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Bernie Sanders, Dr. M. L. King y los tres demonios

Fuentes: TeleSur

Algo faltó en la charla de Bernie en la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur.

En los años finales de su vida, el cada vez más radical y defensor de los Derechos civiles de los negros, la paz y la justicia social, el líder del Dr. Martin Luther King Jr. habló y escribió en contra de lo que él llamó «los tres demonios que están relacionados entre sí». El primero de estos demonios era el racismo, profundamente entendido no sólo significó prejuicios blancos y segregación formal en el Sur de los EEUU, sino el funcionamiento racialmente separado y desigual de las instituciones básicas de la nación y de las estructuras sociales.

El segundo demonio era la pobreza y la desigualdad económica – la injusticia de clase, que King la arraigaba en el capitalismo. Ese sistema, decía MLK, «produce mendigos» junto a la opulencia más exuberante, lo que hace necesario «la redistribución radical del poder económico y político».

El tercer demonio era el imperialismo militar norteamericano – no es una mera crítica de último momento al Sistema Americano. Al explicar por qué se había opuesto abiertamente a la guerra monstruosa de Washington contra Vietnam en 1967, Dr. King argumentó que la conciencia no le permitía permanecer en silencio sobre los crímenes que los «extraños [estadounidenses] libertadores» estaban cometiendo en el sudeste asiático. Al mismo tiempo, señalaba que su condena a los Estados Unidos como «el principal proveedor de violencia en el mundo de hoy» (una descripción que sigue siendo cierta hoy en día) estaba fuertemente ligada a sus luchas contra la disparidad racial y económica en los EE.UU.

Reflexionando sobre los disturbios raciales que se extendían a través de ciudades de Estados Unidos en los veranos de 1966 y 1967, King culpó a la postura reaccionaria de «la sociedad blanca, sin preparación y sin voluntad de aceptar el cambio radical estructural». También atribuyó la violencia al militarismo estadounidense. El Pentágono, señaló King, envió negros pobres a las líneas de frente en un grado desproporcionado. Se modeló la noción destructiva que la violencia era una respuesta razonable e incluso una solución a los problemas sociales y políticos. Negros estadounidenses y otros sentían lo que MLK llamó «la cruel ironía de ver a negros y blancos en las pantallas de televisión, matando y muriendo juntos por una nación que ha sido incapaz de sentarlos juntos en los salones de clase de la escuela. Los vemos en brutal solidaridad quemando las chozas de una aldea pobre, pero sabemos y nos damos cuenta de que nunca van a vivir en la misma calle en Detroit», dijo King.

Al mismo tiempo, King sabía que la guerra de Estados Unidos y el militarismo robaron recursos a la recién declarada y apenas peleada, «guerra contra la pobreza». Además de asesinar a campesinos y otras personas en el sudeste de Asia, los gastos imperiales habían destrozado las «esperanzas para los pobres de [EE.UU.] tanto blancos como negros». El programa contra la pobreza «fue destruido y eviscerado, como si se tratara de un juguete inservible, en una sociedad que se volvió loca» con un «militarismo que atrajo a los hombres, sus habilidades y el dinero como un tubo destructivo de succión demoníaca… Una nación que continúa año tras año a gastando más dinero en defensa militar que en programas de mejora social», añadió King, «se está acercando a la muerte espiritual».

Recientemente, el nominalmente candidato presidencial socialista democrático- admirador del Partido Demócrata de Escandinavia- y senador estadounidense («Independiente» – por el Estado de Vermont) Bernie Sanders, habló a la antigua organización del Dr. King – la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC) – en un intento de demostrar su compromiso con la justicia racial. Como reflejo de la influencia del movimiento Black Lives Matter que ha surgido en respuesta a los homicidios policiales racistas, Sanders llegó a la SCLC armado con una cantidad de terribles estadísticas de disparidades raciales y racismo institucional en los Estados Unidos. Se mostró conocedor de estos temas, aunque a pesar de que estaba listo para retratar el racismo como un mero problema económico, no mencionó la persistente y profunda segregación residencial y educativa de facto – el continuo apartheid de raza en Estados Unidos – que contribuye mayormente a la desigualdad racial en todo el país.

Sanders parecía ansioso por envolverse en el legado del Dr. King. Bernie pregonó su propio trabajo de juventud en la década de 1960 por el Movimiento de Derechos Civiles. Citó al Dr King en la vergonzosa existencia de tanta pobreza masiva en una tierra de prosperidad y la obscenidad que (como King lo señaló en Memphis, Tennessee apenas unos días antes de su asesinato) «la mayoría de personas pobres en nuestro país están trabajando todos los días… y… recibiendo salarios tan bajos que no pueden ni siquiera empezar a funcionar en la corriente principal de la vida económica de nuestra nación». Después de alabar al Dr King por entender que (en palabras de Sanders) «es inútil tratar de abordar la cuestión racial sin tener también en cuenta la cuestión más amplia de la desigualdad [económica]» (uno podría contrarrestar que es esencial luchar contra el racismo y la división racial para luchar eficazmente contra la injusticia económica), Sanders reflexionó largamente sobre la riqueza, la desigualdad de ingresos y la plutocracia corporativa en la contemporánea Nueva Edad de Oro Estadounidense. Reiteró sus denuncias estándar del Partido Republicano, la derecha multimillonaria de los hermanos Koch, y la oligárquica decisión sobre Ciudadanos Unidos de la Corte Suprema. Denunció los esfuerzos republicanos para privar de derechos a los votantes negros. Pidió por más programas de empleo e inversiones en infraestructura federa, combinando con impuestos progresivos y un pagador único del seguro de salud, para combatir la pobreza crear buenos empleos y redistribuir la riqueza y el poder en los EE.UU.

Fue un buen discurso progresista en varios niveles. El Dr. King hubiera aplaudido educadamente en su mayor parte. Al mismo tiempo, el gran líder de derechos civiles se hubiera sentido perturbado por la ausencia total en el discurso de Sanders de cualquier mención o preocupación alguna sobre los «tres demonios» que mencionó King. Como el Dr King sin duda lo hubiera notado si estuviera vivo, Bernie está – como algunos de sus compañeros Demócratas-Socialistas en la lucha por los Derechos Civiles y líderes de los movimientos Contra la Pobreza (Bayard Rustin, Michael Harrington, y A. Phillip Randolph) a mediados de la década de 1960 – colgado de la máquina de guerra estadounidense.

El silencio de Sanders con respecto al último componente del gran triplete mencionado por King en el SCLC, es consistente con su largo y continuo récord de apoyo a las aventuras militares criminales de Washington (cuando el Presidente que lo ordena es del Partido Demócrata) en el extranjero y de los crímenes de Israel contra los palestinos. El Senador pide costosos (y desesperadamente necesarios) programas sociales y ambientales a nivel nacional, sin hacer ninguna referencia seria sobre cómo el presupuesto de guerra gigantesco de Estados Unidos devora más de la mitad del gasto discrecional federal de la nación – sin ninguna atención a las advertencias del Dr. King sobre la «muerte espiritual». Él defiende los estados de bienestar escandinavos como un modelo para los EE.UU., sin señalar el hecho fundamental de que Dinamarca, Noruega y Suecia dedican comparativamente pequeñas porciones de sus presupuestos a gastos militares. No parece dispuesto a reconocer que los EE.UU. no podemos tener los cambios progresistas que defiende, en la medida en que siga siendo una superpotencia militar con tentáculos de fuerza letal y sumamente costosa en casi todos los rincones del planeta.

«Una vez más hacer de los Estados Unidos el líder mundial en la lucha por la justicia económica y social, por sanidad ambiental y por un mundo de paz». ¿Pero cuando ha sido los Estados Unidos un líder de esa naturaleza? Fue una afirmación curiosamente propagandística con poco respeto por el registro histórico. Al Dr. King, con razón, le habría parecido muy extraño.

**El último libro de Paul Street es They Rule: Thel 1% v Democracy (Paradigma, 2014)

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/Bernie-Sanders-Dr.-M.-L.-King-y-los-tres-demonios-20150806-0047.html