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Black friday de reforma constitucional

Fuentes: Ctxt

Se ofrecería a Cat la posibilidad de ser Estado, entendiendo en el nacimiento de ese Estado federado no tanto el fruto de una ambiciosa reforma política, sino de una ambiciosa reforma léxica, consistente en llamar Estado a una autonomía cutre-salchichera

1- Se ha conseguido reproducir el proceso de toma de decisiones del Tercer Acto del Procés. Sinopsis. El improbable paso en cinco años a la desobediencia -septiembre, leyes de Referèndum y de Transitorietat– se hizo buscando un objeto para negociar con el Estado, y no, respectivamente, un referéndum o un Estado. Se barajó convocar elecciones, al parecer, tras el 1O, pero el éxito del 1O fue tan bestia que los promotores de elecciones se fascinaron con ellos mismos. Es preciso señalar que el éxito, descomunal, consistió, fundamentalmente, en la reacción salvaje del Estado. La Gene trabajó en ese momento por otra improbabilidad: una negociación con mediadores internacionales. Algo que nunca jamás aceptaría el Gobierno -no lo aceptó en su día el Gobierno de Burgos en la Guerra Civil; es decir, ni su padre-. El objetivo de la negociación, me temo, no sería la indepe, sino la cosa nación y la cosa financiación. O cualquier cosa sensible de venderse como éxito ante el consumidor de procesismo en unas elecciones. Antes del 27O, Puigdemont ya sabía que negociar -con o sin mediador internacional- con el Estado era imposible. Pactó convocar elecciones, a cambio de no aplicar el 155. En las negociaciones tuvo especial protagonismo el lehendakari y el PNV. La razón: el PNV -por la cosa foral, quizás- tiene una idea clara sobre algo que se desconoce absolutamente en la cultura política cat. El Estado. Lehendakari y PNV sabían que la aplicación del 155 no sería un hecho puntual. Sería el inicio de un nueva fase en las relaciones Gobierno-periferia. Pinta, glups, que será así. El pacto fue rechazado, in extremis, por Puigdemont. Lo que ha provocado que, desde esa fecha, lehendakari y PNV juren en arameo cuando se les menta el Procés. La razón del desprecio del pacto por parte cat fue de uso interno, intraducible a otra cultura. Aproximación a una traducción: por chicken game. Es decir, el primero que se bajara de un tren propagandístico quedaba a merced de la propaganda/de los que seguían en el tren. Por dinámicas propagandísticas internas de los partidos procesistas, vamos, fue preferible para PDeCAT y ERC enviar al garete la economía, perder la autonomía y sacar de su cripta, a la que ya no volverá, el 155, que exponerse, electoralmente, a ser el malo en una película en la que, para el público espectador, Cat iba a ser indepe, de manera épica y plis-plas. De todo el tramo iniciado en septiembre y culminado el 27O, con la volatilización, zas, del Govern, sólo queda una pantalla oscura, de la que no se sabe nada. La decisión -rápida, efectiva, sin disensiones internas; en cierta manera un golpe de genio, a la vez que la Capilla Sixtina de todo este corpus de deshonestidad política que es el Procés- de diseñar una DUI asombrosamente fake que, si bien ha resultado muy rentable propagandísticamente y de forma interna, ha desprestigiado el Procés en el universo, hipotecando, por décadas, el palabro indepe en el exterior. ¿Quién tomó esa decisión? ¿Quién compuso el texto para que fuera jurídicamente anecdótico? ¿Quién fue ese genio creativo? ¿En qué topos lo diseñó? ¿En un despacho? ¿Del Parlament? ¿Era cargo electo o asesor? ¿Por qué nadie vio el trampantojo a tiempo real? Bueno, esa última me la sé. Es posible que en el Parlament, ese día, todo el mundo estuviera tan pendiente del fondo del precipicio, en verdad profundo, que nadie viera su borde. Nadie, en ningún partido, al parecer, vio esa cosa tan borde. En unos días, en todo caso, les digo. Hola. Bienvenidos a Procesando la Implosión. Vamos que nos vamos.

2- Después del tsunami -el 155 es un tsunami; nada volverá a ser como antes de él-, el procesismo ha evidenciado que carecía de chicha. Pero no de capacidad de propaganda y de sentimentalismo. Es, de hecho, propaganda y sentimentalismo, dos objetos peligrosos en la política, y que, como fue el caso, acostumbran a acabar con una ciudad cercada por el Ejército Rojo -en este caso, fue Azul-. Se sabe que en las tomas de decisiones previas al 27O, por ejemplo, hubo lágrimas y discursos sentimentales. La sentimentalización, en fin, fue importante. Más que la política. La política consiste en vencer, o en intentarlo, y no en facilitar al contrincante su victoria absoluta y gratuita, incluso con presos políticos, que es lo que ha sucedido. Se sabe que Marta Rovira lloró en reuniones internas; argumentó, en reunión previa al 27O, que si no se tiraban a la DUI «no podrían salir a la calle». Es decir, evidenció que el proyecto es sentimental y propagandístico; se trata de ser reconocidos y respetados en «su» calle -de no más de dos millones de vecinos-, no de emitir un proyecto político sólido y con repercusiones, lo dicho, políticas. Rovira lloró incluso en su discurso del Parlament el 27O, cuando ese día ella era una de las pocas personas que estaban en el secreto de que no se estaba emitiendo ninguna DUI; es posible, incluso, que, por lo que sea, en este momento, esté llorando. Es una persona importante en la reedición de propaganda. Se sabe, por ejemplo, que la emisión del argumento de que no se implementó la República porque se quiso evitar una baño de sangre -falso; no tanto que hubiera un baño de sangre, sino que el Govern lo tuvo en cuenta; no se implementó porque, al parecer, no había nada que implementar-, fue una respuesta a la crítica interna de Clara Ponsatí, consellera d’Educació. Rovira es una metáfora importante del Procés. Empezó a hacer política con el Procés. No sólo es productora de Procés, sino que es un producto del Procés, una manera de entender la política como mecanismo sentimental y electoral. Que sea la candidata de ERC es una mala noticia para la política, si entendemos la política como transformación. Y muy buena para el mundo del culebrón/el Procés/el colirio.

3- El 21D concurren varias listas procesistas porque, básicamente, ya no se tragan. CUP ha emitido críticas al Procés, que no a sí misma, en documentos internos, en los que alude al Procés gubernamental como hecho propagandístico, y a las asociaciones ANC y Òmnium como responsables de la desmovilización social en las puntas escenográficas del Procés. En cuanto a PDeCAT y ERC, al parecer el plan mínimo en común trazado vuelve a ser propagandístico. Consiste en, si se ganan las elecciones, mantener en Bruselas un president de la República -pinta que la extradición de Puigde, en ese sentido, no se realizará, o se hará por otros delitos, menores- y, en el interior, un president del Govern Executiu. Lo que viene siendo la Gene, un gobierno autonómico de toda la vida, pero con preciosismos propagandísticos. Que rayan a los no creyentes, y excitan a los partidarios, si bien tampoco les ofrece una solución política.

4- En realidad, cuesta imaginar otra emisión de Procés en la que se produzca desobediencia. Todos los partidos procesistas, salvo la CUP, han renunciado a pecados de pensamiento y obra explícitamente. Vamos, que han asumido el 155 y la Consti. Con todas las letras. La CUP lo dicho, pues no. Pero la CUP, técnicamente, no había hecho ninguna desobediencia/no era Govern. En reconocimiento al buen comportamiento de PDeCAT y ERC, se están haciendo movimientos que dibujan una pronta salida de la cárcel de los consellers. Exemplum: la Audiencia ha dado pasos para que se coma el marrón el TS. Me dicen que los consellers saldrían para hacer campaña electoral, con lo que el Gobierno se quitaría de encima tener cargos electos en el trullo durante una campaña. Me dicen, también, que los Jordis «se pudrirán en la cárcel», ese sitio en el que te pudres con facilidad. De hecho, está edificado para eso.

5- La propaganda procesista del futuro está edificada, por tanto, sobre la idea de ganar el 21D. Pero no está claro que lo haga. En las encuestas, la cosa está cada vez más justilla. Ya veremos. En ese sentido, parece que está creciendo la opción Iceta, el único progresista que se enfrentó al Procés desde criterios no derechistas ni nacionalistas -lo contrario a PP y C’s, vamos-, si bien desde la defensa del R’78. En todo este embrollo, de hecho, no ha habido ninguna crítica nítida y sostenida en el tiempo al Procés -esa máquina para satisfacer, sentimentalmente, que no políticamente, a dos millones de personas-, desde posturas rupturista y contra el R’78, lo que dificultará un buen resultado para las nuevas izquierdas, con discurso al respecto menos reconocible que el de Iceta.

6- La sociedad cat, en fin, ha quedado muy tocada tras el Tercer Acto del Procés. En pos de un beneficio electoral, la política institucional y los medios públicos y concertados han potenciado el concepto poble, en contra del concepto sociedad. Se ha potenciado la idea de que había un proyecto para un poble de dos millones, oscureciendo en el trance una sociedad de siete millones. Hay indicios de que, en ese sentido, se ha perdido la unidad social. Sí, somos un sol poble y toda la pesca, pero sin unidad social -la joya de la no-corona cat-, se ha puesto en peligro -insisto, sólo por beneficios electorales- grandes acuerdos sociales, como los lingüísticos. Si sumamos a eso que PP y C’s ya están metiendo en campaña el tema enseñanza y lengua cat, y que con el Procés se ha logrado algo que era altamente improbable, como la existencia de un nacionalismo esp organizado en cat, me temo que el conflicto está servido. Ya veremos. Sí, lo miremos por donde lo miremos, el Procés, ese ejercicio de propaganda irresponsable, ha sido una perla. Nunca ha estado tan lejos Cat no sólo de la indepe -a la que nunca se ha aproximado más allá de la propaganda-, sino del autogobierno, de las libertades ciudadanas y la capacidad de diálogo consigo mismo. La propaganda, en fin, produce crispación e intolerancia en cualquier régimen, y la capacidad de que participen en la política y se beneficien de ella los mayores virtuosos de la crispación.

7- Sobre ese chollo de tirarte a un monte propagandístico, bien provisto de léxico y electricidad, pero leve de ideas y de políticas reales. El 155, como apuntaban lehendakari y PNV, tiende a eternizarse. En un principio, el Gobierno fijó su límite para el 21D. Luego lo prolongó hasta la formación del nuevo Govern -que en Cat, visto lo visto, pueden ser meses-. Hace escasos días, Millo, el delegado del Gobierno en Cat, apostilló que el ejercicio de control sobre el territorio durará «en función de la voluntad política del nuevo Govern». Vamos, que el 155 es un estado de ánimo gubernamental. Puede durar o, incluso, se puede aplicar en este u otros territorio «en función» -vaya forma de hablar más cutre, por cierto- de lo que considere el Gobierno que es democracia, ley o Consti. Sí, suena, muy yuyu. Pero es que es yuyu.

8- Esp estaba en pleno proceso de crisis democrática. El Procés, ese síntoma, a su vez, de crisis democrática, parece haber acelerado la reacción. Una reacción, un catálogo de actuaciones y nuevas legalidades, que en cualquier momento se puede dejar caer no solo en la frente de esta banda de trileros procesistas, sino en la frente de cualquier cosa que se mueva. Lo único que por aquí abajo se mueve -o se movía- era todo lo que vino tras el 15M. Socorro.

9- El Estado, de por sí cerrado desde el 78, vuelve a estar más cerrado. Tanto que deberá hacer algo para no parecerlo, para relajar un poco toda esa energía en cerrarse. En ese sentido, han aparecido declaraciones gubernamentales en The Guardian, en las que se habla de un nuevo pacto de financiación para Cat. Sería un pacto sin política, sin discusión, me temo. Es decir, será lo que quiera el Gobierno.

10- El Gobierno, que en momentos de duda y debilidad a lo largo de esta crisis -vamos, que no siempre dominó la situación como lo hace hoy-, emitió posibilidades de una reforma constitucional, empieza a dar marcha atrás o a ser ambiguo al respecto. En este contexto de poderío gubernamental y de cerrazón ante cambios, se ha presentado en la Real Academia de Ciencias Políticas y (aún así) Morales, un proyecto de reforma constitucional, animado por Muñoz Machado y Eliseo Aja y 10 constitucionalistas más. Datos: Muñoz Machado es un profesional que ha trabajado para todos -en su día, trabajó, incluso, para la Gene-; entre los 10 constitucionalistas los hay cat, como De Carreras, persona vinculada al nacimiento de C’s y relacionada con el nacionalismo esp en Cat. Al acto y al informe le dio mucho pisto la prensa pública y concertada esp. Vamos, que los datos apuntan a que el proyecto puede tener algún tipo de aval o interés gubernamental. Sinopsis de la cosa. En la cosa prima el tema territorial. Se ofrece un tratamiento al hecho diferencial cat -dentro de la lógica de la Consti’78; posiblemente algo parecido a ser nación cultural y bla-bla-bla, o algo en la línea del Estatut de 2006; poca cosa, vamos-, se niega el derecho de autodeterminación, se redefinen las competencias del Estado y de las autonomías -lo que puede implicar que se recorten las de las autonomías- y, a la vez, se ofrecen objetos de aspecto federal, como llamar a las autonomías Estados y a los Estatutos, Constituciones subordinadas a la Constitución del Estado. Su redacción, por tanto, no estaría sometida a las Cortes Generales. Pero sí al TC -tras la Gene, el segundo cadáver que ha provocado la crisis cat-. Vamos, que no está claro que las constituciones federales tuvieran mucho margen de maniobra política en la línea federal. El federalismo, en fin, no es otra cosa que control del Estado a través de su división, una necesidad que, al parecer, ningún gran partido o institución actual tiene. También, por el mismo precio, se convertiría el Senado en algo parecido a un Senado. Resumen: se ofrecería a Cat la posibilidad de ser Estado, entendiendo en el nacimiento de ese Estado federado no tanto el fruto de una ambiciosa reforma política, sino de una ambiciosa reforma léxica, consistente en llamar a una autonomía cutre-salchichera Estado. En México, por ejemplo, los estados se llaman a sí mismo soberanos. No lo son. Son, en ese sentido, una meditación, a la baja, de los palabros Estado y Soberano. No se pierdan el punto 11.

11- Hola. Me llamo ONCE, pero no les vendo cupones. La propuesta sería recibida como agua de mayo por el procesismo, que vendería esa suerte de ser Estado mangui como un logro. Pero, no me digan por qué, no me veo al PP jugando, ni siquiera, a ese juego de cambiar el significado a las palabras. Ya lo veremos. Pero no en breve. PP y C’s han clausurado durante unos meses la Comisión en la que se hablaba de reformas constitucionales y tal.

12- Datos que explican el reforzamiento gubernamental tras esta crisis. Rajoy se niega a explicar los datos sobre la represión del 1O porque «afectan a la Seguridad Nacional» de las narices. Vamos, que pueden situar al Gobierno fuera de la ley o, me temo, de los Derechos Humanos.

13- Datos que explican que estamos en un momento de recesión democrática. Es decir, también de derechos, entre los que están el de expresión y el de información. El rey, aquel que fijó la regresión de la palabra democracia en su discurso de octubre, ha abierto otra vez la boca de la cara. En esta ocasión, en el incomparable marco de una entrega de premios a periodistas -un Jefe de Estado repartiendo premios a periodistas no es muy frecuente en Occidente-. El galardonado, por cierto, fue un periodista que trataba el tema ETA, tan de rabiosa actualidad, por lo visto. Bueno. Pues allí matizó que «más información no es sinónimo de mejor entendimiento de la realidad». Vamos, que esto puede ser otro indicio de que nos van a dar para el pelo a los que no somos sinónimo de mejor entendimiento de la realidad. Glups.

14- Vamos acabando. Con cosas de procesistas, que siempre son divertidas. Puigdemont ha renunciado a su paga de exPresi al entender que eso supondría que reconoce su substitución, es decir, el 155. Queda muy épico, si bien en la misma comunicación ha pedido que se le restituya su paga de diputado del Parlament, a la que renunció. Vamos, que asume el 155 pero por otra ventanilla menos espectacular. El eslogan electoral del Presi, todo apunta a ello, parece que será, por otra parte, dos puntos: Vota per mi. Fiel a la propaganda, tras pasarse meses diciendo que el Estado es franquista -nace con el Franquismo, tiene continuidad tras él, pero no creo que sea franquista, más allá de algunos de sus ingredientes y ADN; es una fórmula que aúna principios democráticos, autoritarismo y prevalencia del Ejecutivo, como en otros puntos inquietantes del planeta, en los que se ha empezado a laminar el Estado de Derecho-, ahora empieza a emitir que Europa es nazi. Pero al decirlo va y utiliza, él mismo, vocabulario nazi: «La UE es un club de países decadentes». Como el jazz, o el arte abstracto. El Procés, esa corriente propagandística, evoluciona, sin prisa pero sin pausa, hacia una derecha euroescéptica al uso, que mete toda la carne en el asador de la propaganda. No hay mucho espacio para más dentro de la disciplina.

15- Esto implosiona, sí. Pero poco. Exemplums: a) hace escasas horas, Marta Rovira -de la que ya soy presidente y tesorero de su club de fans- ha emitido que «la vía unilateral no existe, es un invento del Estado». Si todas las veces que, hasta hace poco, decía unilateralidad me hubieran dado un céntimo, ahora tendría un euro y medio. La pregunta es: esa invención del pasado inmediato, es decir, de presente, de la realidad, de la política, ¿es posible? ¿No tiene consecuencia, como las tuvo para Aznar o Acebes? La respuesta me la da el exemplum b. Una familia procesista, si bien encantadora, de mi círculo próximo, que se ha pasado cinco años informándome de que esto de la indepe estaba tirado y sería para mañana, me ha explicado, hace escasas 24 horas, que «esto ya sabíamos que era difícil», y que «todos sabíamos que no sería en un día». No hay -al menos, no hay mucha- resistencia social ante la propaganda. Si esta sociedad no se reúne y habla en breve de conceptos como verdad, mentira, realidad u honestidad, se irá al garete. Las sociedades sin Estado, en fin, necesitan esos conceptos diáfanos, o mueren. Nadie lo sabe/nadie se comporta como si eso fuera así, pero conceptos como indepe o catalanismo han quedado seriamente tocados. Es posible que nunca se recuperen. Pero se pueden perder objetos aún más preciosos, por los que solo vela, cuando vela, la sociedad.

16- Finalizamos con humor. Rajoy ha invitado a las empresas excat a volver a cat. Para animarlas, ha ofrecido la promesa de dar incentivos a las empresas que vuelvan. Es decir, pasta. Como cuando el gasógeno, aquí siempre, vía inventivos, ganan pasta los mismos. Rayos, esto no es humor. Brrrrr. Hasta la próxima, amiguitos.

Guillem Martínez es autor de ‘CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española’ (Debolsillo)
@guillemmartnez

Fuente: http://ctxt.es/es/20171122/Politica/16380/proces-gobierno-catalunya-elecciones-155.htm