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Ante la persistente inacción climática, endurecimiento del activismo y de las protestas ciudadanas

Fuentes: Rebelión [Imagen: Gráfica del equipo de investigación de Hansen del 21/11/25: “Warning! This ‘colorful chart’ is censored by IPCC”]

«¡Rebeldía y coraje!, porque la única lucha que se pierde es la que se abandona» (Asociación Madres de la Plaza de Mayo)

El 13 de abril de 1977 catorce mujeres se reunieron en la Plaza de Mayo de Buenos Aires (Argentina) para compartir información sobre sus familiares desaparecidos y diseñar estrategias colectivas de acción y denuncia. Como no las permitieron permanecer allí de pie, decidieron dar vueltas alrededor de la plaza. Han pasado casi 50 años, han ampliado sus reivindicaciones y permanecen perseverantes. El jueves 20 de agosto realizaron su marcha número 2.523

Ni los climatólogos entienden lo que está sucediendo con el clima

De récord en récord, de inédito en inédito: deshielo de los polos y de los glaciares, sequías, incendios que arrasan, olas de calor que matan… Ya sabemos que el planeta se calienta y Europa lo hace más rápidamente que el resto de continentes y que la salud de los europeos empeora. Lo hemos oído tantas veces que ya ni prestamos atención. Nos lo cuentan como algo inevitable y así normalizamos la situación sin dar muchas vueltas a la cabeza. Pero si nos paramos a reflexionar, ¿alguien sabe qué está ocurriendo realmente con el clima?

En los últimos meses, estamos en ascuas por las constantes variaciones en la interpretación de los expertos en la evolución del clima, sobre lo que está pasando con el fenómeno natural de El Niño. La secuencia de diagnósticos y previsiones, tanto del reputado climatólogo James Hansen y su equipo, como de los científicos que trabajan en Copernicus, los que forman la OMM (Organización Meteorológica Mundial, voz oficial de la ONU) o la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), hasta el momento en el que se escriben estas palabras es más o menos la siguiente:

El año pasado, a pesar de queestábamos preocupados por la aceleración del calentamiento global (Hansen, 2025a) y sus implicaciones en la criosfera (2025b), nos quedaba la esperanza de vivir un verano fresquito en 2026, gracias a la influencia del fenómeno meteorológico de La Niña (2025d). Sin embargo, ya en febrero empezaron los primeros avisos de una posible aparición de El Niño, tan solo 3 años después del último, en 2023-24. El equipo de Hansen volvía a mostrar síntomas de ecoansiedad y señalaba la necesidad de un reconocimiento público realista de la situación climática, para modificar la manera de enfrentarnos al cambio climático (2026b). Remarcaba de nuevo que una actitud escapista nos está llevando a un sistema climático empujado más allá del punto de no retorno, con enormes e irreversibles consecuencias, imposibles de evitar (2026c).

A principios de marzo fue la OMM la que nos tranquilizó diciéndonos que, aunque La Niña mostraba una intensidad débil y ya se estaba desvaneciendo, no obstante, íbamos a pasar una primavera/inicios del verano en condiciones neutras (con un 60% de probabilidad) y quizá El Niño llegase a finales de año (40%). Eso sí, se lavaban las manos con la «barrera de predictibilidad de la primavera» del hemisferio norte que dificulta hacer previsiones. Por otro lado, el equipo de Hansen empezó a preguntarse si un Super El Niño estaría de camino, si bien en ese momento incidían en que lo más relevante es la aceleración en el calentamiento de la superficie oceánica a nivel global (2026d). Más tarde, descubriríamos que ésta ha alcanzado una temperatura récord —con un aumento de 6ºC en algunos puntos— lo que podría comprometer la capacidad de sumidero de carbono del océano.

Para mediados de abril ya estábamos de los nervios, pensando en el verano y en la temperatura que tendríamos que soportar porque, aunque todavía no sabíamos si era un Super-Duper El Niño, tenía aspecto de ser de los fuertes (2026e). Los especialistas climáticos volvieron a escribir a finales de mes, lanzando una nueva llamada de atención sobre el quid de la cuestión: el desequilibrio energético del planeta, EEI o Earth’s Energy Imbalance (2026f).

A partir de mediados de mayo, cuando empezamos a sudar en Europa, se inició el «bombardeo» de previsiones: la NOAA sugería que el próximo El Niño a lo mejor llegaría entre mayo-julio (82% de probabilidad) o a finales de año (96%) y podría tener un pico más alto que el anterior, en 2023-24. A la vez admitían que era muy difícil de predecir porque le influyen muchos factores y por eso este año están usando un nuevo método, el RONI o Relative Oceanic Niño Index. Dos semanas más tarde, el equipo de Hansen seguía mojándose en sus pronósticos, confirmando que este año se estaba convirtiendo en el más caluroso, desde que existen registros (2026g).

A finales de julio, parecía que ya habíamos superado lo peor, cuando la OMM volvió a actualizar la información, alertando de que El Niño se está intensificando progresivamente en el Pacífico, temiendo que continúe así hasta octubre. Esto conllevaría un aumento del termómetro a nivel mundial, modificaciones significativas en el régimen de lluvias y tensión sobre los sistemas agrícolas.  Además, el mismo día en el que el equipo de Hansen publicó que lo que estábamos sufriendo no era El Niño, sino solo una introducción de lo que está por venir (2026h), varios climatólogos nos advertían de que:

Zeke Hausfather: «El pico del próximo El Niño va a sobrepasar al anterior en un margen verdaderamente alucinante “truly, a mind-blowing margin”».

Justin Mankin: «[Lo que viene] se parece bastante a lo que los expertos proyectaban para finales del siglo».

Michelle L’Heureux: «La temperatura oceánica y los vientos están promoviendo que El Niño se esté fortaleciendo rápidamente desde junio, por lo que éste podría ser el mayor Super El Niño hasta ahora conocido».

Dado que el fenómeno natural de El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) es solo uno de los eventos que está evolucionando de manera «anormal» y reconociendo la dificultad a la hora de comprender la dimensión de un problema multiecosistémico —tan difícil de entender como la dinámica de los sistemas complejos, la función exponencial o el infinito— deberíamos enfocar la crisis climática desde la humildad, desde la aceptación de nuestras limitaciones… Sin embargo, aquellos que manejan nuestro futuro lo están haciendo desde la prepotencia, usando modelos antiguos, censurando información, desmantelando la investigación científica y culpabilizando a quienes lo denuncian.

Los gobiernos saben más de lo que cuentan

A pesar de que la ciencia lleva décadas avisando de que estamos yendo por mal camino, seguimos acelerando hacia el descalabro, en vez de frenar y cambiar el rumbo hacia una forma de vida sencilla, local, rural, autónoma, autogestionada… Esa nueva manera de vivir conllevaría prioridades como:

– Informar a la ciudadanía de manera objetiva y realista sobre la situación actual y posibles repercusiones, dejando de teorizar a través de encuentros internacionales como las COP o manteniendo una esperanza ciega en las instituciones públicas. Las COP no funcionan. Debería estar claro después de 30 intentos. Ni siquiera sirven las resoluciones de la ONU que pretenden obligar a los Estados a actuar contra el cambio climático. Hace tiempo que sabemos que el IPCC continúa haciendo previsiones sobre modelos obsoletos (Hansen, 2026a), además de no incorporar a sus informes datos significativos, ya que éstos revelarían una realidad incómoda (Hansen, 2025d).

En estos últimos días nos explican que mientras un glaciar colapsado en el Himalaya provocaba una riada sin precedentes en Nepal, simultáneamente los representantes de EEUU bloqueaban las negociaciones en la lucha contra la desertificación porque les molestan términos, como «calentamiento climático», que consideran contrarios a sus intereses.

– Proteger a los científicos y su trabajo. La ciencia está en peligro y lo que hagamos en los próximos 5-10 años va a ser crucial (Hansen, 2025c). Últimamente, se está conociendo el gran interés de la administración Trump por minimizar el trabajo de quienes estudian la evolución del clima — sobre todo en la Environmental Protection Agency y la NASA— y por esconder información que no les interesa que conozcamos. Lo que ha empujado a la comunidad científica a elaborar nuevas bases de datos, que no puedan ser censuradas por el gobierno.

– Decidir basándonos en el principio de precaución. Las palabras del Secretario General de la ONU demuestran que las circunstancias y los retos son clarísimos:

António Guterres: «Los datos científicos son rotundos (…) La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis: debemos acabar con la adicción a los combustibles fósiles (…) proteger a los más vulnerables e implementar sistemas de alerta temprana para todos».

No va a ser fácil parar la «máquina» pero hay que intentarlo. No podemos esperar a que se le acabe el combustible porque puede que entonces sea demasiado tarde. Lo que nos estamos jugando es vital: si seguimos por el mismo camino, cuando dejemos de emitir gases de efecto invernadero el sistema climático se volverá a estabilizar; aunque si tardamos en hacerlo seguramente lo hará en unas condiciones distintas a las que tenemos ahora, hacia las que hemos evolucionado durante millones de años. Quizá esas nuevas condiciones ya no sean compatibles con la vida, tal y como la conocemos hoy.

Aún hay mucho que podemos hacer

El formador en activismo no violento y especialista en transformación constructiva de los conflictos, Hervé Ott, nos presenta el coraje civil como la capacidad de osar a acciones públicas fundadas sobre convicciones personales, incluso cuando esas actuaciones conlleven riesgo. A diferencia de la desobediencia civil, éstas no transgreden ninguna ley ni implican una acción colectiva, sino que nacen de un compromiso individual ante la percepción de un peligro, de una llamada de socorro o de una injusticia.

El coraje civil es una disposición moral frente una causa que nos desborda, ante la que podríamos reaccionar con pasividad, agresividad o valentía. Para encontrar la actitud espontánea adecuada a cada situación, es necesario interiorizar la emoción de miedo o enfado, canalizar esa energía y transformarla en una acción constructiva. Sería conveniente que empezásemos ya a entrenarnos. Lo más difícil es animarnos a dar el primer paso, aunque hay que reconocer que las circunstancias actuales nos lo están poniendo bastante fácil, visto el retroceso en políticas ambientales y en la criminalización del activismo y la protesta ciudadana.

Por un lado, el académico Richard Young nos cuenta que una parte creciente de la sociedad se está impacientando con la falta de progreso en la lucha contra el cambio climático, que nos está llevando hacia una intensificación del activismo, en general, y del climático, en particular. Al mismo tiempo aumenta el nivel de brutalidad contra los activistas —sobre todo en Latinoamérica—. En este sentido, el investigador sobre activismo «verde», Will Potter, nos avisa de que los ataques contra los manifestantes se expanden por todas partes, incluso contra el activismo más convencional y no violento. Solo hay que echar un vistazo a lo que está ocurriendo en España en poco tiempo:

–  Juicio del 21/05/26 por la acción del 30/03/23 en la que 9 personas de Extinction Rebellion, Rebelión Científica y Futuro Vegetal denunciaron la inacción climática, arrojando témpera diluida en agua sobre las escalinatas del edificio del Congreso. A pesar de que actuaron a cara descubierta, no opusieron resistencia a la detección y abonaron de manera voluntaria y por adelantado los 5.863€ para la limpieza y, de paso, los trabajos de restauración de uno de los leones de bronce, la Fiscalía solicitó multa y 21 meses de encarcelamiento. El fiscal insistió en la necesidad de la privación de libertad para que sirviese como medida preventiva. No tuvo inconveniente en admitir que buscaba un castigo ejemplarizante. Al final, en la resolución del 12/06/26 se castigó a 4 de ellos económicamente.

– Juicio del 26/05/26 por el corte de tráfico del 07/10/19 en Madrid —sede de la COP25— por más de 300 manifestantes, de los cuales unos 180 fueron identificados y solo 3 encausados (Marina Martínez de Extinction Rebellion, Francisco del Pozo de Greenpeace y Jorge Riechmann de Ecologistas en Acción y Anticapitalistas) para quienes la Fiscalía pide 10 meses de prisión y severas multas por un delito de resistencia grave a la autoridad. Los grupos implicados advierten de que estos juicios no son expedientes rutinarios, sino «elementos centrales de la respuesta del Estado» para reprimir la disidencia ciudadana.

–  Juicio del 16/07/26 por el uso de pintura biodegradable en la fachada de la Delegación del Gobierno en Barcelona el pasado abril de 2023. En este caso la Fiscalía pide 18 meses de prisión y 8.100€ contra 3 activistas de Rebelión Científica por llamar la atención sobre la emergencia climática y la criminalización del activismo.

Jaume Osete: «El hecho de que se pidan penas de cárcel para este tipo de acciones no violentas es gravísimo y por ese motivo Amnistía Internacional ha dado el toque de alarma y [ha estado] como observadora en el juicio».

–   Juicio previsto para este otoño por la protesta del 06/04/22 consistente en derramar agua con jugo de remolacha en la fachada del Congreso, tras la publicación de los informes del IPCC, denunciando así la inacción política. La Fiscalía solicita 21 meses de prisión para 15 activistas, académicos y científicos; entre los que se encuentra Jorge Riechmann. Si éste fuese condenado en ambas causas, la suma de las penas podría suponer un ingreso real en la cárcel. Francisco del Pozo está en una situación similar.

Jorge Riechmann: «En el caso de que hubiera condenas, estaríamos siendo condenados como presos políticos ecologistas».

Si Riechmann y del Pozo merecen ser encarcelados por sus convicciones, entonces muchas y muchos también lo merecemos porque somos de su mismo sentir. Si de los 300 activistas que se manifestaron, han encausado a las 3 figuras del ecologismo cuyos rostros identificaron, ¿qué pasaría si fuéramos 1.000 caras anónimas?, ¿intentarían encerrarnos a todas?, ¿cárceles llenas de inocentes en España? Quizá eso fuese positivo si movilizara la opinión pública y nos estimulase hacia el coraje civil. Dado el contexto actual, no tenemos más remedio que endurecer el activismo y las protestas ciudadanas. Repitamos una y otra vez el lema de las Madres de la Plaza de Mayo:

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Esther Oliver. Bióloga y educadora ambiental. https://www.linkedin.com/in/esther-oliver-145a7a97

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.