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Bildu en la vorágine capitalista

Fuentes: Voz Própria

Bildu ha irrumpido en la lucha sociopolítica en un momento caracterizado por una crisis global, «nueva» en el sistema capitalista, que debemos separar analíticamente en cuatro subcrisis o crisis parciales: una, la mundial capitalista; otra, la europea; además, la estatal española y, por último, la específica vasca. Se equivoca quien menosprecie alguna de ellas y, […]

Bildu ha irrumpido en la lucha sociopolítica en un momento caracterizado por una crisis global, «nueva» en el sistema capitalista, que debemos separar analíticamente en cuatro subcrisis o crisis parciales: una, la mundial capitalista; otra, la europea; además, la estatal española y, por último, la específica vasca. Se equivoca quien menosprecie alguna de ellas y, sobre todo, quien no las interrelacione como subcrisis insertas en una totalidad superior. También yerra quien reduzca esta crisis sólo a lo estrictamente económico y político, sin entender que son todos los pilares del capital los minados internamente. Por último, comete un grave error estratégico quien crea que el capitalismo ha entrado en una nueva fase histórica en la que sus fuerzas represivas, su complejo industrial-militar, la creciente autonomía del capital financiero, y las fracciones más reaccionarias y brutales de la burguesía imperialista occidental cederán pacífica y sumisamente su propiedad y su Estado a las clases y pueblos explotados.

Los tres errores básicos aquí expuestos no son nuevos en la historia de las luchas sociales, pero ahora no podemos extendernos en este problema crucial, sino que queremos y debemos estudiar el contexto y las perspectivas de Bildu dentro de esta realidad mundial objetiva e incuestionable, reflexionando sobre algunos de los problemas más serios a los que ha de hacer frente. De entre varios, sólo tenemos espacio para estudiar cuatro:

La primera reflexión trata sobre la creciente gravedad de la situación a la que han de enfrentarse las electas y electos de Bildu en las instituciones bajo su responsabilidad. La crisis en Hego Euskal Herria no viene dada sólo por su dependencia política, en todos los sentidos, del Estado español, que también, sino a la vez por el efecto doble de la crisis endógenas de una economía industrializada muy dependiente del mercando europeo y mundial, sobre todo en la media y alta tecnología, y de la titánica resistencia de las fuerzas conservadoras –UPN, PP, PSOE y PNV– para tomar medidas globales que aceleren una salida justa y progresista. Al contrario, estas fuerzas asumen conscientemente la dirección estratégica del capital financiero-industrial de la euroalemania y sus aliados. La asumen tanto porque tienen los mismos intereses de clase como porque tienen miedo al efecto acumulativo que pueden producir las pequeñas conquistas sociales en la conciencia social y nacional del pueblo trabajador. Dada la gravedad de la crisis, tienen mucha importancia las pequeñas pero palpables victorias sociales que pueden obtenerse mediante la lucha municipal, sindical, foral, etc., y mediante sus efectos estimulantes en los movimientos populares y en toda serie de colectivos y grupos. Las fuerzas conservadoras y reaccionarias conocer perfectamente esta dinámica y, a pesar de sus diferencias, no están dispuestas a ceder en las reivindicaciones fundamentales.

A la resistencia que ya está encontrando Bildu se suma la relativa falta de formación de muchos de sus electos y electas. Nos referimos a la formación adecuada a la gravedad de la crisis y de la resistencia del imperialismo español y de los colaboracionistas. Desde luego que sí tiene mucha gente formada en la política municipal y foral, pero hay que ver hasta qué punto está ya mentalizada teórica y políticamente de las características de la «nueva» crisis global del sistema. Una cosa era luchar en un ayuntamiento con recursos económicos o con capacidad de recuperarlos tras un bajón pasajero de recaudaciones, y otra muy diferente es saber que existe una deuda municipal cronificada más o menos grande, en medio de un retroceso de la capacidad recaudatoria. La política progresista que quiere aplicar Bildu se enfrentará bien pronto a la carencia de recursos y a la oposición reaccionaria. El voluntarismo valiente sirve en un primer momento, pero más pronto que tarde será urgente la necesidad de una formación teórica y política adecuada.

La dureza de este choque irá en aumento conforme la política social se refuerce con otra política nacional vasca ofensiva dirigida a recuperar derechos democráticos cercenados y perseguidos; con otra política cultura y lingüística que busque la recuperación y avance del Euskara; con otra política ecologista y de calidad de la vida que limite el consumismo, y así un largo etcétera. En la medida en que Bildu y la totalidad de la izquierda abertzale insista en esta lucha, aumentará por el lado españolista y colaboracionista la dureza de su oposición y de sus contraataques. No puede ser de otro modo porque la crisis global reduce cada vez más los posibles espacios de negociación y pacto, obligando a cada bloque a reforzar sus posturas si quiere seguir siendo fiel a sus objetivos, o si no puede ceder más. Hace pocos años existía un muy superior margen de maniobra municipal y foral porque había más dinero público, más economía productiva y la dominación española no necesitaba perentoriamente aumentar la extorsión económica. Ahora aquella fase de vacas gordas ha finiquitado y las arcas están cada día más llenas de telarañas. Es en estas condiciones cuando se confirma la tesis marxista de que la política es la economía concentrada.

La segunda reflexión trata sobre las dificultades más profundas que surgen cuando se desarrolla en punto anterior. Hablamos de la necesidad inevitable de establecer negociaciones con las empobrecidas «clases medias» y pequeña burguesía en los pueblos, y con la burguesía en las Diputaciones. La dinámica política vista en la reflexión primera es imposible sin estos contactos. Todavía existen muchos trabajadores asalariados que se creen «clases medias», y muchos autoempleados y autónomos, profesiones liberales, etc., que se creen pequeña o media burguesía. En los pueblos sobreviven mal que bien muchos tenderos y comerciantes, pequeños negocios y servicios de reparaciones, etc. Desde mediados del siglo XIX el marxismo acertó al definir correctamente las dudas, temores e indecisiones timoratas que ofuscan la fragmentaria conciencia de estos colectivos, y la necesidad de integrarlos en la lucha revolucionaria. Una lectura actualizada de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos aporta sugerencias muy valiosas en el actual contexto de auge del neofascismo y de la reacción en toda Europa.

En una nación oprimida esto es todavía más obvio. Es sabido que el PNV y UPN tienen uno de sus bastiones más sólidos en estas gentes. Las usarán como «arietes populares» contra Bildu. Desactivar esta táctica, atraerlos e impedir que giren a la derecha y extrema derecha es una necesidad para aumentar la solidez del pueblo trabajador. Aunque es muy improbable que estos sectores giren al neofascismo, sí en seguro que el nacionalismo español intentará endurecer el fanatismo imperialista de sus bases sociales, las mismas que aplauden las victorias del futbol español, por decir lo mínimo. El Estado movilizará sus recursos sucios, manipuladores e intimidadores, ya lo hace, para aparentar que «vence democráticamente» a la izquierda abertzale, a Bildu. Hacer del independentismo el proyecto popular además de legítimo, sobre todo y fundamentalmente hegemónico en Euskal Herria es una de las tareas estratégicas decisivas para derrotar la táctica de pinza entre el colaboracionismo y el nacionalismo español.

La tercera reflexión trata sobre la inexorabilidad del contraataque español que tiene su economía intervenida de facto, aunque todavía no de jure, por el imperialismo. La flamante independencia nacional española ha quedado reducida a muy pocos ámbitos porque en realidad es un «protectorado económico», es una economía que depende del exterior. Pese a todos los mensajes de tranquilidad que se envían al capital financiero mundial y al imperialismo, es sabido que la economía española está sufriendo un desplome productivo causado, entre otras razones, por la debilidad de su burguesía industrial que durante el largo franquismo había crecido bajo el dominio de los grandes bancos, no pudiendo así desarrollarse como en otros Estados ahora mucho más sólidos. Históricamente la burguesía española apenas se ha preocupado por el desarrollo tecnocientífico industrial, prefiriendo las ganancias inmediatas aunque muy inseguras y de vuelo corto, a la planificación para crear una economía potente. No podemos extendernos ahora en esta decisiva cuestión –el fracaso o la extrema debilidad de la revolución burguesa en el Estado español–, sino sólo mostrar cómo la creciente debilidad productiva española multiplica las necesidades de explotar a las clases y a los pueblos oprimidos para compensar el retroceso en la jerarquía imperialista.

Es esta realidad objetiva, que se presenta bajo la forma de un nacionalismo imperialista exacerbado, la que determina que se imponga la fracción más reaccionaria del bloque de clases dominante, la representada por el PP. Pero no se trata sólo del choque general y abstracto entre el nacionalismo español y la identidad vasca, sino también del enfrentamiento práctico, diario y social de clase entre la opresión española y la liberación vasca. Dado que Bildu es la expresión pública del ascenso de masas del sentimiento nacional vasco progresista e independentista revolucionario, por esto mismo, se agudiza la irreconciliabilidad entre el imperialismo español y la emancipación vasca ya que, en lo esencial, lo que está en juego no es otra cosa que la propiedad privada española sobre la zona de Euskal Herria que ocupa. Dado que Bildu se ha constituido en la primera fuerza municipal, es decir, en el nivel del poder institucional más cercano y directo al pueblo trabajador, por esta inmediata proximidad la acción de Bildu es una de las más peligrosas para el capitalismo. Las otras dos más peligrosas son la lucha sindical y la lucha de los movimientos populares y sociales. Existe, por tanto, una fuerza de masas, popular y obrera, en la que Bildu ocupa un lugar decisivo en su área.

La cuarta reflexión trata sobre cómo la crisis y el retroceso del euroimperialismo a escala mundial acelera el desenvolvimiento de este choque de contrarios. La implacable dictadura del capital financiero-industrial aplasta la libertad de los pueblos, y no sólo de los oprimidos, sino también de los que tienen Estados muy débiles, como el griego, el portugués, el irlandés, etc. Contra las fuerzas centrífugas inherentes a la financiarización, se yerguen las fuerzas centrípetas de los pueblos explotados que siente en su carne la traición de sus burguesías. Esta dinámica ya demostrada teóricamente desde la mitad del siglo XIX, es ahora más actual que nunca. Las luchas de los pueblos explotados por el euroimperialismo es ya lucha de clases y a la vez lucha de liberación nacional de un «nuevo» tipo allí donde dichos pueblos son formalmente independientes pero están práctica y económicamente encadenados al euroimperialismo.

Miembros de la izquierda abertzale llevan advirtiendo desde el Tratado de Maastrich de 1992 que la ley de centralización y concentración de capitales –que junto a la de su perecuación es el secreto último de la actual cuarta reordenación europea–, provoca la aparición de nuevas opresiones nacionales que se suman a las clásicas. Naciones formalmente libres, como la griega, que tienen su Estado «independiente» padecen sin embargo la dominación del capital financiero transnacional. Esta realidad facilita la toma de conciencia de las naciones que ni siquiera tenemos un Estado propio, y nos refuerza en nuestro objetivo de conseguirlo cuanto antes, pero no un Estado débil, cobarde y vendido al capital financiero, sino consciente de sí, como es el caso de Islandia. Aquí la tarea de Bildu aparece en su pleno sentido ya que puede y debe ser un medio de avance al Estado vasco, de lo contrario defraudará al pueblo trabajador.

Fuente: Texto escrito para la revista independentista galega Voz Própria, nº. 24, Julho 2011

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