de una «independencia» a pesar de proseguir la ocupación, lo que se plantea es, por lo tanto, la cuestión de la adaptación de la propia consigna, hasta tal punto va a destiempo de las evoluciones regionales. A la luz de los recientes acontecimientos, hoy es más que probable que la sociedad palestina no se libre del viento de revuelta que barre a las sociedades árabes. Reajustes políticas, superación o esquivamiento de las organizaciones «tradicionales» del movimiento nacional, reformulación de la estrategia y del proyecto… tantos acontecimientos que a medio plazo convertirán en una curiosidad histórica la reivindicación del imposible de encontrar Estado palestino.

* El 1 de octubre de 2011 se publica la noticia de que Estados Unidos ha bloqueado una ayuda de unos 150.000 millones de euros a la AP, previsiblemente como «castigo» por la petición de adhesión a la ONU hecha por Abbas, véase http://www.gara.net/azkenak/10/294350/es/La-ANP-acusa-EEUU-bloquear-fondos-ayuda-economica (N. de la T.)

Fuente: http://www.juliensalingue.fr/article-abbas-a-tape-du-poing-sur-la-table-et-alors-et-apres-interview-au-quotidien-algerien-la-nouv-85350608.html