Al borde de la muerte, Heba Muraisi y Kamran Ahmed, activistas británicos de Acción Palestina, se muestran decididos a mantener su huelga de hambre en prisión. Tras 67 y 60 días, presentan un notable deterioro físico en la mayor huelga de hambre desde la de los presos republicanos irlandeses.
Heba Muraisi y Karman Hamed llevan en huelga de hambre 67 y 60 días, respectivamente, en una protesta que en noviembre comenzaron ocho personas. Cinco de ellas la abandonaron por riesgo para su salud. Lewie Chiaramello es el tercer preso que sigue negándose a comer.
Se trata de la mayor huelga de hambre coordinada en la historia británica desde la de los reclusos republicanos irlandeses en 1981, en la que murieron Bobby Sands y otras nueve personas. El día 66 de Muraisi fue «significativo porque fue en ese 66º día de huelga de hambre que Bobby Sands murió a manos del Estado», subrayó el grupo Prisioneros por Palestina.
Los presos del IRA y el INLA murieron entre los días 46 y 73 de su huelga de hambre. Muraisi, una londinense de 31 años trabajó como florista y socorrista, muestra ya palidez y los pómulos marcados, según una amiga que la visitó el miércoles y la vio «bastante demacrada». Sufre espasmos musculares, dificultad para respirar, dolor intenso y un bajo nivel de glóbulos blancos.
Ha sido hospitalizada tres veces. También observó el deterioro de su memoria y dificultad para mantener una conversación. «Habla de sí misma como si estuviera muriendo, está muy consciente y preocupada, pero decidida a seguir adelante hasta que se cumplan sus exigencias», añadió.
El grupo de presos de Palestine Action se encuentra recluidos en varias cárceles por su presunta participación en allanamientos en la filial británica de la empresa de defensa israelí Elbit Systems en Bristol y en una base de la Real Fuerza Aérea (RAF) en Oxfordshire.
Demandan su puesta en libertad bajo fianza, el derecho a un juicio justo y la reversión de la ilegalización de Acción Palestina, que Londres designó en julio como «organización terrorista». Los ocho presos habrán pasado más de un año en prisión antes de que se celebren sus juicios, una pena muy superior al límite habitual de seis meses de prisión preventiva en Gran Bretaña.
«Cada vez que lo ves, podría ser la última»
Hamed, un mecánico de Londres de 28 años, ha perdido la audición del oído izquierdo, sufre dolores en el pecho, disnea y mareos, y tiene una frecuencia cardíaca que intermitentemente baja de 40 pulsaciones por minuto, explicó a Al.-Jazeera su hermana Shahmina Alam, que lo visitó el domingo.
Fue hospitalizado el martes por sexta vez. «Está delgado. Como un trozo de papel. Tiene las mejillas prominentes… se nota que le cuesta mucho levantar las piernas. Parece que ahora, cada vez que lo ves, podría ser la última vez», relató. Aun así, «cuanto más tiempo pasa, más decidido está a continuar y a garantizar que se cumplan sus demandas. Es consciente de que a estas alturas podría fallecer repentinamente, pero sigue decidido».
A pesar de las críticas de médicos, expertos de la ONU, políticos y abogados, el Gobierno se niega a dialogar.
James Smith, miembro del grupo de médicos que asesoran a los huelguistas de hambre, advirtió sobre una fase crítica en la que la muerte y los daños irreversibles a la salud son cada vez más probables. También criticó el nivel de atención médica dentro del sistema penitenciario. «Realmente es el trato más indigno que he visto en un entorno del NHS [Servicio Nacional de Salud] en mi carrera como médico», declaró. Varios activistas fueron esposados mientras estaban hospitalizados, y rodeados por un mayor número de carceleros.


